Nota
introductoria
El jueves 24 de octubre,
en el marco de la XXXV Semana del
Humanismo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, me tocó
participar en la mesa de Barroco y neobarroco.
En el evento se imprimió un toque neobarroco donde la risa y la ironía fueron
parte del esquema de organización. El maestro Eduardo Ibáñez se
disfrazó de Virrey, la maestra Paola Chaparro se vistió de monja, el maestro
Cristian Beck usó un atuendo de diablo, la maestra Mónica Torres se disfrazó
de dama del S. XIX al igual que Nabil
Grijalva, el maestro Ramón Gerónimo Olvera se vistió de fraile franciscano, Pino García usó un atuendo de pícaro y yo (Leonardo Meza) me disfracé de cura.
La compañera de la
maestría en humanidades, Nabil Grijalba, abrió la mesa con una breve reseña del
barroco y neobarroco. Le siguieron las ponencias. La monja Chaparro expuso
sobre el papel de la mujer en los
conventos en el siglo XIX, como una forma de resistir ante el dominio masculino
e institucional de la época (Entre el
placer del silicio y el silencio del saber). El diablo Beck habló del mandinga latinoamericano como una figura popular y religiosa de
resistencia al dominio español (El
mandinga barroco: metáforas de la dominación y la resistencia). El Virrey
Ibáñez trató el tema del barroco en la literatura del boom latinoamericano (Del príncipe barroco al neobarroco supremo).
Desde una perspectiva neobarroca, la dama Torres hizo un análisis de la novela Y retiemble en sus centros la tierra de
Gonzalo Celorio (El viacrusis neobarroco
en México, ciudad de Papel). A mi me tocó cerrar la mesa con una reflexión
sobre la risa y la ironía desde América Latina (La risa y la ironía como formas de resistencia desde América Latina).
Cada vez que el tiempo se
le terminaba a un panelista, el fraile Olvera pasaba al frente con una
campanita y con frases lapidarias le exigía al ponente que se callara. El
compañero de la maestría en humanidades, Pino García, diseñó el acompañamiento de las exposiciones
con un power point de imágenes y música neobarrocas.
El evento fue todo un
éxito y quedará para la historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UACH. Posteó enseguida la ponencia que hice.
I
El viernes de la semana
pasada nos reunimos en la sala de maestros de la Facultad de Filosofía y Letras
de la UACH, quienes hoy estamos
participando en la mesa panel de Barroco
y neobarroco. Hasta ese momento yo estaba pensando en la formalidad y la solemnidad
que generalmente tienen este tipo de eventos. No me había enterado aún, que se pretendía imprimir a esta mesa un sentido
neobarroco sui generis. Se comenzó a
bromear muy seriamente sobre las posibilidades de venir vestidos con atuendos
que significaran neobarrocamente, luego se deslizaron ideas sobre otros elementos
más que le imprimieran a este acontecimiento un toque neobarroco. Lo que más me
llamó la atención en la reunión el viernes anterior, fueron la risa y la ironía que tuvieron lugar
y que se extienden hasta este momento. El acuerdo en la reunión, es que yo
estaría cerrando esta mesa tratando de integrar y de reflexionar a partir de
los contenidos de las ponencias de los panelistas. Desde ese viernes, quedó en mí una especie de fascinación por lo
que acontecería este día a partir de los componentes de la risa y la ironía. Días
previos a la realización de la mesa, era
detectable un morbo respecto a lo que pasaría el día de hoy. A partir de estos
ingredientes que le dan un espíritu sui
generis a esta mesa panel, mi
participación se aboca a intentar responder las siguientes preguntas: ¿Cuáles
son los significados profundos de la risa y la ironía en un evento como el que
se desarrolla aquí, en este momento? ¿De qué formas, la risa y la ironía se
conjugan con nuestro pensamiento y con nuestras formas de vida? ¿Cómo es que
ambos elementos están constituyendo una parte sustantiva de la espiritualidad
de nuestra época?
La tesis que pretende
demostrarse en este texto, es que la
risa y la ironía neobarrocas en América
Latina, son distintas a la risa y la ironía posmodernas.
