Artículo publicado en la revista Punto y seguido de la UPNECH, Num. 3, 6 de abril de 2013)
I.- Por una reflexión
posestructuralista y compleja de la identidad
El concepto de “identidad” puede analizarse
considerando la psicología, la sociología, la antropología y la historia, en el
marco de las ciencias. Desde las humanidades,
el término puede reflexionarse a partir de la filosofía y la
literatura. No nos detendremos a
pormenorizar el concepto desde los marcos disciplinarios científicos y
humanísticos referidos. Tal vez no tenga caso alguno hacerlo.
De inicio se plantea que el término de “identidad”,
tal como se conformó en México durante el siglo XIX, pero sobre todo durante el
siglo XX, posee una condición
multidisciplinaria a la que calificamos de abigarrada. En el México del siglo
XX, desde los aportes de los integrantes del Ateneo de la Juventud, hasta las
crónicas de Carlos Monsivais, la identidad del mexicano se aborda sin una
conciencia plena de la reflexión transdisciplinaria (2). Si acaso hay algún lejano o borroso indicio al respecto, este
radicaría en lo que aquí se concibe como abigarramiento disciplinario, en el
entendido de que lo multidisciplinario en estos textos es en el fondo un
amontonamiento discursivo y estético de elementos teóricos de diversas
disciplinas científicas y humanísticas.
A partir de líneas reflexivas que acuden de manera
abigarrada a la historia, la sociología, la antropología, la filosofía, la
literatura, el arte, el cine, etc., la identidad del mexicano resulta una
mescolanza extraña de elementos disciplinarios unidos bajo la teorización
artificiosa y mítica de la nación mexicana, como espacio identitario. El laberinto de la soledad, obra que
ha rebasado el millón de impresiones, es representativa de esta mescolanza de
miradas disciplinarias. El texto de Paz va de las reflexiones sociológicas y
antropológicas a las históricas, pasando desde luego por abordajes
psicológicos, filosóficos y literarios (3).
Hacia el final del
siglo XX, mediante un abordaje
posestructuralista, Roger Bartra
deconstruye el imaginario de la identidad del mexicano en La jaula de la melancolía (2011). A la
vez, el sociólogo y antropólogo desarrolla un tratamiento crítico
transdisciplinario sobre la mexicanidad. Puede afirmarse que el primero en
abordar el tema referido con una aguda conciencia crítica desde una perspectiva
transdisciplinaria y posestructuralista, es Bartra. Este estudio de Bartra ha sido considerado como uno de los más lúcidos trabajos de investigadores mexicanos en el campo de los estudios culturales (4). Lúdicamente, La
jaula de la melancolía (Ibidem.) desemboca en una postura de corte
analógico, en la que se hacen confluir sus concepciones y argumentaciones sociológicas, antropológicas, filosóficas,
políticas, económicas, artísticas y literarias, en la figura del axolote.
El autor concibe su estrategia de escritura
como un “juego”:
“Seguiré la lógica del juego y no la
de cada escritor, saltando de una idea a otra, sin respetar su contorno
personal o generacional, agrupando afirmaciones y apreciaciones, aún cuando
hayan sido elaborados en contextos filosóficos diferentes y opuestos. Espero
mostrar que hay una lógica del juego, que se sobrepone a las expresiones
particulares e individuales… Esta lógica del juego no es mero capricho escogido
al azar: es un reflejo de un proceso mas amplio y de larga duración: las reglas
que ordenan y orientan la legitimación del Estado mexicano moderno. Aunque, eso
sí, soy responsable de agregarle un tono jocoso adicional al desarrollar el
tema basado en la metáfora del axolote…” (Ibidem., P. 21).
¿A qué razones obedece el juego en la
estrategia discursiva y analítica de Bartra? ¿Acaso en este jugar bartreano,
mas allá de la aguda postura crítica que conscientemente enlaza un tratamiento transdisciplinario
y posestructuralista, está presente el componente posmoderno que hunde a la
risa en la ironía sin salida alguna? Habría que hacer notar en Bartra, que
posteriormente a la risa irónica, su reflexión acude a una propuesta de resolución
al problema tratado. El hundimiento irónico posmoderno de corte nihilista, es
superado por Bartra. Aún así queda por reflexionar el juego de escrituras que
entrama la estrategia ensayística de La
jaula de la melancolía.
