domingo, 11 de agosto de 2013

Narrarse desde el norte



Originalmente este artículo fue titulado: Encuentro de narradores del noroeste ¿Por qué hablar de una literatura del norte? (revista Oasis, Num. 23, septiembre 29 de 2004, Chihuahua, Chih.,  P. 14 – 16). Es un reportaje enmarcado en el género del periodismo cultural. La información fue tomada de varias de las mesas de análisis del Encuentro de narradores del noroeste, organizado en la ciudad de Chihuahua en septiembre de 2004. Las ponencias del evento fueron compiladas en el libro: Memoria. I Encuentro de Narradores del Noroeste (ICHICULT, 2006, Chihuahua, México), donde por cierto, la participación del escritor tijuanense Heriberto Yépez aparece incompleta…

El imán del DF
Para Daniel Sada  "el norte es definitivo" en su creación literaria. Aún a pesar de que a los veinte años emigró a la ciudad de México y fue en ese lugar donde se descubrió y formó como escritor.
El también intelectual norteño, Eduardo Antonio Parra, se dice "convencido de que para que un escritor sea de un sitio, no es necesario que haya nacido ni que radique en él, basta con que haya vivido ahí la infancia o la adolescencia, etapas que proveen material literario para toda la vida."
Sada  recrea fragmentos de su vida en la comunidad rural de Sacramento, Nuevo León, para explicar como esas vivencias en el norte de México han delineado su labor como escritor. "De niños mi papá nos llevaba a un hermano y a mí un rancho que se llamaba El Gavilán - casi del tamaño de Portugal -, y ahí nos perdíamos en el desierto. Mi papá decía que nos fuéramos todas las vacaciones a un rancho para que nos hiciéramos hombres. Me acuerdo que cuando estuve en ese rancho no se tenía contacto con nada, el único contacto que teníamos era un radio de transistores en la noche. Era casi la edad de piedra. Tenía yo que matar chivos. Me enseñé entonces a matar chivos. Después, ya cuando de ese rancho regresé al pueblo, Sacramento, me parecía  que era Nueva York. Entonces, apreciaba las formas de las banquetas, las rayas que había en las banquetas, las formas de un vaso que tenía adornos. Todo lo apreciaba. Todo me llamaba la atención y era como estar descubriendo las cosas por primera vez. Creo que el norte me dio esta percepción, yo en literatura quisiera escribir como si descubriera las cosas por primera vez. Aún cuando pueda escribir de la ciudad de México, la percepción no se modifica."
