Originalmente
este artículo fue titulado: Encuentro de narradores del noroeste ¿Por qué
hablar de una literatura del norte? (revista Oasis, Num. 23, septiembre 29 de
2004, Chihuahua, Chih., P. 14 – 16). Es
un reportaje enmarcado en el género del periodismo cultural. La información fue tomada de varias de las mesas de análisis del Encuentro de narradores del noroeste, organizado en la
ciudad de Chihuahua en septiembre de 2004. Las ponencias del evento fueron
compiladas en el libro: Memoria. I Encuentro de Narradores del Noroeste
(ICHICULT, 2006, Chihuahua, México), donde por cierto, la participación del
escritor tijuanense Heriberto Yépez aparece incompleta…
El imán del DF
Para
Daniel Sada "el norte es
definitivo" en su creación literaria. Aún a pesar de que a los veinte años
emigró a la ciudad de México y fue en ese lugar donde se descubrió y formó como
escritor.
El
también intelectual norteño, Eduardo Antonio Parra, se dice "convencido de
que para que un escritor sea de un sitio, no es necesario que haya nacido ni
que radique en él, basta con que haya vivido ahí la infancia o la adolescencia,
etapas que proveen material literario para toda la vida."
Sada recrea fragmentos de su vida en la comunidad
rural de Sacramento, Nuevo León, para explicar como esas vivencias en el norte
de México han delineado su labor como escritor. "De niños mi papá nos
llevaba a un hermano y a mí un rancho que se llamaba El Gavilán - casi del tamaño de Portugal -, y ahí nos perdíamos en
el desierto. Mi papá decía que nos fuéramos todas las vacaciones a un rancho
para que nos hiciéramos hombres. Me acuerdo que cuando estuve en ese rancho no
se tenía contacto con nada, el único contacto que teníamos era un radio de
transistores en la noche. Era casi la edad de piedra. Tenía yo que matar
chivos. Me enseñé entonces a matar chivos. Después, ya cuando de ese rancho
regresé al pueblo, Sacramento, me parecía
que era Nueva York. Entonces, apreciaba las formas de las banquetas, las
rayas que había en las banquetas, las formas de un vaso que tenía adornos. Todo
lo apreciaba. Todo me llamaba la atención y era como estar descubriendo las
cosas por primera vez. Creo que el norte me dio esta percepción, yo en
literatura quisiera escribir como si descubriera las cosas por primera vez. Aún
cuando pueda escribir de la ciudad de México, la percepción no se
modifica."
Daniel
Sada nació en la frontera de Mexicali, durante su infancia su familia emigró a
Sacramento. "Es un pueblo de mil habitantes. Ahí aprendí a leer y escribir
en una escuela rural. Yo viví en un pueblo de mil habitantes hasta los
dieciocho años. O sea que ir a Monclova, una ciudad como Chihuahua, para mi era como Nueva York. Mi lógica ranchera se
impuso. Desde muy temprana edad, desde niño, tuve la gran fortuna de que una
maestra a quien le gustaban mucho los libros clásicos, me enseñara métrica
desde que aprendí a leer. Pero en Sacramento conocí únicamente la literatura
clásica. Evidentemente, hasta la edad de dieciocho años, antes de salir del
pueblo, no pensaba que había literatura contemporánea, pensaba que nada mas
había literatura clásica. Lo más moderno que yo alcancé a leer en Sacramento fue
El Quijote. Pero todo el siglo
diecinueve no lo conocía, mucho menos las vanguardias. Cuando repentinamente me
voy del rancho a la ciudad de México - una macrópolis -, me desborda
totalmente. Ni siquiera pasé por una ciudad media, más que una temporada breve
en Ciudad Victoria. Fue una irrupción
que me desconcertó."
Daniel
Sada es considerado como la cabeza del grupo de los escritores norteños, el
líder, el general de los escritores de la división del norte. El narrador se
concibe como un escritor norteño que radica en la ciudad de México. "La
ciudad de México es la que me hizo escritor realmente, le debo todo a la ciudad
de México. Pero la formación, la lógica del lenguaje, la percepción, el hecho
de vivir en el desierto. Eso da, digamos, la sintonía de ver las cosas como
norteño."
El
ganador del premio Javier Villaurrutia y, autor del texto Porque parece mentira la verdad nunca se sabe - considerada una
novela fundamental en la historia de la literatura mexicana -, es uno de los
muchos escritores del norte que ha ejercido su labor desde la Ciudad de México,
epicentro de la cultura nacional. En el mismo caso se encuentran los
escritores: Carlos Montemayor, Ignacio
Solares, José Vicente Anaya y Federico Corral Vallejo (del estado de
Chihuahua); Federico Campbell y Rosina Conde (de Baja Califorinia); entre
otros.