Considerando las anteriores reflexiones, se asume la necesidad de desarrollar un
análisis crítico alternativo sobre la identidad chihuahuense. Es factible
analizar la identidad chihuahuense a partir de un doble marco teórico, que
retome tanto concepciones posestructuralistas (Bartra, 2011) como conceptos
morinianos (1999) que apuntan a la superación de las visiones
disciplinarias. Morín asume los conceptos de: “transdisciplina”,
“metadisciplina” y “complejidad”:
… no es solo la idea de inter y de
trans-disciplinariedad lo que es importante. Debemos ”ecologizar“ las disciplinas, es decir, tener
en cuenta todo lo que forma sus contextos, incluidas las condiciones culturales
y sociales, o sea, ver en que medio nacen, plantean sus problemas, se
esclerosan, se metamorfosean. También es necesaria una metadisciplina, en tanto
el término “meta” significa superar y conservar. No se puede romper lo creado
por las disciplinas; no se puede romper todo este encierro, éste es el problema
de la disciplina, un problema de la ciencia como un problema de la vida: es
necesario que una disciplina sea, simultáneamente, abierta y cerrada (Morín,
127).
Los planteamientos de Morín en consideración de las
disciplinas y su reencuadre en lo inter, trans y meta disciplinario, que son
vistas desde las tesis del pensamiento complejo, están envueltos en discusiones no resueltas, que se proyectan hacia el siglo XXI.
Por otra parte, el tratamiento de Bartra a la
identidad del mexicano es indudablemente posestructuralista.
Los ensayos sobre el carácter nacional mexicano son
una traducción y una reducción –y con frecuencia una caricatura grotesca- de
una infinidad de obras artísticas, literarias, musicales y cinematográficas… he
preferido centrarme en el análisis de los ensayos sobre “lo mexicano” porque,
aun cuando casi siempre sacrifican los valores estéticos, nos revelan con crudeza
e ingenua simplicidad los ingredientes y las recetas con que se cocina el alma
nacional… La idea de que existe un sujeto único de la historia nacional –“el
mexicano”- es un poderosa ilusión cohesionadora; su versión estructuralista o
funcionalista, que piensa menos en el mexicano como sujeto y mas en una textura
específica –“lo mexicano”-, forma parte igualmente de los procesos culturales
de legitimación política del Estado Moderno (Bartra R., 2001, P. 20).
Puede abrirse una discusión y considerar a los
planteamientos de Bartra como posmodernos. No tiene caso en el presente trabajo
adentrarse en las diferencias entre las posiciones posestructuralistas y posmodernas,
divergencias las hay.
Posterior a la publicación de La jaula de la melancolía, en 1997 Bartra pronuncia una conferencia
en la American Sociological Asociation a la que titula: La condición postmexicana (5).
El concepto de “postmexicanidad” que puede ser calificado como posmoderno, se
ancla desde luego en el marco teórico postestructuralista que fundamenta los
conceptos y argumentaciones que cruzan de lado a lado La jaula de la melancolía. Es identificable entonces en Bartra, un
correlato que va de las posturas posestructuralistas a las posmodernas.
II.- Indicios y borrosidades,
la identidad chihuahuense cuestionada
Citando a Luis Villoro, Fernández (P. 157) establece
las diferencias entre estado y nación. Sobre el primero apunta la “presencia de
un poder soberano sobre un territorio limitado”, en el cual está presente el
“monopolio de la violencia legítima.” Del segundo afirma “una comunidad de
cultura unida por una tradición y un proyecto, comunes”. Ha sido muy debatida
la artificiosidad del concepto de “nación”. Benedict Amberson en el texto Comunidades imaginadas (1983), aborda una crítica muy bien fundamentada del
concepto identitario de “nación”. Para Amberson, la conformación de las
naciones entre los siglos XVIII y XIX,
posee una condición imaginaria que daría pie a un artificio identitario
simbólico.