Daniel Sada nació en la frontera de Mexicali, durante su infancia su familia emigró a Sacramento. "Es un pueblo de mil habitantes. Ahí aprendí a leer y escribir en una escuela rural. Yo viví en un pueblo de mil habitantes hasta los dieciocho años. O sea que ir a Monclova, una ciudad como Chihuahua, para mi  era como Nueva York. Mi lógica ranchera se impuso. Desde muy temprana edad, desde niño, tuve la gran fortuna de que una maestra a quien le gustaban mucho los libros clásicos, me enseñara métrica desde que aprendí a leer. Pero en Sacramento conocí únicamente la literatura clásica. Evidentemente, hasta la edad de dieciocho años, antes de salir del pueblo, no pensaba que había literatura contemporánea, pensaba que nada mas había literatura clásica. Lo más moderno que yo alcancé a leer en Sacramento fue El Quijote. Pero todo el siglo diecinueve no lo conocía, mucho menos las vanguardias. Cuando repentinamente me voy del rancho a la ciudad de México - una macrópolis -, me desborda totalmente. Ni siquiera pasé por una ciudad media, más que una temporada breve en Ciudad Victoria. Fue una irrupción que me desconcertó."
Daniel Sada es considerado como la cabeza del grupo de los escritores norteños, el líder, el general de los escritores de la división del norte. El narrador se concibe como un escritor norteño que radica en la ciudad de México. "La ciudad de México es la que me hizo escritor realmente, le debo todo a la ciudad de México. Pero la formación, la lógica del lenguaje, la percepción, el hecho de vivir en el desierto. Eso da, digamos, la sintonía de ver las cosas como norteño."
El ganador del premio Javier Villaurrutia y, autor del texto Porque parece mentira la verdad nunca se sabe - considerada una novela fundamental en la historia de la literatura mexicana -, es uno de los muchos escritores del norte que ha ejercido su labor desde la Ciudad de México, epicentro de la cultura nacional. En el mismo caso se encuentran los escritores:  Carlos Montemayor, Ignacio Solares, José Vicente Anaya y Federico Corral Vallejo (del estado de Chihuahua); Federico Campbell y Rosina Conde (de Baja Califorinia); entre otros.
La narradora Cristina Rivera ha tenido una vida transfronteriza entre México y Estados Unidos. Pero al igual que los escritores citados desarrolla su labor creativa residiendo en el centro del país. La autora de la novela Nadie me verá llorar, explica su labor creativa desde una lógica en la cual se considera una norteña de nacimiento alejada del norte. "Nací en Matamoros, Tamaulipas, y he vivido tres o cuatro estados del norte. Pero también he vivido fuera del norte. Y en los estados norteños donde he vivido siempre he estado fuera de lugar. Entonces mi experiencia del norte ha sido un continuo  estar fuera de lugar. Es ese fuera de lugar lo que pasa, como veta de exploración formal sobre todo lo que hay en mi escritura. Yo tengo muy pocos cuentos que se ubiquen en el norte, o que hablen  norteño. Es ese fuera de lugar el que exploro, o intento explorar,  a través de la misma estructuración de mis textos,  de la manera en como están escritos, de eso que llamamos "forma" pero que siempre termina por ser el contenido de lo que hacemos."

