(Texto escrito a
partir de la presentación de los libros: “Besos en el viento: de otoño,
invierno y otras estaciones”, de Victoria Montemayor; “Carlos Montemayor:
Finisterra. Será mi voz para siempre”, de Federico Corral y; “Carlos Montemayor:
La casa que se habita”, de Leonardo Meza).
I
Este
texto se desata a partir de una serie de preguntas. Su hilo conductor son las
preguntas. ¿Qué me hace estar aquí, junto con otros dos escritores presentando
tres libros que dialogan con Carlos Montemayor? ¿Qué da lugar a que Victoria
Montemayor Galicia esté aquí? ¿Qué hace que Federico Corral Vallejo lo esté?
¿Qué deriva que Enrique Servín participe con nosotros en la presentación? ¿Qué hace
que los demás nos acompañen?
No
es la muerte de Carlos Montemayor la que nos incita a estar aquí, sino las
formas a través de las cuales se comienza a capitular su ausencia. Se ha hecho
presente aquí una espiritualidad, una serie de presencias dulcificadas y de
implicaciones míticas que apenas se van delineando culturalmente. Hablo de las
formas a través de las cuáles Carlos Montemayor se nos va haciendo presente.
Hablo de formaciones culturales en la lectura e interpretación de su obra, en
el reconocimiento público que se prohíja gubernamental e institucionalmente.
Hablo de una manifiesta cercanía con el autor-persona. Esta última cuestión
resulta sumamente problemática, en tanto las tendencias dominantes de la
crítica literaria plantean la necesidad de un alejamiento de lo personal del
autor en el ejercicio interpretativo. Si algo ha aparecido en los eventos de
este 15 de junio de 2012, en las Jornadas
Carlos Montemayor, es la proximidad personal con el autor. Así lo denotan
las participaciones de Donald Frischman y de Ramón Jerónimo Olvera por la
mañana, quienes en sus intervenciones se aproximaron a la obra de Montemayor
relatando su convivencia con él. Así lo acentúa la participación vespertina de Corral
Vallejo, quien narró sus experiencias con el autor. Así lo transparenta el
contenido del libro de Victoria Montemayor.
II
¿Qué
correlaciona, qué puede correlacionar los libros: Besos en el viento: de otoño, invierno y otras estaciones de
Victoria Montemayor; Carlos Montemayor:
Finisterra. Será mi voz para siempre de Federico Corral y; Carlos Montemayor: La casa que se habita
de Leonardo Meza?
Victoria
Montemayor desarrolla su libro a partir
de un abordaje fragmentario basado en el diario. Hay en el texto de Victoria
una trama intimada, es decir, la intimidad de las vivencias personales entre
Victoria y Carlos Montemayor, entre hija y padre, es lo que entrama al texto de
manera rotunda.
Es
tautológico el afirmar que el acto de escritura literaria es un proceso de
intimación. Todo acto en el que se escribe literatura, intima, desata una
intimidad entre el escritor, los contenidos literarios del texto y las formas
de realidad en él representadas (los
hechos, las vivencias, los sentimientos, etc.). Esto acontece de una forma
alterna en el proceso de lectura, con el lector como el sujeto que intima.
En
la escritura de Victoria la intimación llega a un grado de exaltación
superlativo. El libro está escrito en primera persona, cualidad vertebral que
destaca en un diario. Victoria anota la voz de Montemayor como un “tu”, una voz
en segunda persona que a lo largo del texto resulta dialógica y que en algún
momento habla, es dirigida cuasi
personalemente de Carlos Montemayor hacia Victoria:
Escuché
tu voz y sentí un beso… fue tu voz en el universo: “¡Buen viaje, hermosa¡ ¡Mi
amor, mi linda, mi preciosísima hija¡ ¡Mi hermosa¡ (si, así me decía). [1]
III
La
pregunta deslizada líneas atrás puede plantearse de una manera alterna: ¿Qué
correlaciona, qué puede correlacionar las escrituras de Victoria Montemayor,
Federico Corral y Leonardo Meza, que no solo han tenido lugar en los libros que
hoy son presentados?
Una
respuesta posible reside en las escrituras y las búsquedas enraizadas en las
muertes recientes de los padres de los tres. A partir de la muerte de su padre,
Federico Corral escribe el poema Mas allá
del dolor, uno de los textos mejor logrados del poeta y ensayista. Acaso
esto sea porque la intimación en el acto de escritura sea profunda, extática
tal vez.
Nunca
pensé
que
la muerte de mi padre
me
doliera tanto
Que
el desamparo
tuviera
la humedad
de
la tierra llovida
Que
Parral llorara
su
desamor conmigo… [2]
Entre
Victoria Montemayor y Federico Corral hay una territorialidad espiritual que se
encarna en la ciudad de Parral.
Por
mi parte he escrito recientemente un poema que está asido de la muerte de mi
padre.