Encontramos tanto en Ambers como en Bartra,
elementos críticos posestructuralistas sobre los conceptos de “nación” e
“identidad nacional”. De forma radical Bartra crítica con aspereza la mítica y
claroscura identidad nacional del mexicano:
La nación es el más hollado y a la vez el más
impenetrable de los territorios de la sociedad moderna. Todos sabemos que estas
líneas negras en los mapas políticos son como cicatrices de innumerables
guerras, saqueos y conquistas; pero también sospechamos que, además de la
violencia estatal fundadora de las naciones, hay antiguas y extrañas fuerzas de
índole cultural y psíquica que dibujan las fronteras que nos separan de los
extraños. Estas fuerza sutiles, sometidas a la inclemencia de los vaivenes de
la economía y la política, son sin embargo responsables de la opacidad del
fenómeno nacional (2011, P. 13).
Los insistentes abordajes sobre la identidad
chihuahuense, que toman una formalidad
académica y científica hacia finales del siglo XX, es decir, que son planteados
a través de ensayos e investigaciones que reconocen el tema desde la academia
universitaria, surgen en un contexto histórico-cultural en el que el concepto
de “identidad nacional” se encuentra en crisis. Entendido el término de
“crisis” en un sentido transformacional. La primera duda que surge sería
entonces: ¿Es posible fraguar una
identidad chihuahuense en este contexto histórico cultural en el que se diluye
la identidad mexicana?
De inicio podría responderse que, considerando la deconstrucción de la identidad mexicana y,
a partir de la tesis que van de la existencia de dos formas culturales de la
mexicanidad (el norte y el sur) a la pluralidad de formas culturales
microregionales y étnicas, es factible pensar en la conformación de identidades
alternativas como la que se intenta generar en Chihuahua.
Sin embargo, la primera crítica que surge concierne
a las cualidades a través de las cuales ha comenzado a tomar forma la
construcción identitaria de la chihuahuaneidad. Los procedimientos de
conformación de la identidad del chihuahuense son muy similares a los
criticados por Bartra sobre la mexicanidad. Los elementos de lo simbólico
imaginario que se anudan con lo mítico están presentes, como también lo están
elementos complejos que atraviesan el poder político, el poder intelectual y el poder económico. Es
a través de estos componentes de poder que Bartra plantea a la conformación
identitaria como una hegemonía en el sentido gramsciano. Esta concepción del
sociólogo y antropólogo es previa a la escritura de La jaula de la melancolía (que se publica de origen en 1987) y resulta un hito en las reflexiones de
Bartra sobre la identidad del mexicano.
Para el propósito concreto de estudiar la hegemonía
de una clase social (o conjunto de fracciones de clase) sobre la sociedad
entera, es preciso aislar un conjunto de instituciones, relaciones sociales e
ideas que tienen en común el hecho de formar parte de una red de mediaciones.
Cada uno de los elementos de que se compone esta estructura de mediación tiene
sin duda diversas funciones, sean económicas, sociales, políticas, ideológicas,
etc. Sin embargo en su conjunto estos elementos tienen la particularidad de ser
una transposición de los conflictos y contradicciones de clase a una red
imaginaria que proporciona coherencia, unidad y estabilidad a la sociedad
(Bartra R., 1981, P. 12).
Por otro lado, la conformación de una posible
identidad chihuahuense va decantándose a la par de la emergencia de lo
global, antítesis de cualquier intento
de regionalización identitaria.
Otro factor a tomar en cuenta para responder la
pregunta lanzada, estriba en la condición ineludible de Chihuahua en tanto
frontera. La condición fronteriza de Chihuahua problematiza sobremanera la
posibilidad de una construcción identitaria como la que se pretende
hegemónicamente. A partir de la frontera, toda fijación identitaria resulta
diseminante y compleja. En tanto lugaridad identitaria, la frontera puede
concebirse como una metáfora existencial de identidades abiertas e
irresolubles.