El rompimiento del centralismo
El narrador sinaloense Elmer Menodoza, quien en los últimos años ha cobrado una notoriedad muy importante en las letras nacionales, se asume a fondo como escritor Norteño. "Yo si me reconozco norteño hasta el tope chingäo... Soy un lector más o menos serio, clavado, de literatura europea. Mi forma de contar viene de esa tradición. Pero yo vivo mi ciudad, vivo mi región, vivo todo el norte, es decir, yo vivo en el valle  más importante  en el mundo en producción agrícola y me gusta mucho cruzar el desierto de Sonora. Me agrada mucho manejar por la carretera ocho por la diez. Entonces, me gusta escuchar a la gente. Yo soy de los que se va a las cantinas, a las iglesias, a los cafés gays, a todas partes a oír. Yo soy de los que registran el lenguaje, es decir, mi literatura es muy oral y nace de eso."
El autor de la novela Un asesino solitario, ha logrado que éste y otros de sus libros circulen en España. "Norteño hasta el tope", Mendoza concibe la universalidad de la escritura a partir de una perspectiva norteña. "Reconozco tener aspiraciones subjetivas...  por ejemplo yo he dicho que no voy a descansar hasta poner a mi ciudad en el mapa de la cultura universal, lo que significa poner al norte en la cultura universal."
Para Elmer Mendoza el lenguaje es fundamental en la caracterización de la escritura del norte de México. "A mi no me gustan las botas, ni me gusta andar con camisas cuadradas, pero, el lenguaje. Para mi el uso del lenguaje es el norte."
En Tijuana desde la década de los noventa se ha forjado una tradición entre los escritores: romper con el centralismo cultural en México y con el magnetismo monetario y cultural que implica ser un creador residente en los Estados Unidos. La premisa es escribir desde la provincia.
El tijuanense Heriberto Yépez ha asumido con pleno convencimiento esta línea y comenta al respecto: "Se decidió desde finales de los ochenta y en los noventa muy claramente, que los escritores tijuanenses ya no iban a emigrar a la ciudad de México. Luis Humberto Crosthwaite fue quien estableció  desde entonces que los tijuanenses que escriben no deben ir a la ciudad de México. Y el que se vaya, casi, casi,  como dicen de broma: rajón. Yo me formé como escritor en los noventa, con esa como línea, como una herencia, un mensaje ahí flotante. A mi me gusta continuar esa tradición, me voy a quedar en Tijuana, con todas las desventajas económicas que tiene la ciudad. Y esperamos que los que siguen tengan esa misma mentalidad."
Yépez  argumenta la necesidad de construir en Tijuana y en las ciudades norteñas bastiones de creación para los escritores, para el impulso de la cultura a partir de la provincia. "Había una fuga de cerebros, aparecía alguien que escribía bien, se iba a Estados Unidos o al Distrito Federal. Para que una ciudad pueda florecer literariamente tiene que haber figuras en los talleres, alguien que esté impulsando a los nuevos lectores y escritores, que esté propiciando el diálogo. Ya quedó muy claro esa tradición de permanecer en la ciudad y, que parte de la labor del escritor tijuanense  no es nada mas escribir su obra, sino alentar la producción de otros autores."
La decisión de los escritores sobre desarrollar su trabajo desde la provincia o desde la Ciudad de México va más allá de aspectos generacionales o de paradigmas regionalistas. Es ante todo un acto de conciencia y de voluntad de cada creador en particular.
El narrador David Toscana, nacido en Monterrey, ha asumido su labor desde la misma óptica de romper con el centralismo cultural. "A principios de los noventa era muy difícil que alguna editorial de difusión  nacional  quisiera publicarle a alguien del norte. Incluso cuando decíamos que queríamos ser escritores o que éramos escritores nos decían: "si no vas te vas a vivir al DF estás muerto". Entonces la única postura como norteños tenía que ver con la idea de: "me voy a quedar en mi tierra y desde aquí me van a escuchar". Se comienzan a publicar novelas de autores de estados del norte y es cuando los críticos y los periodistas comienzan a hablar de la narrativa del  norte. Y empiezan a ponerle motes: que si "los bárbaros del norte", que si "la división del norte".

