jueves, 22 de agosto de 2013

Para re-pensar la “identidad chihuahuense” (1)



Artículo publicado en la revista Punto y seguido  de la UPNECH, Num. 3, 6 de abril de 2013)


I.- Por una reflexión posestructuralista y compleja de la identidad
El concepto de “identidad” puede analizarse considerando la psicología, la sociología, la antropología y la historia, en el marco de las ciencias. Desde las humanidades,  el término puede reflexionarse a partir de la filosofía y la literatura.  No nos detendremos a pormenorizar el concepto desde los marcos disciplinarios científicos y humanísticos referidos. Tal vez no tenga caso alguno hacerlo.
De inicio se plantea que el término de “identidad”, tal como se conformó en México durante el siglo XIX, pero sobre todo durante el siglo XX,  posee una condición multidisciplinaria a la que calificamos de abigarrada. En el México del siglo XX, desde los aportes de los integrantes del Ateneo de la Juventud, hasta las crónicas de Carlos Monsivais, la identidad del mexicano se aborda sin una conciencia plena de la reflexión transdisciplinaria (2). Si acaso hay algún lejano o borroso indicio al respecto, este radicaría en lo que aquí se concibe como abigarramiento disciplinario, en el entendido de que lo multidisciplinario en estos textos es en el fondo un amontonamiento discursivo y estético de elementos teóricos de diversas disciplinas científicas y humanísticas.
A partir de líneas reflexivas que acuden de manera abigarrada a la historia, la sociología, la antropología, la filosofía, la literatura, el arte, el cine, etc., la identidad del mexicano resulta una mescolanza extraña de elementos disciplinarios unidos bajo la teorización artificiosa y mítica de la nación mexicana, como espacio identitario. El laberinto de la soledad, obra que ha rebasado el millón de impresiones, es representativa de esta mescolanza de miradas disciplinarias. El texto de Paz va de las reflexiones sociológicas y antropológicas a las históricas, pasando desde luego por abordajes psicológicos,  filosóficos y literarios (3).
Hacia el final del siglo XX, mediante un abordaje  posestructuralista,  Roger Bartra deconstruye el imaginario de la identidad del mexicano en La jaula de la melancolía (2011). A la vez, el sociólogo y antropólogo desarrolla un tratamiento crítico transdisciplinario sobre la mexicanidad. Puede afirmarse que el primero en abordar el tema referido con una aguda conciencia crítica desde una perspectiva transdisciplinaria y posestructuralista, es Bartra. Este estudio de Bartra ha sido considerado como uno de los más lúcidos trabajos de investigadores mexicanos en el campo de los estudios culturales (4). Lúdicamente,   La jaula de la melancolía (Ibidem.) desemboca en una postura de corte analógico, en la que se hacen confluir sus concepciones y argumentaciones  sociológicas, antropológicas, filosóficas, políticas, económicas, artísticas y literarias, en la figura del axolote.
El autor concibe su estrategia de escritura como un “juego”: 

“Seguiré la lógica del juego y no la de cada escritor, saltando de una idea a otra, sin respetar su contorno personal o generacional, agrupando afirmaciones y apreciaciones, aún cuando hayan sido elaborados en contextos filosóficos diferentes y opuestos. Espero mostrar que hay una lógica del juego, que se sobrepone a las expresiones particulares e individuales… Esta lógica del juego no es mero capricho escogido al azar: es un reflejo de un proceso mas amplio y de larga duración: las reglas que ordenan y orientan la legitimación del Estado mexicano moderno. Aunque, eso sí, soy responsable de agregarle un tono jocoso adicional al desarrollar el tema basado en la metáfora del axolote…” (Ibidem., P. 21).

