domingo, 9 de febrero de 2014

"Fahrenheit 451": Los significados antinómicos en la quema de libros



Miradas teóricas sobre el libro
A lo largo del siglo XX el libro ha sido reconceptualizado  de maneras diversas. Los estructuralistas franceses  lo asumen como una entidad analizable a partir de sus diversos componentes intra-textuales. Los posestructuralistas lo afirman como una textualidad que al margen de lo histórico y lo social posee significados que se desplazan entre los márgenes de la relatividad. Los teóricos de la recepción alemana lo conciben desde una perspectiva que potencia el papel del lector y que minusvalora la tarea del autor. Diversos escritores y artistas plásticos lo consideran con la capacidad de conjugar los significados del libro material y de la obra de arte.  Desde la historiografía que replantea a lo cultural ante lo social, ha sido pensado como una como entidad de  existencia concreta que posibilita territorios de investigación alternativos en la historia.
En este campo destacan los trabajos de Roger Chartier, que forman parte de una tendencia historiográfica que se deriva del campo de investigación generado por los Annales de la antropología histórica y de las mentalidades. El historiador francés revalora la importancia de la historia cultural ante la historia política y la social,  que fueron ponderadas por los primeros Annales (Bloch, Frebvre y Braudel).  Los aportes de Chartier  critican la postura historiográfica de los Annales de las mentalidades.

… es esta la primera lección de la historiografía francesa de los últimos quince años, resulta interesante el nuevo modelo de historia cultural que esta cuarta generación de Annales ha promovido, y que es el modelo de una nueva historia cultural de lo social. Una historia que, frente al substantivismo autosuficiente de los estudios históricos de las mentalidades… va en cambio a representar un verdadero esfuerzo de una historia otra vez materialista, y otra vez profundamente social de los fenómenos culturales.
Así, y asociada muy de cerca a los trabajos de Roger Chartier, esta historia social de las prácticas culturales nos propone analizar todo producto cultural como “práctica”, y por ende, a partir de las condiciones materiales específicas de su producción, de su forma de existencia, y luego de su propia difusión y circulación reales. (Aguirre Rojas, P. 69)

Este territorio de investigación histórica se desprende de una dialéctica que conjuga  a lo cultural con lo social y que  coloca como ejes al libro y a  la lectura. Las investigaciones en la materia muestran que al investigar al libro y a la lectura, historiográficamente se exploran territorios que no habían sido tomados en cuenta con suficiencia y que aportan respuestas alternativas a la comprensión de la historia.
Chartier (2006, P. 35 – 40) afirma la necesidad de “superar dos limitaciones” respecto a la investigación del libro y de la lectura.  A partir de la tradición de la historia de la literatura y de la crítica literaria, se ha dejado a lado la existencia concreta tanto del libro como de la lectura. A su vez, las investigaciones sobre el libro y la lectura deben sobrepasar los planteamientos de la teoría de la recepción alemana, que resulta insuficiente para restituir  la dimensión dialéctica entre el texto y el lector.   Para el historiador francés,   la existencia del libro y de la lectura se correlacionan de fondo. Los procesos de producción de textos escritos y orales, y los procesos de lectura que reciben e interpretan estos textos,  poseen una existencia histórica y cultural concreta. 
Desde una perspectiva historiográfica que conjuga a lo cultural con lo social,  Chartier (Ibidem.)  pretende  “restituir la dimensión dialéctica del texto y el lector”.   ¿Pero, qué implicaciones tiene esta postura,  que estudia la existencia histórica concreta tanto del libro como de la lectura? El libro y la lectura son pensados desde un plano  en el que se conciben como objetos históricos, culturales y sociales, más allá de su sola condición literaria,  más allá de su pura textualidad (estructuralista, semiótica o posestructuralista)  y más allá de su cualidad de portar ideas que se conciben  ahistóricamente.
El libro es entonces pensado como objeto histórico y cultural a partir del cual es posible dar una vuelta de tuerca al estudio de la historia desde una visión dialéctica y materializante.
Chartier (2011, P. 17 y 18) reflexiona al libro a partir de los conceptos de “materialidad” e “inmaterialidad”.