Caminos para escribir desde el norte
Toscana, uno de los novelistas mas importantes de México y cuyas obras se han traducido al alemán, árabe, griego, inglés, serbio y checo, plantea cómo los escritores norteños asumen a la creación literaria con cierta naturalidad. "Cuando comenzamos a escribir hace algunos años un grupo de creadores que nos reuníamos en Monterrey, un grupo que denominábamos El panteón, nunca nos planteamos esta condición de norteños. Creo que cada quien vive en una geografía y la asimila de modo tan natural, que ni siquiera reflexiona al respecto. No creo que ninguno de nosotros haya dicho "yo voy a ser un escritor norteño". Porque  nacimos y crecimos en el norte y, hablamos de  nuestro entorno de una manera tan natural que ni siquiera lo reflexionamos ni lo cuestionamos."
El autor de Santa María del circo y Duelo por Miguel Pruneda reflexiona que esta condición de explicar a la escritura de los creadores norteños desde su "regionalidad" no fue generada por los mismos autores del norte. "Lo cierto es que para nosotros fue algo venido de fuera, nuestra condición de que nos expliquemos por qué escribimos lo que escribimos vino de fuera. Para nosotros fue simplemente tan natural como decir: "escribo esto porque es lo que veo". Por qué a un escritor del DF no le preguntan la razón por la cual escribe novela urbana. Es obvio. Por qué a los escritores de Veracruz no los cuestionan, ¿por qué costas y palmeras?..."
A fines de la década de los ochenta se nombró “narrativa del desierto” a la obra creada por los escritores norteños. En ese entonces sobresalían seis autores: Gerardo Cornejo de Sonora, Jesús Gardea y Carlos Montemayor de Chihuahua, Ricardo Elizondo de Nuevo León, Severino Salazar de Zacatecas y Daniel Sada oriundo de Mexicali.
El escritor Eduardo Antonio Parra considera que los términos “narrativa del desierto” y “narrativa fronteriza” "son reduccionistas" para referir a la escritura generada en el norte de México.
Parra enumera algunos elementos con presencia constante en los cuentos y novelas de escritores del norte: la omnipresencia del paisaje y el clima, la proximidad geográfica de los Estados Unidos que trae como consecuencia los embates de la cultura norteamericana, el leguaje característico de los norteños, el ambiente que se orienta hacia el realismo en vez de someterse a la introspección, el predominio de la acción dramática y el movimiento.
El escritor analiza un crecimiento de la literatura del norte  y la posibilidad de que esto se haya derivado por los intereses del mercado editorial. "En los últimos años se han roto las barreras de los localismos y ciertos autores norteños son valorados a nivel nacional...basta darse una vuelta por las librerías capitalinas para encontrar en cualquier momento, entre las novedades, por lo menos un título con la autoría de un norteño. Sin embargo, es difícil definir si esta aparente abundancia representa en realidad un movimiento o es tan sólo una coincidencia cuyo origen se encuentra en el interés comercial de algunas editoriales."
Por otra parte el tijuanense Heriberto Yépez refiere a la escritura del norte como "las literaturas" existentes en cada estado, ciudad o escritor en particular. El autor de la novela El matasellos afirma que en la literatura de Tijuana hay un especial cuidado del lenguaje, "no usar las palabras de modo chilango, escribir de una manera diferente a cómo se hace en la ciudad de México." Yépez señala una doble tensión en la que se ubica la literatura norteña. Los encuentros y desencuentros con el sur - la ciudad de México - y con el norte - los Estados Unidos -. El escritor originario de Baja California recalca la importancia que tiene el uso del internet en la literatura y, particularmente entre los creadores norteños. "La red de escritores jóvenes mexicanos de internet está dominada por norteños. Se está pensando en construcciones de otras ciudades, en este caso electrónicas. Y otra vez se vuelve a marcar la diferencia entre sur y norte, el sur que nosotros creemos mas conservador".
La escritora Cristina Rivera inscribe a la narrativa del norte en un doble plano: el regionalismo y el rompimiento de este regionalismo a través de lo externo a él. " La experiencia que el norte ha dejado en lo que escribo, me produce reacciones contrarias. Por un lado creo que es una pregunta esencialmente a cerca de región. En ese sentido, no me gusta pensar que hay un determinismo, no me gusta pensar que hay una relación tan simple de causa y efecto. Por otra parte, no me gusta tampoco pensar que en el norte hay una literatura que no se deja influenciar por nada o que no depende de nada. Yo no creo en la escritura pura, que  llega de la nada y se expresa a través del espíritu. Creo, al contrario, en una escritura contaminada, en una escritura que se deja afectar por todo lo que es, todo lo que le rodea."