¿A qué razones obedece el juego en la estrategia discursiva y analítica de Bartra? ¿Acaso en este jugar bartreano, mas allá de la aguda postura crítica que conscientemente enlaza un tratamiento transdisciplinario y posestructuralista, está presente el componente posmoderno que hunde a la risa en la ironía sin salida alguna? Habría que hacer notar en Bartra, que posteriormente a la risa irónica, su reflexión acude a una propuesta de resolución al problema tratado. El hundimiento irónico posmoderno de corte nihilista, es superado por Bartra. Aún así queda por reflexionar el juego de escrituras que entrama la estrategia ensayística de La jaula de la melancolía.
Considerando las anteriores reflexiones,  se asume la necesidad de desarrollar un análisis crítico alternativo sobre la identidad chihuahuense. Es factible analizar la identidad chihuahuense a partir de un doble marco teórico, que retome tanto concepciones posestructuralistas (Bartra, 2011) como conceptos morinianos (1999) que apuntan a la superación de las visiones disciplinarias.  Morín asume los conceptos de: “transdisciplina”, “metadisciplina” y “complejidad”:

… no es solo la idea de inter y de trans-disciplinariedad lo que es importante. Debemos  ”ecologizar“ las disciplinas, es decir, tener en cuenta todo lo que forma sus contextos, incluidas las condiciones culturales y sociales, o sea, ver en que medio nacen, plantean sus problemas, se esclerosan, se metamorfosean. También es necesaria una metadisciplina, en tanto el término “meta” significa superar y conservar. No se puede romper lo creado por las disciplinas; no se puede romper todo este encierro, éste es el problema de la disciplina, un problema de la ciencia como un problema de la vida: es necesario que una disciplina sea, simultáneamente, abierta y cerrada (Morín, 127).

Los planteamientos de Morín en consideración de las disciplinas y su reencuadre en lo inter, trans y meta disciplinario, que son vistas  desde las tesis del pensamiento complejo, están envueltos en discusiones no resueltas,  que se proyectan hacia el siglo XXI.
Por otra parte, el tratamiento de Bartra a la identidad del mexicano es indudablemente posestructuralista.

Los ensayos sobre el carácter nacional mexicano son una traducción y una reducción –y con frecuencia una caricatura grotesca- de una infinidad de obras artísticas, literarias, musicales y cinematográficas… he preferido centrarme en el análisis de los ensayos sobre “lo mexicano” porque, aun cuando casi siempre sacrifican los valores estéticos, nos revelan con crudeza e ingenua simplicidad los ingredientes y las recetas con que se cocina el alma nacional… La idea de que existe un sujeto único de la historia nacional –“el mexicano”- es un poderosa ilusión cohesionadora; su versión estructuralista o funcionalista, que piensa menos en el mexicano como sujeto y mas en una textura específica –“lo mexicano”-, forma parte igualmente de los procesos culturales de legitimación política del Estado Moderno (Bartra R., 2001, P. 20).

Puede abrirse una discusión y considerar a los planteamientos de Bartra como posmodernos. No tiene caso en el presente trabajo adentrarse en las diferencias entre las posiciones posestructuralistas y posmodernas, divergencias las hay.
Posterior a la publicación de La jaula de la melancolía, en 1997 Bartra pronuncia una conferencia en la American Sociological Asociation a la que titula: La condición postmexicana (5). El concepto de “postmexicanidad” que puede ser calificado como posmoderno, se ancla desde luego en el marco teórico postestructuralista que fundamenta los conceptos y argumentaciones que cruzan de lado a lado La jaula de la melancolía. Es identificable entonces en Bartra, un correlato que va de las posturas posestructuralistas a las posmodernas.


II.- Indicios y borrosidades, la identidad chihuahuense cuestionada
Citando a Luis Villoro, Fernández (P. 157) establece las diferencias entre estado y nación. Sobre el primero apunta la “presencia de un poder soberano sobre un territorio limitado”, en el cual está presente el “monopolio de la violencia legítima.” Del segundo afirma “una comunidad de cultura unida por una tradición y un proyecto, comunes”. Ha sido muy debatida la artificiosidad del concepto de “nación”. Benedict Amberson en el texto Comunidades imaginadas (1983),  aborda una crítica muy bien fundamentada del concepto identitario de “nación”. Para Amberson, la conformación de las naciones entre los siglos XVIII y XIX,  posee una condición imaginaria que daría pie a un artificio identitario simbólico.
Encontramos  tanto en Ambers como en Bartra, elementos críticos posestructuralistas sobre los conceptos de “nación” e “identidad nacional”. De forma radical Bartra crítica con aspereza la mítica y claroscura identidad nacional del mexicano:

La nación es el más hollado y a la vez el más impenetrable de los territorios de la sociedad moderna. Todos sabemos que estas líneas negras en los mapas políticos son como cicatrices de innumerables guerras, saqueos y conquistas; pero también sospechamos que, además de la violencia estatal fundadora de las naciones, hay antiguas y extrañas fuerzas de índole cultural y psíquica que dibujan las fronteras que nos separan de los extraños. Estas fuerza sutiles, sometidas a la inclemencia de los vaivenes de la economía y la política, son sin embargo responsables de la opacidad del fenómeno nacional (2011, P. 13).

Los insistentes abordajes sobre la identidad chihuahuense,  que toman una formalidad académica y científica hacia finales del siglo XX, es decir, que son planteados a través de ensayos e investigaciones que reconocen el tema desde la academia universitaria, surgen en un contexto histórico-cultural en el que el concepto de “identidad nacional” se encuentra en crisis. Entendido el término de “crisis” en un sentido transformacional. La primera duda que surge sería entonces: ¿Es posible fraguar  una identidad chihuahuense en este contexto histórico cultural en el que se diluye la identidad mexicana?
De inicio podría responderse que, considerando  la deconstrucción de la identidad mexicana y, a partir de la tesis que van de la existencia de dos formas culturales de la mexicanidad (el norte y el sur) a la pluralidad de formas culturales microregionales y étnicas, es factible pensar en la conformación de identidades alternativas como la que se intenta generar en Chihuahua.
Sin embargo, la primera crítica que surge concierne a las cualidades a través de las cuales ha comenzado a tomar forma la construcción identitaria de la chihuahuaneidad. Los procedimientos de conformación de la identidad del chihuahuense son muy similares a los criticados por Bartra sobre la mexicanidad. Los elementos de lo simbólico imaginario que se anudan con lo mítico están presentes, como también lo están elementos complejos que atraviesan el poder político,  el poder intelectual y el poder económico. Es a través de estos componentes de poder que Bartra plantea a la conformación identitaria como una hegemonía en el sentido gramsciano. Esta concepción del sociólogo y antropólogo es previa a la escritura de La jaula de la melancolía (que se publica de origen en 1987)  y resulta un hito en las reflexiones de Bartra sobre la identidad del mexicano.

Para el propósito concreto de estudiar la hegemonía de una clase social (o conjunto de fracciones de clase) sobre la sociedad entera, es preciso aislar un conjunto de instituciones, relaciones sociales e ideas que tienen en común el hecho de formar parte de una red de mediaciones. Cada uno de los elementos de que se compone esta estructura de mediación tiene sin duda diversas funciones, sean económicas, sociales, políticas, ideológicas, etc. Sin embargo en su conjunto estos elementos tienen la particularidad de ser una transposición de los conflictos y contradicciones de clase a una red imaginaria que proporciona coherencia, unidad y estabilidad a la sociedad (Bartra R., 1981, P. 12).