La
narradora Cristina Rivera ha tenido una vida transfronteriza entre México y
Estados Unidos. Pero al igual que los escritores citados desarrolla su labor
creativa residiendo en el centro del país. La autora de la novela Nadie me verá llorar, explica su labor
creativa desde una lógica en la cual se considera una norteña de nacimiento
alejada del norte. "Nací en Matamoros, Tamaulipas, y he vivido tres o
cuatro estados del norte. Pero también he vivido fuera del norte. Y en los
estados norteños donde he vivido siempre he estado fuera de lugar. Entonces mi
experiencia del norte ha sido un continuo estar fuera de lugar. Es ese fuera de lugar lo
que pasa, como veta de exploración formal sobre todo lo que hay en mi
escritura. Yo tengo muy pocos cuentos que se ubiquen en el norte, o que
hablen norteño. Es ese fuera de lugar el
que exploro, o intento explorar, a
través de la misma estructuración de mis textos, de la manera en como están escritos, de eso que
llamamos "forma" pero que siempre termina por ser el contenido de lo
que hacemos."
El rompimiento del centralismo
El
narrador sinaloense Elmer Menodoza, quien en los últimos años ha cobrado una
notoriedad muy importante en las letras nacionales, se asume a fondo como
escritor Norteño. "Yo si me reconozco norteño hasta el tope chingäo... Soy
un lector más o menos serio, clavado, de literatura europea. Mi forma de contar
viene de esa tradición. Pero yo vivo mi ciudad, vivo mi región, vivo todo el
norte, es decir, yo vivo en el valle más
importante en el mundo en producción
agrícola y me gusta mucho cruzar el desierto de Sonora. Me agrada mucho manejar
por la carretera ocho por la diez. Entonces, me gusta escuchar a la gente. Yo
soy de los que se va a las cantinas, a las iglesias, a los cafés gays, a todas
partes a oír. Yo soy de los que registran el lenguaje, es decir, mi literatura
es muy oral y nace de eso."
El autor
de la novela Un asesino solitario, ha
logrado que éste y otros de sus libros circulen en España. "Norteño hasta
el tope", Mendoza concibe la universalidad de la escritura a partir de una
perspectiva norteña. "Reconozco tener aspiraciones subjetivas... por ejemplo yo he dicho que no voy a
descansar hasta poner a mi ciudad en el mapa de la cultura universal, lo que
significa poner al norte en la cultura universal."
Para
Elmer Mendoza el lenguaje es fundamental en la caracterización de la escritura
del norte de México. "A mi no me gustan las botas, ni me gusta andar con
camisas cuadradas, pero, el lenguaje. Para mi el uso del lenguaje es el
norte."
En
Tijuana desde la década de los noventa se ha forjado una tradición entre los escritores:
romper con el centralismo cultural en México y con el magnetismo monetario y
cultural que implica ser un creador residente en los Estados Unidos. La premisa
es escribir desde la provincia.
El
tijuanense Heriberto Yépez ha asumido con pleno convencimiento esta línea y
comenta al respecto: "Se decidió desde finales de los ochenta y en los
noventa muy claramente, que los escritores tijuanenses ya no iban a emigrar a
la ciudad de México. Luis
Humberto
Crosthwaite fue quien estableció desde
entonces que los tijuanenses que escriben no deben ir a la ciudad de México. Y
el que se vaya, casi, casi, como dicen
de broma: rajón. Yo me formé como escritor en los noventa, con esa como línea,
como una herencia, un mensaje ahí flotante. A mi me gusta continuar esa
tradición, me voy a quedar en Tijuana, con todas las desventajas económicas que
tiene la ciudad. Y esperamos que los que siguen tengan esa misma
mentalidad."
Yépez argumenta la necesidad de construir en
Tijuana y en las ciudades norteñas bastiones de creación para los escritores,
para el impulso de la cultura a partir de la provincia. "Había una fuga de
cerebros, aparecía alguien que escribía bien, se iba a Estados Unidos o al
Distrito Federal. Para que una ciudad pueda florecer literariamente tiene que
haber figuras en los talleres, alguien que esté impulsando a los nuevos
lectores y escritores, que esté propiciando el diálogo. Ya quedó muy claro esa
tradición de permanecer en la ciudad y, que parte de la labor del escritor
tijuanense no es nada mas escribir su
obra, sino alentar la producción de otros autores."
La
decisión de los escritores sobre desarrollar su trabajo desde la provincia o
desde la Ciudad de México va más allá de aspectos generacionales o de
paradigmas regionalistas. Es ante todo un acto de conciencia y de voluntad de
cada creador en particular.
El
narrador David Toscana, nacido en Monterrey, ha asumido su labor desde la misma
óptica de romper con el centralismo cultural. "A principios de los noventa
era muy difícil que alguna editorial de difusión nacional
quisiera publicarle a alguien del norte. Incluso cuando decíamos que
queríamos ser escritores o que éramos escritores nos decían: "si no vas te
vas a vivir al DF estás muerto". Entonces la única postura como norteños
tenía que ver con la idea de: "me voy a quedar en mi tierra y desde aquí
me van a escuchar". Se comienzan a publicar novelas de autores de estados
del norte y es cuando los críticos y los periodistas comienzan a hablar de la
narrativa del norte. Y empiezan a
ponerle motes: que si "los bárbaros del norte", que si "la
división del norte".
