domingo, 20 de octubre de 2013

Las presencias del alba no son dulces (Junio de 2012)



(Texto escrito a partir de la presentación de los libros: “Besos en el viento: de otoño, invierno y otras estaciones”, de Victoria Montemayor; “Carlos Montemayor: Finisterra. Será mi voz para siempre”, de Federico Corral y; “Carlos Montemayor: La casa que se habita”, de Leonardo Meza).

I
Este texto se desata a partir de una serie de preguntas. Su hilo conductor son las preguntas. ¿Qué me hace estar aquí, junto con otros dos escritores presentando tres libros que dialogan con Carlos Montemayor? ¿Qué da lugar a que Victoria Montemayor Galicia esté aquí? ¿Qué hace que Federico Corral Vallejo lo esté? ¿Qué deriva que Enrique Servín participe con nosotros en la presentación? ¿Qué hace que los demás nos acompañen?
No es la muerte de Carlos Montemayor la que nos incita a estar aquí, sino las formas a través de las cuales se comienza a capitular su ausencia. Se ha hecho presente aquí una espiritualidad, una serie de presencias dulcificadas y de implicaciones míticas que apenas se van delineando culturalmente. Hablo de las formas a través de las cuáles Carlos Montemayor se nos va haciendo presente. Hablo de formaciones culturales en la lectura e interpretación de su obra, en el reconocimiento público que se prohíja gubernamental e institucionalmente. Hablo de una manifiesta cercanía con el autor-persona. Esta última cuestión resulta sumamente problemática, en tanto las tendencias dominantes de la crítica literaria plantean la necesidad de un alejamiento de lo personal del autor en el ejercicio interpretativo. Si algo ha aparecido en los eventos de este 15 de junio de 2012, en las Jornadas Carlos Montemayor, es la proximidad personal con el autor. Así lo denotan las participaciones de Donald Frischman y de Ramón Jerónimo Olvera por la mañana, quienes en sus intervenciones se aproximaron a la obra de Montemayor relatando su convivencia con él. Así lo acentúa la participación vespertina de Corral Vallejo, quien narró sus experiencias con el autor. Así lo transparenta el contenido del libro de Victoria Montemayor.

II
¿Qué correlaciona, qué puede correlacionar los libros: Besos en el viento: de otoño, invierno y otras estaciones de Victoria Montemayor; Carlos Montemayor: Finisterra. Será mi voz para siempre de Federico Corral y; Carlos Montemayor: La casa que se habita de Leonardo Meza?
Victoria Montemayor  desarrolla su libro a partir de un abordaje fragmentario basado en el diario. Hay en el texto de Victoria una trama intimada, es decir, la intimidad de las vivencias personales entre Victoria y Carlos Montemayor, entre hija y padre, es lo que entrama al texto de manera rotunda.
Es tautológico el afirmar que el acto de escritura literaria es un proceso de intimación. Todo acto en el que se escribe literatura, intima, desata una intimidad entre el escritor, los contenidos literarios del texto y las formas de realidad en él representadas  (los hechos, las vivencias, los sentimientos, etc.). Esto acontece de una forma alterna en el proceso de lectura, con el lector como el sujeto que intima.
En la escritura de Victoria la intimación llega a un grado de exaltación superlativo. El libro está escrito en primera persona, cualidad vertebral que destaca en un diario. Victoria anota la voz de Montemayor como un “tu”, una voz en segunda persona que a lo largo del texto resulta dialógica y que en algún momento habla, es dirigida cuasi personalemente de Carlos Montemayor hacia Victoria:

Escuché tu voz y sentí un beso… fue tu voz en el universo: “¡Buen viaje, hermosa¡ ¡Mi amor, mi linda, mi preciosísima hija¡ ¡Mi hermosa¡ (si, así me decía). [1]

III
La pregunta deslizada líneas atrás puede plantearse de una manera alterna: ¿Qué correlaciona, qué puede correlacionar las escrituras de Victoria Montemayor, Federico Corral y Leonardo Meza, que no solo han tenido lugar en los libros que hoy son presentados?
Una respuesta posible reside en las escrituras y las búsquedas enraizadas en las muertes recientes de los padres de los tres. A partir de la muerte de su padre, Federico Corral escribe el poema Mas allá del dolor, uno de los textos mejor logrados del poeta y ensayista. Acaso esto sea porque la intimación en el acto de escritura sea profunda, extática tal vez.