A pesar de lo anterior, los recientes esfuerzos
hegemonizantes de procreación identitaria continúan. El cántico del Himno del Estado de Chihuahua, que por
obligación se debe entonar en las ceremonias cívicas de la educación básica y
en otras formas de liturgia identitaria, se inscribe en una serie de medidas
estratégicas que pretenden decantar una identidad hegemónica. A la par de que
se instaura el Himno del Estado
de Chihuahua, se decreta la prohibición de los narcocorridos en los medios
de comunicación masiva y los espectáculos públicos.
Es de notar por ejemplo, que el ensayo La identidad del chihuahuense a través de
los significados (Barrera y Tlapapal, 2011), incluido en una antología de textos de la
entonces Universidad Pedagógica Nacional 081,
fue acogido por el poder fáctico del gobierno del estado en su proceso
de producción editorial. El libro fue financiado en una parte sustantiva por el
gobierno del estado de Chihuahua y, fue
incluso impreso en los Talleres Gráficos del Gobierno del Estado de Chihuahua.
Los agradecimientos que se anotan al principio de la obra, son transexenales,
van del secretario de educación del gobierno de Reyes Baeza, al de César
Duarte:
Patentizamos nuestro agradecimiento
Al Lic. Jorge Quinta Silveyra,
Secretario de Educación, Cultura y Deporte,
por su apoyo en la publicación de esta obra.
Asimismo, expresamos nuestro reconocimiento
A la Lic. María Guadalupe Chacón Monárrez,
ex – Secrearia de Educación y Cultura… (Ibidem., P.
9)
Se advierte entonces que la estrategización
hegemonizante, que pretende darle forma a una identidad chihuahuense con cierta
solidez, camina acentuadamente por territorios gubernamentales, educativos y
académicos. Podríamos hablar en términos de alianzas tácitas entre diversos
grupos de poder y grupos de clase, que pretenden una hegemonización identitaria
del chihuahuense.
A partir de lo anterior se identifican de inicio dos
componentes analíticos que habría que revisar. Por un lado está la
estrategización hegemónica que pretende la construcción de una identidad
chihuahuense, que pueda resultar consistente en su imaginario artificioso y
mítico. Por otro lado encontramos una serie de textos en los que se depositan
simbólicamente los rasgos identitarios de la chihuahuaneidad. El mismo Bartra
(Ibidem., P. 16) destaca que el imaginario simbólico de la identidad es radicado
principalmente en libros y discursos que hacen las veces de una especie de
“metadiscurso”, “una intrincada red de puntos de referencia a los que acuden
muchos mexicanos (y algunos extranjeros) para explicar la identidad nacional”.
Sin embargo habría que concebir el concepto de “texto” en un plano
antropológico, en el que lo simbólico identitario se radica no solo en textos
de contenido lingüístico y discursivo. La identidad chihuahuense puede
simbolizarse en elementos no propiamente lingüísticos. Por
ejemplo, el escudo del estado de Chihuahua ameritaría un análisis
semiótico más allá de la
textualidad lingüística (6). A su vez, elementos lingüísticos de la identidad
chihuahuense se coligan con elementos alternos a ello. El propio Himno del Estado de Chihuahua posee un
componente musical que amerita un análisis semiótico junto al abordaje propio
de una textualidad lingüística. Una serie de cuestionamientos surgen aquí. ¿En
qué textualidades han sido radicados los rasgos imaginarios y simbólicos de la
identidad chihuahuense? ¿Por qué esos rasgos imaginarios de la identidad
chihuahuense han sido radicados en tales textualidades? ¿A qué Herkfung (procedencia) y a qué Enstehung (emergencia), en el sentido genealógico de Foucault,
podrían adscribirse estas tendencias textuales de tal identidad? ¿Cuáles son
los procesos de apropiación de esas textualidades, en tanto se pretende la
construcción con cierta solidez, de una identidad chihuahuense hegemónica?
¿Cómo se convalidan social y políticamente estas textualidades hegemónicas, de forma tal que van convirtiéndose en piedras de
toque de la conformación de una identidad chihuahuense?…
Notas
bibliográficas
(1)
Este texto encuadra el análisis de un ensayo más extenso que analiza la
identidad chihuahuense. El ensayo al que pertenece, que se halla aún inconcluso
se titula: El imaginario difuso de la
identidad chihuahuense.