II
Para los teóricos de la
posmodernidad la risa y la ironía son un tema que ha resultado provechoso,
explotable en diversos sentidos. El posmoderno Baudrillard es radical en su
concepción de la ironía:
Ya no somos nosotros quienes pensamos al objeto, sino el
objeto el que nos piensa a nosotros. Vivíamos bajo el signo del objeto perdido,
ahora es el objeto el que nos pierde… Al mismo tiempo que a un estado
paroxístico, las cosas han llegado a un estado paródico… Ya no se necesita una
conciencia crítica para ofrecer al mundo el espejo de su doble: nuestro mundo
moderno ha engullido a su doble a la vez que ha perdido a su sombra, y la
ironía de este doble incorporado estalla a cada instante en cada fragmento de
nuestros signos, de nuestros objetos, de nuestros modelos. (P. 100, 102 y 103)
La de Baudrillard es una
ironía que tiene la forma de una dictadura semiótica. Lo real queda depositado
en los signos, en la mercancía, en la virtualidad pura, que fragmentariamente se dispersan y se
proyectan hacia la multiplicidad. Ya no existe lo real, existe solo lo sígnico
que desde su borramiento se ríe de nosotros. Según Baudrillard, lo real
semiotizado estaría riéndose a carcajadas de nosotros, quienes como simples
espectadores lo miraríamos cruzados de brazos. Solo habría que recordarle al
filósofo francés que no todo el mundo, ni todos los componentes de la vida de
los seres humanos, quedan reducidos al
signo. El signo no puede ser determinante por sobre la encarnación del ser
entre los hombres. Un signo no es, no puede ser más que lo que mi ser es. Yo estoy aquí, hablando, dialogando, pensando,
respirando, sintiendo, siendo. Mi ser no
es una significación que pueda ser semiotizada a la manera de Baudrillard. La
ironía de Baudrillard es una cosificación semiótica de los sujetos y de la
risa. Siendo la risa un estado
espiritual del hombre, es imposible que pueda ser cosificada de forma alguna.
Lipovetsky es más cauto
que Baudrillard al concebir a la risa y la ironía. Al menos eso parece. En La era del vacío, libro que cumple 30
años de publicado en el original francés, Lipovetsky hace una revisión
histórica-cultural del tema. El filósofo y sociólogo francés, quien
recientemente estuvo en México dando una conferencia para el Tecnológico de
Monterrey, sostiene que existen tres
etapas históricas que han asumido de manera distinta a la risa, la ironía y la
comicidad (P. 138 – 145).
Por un lado está la edad
media, donde el humor se instala en la
cultura, en lo popular. La risa y la ironía tienen una significación “simbólica”, en donde el rebajamiento y la ridiculización
son puestos en marcha con un afán transformador y renovador. El concepto de
“carnaval”, que Bajtín (2003) desprende
de su lectura de Gargantúa y Pantagruel,
quedaría definido a partir de la transformación y la renovación del
renacimiento respecto a la etapa histórica que le precede.
Por otro lado está la edad
clásica, dónde el humor se especializa. Esto es observable en los géneros
literarios: la sátira, la fábula, la caricatura, etc. Lo cómico deja de ser
simbólico y toma una postura crítica a la par de tender hacia lo privado y hacia
la subjetivación. Otro rasgo de esta etapa es el disciplinamiento de la risa a
la manera de Foucault. La risa es sometida a control, hay lugar y formas para
ejercerla. Hay prohibiciones que se le imponen.
Finalmente, la posmodernidad
según Lipovetsky, es una época impregnada de manera definitiva por la risa y la
ironía. La comicidad de corte instrumental desaparece y se instaura un “humor
omnipresente” un “humor de masa”. Todos se ríen de todos y de todo. De tal
forma, que el propio yo queda sometido a
una risa que sale del espejo y que se repite una y otra vez de manera
autoconsciente.
… el Yo se convierte en blanco privilegiado del humor,
objeto de burla y autodepreciación, Woody Allen hace reír, sin cesar en ningún
momento de analizarse, disecando su propio ridículo, presentando a sí mismo y
al espectador el espejo de su Yo devaluado. El Ego, la conciencia de uno mismo,
es lo que se ha convertido en objeto de humor… (P. 145)
En algún momento de su
ensayo, Lipovetsky afirma que aún es posible concebir de manera seria a los
problemas y luchar, “pero sin perder el sentido del humor; la austeridad
militante ya no se impone tan necesariamente como antes…” (P. 165) ¿Acaso Lipovetsky
nos está hablando de la risoterapia como una especie de militancia política
posmoderna?