Nunca pensé
que la muerte de mi padre
me doliera tanto
Que el desamparo
tuviera la humedad
de la tierra llovida
Que Parral llorara
su desamor conmigo… [2]

Entre Victoria Montemayor y Federico Corral hay una territorialidad espiritual que se encarna en la ciudad de Parral.
Por mi parte he escrito recientemente un poema que está asido de la muerte de mi padre.
Una posible interpretación de estas escrituras pudiera intentarse a partir de un análisis tanatológico. Pero esta perspectiva es insuficiente. La escritura es mucho más que un acto que pretende la búsqueda de una sanación ante la muerte de los padres o de cualquier ser próximo. El título del poema de Corral Vallejo (Más allá del dolor) se asoma a las baldosas metafísicas que la poesía entreteje entre las preguntas irresolubles sobre la vida y la muerte.
Hay numerosos poemas y textos de otra naturaleza que transcurren el tema de la muerte del padre. La carta al padre de Kafka, Las coplas de Jorge Manrique, El cementerio marino de Valéry. En México en el siglo XX,  Paz atisba el tema en el poema Pasado en claro. Sabines escribe un poema fragmentario y extenso: Algo sobre la muerte del mayor Sabines.  Quirarte crea un poema similar en estructura al de Sabines: Las razones del samurai. Recientemente Esquinca  publica el poemario Descripción de un brillo azul cobalto. Debe haber más textos en esta línea.
En el libro Tiros en el concierto [2], Christopher Domínguez Michael, analiza la forma convulsiva a través de la cual Alfonso Reyes intima la trágica muerte de su padre. Ello está presente en la ensayística de Reyes a partir de la figura de Eneas, quien al vivir la destrucción de Troya escapa al frente de un grupo de troyanos en la búsqueda de una nueva tierra. Eneas lleva a su padre a cuestas y de la mano a su hijo.
Al cierre de su intervención Federico Corral Vallejo definió a Carlos Montemayor como un “patriarca”. El término pertenece al campo semántico de la palabra “padre” y posee dos líneas definitorias. Por un lado está su empleo religioso para referirse a un poder fundado entre lo divino y lo humano. Por otro lado está su uso en el poder político no religioso. Sin lugar a dudas la palabra tiene implicaciones políticas y de poder que resultan claroscuras.

IV
¿Posterior a su muerte, qué presencias ha desatado Carlos Montemayor en Chihuahua, en Parral su tierra natal? ¿Cómo es que estas presencias se hacen manifiestas en los tres libros hoy presentados, en los diversos eventos de estas jornadas y en otros espacios?
Carlos Montemayor es un intelectual de peso completo. No hay otro escritor chihuahuense que se le aproxime en calidad de intelectual y considerando la relevancia de sus incansables posturas críticas en diversos temas. El escritor Elmer Mendoza se ha propuesto poner el nombre de Sinaloa en el mapa de la literatura universal, no tengo elementos a la mano para afirmar que lo haya hecho o que lo pueda hacer. Sin proponérselo, Montemayor ha puesto el nombre de Chihuahua y de Parral en específico, en este mapa. Su cartografía literaria e intelectual ha sido exitosa.
Retorno al planteamiento que se hizo al inicio de este texto. Se ha hecho presente en los eventos de este día una notoria proximidad personal con Carlos Montemayor. Esta cuestión me lleva a insistir en seguir dialogando con la tesis de la muerte del autor, planteada por Barthes, asumida por Foucault y retomada por Agamben.  Esto implica borrar a la persona-autor en los procesos interpretativos de su obra escrita y, a la manera de Foucault,  hacer que su escritura se analizable como discurso en sí mismo. Lo analizable sería solamente la producción de significados y de ideas. No se está admitiendo de manera radical que los procesos hermeneúticos o de análisis discursivo de la obra de Carlos Montemayor, tengan que darse bajo el absoluto borramiento del autor. Hay rastros biográficos y contextuales en la escritura de una texto literario o de otra naturaleza,  que son significativos en su interpretación. Lo que se critica, es el hecho de ponderar a la persona de Carlos Montemayor, para hacer enseguida un análisis de su legado literario e intelectual. El procedimiento tiene sesgos que habría que seguir reflexionando.
Durante este día y en otras ocasiones que se ha analizado la obra de Montemayor en Chihuahua después de su deceso, no ha sido posible dar lugar a un distanciamiento con la persona-autor. Hay una serie de inercias que lo impiden. Habría que preguntarse al respecto. Por el momento percibo una intimación extraña entre nosotros y Carlos Montemayor, hay una cercanía con él entre lo manifiesto y lo latente, a ello me refería al inicio de este texto al hablar de las formas a través de las cuales se comienza a capitular su ausencia.

Citas:
Besos en el viento: De otoño, invierno y otras estaciones, Montemayor Galicia V., editorial CEIDSA, México, 2012, P. 32.
Corral vallejo Federico, Mas allá del dolor, editorial Doble Sol, Buenos Aires, Argentina, 2012, P. 87.
Tiros en el concierto. Literatura mexicana del siglo V, Domínguez Michel Christopher, editorial Era, México, 1999.