sábado, 3 de agosto de 2013

De la visión reduccionista de la literatura del norte y la narcoliteratura, a una mirada compleja de la escritura aridoamericana…



En un artículo del suplemento Laberinto del periódico Milenio (3 de agosto de 2013), Gabriel Trujillo debate sólidamente las posturas reduccionistas y generalistas de críticos mexicanos que han asumido erróneamente que la literatura del norte (la narrativa fundamentalmente) está significada de manera rotunda por la violencia y el narcotráfico (http://issuu.com/laberintomilenio/docs/laberinto-529/7?e=4393030/4286894).
La crítica de Trujillo se enfoca hacia el prólogo del libro Tierras de nadie (CONACULTA, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012), escrito por Viviane Mahieux y Oswaldo Zavala –compiladores del texto-. Trujillo advierte que ya Heriberto Yépez y Eduardo Antonio Parra habían levantado la voz atajando esas posturas de escritores del "centro".
¿Por qué la tendencia a interpretar “categóricamente” a la literatura del norte de esta forma?
- Porque quienes han asumido este juicio lo hacen desde el “centro literario” (la ciudad de México y anexas) que comienza a perder dominios en los terrenos de la poesía, la narrativa, la crítica literaria, etc. Hay en estos juicios que apedrean a la literatura del norte una especie de resentimiento que viene desde la pérdida de la “centralidad”.  ¿Nostalgia del dominio? El canon mexicano se democratiza y la lucha por alzarse en el reconocimiento comienza a tomar formas novedosas. Los dos compiladores no son originarios del "centro". Mahieux es de Baja California Sur y Zavala es de ciudad Juárez. El "centro" de ambos compiladores es la "academia". Pero de los 12 participantes en el libro, (2 compiladores y 10 ensayistas) 8 son originarios de la ciudad de México. Si Mahieux y Zavala hacen uso del concepto de "capital simbólico" de Bordieu para refeir que los escritores norteños se suben a la cresta de la ola de una presunta moda literaria; habría que referir que los conceptos de "campo de poder" y "campo intelectual", también de Bordieu,  dibujan los lugares desde los que se emiten las críticas a la literatura norteña. ¿Desde dónde emergen las voces de Mahieux y Zavala, las propias y las compiladas en el libro Tierras de nadie?
- Porque la academia que alimenta a la crítica literaria suele construir categorías segmentadoras que impiden asumir una visión lo suficientemente profusa, profunda y compleja como para advertir que la literatura del norte es mucho más que una regionalización geográfica, literaria y/o teórica. Tanto Mahieux como Zavala advierten esto, pero su pretensión de abordar la complejidad de la literatura norteña se queda corta, por eso reconocen las "limitaciones" de su trabajo al final del prólogo.
- Porque no logra advertirse que la literatura del norte no ha mostrado aún todo lo que es ni lo que puede ser. Hay una potenciación en el crecimiento y desarrollo entre los escritores de estos lares, que comienza a despuntar y que resulta incómoda para los nostálgicos del “centro”.
- Porque falta todavía investigar la amplitud, la profundidad y la complejidad de lo que la literatura del norte significa. Hay quienes se contentan con lo superficial y con pequeñas parcelas de un fenómeno literario que hermenéuticamente no ha sido abordado con la ambición y la solvencia que implica.  
Resulta interesante que el escritor chihuahuense Ramón Gerónimo Olvera haya investigado y escrito sobre el fenómeno de la narcoliteratura y la violencia (Solo las cruces quedaron, 2013, editorial Ficticia, México). El hecho de haber estudiado un posgrado en Colombia, le otorga al ensayista chihuahuense un mirador privilegiado para analizar el fenómeno que no es exclusivo de la literatura del norte mexicano. No he leído el texto de Olvera, recién publicado y puesto en circulación, espero hacerlo en breve…

jueves, 1 de agosto de 2013

Los debates sobre la "e-valuación educativa"...