En Lipovetsky hay un
desbocamiento de la risa y la ironía. Un atragantamiento que tiene lugar en la
“omnipresencia de la comicidad”. Risa que se acumula sobre risa que se acumula
sobre risa. Físicamente, cuando una persona se ríe a carcajadas y no para de
reírse, sobreviene una crisis fisiológica que puede causar la muerte. El programa Extrañas forma de morir (Discovery Chanel) documenta la muerte de un televidente al momento de ver su programa de televisión favorito,The Goodies, que se transmitió en la televisión británica entre 1970 y 1980 (http://www.youtube.com/watch?v=S-D1Bqocst8).
La risa y la
ironía de Lipovetsky atisban esa manera de morir en el hombre posmoderno. El
capítulo V de la Era del vacío, que
trata de poner en claro una cualidad del espíritu histórico-cultural de la
posmodernidad, desemboca en una metafísica de la risa.
Aquí se sostiene que la
risa y la ironía posmodernas no son lo mismo que la risa y la ironía
neobarrocas. Aunque cabe el riesgo de que yo me esté equivocando. Tal vez, en América
Latina esté teniendo lugar un proceso histórico-cultural en el que la comicidad
posmoderna lipovetskyana esté traslapándose con la risa y la ironía
neobarrocas. De tal forma que el neobarroco esté siendo absorbido y dominado
por el posmodernismo. Es común que desde la crítica literaria, lo posmoderno y lo neobarroco se confundan.
Desde la filosofía, Arriarán Cuéllar (P. 116) refiere que no puede admitirse
“equiparar” al posmodernismo con el neobarroco. Sino que lo neobarroco
latinoamericano posee un corpus
teórico y vital propio y alterno al discurso posmoderno
eurocéntrico. El planteamiento de Arriarán Cuéllar se inscribe en un debate de
implicaciones teóricas, pero también ideológicas.
La risa neobarroca se
caracteriza por una postura específicamente latinoamericana. En diálogo con
Bajtin y a partir de los conceptos de “parodia” y “carnaval”, reinterpretados
desde América Latina, Sarduy sostiene:
… el barroco latinoamericano reciente participa del
concepto de parodia, tal como lo definía en 1929 el formalista ruso Bajtin.
Según este autor la parodia deriva del género “serio-cómico” antiguo, el cual
se relaciona con el folklore carnavalesco –de allí su mezcla de alegría y
tradición- y utiliza el habla contemporánea con seriedad, pero también inventa
libremente, juega con una pluralidad de tonos, es decir, habla del habla.
(P.19)
A partir de esta
concepción de Sarduy, podemos afirmar que lo que ha estado ocurriendo en esta
mesa panel es un contraste entre lo serio y lo cómico. No hay una comicidad
posmoderna en la que lo serio es desahuciado y lo cómico es un guión
determinante. Junto a la risa y la
ironía que atraviesan este evento desde la reunión del viernes pasado hasta
hoy, está la seriedad teórica de las ponencias elaboradas por los panelistas. A
su vez, persiste en esta mesa un espíritu crítico que podría rastrearse hasta
la sátira y la fábula, que forman parte
de la cultura humanística desde Grecia hasta nuestros días.
¿Pero, cómo es que la parodia, en la que tienen lugar la risa y la ironía, adquiere un carácter latinoamericano sui generis? Sarduy (P. 20) refiere que
la “carnavalización implica a la
parodia”, a partir de la “intertextualidad” y de la “proliferación” de significados”. En
los textos literarios hay estratos lingüísticos analizables a partir de la
“intertextualidad” y de la “proliferación de significados”, los cuales podrían
ser interpretados bajo el aparato teórico que Sarduy plantea en el ensayo El barroco y el neobarroco (2011). No es
el caso exponer a detalle el aparato conceptual de Sarduy. Solo se admite que
es un aparato de corte estructuralista, que opera intra-textualmente.
