domingo, 11 de agosto de 2013

Narrarse desde el norte



Originalmente este artículo fue titulado: Encuentro de narradores del noroeste ¿Por qué hablar de una literatura del norte? (revista Oasis, Num. 23, septiembre 29 de 2004, Chihuahua, Chih.,  P. 14 – 16). Es un reportaje enmarcado en el género del periodismo cultural. La información fue tomada de varias de las mesas de análisis del Encuentro de narradores del noroeste, organizado en la ciudad de Chihuahua en septiembre de 2004. Las ponencias del evento fueron compiladas en el libro: Memoria. I Encuentro de Narradores del Noroeste (ICHICULT, 2006, Chihuahua, México), donde por cierto, la participación del escritor tijuanense Heriberto Yépez aparece incompleta…

El imán del DF
Para Daniel Sada  "el norte es definitivo" en su creación literaria. Aún a pesar de que a los veinte años emigró a la ciudad de México y fue en ese lugar donde se descubrió y formó como escritor.
El también intelectual norteño, Eduardo Antonio Parra, se dice "convencido de que para que un escritor sea de un sitio, no es necesario que haya nacido ni que radique en él, basta con que haya vivido ahí la infancia o la adolescencia, etapas que proveen material literario para toda la vida."
Sada  recrea fragmentos de su vida en la comunidad rural de Sacramento, Nuevo León, para explicar como esas vivencias en el norte de México han delineado su labor como escritor. "De niños mi papá nos llevaba a un hermano y a mí un rancho que se llamaba El Gavilán - casi del tamaño de Portugal -, y ahí nos perdíamos en el desierto. Mi papá decía que nos fuéramos todas las vacaciones a un rancho para que nos hiciéramos hombres. Me acuerdo que cuando estuve en ese rancho no se tenía contacto con nada, el único contacto que teníamos era un radio de transistores en la noche. Era casi la edad de piedra. Tenía yo que matar chivos. Me enseñé entonces a matar chivos. Después, ya cuando de ese rancho regresé al pueblo, Sacramento, me parecía  que era Nueva York. Entonces, apreciaba las formas de las banquetas, las rayas que había en las banquetas, las formas de un vaso que tenía adornos. Todo lo apreciaba. Todo me llamaba la atención y era como estar descubriendo las cosas por primera vez. Creo que el norte me dio esta percepción, yo en literatura quisiera escribir como si descubriera las cosas por primera vez. Aún cuando pueda escribir de la ciudad de México, la percepción no se modifica."
Daniel Sada nació en la frontera de Mexicali, durante su infancia su familia emigró a Sacramento. "Es un pueblo de mil habitantes. Ahí aprendí a leer y escribir en una escuela rural. Yo viví en un pueblo de mil habitantes hasta los dieciocho años. O sea que ir a Monclova, una ciudad como Chihuahua, para mi  era como Nueva York. Mi lógica ranchera se impuso. Desde muy temprana edad, desde niño, tuve la gran fortuna de que una maestra a quien le gustaban mucho los libros clásicos, me enseñara métrica desde que aprendí a leer. Pero en Sacramento conocí únicamente la literatura clásica. Evidentemente, hasta la edad de dieciocho años, antes de salir del pueblo, no pensaba que había literatura contemporánea, pensaba que nada mas había literatura clásica. Lo más moderno que yo alcancé a leer en Sacramento fue El Quijote. Pero todo el siglo diecinueve no lo conocía, mucho menos las vanguardias. Cuando repentinamente me voy del rancho a la ciudad de México - una macrópolis -, me desborda totalmente. Ni siquiera pasé por una ciudad media, más que una temporada breve en Ciudad Victoria. Fue una irrupción que me desconcertó."
Daniel Sada es considerado como la cabeza del grupo de los escritores norteños, el líder, el general de los escritores de la división del norte. El narrador se concibe como un escritor norteño que radica en la ciudad de México. "La ciudad de México es la que me hizo escritor realmente, le debo todo a la ciudad de México. Pero la formación, la lógica del lenguaje, la percepción, el hecho de vivir en el desierto. Eso da, digamos, la sintonía de ver las cosas como norteño."
El ganador del premio Javier Villaurrutia y, autor del texto Porque parece mentira la verdad nunca se sabe - considerada una novela fundamental en la historia de la literatura mexicana -, es uno de los muchos escritores del norte que ha ejercido su labor desde la Ciudad de México, epicentro de la cultura nacional. En el mismo caso se encuentran los escritores:  Carlos Montemayor, Ignacio Solares, José Vicente Anaya y Federico Corral Vallejo (del estado de Chihuahua); Federico Campbell y Rosina Conde (de Baja Califorinia); entre otros.
La narradora Cristina Rivera ha tenido una vida transfronteriza entre México y Estados Unidos. Pero al igual que los escritores citados desarrolla su labor creativa residiendo en el centro del país. La autora de la novela Nadie me verá llorar, explica su labor creativa desde una lógica en la cual se considera una norteña de nacimiento alejada del norte. "Nací en Matamoros, Tamaulipas, y he vivido tres o cuatro estados del norte. Pero también he vivido fuera del norte. Y en los estados norteños donde he vivido siempre he estado fuera de lugar. Entonces mi experiencia del norte ha sido un continuo  estar fuera de lugar. Es ese fuera de lugar lo que pasa, como veta de exploración formal sobre todo lo que hay en mi escritura. Yo tengo muy pocos cuentos que se ubiquen en el norte, o que hablen  norteño. Es ese fuera de lugar el que exploro, o intento explorar,  a través de la misma estructuración de mis textos,  de la manera en como están escritos, de eso que llamamos "forma" pero que siempre termina por ser el contenido de lo que hacemos."