Hace poco David Kastan, un crítico shakesperiano, calificó de “platónica” la perspectiva según la cual una obra trasciende todas las posibles encarnaciones materiales, y de “pragmática” la que afirma que ningún texto existe fuera de las materialidades que le dan a leer u oír… Es una misma tensión entre la inmaterialidad de las obras y la materialidad de los textos la que caracteriza las relaciones de los lectores con los libros de que se apropian, aunque no sean ni críticos ni editores. En una conferencia pronunciada en 1978 titulada “El libro”, Borges declaró: “Yo he pensado alguna vez escribir una historia del libro”. Pero, de inmediato, diferencia radicalmente su proyecto de todo interés por las formas materiales de los objetos escritos: “No me interesan los libros físicamente… sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido”. Para él, los libros son objetos cuyas particularidades físicas no importan mucho. Lo que cuenta es la manera en que el libro, sea cual fuere su materialidad específica, fue apreciado… Lo que importa es la lectura, no el objeto leído: “¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.”  Un Borges “platónico”, entonces, insensible a la materialidad del texto.  (Chartier, 2011, P. 17 y 18)

Resulta complicado establecer una dicotomía absoluta entre las concepciones materializantes e inmaterializantes de los libros. Las primeras tienden a marginar las valoraciones de saber, de contenido teórico, ideológico o espiritual, que reside en los libros. Las segundas minimizan el valor material de los libros,  que toma forma en los procesos de escritura, edición, publicación, mercadeo y lectura. Chartier critica la postura platónica de Borges respecto al libro, que margina lo material y pondera lo inmaterial. La cita que el historiador francés hace de Borges, es tomada de una conferencia que el argentino dio en 1978, titulada: “El libro”. Pero al revisar la filosofía del libro en los cuentos de Borges, pueden rastrearse elementos que plantean un concepto antinómico sobre la materialidad-inmaterialidad del libro.
La literatura de Borges (P. 137)  nos lleva a concebir al libro como un objeto físico que tiene la capacidad de desdoblarse inmaterial y espiritualmente, hasta llegar a darle forma a una biblioteca total. “En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito…”  El pie de nota que cierra el cuento La Biblioteca de Babel, refiere un personaje ficticio que imagina como un solo libro concebido como objeto físico, se desdobla hacia una inmaterialidad matemática y espiritual en la que se despliega la biblioteca total.

Letizia Álvarez de Toledo ha observado que la vasta Biblioteca es inútil; en rigor bastaría un solo volumen, de formato común,  impreso en cuerpo nueve o en cuerpo diez, que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas (Cavalieri a principios del siglo XVII, dijo que todo cuerpo sólido es la superposición de un número infinito de planos.) El manejo de ese vademécum sedoso no sería cómodo: cada hoja aparente se desdoblaría en otras análogas; la inconcebible hoja central no tendría revés. (Borges, P. 145, cursivas de origen)

Es atinado abordar matemática y espiritualmente a la idea de la biblioteca total depositada en “un solo libro”. Las matemáticas son elementales en su concreción práctica a la vez que profundas y enigmáticas en su abstracción y significación.
En Borges,  la condición material-inmaterial del libro, no se reduce a la sola exaltación de lo inmaterial y de lo espiritual tal como lo plantea Chartier, sino que se hace presente una condición antinómica que es abordada filosóficamente en su obra literaria. Tenemos entonces dos miradas sobre la materialidad y la inmaterialidad del libro. Por un lado está la concepción dicotómica de Chartier, por otro lado está la perspectiva antinómica que se identifica en la filosofía del libro en Borges.
Junto a lo anterior, se han desplegado los debates sobre el posible declive del libro de papel que sería sustituido por el e-book y por el internet. Hay autores que asumen de manera enfática que el libro material será desplazado por el e-book, de tal forma que el cubo de hojas de papel dejará de existir en un momento posterior de nuestra historia. Hay quienes afirman que el libro físico no dejará de existir de forma alguna. “El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que una cuchara.” (Eco, P. 20). Hay posturas que asumen una especie de hibridación entre el libro material y el virtual. En este ensayo interesa subrayar que el posible declive del libro material y la emergencia del e-book y el internet, han dado lugar a un pensamiento distópico que ha sido abordado tanto en términos literarios como filosóficos.
Este planteamiento distópico, de negación de la utopía o de contra-utopía, posee como una de sus aristas a la posible hegemonía del e-book y del internet ante el borramiento del libro materializado en un cubo de papel.