I
¿En qué momento histórico y de qué formas,  la evaluación educativa pasó de ser un mecanismo que solventa los datos de las estructuras educativas credencialistas,  a un dispositivo de valoración que pretende mirar con lupa todos y cada uno de los milímetros del territorio educativo para enmendar los errores y enderezar los caminos?
Entre los maestros de educación básica hay una tesis común en los debates sobre la evaluación educativa. Esta tesis tiene que ver con la diferenciación conceptual entre la “calificación” y la “evaluación”.
El primer concepto pertenece al campo semántico del credencialismo, donde un documento educativo (una boleta, un certificado, un título) “calificaba” a un sujeto para insertarse en la vida social y en el mundo laboral. La “calificación” inscrita en una “credencial” educativa permitía trepar niveles en el sistema social darwinista. Hoy una credencial educativa no es garantía para trepar, para tener un trabajo y mejores posibilidades de vida. Lo falsario de los títulos universitarios de la plaza de Santo Domingo en el Distrito Federal, de alguna forma se ha instalado en los títulos universitarios avalados por el sistema educativo. Un título universitario no es garantía de nada, hay algo de falsedad en su sustento oficializado. La mano de obra “calificada”,  no es actualmente una mano de obra que tenga garantizadas una ocupación laboral y una vida dignas.
El segundo concepto emerge en México hacia los ochentas y posee un correlato conceptual estrecho con el término “calidad educativa”. La “evaluación educativa” y la “calidad educativa” son conceptos concomitantes en los debates hacia fines del siglo XX y principios del XXI. Tal vez podrían pensarse como términos simbióticos, que no contendrían solamente positividad en sus significados y sus alcances, sino que conllevarían tanto elementos positivos como negativos. Esta es una cuestión interesante de analizar.
La genealogía conceptual de la "e-valuación" se enraíza en el significado del concepto de "valor", que toma forma en los debates de la ética y la axiología. Comunmente se habla de una crisis de valores, en el entendido de una profunda y profusa transformación en las formas de pensamiento y de vida del ser humano. Los valores no están perdidos, la postura patética de la moral se funda en la nostalgia por un pasado al que no puede retornarse. Pero tampoco tendríamos que entender a los valores  instalados en un escenario histórico que concibe a las transformaciones como algo que habrá de traer solo bienaventuranzas, la postura optimista de la moral tiene un dejo de ingenuidad. En los debates teóricos (ética)  y en las formas de vida de los seres humanos del siglo XXI (donde toma forma la moral), se hacen presentes rasgos de una relatividad que nos resulta abrumadora y compleja.
La relatividad se manifiesta en lo filosófico, lo social, lo político, lo educativo, etc. Cada rincón de la vida humana ha sido impregnado por las raicillas de la relatividad en la que co-existen alternativamente múltiples posturas teóricas y múltiples formas de vida. Desde luego que puede sustentarse la primacía de un pensamiento y una forma de vida que se implanta como única y totalizadora  a partir del sistema neoliberal. Pero aún al interior de este sistema hay una relatividad que procura la hibridez, que incita a la mezcla y la emulsión cultural. Desde la unificación y el totalitarismo neoliberal,  se fertiliza a la relatividad cultural e histórica. No hay consensos aquí, no hay rupturas con la relativización, hay hibridación que en forma de retro y de remix desancla los puntos de fijación. La relatividad es parte del ideario neoliberal. Los centros del neoliberalismo, el dinero, lo material y el deseo, no poseen un valor fijado, su consistencia es la “relatividad” que equivocadamente se nombra como “libertad”.
El espíritu histórico y cultural relativista que envuelve al hombre del siglo XX y del XXI, impregna y hiere los debates sobre la “e-valuación” educativa en México.
Los debates educativos sobre la evaluación a fines del siglo XX e inicios del siglo XXI son bastos y están plagados de puntos suspensivos. Mucho se ha teorizado, mucho se ha investigado sobre la evaluación. Suman miles de páginas  escritas sobre este tema. Pero aún no hay consensos que logren acuerdos sobre los significados y los alcances de ésta.
La reciente  caída del examen Enlace (Evaluación Nacional del Logro Académico en los Centros Escolares) es evidencia de la inconclusión de los debates sobre la evaluación educativa. Su derrumbe se había anticipado de varios años atrás.
Hasta aquí se identifican dos cualidades de los debates sobre la evaluación educativa en México. Por una parte está la espiritualidad relativizante de una época histórica. Por otra parte está la inconclusión del debate. Ambas cualidades se conjugan con una tercera: la tendencia hacia la totalización evaluadora. Los análisis de Rizo y Blanco (2010, La evaluación educativa: experiencias, avances y desafíos, en:  Los grandes problemas de México. Tomo VII. Educación) abundan sobre la tendencia totalizante en la evaluación en México:

Una tentación común es pretender evaluar todas las dimensiones imaginables de la educación. La superabundancia de información así producida impide un análisis reflexivo de los resultados… (P.97)
La evaluación puede convertirse en un fetiche, en sustituto de las realidades que se pretende conocer. (P.98)           
El número ya excesivo y todavía creciente de evaluaciones que se desarrollan y aplican en las escuelas y su desarticulación… (P.119)         

Rizo y Blanco refieren la tendencia a la totalización evaluadora a partir de tres ideas: 
        - Evaluar cada milímetro que pueda ser evaluado,  abarcando de esta forma a la totalidad educativa identificable con la totalidad evaluable.
        - Pensar a la evaluación como un reflejo fiel de lo real educativo, de tal manera que el reflejo evaluado pueda ser la realidad educativa misma.
        - La coexistencia de múltiples formas de evaluación desarticuladas y abiertas, que desde distintas perspectivas teóricas pretenden evaluar múltiples aspectos educativos.

II
La tendencia totalizante de la evaluación educativa tiene que ver con la esquizofrénica postura de controlar y someter a lo real. Aún a pesar de que lo azaroso y lo acontecimental  surjan como dis-ruptores y de-constructores de la controlabilidad y el sometimiento de lo real.  Para lo azaroso y lo acontecimental, también habrán de crearse conceptos y dispositivos de controlabilidad y sometimiento, aunque esto sea un artificio. De eso se trata la educación, desde la década de los setentas del siglo XX Foucault lo había clarificado. De alguna forma la “evaluación educativa” puede definirse como “educación de la educación”. La educación tiene que ser educada, conducida, vigilada, controlada. Habrá que disecarla cuando está en movimiento, extraer sus órganos y someterlos a pruebas de distinta naturaleza. Observar con lupa y microscopio. Tomar nota de los aciertos y las fallas, analizar y re-accionar como debe re-accionarse: retro-alimentando, re-acomodando, re-conduciendo…

III
Los debates sobre la evaluación educativa no han concluido porque los debates sobre la calidad educativa no terminan porque los debates sobre la vida histórica, social, económica, etc. no se cierran. ¿Son las realidades históricas, sociales, económicas, etc. las que fundan la calidad educativa o es la calidad educativa la que funda estas realidades? ¿Cómo es que la evaluación educativa ha de tener lugar en este plano de concomitancias que no tendría que resolverse en lo meramente teórico e institucional y que a fin de cuentas operaría en lo real problemático que nos resulta abrumador?

IV
Del 2002 a la fecha, los debates en torno al INEE (Instituto Nacional de Evaluación Educativa) han venido jugando el papel de condensador y limitante de:
1) La relatividad que espiritualmente impregna los debates sobre la educación.
2) La inconclusión de estos debates.
3) La asunción racional de una “cierta” totalización evaluadora de la realidad educativa.
La condensación y limitación de estos tres puntos pretendida en los debates en torno al INEE tendría que advertirse con una mirada de inacabamiento y apertura.
Ya los orígenes del INEE dan a notar fallas. En los apuros sexenales de la política educativa en el 2002,  Fox prefirió crear el INEE por decreto presidencial. El Senado de la República había avanzado en los trabajos para crear al INEE a partir de una legislación emanada desde los consensos del poder legislativo. Pero a fin de cuentas ganó la prisa del ejecutivo. Hoy parece que la plana intenta ser corregida. Desde el poder legislativo (el Senado y la Cámara de Diputados) habrán de emanar las leyes que sustentes el re-lanzamiento del INEE. Pero no se vislumbra que puedan resolverse los tres problemas (y otro más)  que abruman a las discusiones sobre la evaluación educativa. Desde una perspectiva histórica de larga duración, se visualiza que los problemas sobre la evaluación educativa están apenas en una fase histórica de despliegue. Parece haber una prisa por poner punto final a un asunto que no puede tenerlo aún. De la mano de las discusiones sobre la “calidad educativa”, a lo largo de la primera mitad de este siglo,  los debates sobre la “evaluación educativa” habrán de continuar …