Por otro lado, la conformación de una posible identidad chihuahuense va decantándose a la par de la emergencia de lo global,  antítesis de cualquier intento de regionalización identitaria.
Otro factor a tomar en cuenta para responder la pregunta lanzada, estriba en la condición ineludible de Chihuahua en tanto frontera. La condición fronteriza de Chihuahua problematiza sobremanera la posibilidad de una construcción identitaria como la que se pretende hegemónicamente. A partir de la frontera, toda fijación identitaria resulta diseminante y compleja. En tanto lugaridad identitaria, la frontera puede concebirse como una metáfora existencial de identidades abiertas e irresolubles.
A pesar de lo anterior, los recientes esfuerzos hegemonizantes de procreación identitaria continúan. El cántico del Himno del Estado de Chihuahua, que por obligación se debe entonar en las ceremonias cívicas de la educación básica y en otras formas de liturgia identitaria, se inscribe en una serie de medidas estratégicas que pretenden decantar una identidad hegemónica. A la par de que se instaura el Himno del Estado de Chihuahua, se decreta la prohibición de los narcocorridos en los medios de comunicación masiva y los espectáculos públicos.
Es de notar por ejemplo, que el ensayo La identidad del chihuahuense a través de los significados (Barrera y Tlapapal, 2011),  incluido en una antología de textos de la entonces Universidad Pedagógica Nacional 081,  fue acogido por el poder fáctico del gobierno del estado en su proceso de producción editorial. El libro fue financiado en una parte sustantiva por el gobierno del estado de Chihuahua y,  fue incluso impreso en los Talleres Gráficos del Gobierno del Estado de Chihuahua. Los agradecimientos que se anotan al principio de la obra, son transexenales, van del secretario de educación del gobierno de Reyes Baeza, al de César Duarte:

Patentizamos nuestro agradecimiento
Al Lic. Jorge Quinta Silveyra,
Secretario de Educación, Cultura y Deporte,
por su apoyo en la publicación de esta obra.
Asimismo, expresamos nuestro reconocimiento
A la Lic. María Guadalupe Chacón Monárrez,
ex – Secrearia de Educación y Cultura… (Ibidem., P. 9)

Se advierte entonces que la estrategización hegemonizante, que pretende darle forma a una identidad chihuahuense con cierta solidez, camina acentuadamente por territorios gubernamentales, educativos y académicos. Podríamos hablar en términos de alianzas tácitas entre diversos grupos de poder y grupos de clase, que pretenden una hegemonización identitaria del chihuahuense.
A partir de lo anterior se identifican de inicio dos componentes analíticos que habría que revisar. Por un lado está la estrategización hegemónica que pretende la construcción de una identidad chihuahuense, que pueda resultar consistente en su imaginario artificioso y mítico. Por otro lado encontramos una serie de textos en los que se depositan simbólicamente los rasgos identitarios de la chihuahuaneidad. El mismo Bartra (Ibidem., P. 16) destaca que el imaginario simbólico de la identidad es radicado principalmente en libros y discursos que hacen las veces de una especie de “metadiscurso”, “una intrincada red de puntos de referencia a los que acuden muchos mexicanos (y algunos extranjeros) para explicar la identidad nacional”. Sin embargo habría que concebir el concepto de “texto” en un plano antropológico, en el que lo simbólico identitario se radica no solo en textos de contenido lingüístico y discursivo. La identidad chihuahuense puede simbolizarse en elementos no propiamente lingüísticos. Por ejemplo, el escudo del estado de Chihuahua ameritaría un análisis semiótico  más allá de la textualidad  lingüística (6). A su vez,  elementos lingüísticos de la identidad chihuahuense se coligan con elementos alternos a ello. El propio Himno del Estado de Chihuahua posee un componente musical que amerita un análisis semiótico junto al abordaje propio de una textualidad lingüística. Una serie de cuestionamientos surgen aquí. ¿En qué textualidades han sido radicados los rasgos imaginarios y simbólicos de la identidad chihuahuense? ¿Por qué esos rasgos imaginarios de la identidad chihuahuense han sido radicados en tales textualidades? ¿A qué Herkfung (procedencia) y a qué Enstehung (emergencia),  en el sentido genealógico de Foucault, podrían adscribirse estas tendencias textuales de tal identidad? ¿Cuáles son los procesos de apropiación de esas textualidades, en tanto se pretende la construcción con cierta solidez, de una identidad chihuahuense hegemónica? ¿Cómo se convalidan social y políticamente estas textualidades hegemónicas,  de forma tal que van convirtiéndose en piedras de toque de la conformación de una identidad chihuahuense?…