…  no creo que el cambio del libro de papel al libro electrónico sea inocuo, un simple cambio de “envoltorio”, sino también de contenido. No tengo cómo demostrarlo, pero sospecho que cuando los escritores escriban literatura virtual no escribirán de las misma manera que han venido haciéndolo hasta ahora en pos de la materialización de sus escritos en ese objeto concreto, táctil y durable que es (o nos parece ser) el libro. (Vargas Llosa, P. 205).

Mario Vargas Llosa fundamenta su falta de fe en el libro virtual a partir de las derivaciones que se generarían en el acto de escritura del autor. Es probable que las maneras de escribir se modifiquen con la aparición del ordenador, del internet y del libro virtual. De hecho,  las formas de lectura ya se han modificado a partir del hiperlink y de los diseños internautas que mezclan de formas inéditas al texto y a la imagen.
¿Qué se estaría extraviando en términos distópicos,  al pasar de una etapa histórico-cultural fundada en el libro material, a un posible periodo en el que el internet, el e-book y otros medios electrónicos, serían piedras de toque en el desarrollo futuro de la humanidad? En el desplazamiento del e-book sobre el libro material, está presente el desplazamiento de la cultura de masas sobre la alta cultura.

Contrariamente a lo que sucedía en el pasado, hoy en día la lectura ya no es el principal instrumento de culturalización que posee el hombre contemporáneo; ésta ha sido desbancada por la cultura de masas, por la televisión, cuya difusión se ha realizado de un modo rápido y generalizado en los últimos treinta años. En Estados Unidos, en 1955, el 78 por ciento de las familias tenía un televisor; en 1978 este porcentaje creció hasta el 95 por ciento y en 1985 llegó al 98 por ciento. Al mismo tiempo, en la sociedad norteamericana disminuía el número de periódicos: en 1910 había mas de 2,500, que descendieron a 1,750 en 1945 y a 1,676 en 1985. La situación europea y japonesa son, desde este punto de vista, similares a la estadounidense… (Petrucci, P. 443)

En La civilización del espectáculo (2012), Vargas Llosa emite una diatriba contra la cultura de masas a la vez que defiende a la alta cultura. El mismo procedimiento es puesto en marcha por Sartori en La sociedad teledirigida, quien correlaciona la defensa de alta cultura con la defensa del libro material.

Internet tiene un porvenir revolucionario. Como instrumento cultural, de crecimiento de nuestra cultura, preveo que tiene un futuro modesto. Los verdaderos estudiosos seguirán leyendo libros, sirviéndose de internet para completar datos, para las bibliografías y la información que anteriormente encontraban en los diccionarios; pero dudo que se enamoren de la red. (P. 62)

No es posible saber si en los próximos siglos habrá de desaparecer de manera definitiva el libro físico. De la misma manera en que no es posible saber si el internet puede darle forma a una biblioteca totalizante del saber humano. El concepto de “lo infinito” de la biblioteca total de Borges,  pone en entredicho una totalización del saber humano. Pero es imaginable la posible desaparición del cubo de hojas de papel. De la misma manera en que podemos imaginar al internet como un espacio que dé cabida a una biblioteca inconclusa de tendencia totalizante del saber humano.
Tal como se ha argumentado, las maneras de pensar y de convivir con el libro en la historia de la humanidad, tienen un desarrollo contradictorio. De forma paradójica, los símbolos del fuego y de la luz han significado a la materialidad del libro y al saber inmaterial depositado en el.  Respecto a la destrucción y la quema de libros, Báez (P. 22 – 24) afirma:

El fuego, en suma, ha salvado, y por lo mismo, casi todas las religiones consagran fuegos a sus divinidades. Ese poder para resguardar la vida es, y vale la pena señalarlo, poder destructor. Al destruir con fuego el hombre juega a ser Dios, dueño del fuego de la vida y de la muerte. Y de esta manera se identifica con un culto solar purificatorio y con el gran mito de la destrucción, que casi siempre ocurre por ecpirosis.