Caminos para escribir desde el norte
Toscana,
uno de los novelistas mas importantes de México y cuyas obras se han traducido
al alemán, árabe, griego, inglés, serbio y checo, plantea cómo los escritores
norteños asumen a la creación literaria con cierta naturalidad. "Cuando
comenzamos a escribir hace algunos años un grupo de creadores que nos reuníamos
en Monterrey, un grupo que denominábamos El
panteón, nunca nos planteamos esta condición de norteños. Creo que cada
quien vive en una geografía y la asimila de modo tan natural, que ni siquiera
reflexiona al respecto. No creo que ninguno de nosotros haya dicho "yo voy
a ser un escritor norteño". Porque
nacimos y crecimos en el norte y, hablamos de nuestro entorno de una manera tan natural que
ni siquiera lo reflexionamos ni lo cuestionamos."
El autor
de Santa María del circo y Duelo por Miguel Pruneda reflexiona que
esta condición de explicar a la escritura de los creadores norteños desde su
"regionalidad" no fue generada por los mismos autores del norte.
"Lo cierto es que para nosotros fue algo venido de fuera, nuestra
condición de que nos expliquemos por qué escribimos lo que escribimos vino de
fuera. Para nosotros fue simplemente tan natural como decir: "escribo esto
porque es lo que veo". Por qué a un escritor del DF no le preguntan la
razón por la cual escribe novela urbana. Es obvio. Por qué a los escritores de
Veracruz no los cuestionan, ¿por qué costas y palmeras?..."
A fines
de la década de los ochenta se nombró “narrativa del desierto” a la obra creada
por los escritores norteños. En ese entonces sobresalían seis autores: Gerardo
Cornejo de Sonora, Jesús Gardea y Carlos Montemayor de Chihuahua, Ricardo
Elizondo de Nuevo León, Severino Salazar de Zacatecas y Daniel Sada oriundo de
Mexicali.
El
escritor Eduardo Antonio Parra considera que los términos “narrativa del
desierto” y “narrativa fronteriza” "son reduccionistas" para referir
a la escritura generada en el norte de México.
Parra
enumera algunos elementos con presencia constante en los cuentos y novelas de
escritores del norte: la omnipresencia del paisaje y el clima, la proximidad
geográfica de los Estados Unidos que trae como consecuencia los embates de la
cultura norteamericana, el leguaje característico de los norteños, el ambiente
que se orienta hacia el realismo en vez de someterse a la introspección, el
predominio de la acción dramática y el movimiento.
El
escritor analiza un crecimiento de la literatura del norte y la posibilidad de que esto se haya derivado
por los intereses del mercado editorial. "En los últimos años se han roto
las barreras de los localismos y ciertos autores norteños son valorados a nivel
nacional...basta darse una vuelta por las librerías capitalinas para encontrar
en cualquier momento, entre las novedades, por lo menos un título con la
autoría de un norteño. Sin embargo, es difícil definir si esta aparente
abundancia representa en realidad un movimiento o es tan sólo una coincidencia
cuyo origen se encuentra en el interés comercial de algunas editoriales."
Por otra
parte el tijuanense Heriberto Yépez refiere a la escritura del norte como
"las literaturas" existentes en cada estado, ciudad o escritor en
particular. El autor de la novela El
matasellos afirma que en la literatura de Tijuana hay un especial cuidado
del lenguaje, "no usar las palabras de modo chilango, escribir de una
manera diferente a cómo se hace en la ciudad de México." Yépez señala una
doble tensión en la que se ubica la literatura norteña. Los encuentros y
desencuentros con el sur - la ciudad de México - y con el norte - los Estados
Unidos -. El escritor originario de Baja California recalca la importancia que
tiene el uso del internet en la literatura y, particularmente entre los
creadores norteños. "La red de escritores jóvenes mexicanos de internet
está dominada por norteños. Se está pensando en construcciones de otras
ciudades, en este caso electrónicas. Y otra vez se vuelve a marcar la
diferencia entre sur y norte, el sur que nosotros creemos mas
conservador".
La escritora
Cristina Rivera inscribe a la narrativa del norte en un doble plano: el
regionalismo y el rompimiento de este regionalismo a través de lo externo a él.
" La experiencia que el norte ha dejado en lo que escribo, me produce
reacciones contrarias. Por un lado creo que es una pregunta esencialmente a
cerca de región. En ese sentido, no me gusta pensar que hay un determinismo, no
me gusta pensar que hay una relación tan simple de causa y efecto. Por otra
parte, no me gusta tampoco pensar que en el norte hay una literatura que no se
deja influenciar por nada o que no depende de nada. Yo no creo en la escritura
pura, que llega de la nada y se expresa
a través del espíritu. Creo, al contrario, en una escritura contaminada, en una escritura que se deja afectar por todo lo que
es, todo lo que le rodea."