Hay una parte del texto
del novelista cubano, que tímidamente se abre hacia una posible lectura
con-textual, que permite rebasar el enfoque estructuralista. Según Sarduy (P.
20), en una relación intertextual lingüística, el español estaría “anulando” y
“sometiendo” al lenguaje precolombino. Pero el lenguaje prehispánico
persistiría discursivamente “en ciertos elementos que el lenguaje español hizo
coincidir con los correspondientes a él…”
El escritor cubano asume que esta relación lingüística e histórica
estaría resolviéndose en términos de “sinonimia”. Es obvia la postura
estructuralista de corte intra-textual. Pero resulta que el enfrentamiento entre
las lenguas precolombinas y la lengua española, no se ha resuelto sólo en
términos de “sinonimia” en un plano lingüístico estructural. Actualmente las lenguas indígenas persisten en
América Latina, disminuidas, marginadas, pero resistiendo ante la hegemonía del
español. Esta condición no reside en la intra-textualidad, sino que toma forma
en la historicidad, en lo con-textual en donde el lenguaje se desenvuelve.
Desde este flanco que
Sarduy apenas revisa, es factible afirmar a manera de hipótesis que el carnaval y la parodia neobarrocas, la risa y la ironía que en ellas toman
forma, poseen un doble plano intertextual de confrontación e irresolución lingüística:
- Por un lado, lingüística
e históricamente, el español barroco y
neobarroco no termina de conjugarse desde sus mismos adentros con la alteridad
que le significan las lenguas indígenas.
- Por otro lado, la
alteridad lingüística entre el español y las lenguas indígenas proyecta su
confrontación y su irresolución desde la historia pasada, hacia el presente y hacia la historia
futura.
¿Dónde quedan entonces la
risa y la ironía que se desprenden de los conceptos de “parodia” y “carnaval”
en Sarduy? Al considerar estrictamente el aparato teórico de Sarduy, quedarían en la pura textualidad analizable
de un cuento, de una novela o de un poema, desde un plano estructuralista. Si
la confrontación entre las lenguas precolombinas y el español se conciben en un
plano histórico-lingüístico, tal como se ha argumentado , la risa y la ironía
estarían desdoblándose, desde los textos literarios hacia lo contextual y hacia
lo histórico. La risa y la ironía del neobarroco latinoamericano no pueden
estancarse en la pura textualidad literaria, existen socialmente, políticamente,
históricamente. Hay una risa y una ironía prolongadas en la confrontación no
concluida entre las lenguas precolombinas y el español. ¿Históricamente en
América Latina, que otros elementos se confrontan de esta forma y se prolongan
en una no resolución definitiva? Nuestra
risa e ironía no se desbocan hacia sí mismas posmodernamente, sino que poseen
un lingüisticidad y una historicidad de confrontaciones e irresoluciones
abiertas. Nuestra risa y nuestra ironía neobarrocas tienen un allende que no es
metafísico, sino histórico, sociológico, político, sobre el que habría que
reflexionar.
III
Se requiere hacer una
historia de la risa y la ironía en América Latina, e interpretar al fenómeno
desde una perspectiva histórico-cultural. La interpretación histórica de la
risa y la ironía que hace Lipovetsky en occidente, no es parte de una historicidad latinoamericana. Para abordar una historia en ese plano, se
propone la revisión de diversos componentes culturales que han
sido depositarios de la significación y de los sentidos profundos de la risa y la ironía en América Latina. El más importante de ellos es el
albur, que desde la colonia ha sido una estrategia lingüística y cultural (barroca-neobarroca) de
resistencia ante el dominio español.
Bibliografía
Arriarán Cuéllar S., La filosofía latinoamericana en el siglo
XXI. Después de la posmodernidad, ¿qué?, Universidad Pedagógica Nacional y
Ediciones Pomares, México, 2007.
Bajtin M., La cultura popular en la edad media y en el
renacimiento. El contexto de Francois Rabelais, Alianza Editorial, Espala,
2003.
Baudrillard J., El crimen perfecto, editorial Anagrama,
España, 2000.
Lipovetsky G., La era del vacío, editorial Anagrama,
España, 2008.
Sarduy S., El barroco y el neobarroco, editorial El
cuenco de plata, Argentina, 2011.