El fuego significa las contradicciones, tal vez irresolubles,  que residen en la quema de libros. Los incendios que arrasan con la materialidad del libro pretenden convertir en cenizas a la espiritualidad teórica e ideológica de una historia y de una cultura. Las cenizas de la quema de libros se constituyen en la semilla que habrá de traer una espiritualidad distinta entre los seres humanos. La ecpirosis se levanta desde la caída de un ciclo histórico y cultural fundado en la quema de libros, hacia la instauración de un nuevo ciclo significado en el fuego y las cenizas de la purificación y del nuevo nacimiento. La ecpirosis implica el término de un ciclo vital que es sucedido por otro más promisorio.
Hasta aquí se aborda la teorización que sustenta el análisis del libro Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. En síntesis, se hace uso de tres categorías conceptuales que se pondrán en marcha en el estudio:

·   -- La categoría de la materialidad e inmaterialidad del libro, que Chartier concibe en términos dicotómicos y que Borges filosofa literariamente como una antinomia.
·    -- Los contenidos distópicos que están presentes en el desplazamiento del e-book sobre el libro material,  y que a su vez se correlacionan con el desplazamiento de la cultura de masas sobre la alta cultura.
·    -- Los símbolos paradójicos del fuego y de la luz, que a partir de la ecpirosis analizada por Báez, concibe la quema de libros como el borramiento de la espiritualidad de una etapa histórica-cultural y la inauguración de otra.

Se ponen en marcha enseguida estos conceptos para analizar el texto de Bradbury.

Entre la materialidad sensitiva y la concepción espiritual del libro
En la novela de Bradbury la narración circula de manera persistente en un territorio sensitivo que abarca tanto a las sensaciones externas (la vista, el oído, el olfato y el tacto) como a las sensaciones internas que tienen que ver con la emocionalidad y la espiritualidad de los personajes. Hospers (P. 161) plantea la diferencia entre ambos:  “… los llamados “sentidos externos”, aquellos a través de los cuales obtenemos información del mundo exterior. Pero también existen los “sentidos internos”, que nos ponen en relación con nuestros estados internos (sentimientos actitudes, disposiciones, dolores y placeres)…”
Desde las primeras páginas de la novela,  el discurso narrativo se desarrolla entremezclando los sentidos externos e internos de los personajes.

Anduvo hacia la esquina, sin pensar en nada en particular… En las últimas noches, había tenido sensaciones inciertas respecto de la acera que quedaba al otro lado de aquella esquina… Quizá su olfato detectase un débil perfume, tal vez la piel del dorso de sus manos y de su rostro sintiese la elevación de temperatura en aquel punto concreto donde la presencia de una persona podía haber elevado por un instante, en diez grados, la temperatura de la atmósfera inmediata… Su subconsciente adelantándose a doblar la esquina, había oído un debilísimo susurro… Las hojas otoñales se arrastraban sobre el pavimento iluminado por el claro de la luna. Y hacían que la muchacha que se movía allí pareciese estar andando sin desplazarse… La muchacha se detuvo y dio la impresión de que iba a retroceder, sorprendida; pero, en lugar de ello se quedó mirando a Montag. (Bradbury, P. 14 y 15)

Es notorio que en esta parte,  la operación mental del pensamiento queda desplazada por la cognición de los personajes fundada en las sensaciones. En el fragmento citado,  Montag, el personaje masculino que protagoniza la novela, se encuentra por primera vez con Clarisse McClellan. Los encuentros de Montag y Clarisse en el texto se desarrollan en una atmósfera narrativa que conjuga a los sentidos externos con los internos,  y que manifiestan a su vez un enamoramiento que no llega a clarificarse. En la segunda y en la tercera parte de la novela el personaje de Clarisse es dejado de lado. Pero la estrategia narrativa y discursiva que se fija en las sensaciones internas y externas,  es puesta en marcha de manera sistemática a lo largo de todo el texto.  
Montag labora como bombero en una sociedad en la que los libros han sido prohibidos. Los bomberos de Fahrenheit 451,  se dedican a la quema de los libros de los desviados, que aún poseen libros en sus casas y que añoran la vida humanística y académica fundada en la materialidad de los libros de papel.
Durante una quema de libros, mientras Montag se roba uno de ellos, los estados sensitivos se exaltan.