El rompimiento del centralismo
El narrador sinaloense Elmer Menodoza, quien en los últimos años ha cobrado una notoriedad muy importante en las letras nacionales, se asume a fondo como escritor Norteño. "Yo si me reconozco norteño hasta el tope chingäo... Soy un lector más o menos serio, clavado, de literatura europea. Mi forma de contar viene de esa tradición. Pero yo vivo mi ciudad, vivo mi región, vivo todo el norte, es decir, yo vivo en el valle  más importante  en el mundo en producción agrícola y me gusta mucho cruzar el desierto de Sonora. Me agrada mucho manejar por la carretera ocho por la diez. Entonces, me gusta escuchar a la gente. Yo soy de los que se va a las cantinas, a las iglesias, a los cafés gays, a todas partes a oír. Yo soy de los que registran el lenguaje, es decir, mi literatura es muy oral y nace de eso."
El autor de la novela Un asesino solitario, ha logrado que éste y otros de sus libros circulen en España. "Norteño hasta el tope", Mendoza concibe la universalidad de la escritura a partir de una perspectiva norteña. "Reconozco tener aspiraciones subjetivas...  por ejemplo yo he dicho que no voy a descansar hasta poner a mi ciudad en el mapa de la cultura universal, lo que significa poner al norte en la cultura universal."
Para Elmer Mendoza el lenguaje es fundamental en la caracterización de la escritura del norte de México. "A mi no me gustan las botas, ni me gusta andar con camisas cuadradas, pero, el lenguaje. Para mi el uso del lenguaje es el norte."
En Tijuana desde la década de los noventa se ha forjado una tradición entre los escritores: romper con el centralismo cultural en México y con el magnetismo monetario y cultural que implica ser un creador residente en los Estados Unidos. La premisa es escribir desde la provincia.
El tijuanense Heriberto Yépez ha asumido con pleno convencimiento esta línea y comenta al respecto: "Se decidió desde finales de los ochenta y en los noventa muy claramente, que los escritores tijuanenses ya no iban a emigrar a la ciudad de México. Luis Humberto Crosthwaite fue quien estableció  desde entonces que los tijuanenses que escriben no deben ir a la ciudad de México. Y el que se vaya, casi, casi,  como dicen de broma: rajón. Yo me formé como escritor en los noventa, con esa como línea, como una herencia, un mensaje ahí flotante. A mi me gusta continuar esa tradición, me voy a quedar en Tijuana, con todas las desventajas económicas que tiene la ciudad. Y esperamos que los que siguen tengan esa misma mentalidad."
Yépez  argumenta la necesidad de construir en Tijuana y en las ciudades norteñas bastiones de creación para los escritores, para el impulso de la cultura a partir de la provincia. "Había una fuga de cerebros, aparecía alguien que escribía bien, se iba a Estados Unidos o al Distrito Federal. Para que una ciudad pueda florecer literariamente tiene que haber figuras en los talleres, alguien que esté impulsando a los nuevos lectores y escritores, que esté propiciando el diálogo. Ya quedó muy claro esa tradición de permanecer en la ciudad y, que parte de la labor del escritor tijuanense  no es nada mas escribir su obra, sino alentar la producción de otros autores."
La decisión de los escritores sobre desarrollar su trabajo desde la provincia o desde la Ciudad de México va más allá de aspectos generacionales o de paradigmas regionalistas. Es ante todo un acto de conciencia y de voluntad de cada creador en particular.
El narrador David Toscana, nacido en Monterrey, ha asumido su labor desde la misma óptica de romper con el centralismo cultural. "A principios de los noventa era muy difícil que alguna editorial de difusión  nacional  quisiera publicarle a alguien del norte. Incluso cuando decíamos que queríamos ser escritores o que éramos escritores nos decían: "si no vas te vas a vivir al DF estás muerto". Entonces la única postura como norteños tenía que ver con la idea de: "me voy a quedar en mi tierra y desde aquí me van a escuchar". Se comienzan a publicar novelas de autores de estados del norte y es cuando los críticos y los periodistas comienzan a hablar de la narrativa del  norte. Y empiezan a ponerle motes: que si "los bárbaros del norte", que si "la división del norte".