Notas bibliográficas
(1) Este texto encuadra el análisis de un ensayo más extenso que analiza la identidad chihuahuense. El ensayo al que pertenece, que se halla aún inconcluso se titula: El imaginario difuso de la identidad chihuahuense.
(2)  La disciplina es una categoría organizadora dentro del conocimiento científico; instituye en éste la división y la especialización de trabajo y responde a la diversidad de dominios que recubren las ciencias. Por mas que esté inserta en un conjunto científico mas vasto, una disciplina tiende, naturalmente, a la autonomía, por medio de la delimitación de sus fronteras, por el lenguaje que se da, por la técnicas que tiene que elaborar o utilizar y, eventualmente, por las teorías propias.
… la inter-disciplina puede significar, pura y simplemente, que diferentes disciplinas se sienten a la misma mesa… Pero inter-disciplina quiere decir también intercambio y cooperación, lo que hace que la inter- disciplina pueda convertirse en algo orgánico. La pluri-disciplina constituye una asociación de disciplinas en virtud de un proyecto o de un objeto común: las disciplinas pueden ser convocadas tanto como técnicas especializadas para resolver tal o cual problemática o, por el contrario, pueden estar in interacción profunda para intentar concebir este objeto y este proyecto… En lo que respecta a la trans-disciplina, se trata, con frecuencia, de esquemas cognitivos que pueden atravesar disciplinas, a veces con una virulencia tal que las pone en trance. De hecho, son complejos de inter, de pluri y de trans-disciplina que operaron y que jugaron un papel fecundo en la historia de la ciencia. Es necesario retener las nociones clave que están implicadas, es decir, cooperación y, mejor, articulación, objeto común y, mejor aún, proyecto común.”  (Morín E., 205 P. 115 – 128).
(3) En 1979, con la publicación de La divina pareja. Historia y mito en Octavio Paz, el escritor chihuahuense Jorge Aguilar Mora demostró con solvencia que el Laberinto de la soledad (cuya primera publicación data de 1950) es un ensayo que toma prestadas a manera de plagio,  la mayor parte de las categorías analíticas de la mexicanidad que ya Samuel Ramos había aportado en su libro El perfil del hombre y la cultura en México (publicado originalmente en 1934).
(4) En el libro Sin garantías. Trayectorías y problemáticas en estudios culturales (2010), Stuart Hall hace una defensa del enfoque de investigación de los estudios culturales.
(5) El texto se incluye en la antología Anatomía del mexicano (2002, P. 303 – 310), publicación  compilada y formada por el mismo Roger Bartra. Habría que seguir los textos posteriores a este, que el autor ha publicado en diversas revistas de circulación nacional y a nivel Latinoamérica, tomado en cuenta a su vez, que Bartra es uno de los autores mexicanos mas traducidos al idioma inglés.


Bibliografía:
Anaya J. V., Versus: Otras miradas a la obra de Octavio paz (2010), ediciones de Medianoche y UAZ, México.
Bartra R., La jaula de la melancolía (2011), Random House Mondadori, México.
Bartra R. Las redes imaginarias del poder político (1981), editorial Era, México.
Bartra R. compilador, Anatomía del mexicano (2006) , Random House Mondadori, México.
Fernández E. (2010), Avatares y retos globales de una nueva era. Comunicación, cultura y poder en la sociedad de la información, Universidad Autónoma de Chihuahua, Chih., México.
Foucault M., Microfísica del poder (1992) , Las ediciones de La Piqueta, Madrid.
Morín E., La cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Bases para una reforma educativa (1999), editorial Nueva Visión, Argentina.
Paz O., El laberinto de la soledad. Posdata. Vuelta a El laberinto de la soledad (2002), Fondo de Cultura Económica, México.
Tlapapal Rascón S. y Barrera Valdivia P., La identidad de los chihuahuenses a través de los significados, en:  Aportaciones de la investigación al conocimiento pedagógico, Universidad Pedagógica Nacional, Chihuahua, México.