(2) “La disciplina es una categoría organizadora dentro del conocimiento científico;
instituye en éste la división y la especialización de trabajo y responde a la
diversidad de dominios que recubren las ciencias. Por mas que esté inserta en
un conjunto científico mas vasto, una disciplina tiende, naturalmente, a la
autonomía, por medio de la delimitación de sus fronteras, por el lenguaje que
se da, por la técnicas que tiene que elaborar o utilizar y, eventualmente, por
las teorías propias.
… la inter-disciplina puede significar, pura y
simplemente, que diferentes disciplinas se sienten a la misma mesa… Pero
inter-disciplina quiere decir también intercambio y cooperación, lo que hace
que la inter- disciplina pueda convertirse en algo orgánico. La
pluri-disciplina constituye una asociación de disciplinas en virtud de un
proyecto o de un objeto común: las disciplinas pueden ser convocadas tanto como
técnicas especializadas para resolver tal o cual problemática o, por el
contrario, pueden estar in interacción profunda para intentar concebir este
objeto y este proyecto… En lo que respecta a la trans-disciplina, se trata, con
frecuencia, de esquemas cognitivos que pueden atravesar disciplinas, a veces
con una virulencia tal que las pone en trance. De hecho, son complejos de
inter, de pluri y de trans-disciplina que operaron y que jugaron un papel
fecundo en la historia de la ciencia. Es necesario retener las nociones clave
que están implicadas, es decir, cooperación y, mejor, articulación, objeto común
y, mejor aún, proyecto común.” (Morín
E., 205 P. 115 – 128).
(3) En 1979, con la publicación
de La divina pareja. Historia y mito en
Octavio Paz, el escritor chihuahuense Jorge Aguilar Mora demostró con
solvencia que el Laberinto de la soledad
(cuya primera publicación data de 1950) es un ensayo que toma prestadas a
manera de plagio, la mayor parte de las
categorías analíticas de la mexicanidad que ya Samuel Ramos había aportado en
su libro El perfil del hombre y la
cultura en México (publicado originalmente en 1934).
(4) En el libro Sin garantías. Trayectorías y problemáticas en estudios culturales (2010), Stuart Hall hace una defensa del enfoque de investigación de los estudios culturales.
(5)
El texto se incluye en la antología Anatomía
del mexicano (2002, P. 303 – 310), publicación compilada y formada por el mismo Roger Bartra.
Habría que seguir los textos posteriores a este, que el autor ha publicado en
diversas revistas de circulación nacional y a nivel Latinoamérica, tomado en
cuenta a su vez, que Bartra es uno de los autores mexicanos mas traducidos al
idioma inglés.
Bibliografía:
Anaya J. V., Versus: Otras miradas a la obra de Octavio paz (2010), ediciones de Medianoche y UAZ, México.
Bartra R., La jaula de la
melancolía (2011), Random House Mondadori, México.
Bartra R. Las redes imaginarias
del poder político (1981), editorial Era, México.
Bartra R. compilador, Anatomía
del mexicano (2006) , Random House Mondadori, México.
Fernández E. (2010), Avatares y
retos globales de una nueva era. Comunicación, cultura y poder en la sociedad
de la información, Universidad Autónoma de Chihuahua, Chih., México.
Foucault M., Microfísica del poder
(1992) , Las ediciones de La Piqueta, Madrid.
Morín E., La cabeza bien puesta.
Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Bases para una reforma educativa
(1999), editorial Nueva Visión, Argentina.
Paz O., El laberinto de la
soledad. Posdata. Vuelta a El laberinto de la soledad (2002), Fondo de
Cultura Económica, México.
Tlapapal Rascón S. y Barrera Valdivia P., La identidad de los chihuahuenses a través de los significados,
en: Aportaciones
de la investigación al conocimiento pedagógico, Universidad Pedagógica
Nacional, Chihuahua, México.