Caminos para escribir desde el norte
Toscana, uno de los novelistas mas importantes de México y cuyas obras se han traducido al alemán, árabe, griego, inglés, serbio y checo, plantea cómo los escritores norteños asumen a la creación literaria con cierta naturalidad. "Cuando comenzamos a escribir hace algunos años un grupo de creadores que nos reuníamos en Monterrey, un grupo que denominábamos El panteón, nunca nos planteamos esta condición de norteños. Creo que cada quien vive en una geografía y la asimila de modo tan natural, que ni siquiera reflexiona al respecto. No creo que ninguno de nosotros haya dicho "yo voy a ser un escritor norteño". Porque  nacimos y crecimos en el norte y, hablamos de  nuestro entorno de una manera tan natural que ni siquiera lo reflexionamos ni lo cuestionamos."
El autor de Santa María del circo y Duelo por Miguel Pruneda reflexiona que esta condición de explicar a la escritura de los creadores norteños desde su "regionalidad" no fue generada por los mismos autores del norte. "Lo cierto es que para nosotros fue algo venido de fuera, nuestra condición de que nos expliquemos por qué escribimos lo que escribimos vino de fuera. Para nosotros fue simplemente tan natural como decir: "escribo esto porque es lo que veo". Por qué a un escritor del DF no le preguntan la razón por la cual escribe novela urbana. Es obvio. Por qué a los escritores de Veracruz no los cuestionan, ¿por qué costas y palmeras?..."
A fines de la década de los ochenta se nombró “narrativa del desierto” a la obra creada por los escritores norteños. En ese entonces sobresalían seis autores: Gerardo Cornejo de Sonora, Jesús Gardea y Carlos Montemayor de Chihuahua, Ricardo Elizondo de Nuevo León, Severino Salazar de Zacatecas y Daniel Sada oriundo de Mexicali.
El escritor Eduardo Antonio Parra considera que los términos “narrativa del desierto” y “narrativa fronteriza” "son reduccionistas" para referir a la escritura generada en el norte de México.
Parra enumera algunos elementos con presencia constante en los cuentos y novelas de escritores del norte: la omnipresencia del paisaje y el clima, la proximidad geográfica de los Estados Unidos que trae como consecuencia los embates de la cultura norteamericana, el leguaje característico de los norteños, el ambiente que se orienta hacia el realismo en vez de someterse a la introspección, el predominio de la acción dramática y el movimiento.
El escritor analiza un crecimiento de la literatura del norte  y la posibilidad de que esto se haya derivado por los intereses del mercado editorial. "En los últimos años se han roto las barreras de los localismos y ciertos autores norteños son valorados a nivel nacional...basta darse una vuelta por las librerías capitalinas para encontrar en cualquier momento, entre las novedades, por lo menos un título con la autoría de un norteño. Sin embargo, es difícil definir si esta aparente abundancia representa en realidad un movimiento o es tan sólo una coincidencia cuyo origen se encuentra en el interés comercial de algunas editoriales."
Por otra parte el tijuanense Heriberto Yépez refiere a la escritura del norte como "las literaturas" existentes en cada estado, ciudad o escritor en particular. El autor de la novela El matasellos afirma que en la literatura de Tijuana hay un especial cuidado del lenguaje, "no usar las palabras de modo chilango, escribir de una manera diferente a cómo se hace en la ciudad de México." Yépez señala una doble tensión en la que se ubica la literatura norteña. Los encuentros y desencuentros con el sur - la ciudad de México - y con el norte - los Estados Unidos -. El escritor originario de Baja California recalca la importancia que tiene el uso del internet en la literatura y, particularmente entre los creadores norteños. "La red de escritores jóvenes mexicanos de internet está dominada por norteños. Se está pensando en construcciones de otras ciudades, en este caso electrónicas. Y otra vez se vuelve a marcar la diferencia entre sur y norte, el sur que nosotros creemos mas conservador".
La escritora Cristina Rivera inscribe a la narrativa del norte en un doble plano: el regionalismo y el rompimiento de este regionalismo a través de lo externo a él. " La experiencia que el norte ha dejado en lo que escribo, me produce reacciones contrarias. Por un lado creo que es una pregunta esencialmente a cerca de región. En ese sentido, no me gusta pensar que hay un determinismo, no me gusta pensar que hay una relación tan simple de causa y efecto. Por otra parte, no me gusta tampoco pensar que en el norte hay una literatura que no se deja influenciar por nada o que no depende de nada. Yo no creo en la escritura pura, que  llega de la nada y se expresa a través del espíritu. Creo, al contrario, en una escritura contaminada, en una escritura que se deja afectar por todo lo que es, todo lo que le rodea."