De los errores, los costos
se pagan de una u otra forma. Chuayffet lleva en su encargo al frente de la
SEP, dos equivocaciones que ventilan ineficacia, ineficiencia y probables actos
de corrupción. Primero fue el asunto de las laptops, que el diputado Miguel
Alonso Raya expuso y cuestionó públicamente. Lo segundo son las fallas en los
libros de texto.
Hay errores que parecen preclaros, pre-meditados, como si hubiera alguna predestinación consciente en lo institucional-colectivo, para que sucedan. Hay también errores que son inscritos en la planificación de la política educativa de
una forma torcida. A fin de cuentas, las erratas que emite la SEP para aclarar las
equivocaciones en los libros de texto, se inscriben en el diseño,
implementación y evaluación de las políticas públicas en educación. En el
asunto de las errores de los libros de texto y su presunta corrección, se
condensan de manera sintomática:
1) El diseño de la
política educativa que centraliza y erra la producción de los libros de texto
en la SEP (CONALITEG).
2) La puesta en marcha de
esta política también centralizada, miles de libros se editan, imprimen y salen,
erradamente, de la ciudad de México hacia todo el país.
3) La evaluación de esta
política, que se focaliza y centraliza en las erratas y en la voz del
secretario de educación, dando explicaciones de la tremenda falla.
¿Cómo interpretar estos síntomas institucionales en la SEP? ¿Acaso será este triple
proceso que sale a relucir a partir de erratas-corregidas-no-corregidas, alguno de los oscuros principios que han sido
directrices de la política educativa en México en los últimos años? ¿No contendrá esto una mordaz
auto-evaluación de lo que la SEP ha sido y continúa siendo, desde que en 1992 a
partir del ANMEB (Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica), dejó de ocuparse del funcionamiento de los distintos
subsistemas educativos (que en la descentralización se trasladaron a los
estados) y se ocupó de cuestiones como el diseño de los planes y programas de
estudio, la evaluación, los libros de
texto gratuitos, etc.?
Las erratas que
corregirían a los libros de texto se emiten arguyendo razones presupuestales y
medioambientalistas. Reimprimir el tiraje sería costoso económicamente y en cuestión de uso del papel, que implica desgaste de los recursos naturales. No reimprimirlo tiene otros costos para la SEP y para Chuayffet. Pero esto no debió haber sucedido, ¿o debió haber sucedido? ¿Habría motivos de inetabilidad para que los libros con errores aparecieran de esa forma? En estos casos, solo la ironía puede convidar alivios, cuando la astucia que pretende salvarnos de la
insensatez, multiplica la falta de inteligencia y de capacidad en grados superlativos.
Durante el sexenio de Adolfo
López Mateos (1958 – 1964), Jaime Torres Bodet, secretario de educación
pública, nombró al chihuahuense, Martín
Luis Guzmán, como presidente de la CONALITEG. En las primeras ediciones de los
libros de texto gratuito, tanto el autor de La
sombra del caudillo como Torres Bodet, leían las pruebas de los textos
antes de entrar a imprenta. En ello quedaba manifiesto el celo y el interés por
los nacientes libros de texto gratuitos. Parece que ahora el secretario de
educación pública se ocupa de dar explicaciones por los errores cometidos en la
edición de los libros…