Una
posible interpretación de estas escrituras pudiera intentarse a partir de un
análisis tanatológico. Pero esta perspectiva es insuficiente. La escritura es
mucho más que un acto que pretende la búsqueda de una sanación ante la muerte
de los padres o de cualquier ser próximo. El título del poema de Corral Vallejo
(Más allá del dolor) se asoma a las
baldosas metafísicas que la poesía entreteje entre las preguntas irresolubles
sobre la vida y la muerte.
Hay
numerosos poemas y textos de otra naturaleza que transcurren el tema de la
muerte del padre. La carta al padre
de Kafka, Las coplas de Jorge Manrique,
El cementerio marino de Valéry. En
México en el siglo XX, Paz atisba el
tema en el poema Pasado en claro.
Sabines escribe un poema fragmentario y extenso: Algo sobre la muerte del mayor Sabines. Quirarte crea un poema similar en estructura
al de Sabines: Las razones del samurai.
Recientemente Esquinca publica el
poemario Descripción de un brillo azul
cobalto. Debe haber más textos en esta línea.
En
el libro Tiros en el concierto [2],
Christopher Domínguez Michael, analiza la forma convulsiva a través de la cual
Alfonso Reyes intima la trágica muerte de su padre. Ello está presente en la
ensayística de Reyes a partir de la figura de Eneas, quien al vivir la
destrucción de Troya escapa al frente de un grupo de troyanos en la búsqueda de
una nueva tierra. Eneas lleva a su padre a cuestas y de la mano a su hijo.
Al
cierre de su intervención Federico Corral Vallejo definió a Carlos Montemayor
como un “patriarca”. El término pertenece al campo semántico de la palabra
“padre” y posee dos líneas definitorias. Por un lado está su empleo religioso
para referirse a un poder fundado entre lo divino y lo humano. Por otro lado
está su uso en el poder político no religioso. Sin lugar a dudas la palabra
tiene implicaciones políticas y de poder que resultan claroscuras.
IV
¿Posterior a su muerte, qué presencias ha desatado Carlos
Montemayor en Chihuahua, en Parral su tierra natal? ¿Cómo es que estas
presencias se hacen manifiestas en los tres libros hoy presentados, en los
diversos eventos de estas jornadas y en otros espacios?
Carlos
Montemayor es un intelectual de peso completo. No hay otro escritor
chihuahuense que se le aproxime en calidad de intelectual y considerando la
relevancia de sus incansables posturas críticas en diversos temas. El escritor
Elmer Mendoza se ha propuesto poner el nombre de Sinaloa en el mapa de la
literatura universal, no tengo elementos a la mano para afirmar que lo haya
hecho o que lo pueda hacer. Sin proponérselo, Montemayor ha puesto el nombre de
Chihuahua y de Parral en específico, en este mapa. Su cartografía literaria e
intelectual ha sido exitosa.
Retorno
al planteamiento que se hizo al inicio de este texto. Se ha hecho presente en
los eventos de este día una notoria proximidad personal con Carlos Montemayor. Esta
cuestión me lleva a insistir en seguir dialogando con la tesis de la muerte del
autor, planteada por Barthes, asumida por Foucault y retomada por Agamben. Esto implica borrar a la
persona-autor en los procesos interpretativos de su obra escrita y, a la manera de Foucault, hacer que su escritura se
analizable como discurso en sí mismo. Lo analizable sería solamente la
producción de significados y de ideas. No se está admitiendo de manera radical que los procesos hermeneúticos o de análisis discursivo de la obra de Carlos Montemayor, tengan que darse bajo el absoluto borramiento del autor. Hay rastros biográficos y contextuales en la escritura de una texto literario o de otra naturaleza, que son significativos en su interpretación. Lo que se critica, es el hecho de ponderar a la persona de Carlos Montemayor, para hacer enseguida un análisis de su legado literario e intelectual. El procedimiento tiene sesgos que habría que seguir reflexionando.
Durante
este día y en otras ocasiones que se ha analizado la obra de Montemayor en
Chihuahua después de su deceso, no ha sido posible dar lugar a un distanciamiento con la persona-autor. Hay una serie
de inercias que lo impiden. Habría que preguntarse al respecto. Por el momento
percibo una intimación extraña entre nosotros y Carlos Montemayor, hay una cercanía
con él entre lo manifiesto y lo latente, a ello me refería al inicio de este
texto al hablar de las formas a través de las cuales se comienza a capitular su
ausencia.
Citas:
Besos
en el viento: De otoño, invierno y otras estaciones, Montemayor
Galicia V., editorial CEIDSA, México, 2012, P. 32.
Corral
vallejo Federico, Mas allá del dolor,
editorial Doble Sol, Buenos Aires, Argentina, 2012, P. 87.
Tiros en el concierto.
Literatura mexicana del siglo V, Domínguez Michel Christopher,
editorial Era, México, 1999.