Los libros bombardearon sus hombros, sus brazos, su rostro levantado. Un libro aterrizó casi obedientemente, como una paloma blanca, en sus manos, agitando las alas… Con toda su prisa y su celo, Montag sólo tuvo un instante para leer una línea, pero esta ardió en su cerebro durante el minuto siguiente como si la hubiera grabado con un acero… La mano de Montag se cerró como una boca, aplastó el libro con fiera devoción, con fiera inconsciencia, contra su pecho. (P. 47)

En la primera parte de la novela, el enamoramiento entre Montag y Clarisse se plantea a manera de indicios de las sensaciones externas e internas de ambos personajes. Pero entre ambos personajes la acción no se traslada a la relación amorosa. De manera contigua, en el discurso de la primera parte de la narración, toma forma un enamoramiento racionalizado de Montag en torno a los libros. Durante la quema de libros citada, al leer una sola línea, el bombero Montag siente como ésta “arde en su cerebro”. Al tomar el libro con su mano, el protagonista de la novela lo hace como si esta fuera una "boca",  a la vez que abraza violentamente el cubo de hojas de papel contra su pecho. Los sentimientos externos e internos del personaje principal, manifestados mientras se roba el libro durante la quema, significan un enamoramiento de la materialidad y de la inmaterialidad del libro. La “boca” simboliza un “beso” y el “aplastar el libro fieramente contra el pecho”  simboliza un “abrazo apasionado”. El “ardor en el cerebro” de Montag al leer una sola línea del texto, es el ardor espiritual del enamoramiento de los libros.
Páginas adelante, Faber, un antiguo profesor universitario amante de los libros, señala a  Montag como un “romántico” (P. 92). Faber le dice a Montag que no son los libros materiales lo que pretende,  sino el saber que ha sido depositado en ellos. El viejo maestro universitario admite que: “Los libros solo eran un tipo de receptáculo dónde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar.” La materialidad y la inmaterialidad del libro, se hacen manifiestas en esta parte. Faber pondera el valor inmaterial del libro por sobre lo material, pero líneas atrás acude a un argumento sensitivo que le da mayor importancia la materialidad de los textos.

-       Faber olisqueó el libro-. ¿Sabía que los libros huelen a nuez moscada o a alguna otra especie procedente de una tierra lejana? De niño, me encantaba olerlos. ¡Dios mío! En aquélla época, había una serie de libros encantadores, antes de que los dejáramos desaparecer. (P. 91)

La estrategia narrativa de Bradbury, que recurre a las sensaciones externas e internas de los personajes, y que plantea el amor hacia la materialidad y la inmaterialidad del libro, es uno de los ejes que sustentan el discurso de la novela. Hay un apartado en el que Faber en diálogo con Montag, plantea una concepción filosófica del libro, en la que los sentidos externos y los internos se conjugan de manera extática con la valoración material e inmaterial.

¿Sabe por qué los libros como éste son tan importantes? Por qué tienen calidad. Y, ¿qué significa la palabra calidad? Par mi significa textura. Este libro tiene poros, tiene facciones. Este libro puede colocarse bajo el microscopio. A través de la lente, encontraría vida, huellas del pasado en infinita profusión… (P. 93)

La “calidad” del libro es concebida a partir de su “textura” material y de contenido. Los “poros” y las “facciones” del libro pueden observarse al “colocarse bajo el microscopio”. Pero lo que este microscopio encuentra son “huellas del pasado en infinita profusión”. Huellas de saber,  de contenido ideológico y espiritual, marcas de sentido. Lo material del libro es a la vez inmaterial. En la novela de Bradbury se detecta la antinomia conceptual de Borges, que se levanta como una paradoja irresoluble entre la materialidad y la inmaterialidad del libro. Esta condición que está presente en Borges y en Bradbury,  nos lleva a cuestionar la radicalidad con la que Chartier concibe al libro como un objeto que al existir históricamente,  es ponderado en su materialidad y minusvalorado en su contenido inmaterial, espiritual.  ¿Es posible admitir la existencia de una historia espiritual del libro en occidente, que tendría lugar desde Grecia – y aún antes- hasta la fecha, pasando del rollo al libro códex, y de ahí al libro impreso de manera masiva en la imprenta de Gutenberg?  Es obvio que la pregunta se plantea en términos antinómicos a partir de Borges y de Bradbury. Los aportes de ambos autores nos ofrecen indicios para reflexionar de manera alternativa al libro. Desde luego que la calidad literaria de Borges supera por mucho a Bradbury. La filosofía del libro que toma forma en los cuentos del narrador argentino,  es más profunda y más compleja que la tratada en la novela del autor estadounidense. Pero entre ambos es detectable una filosofía antinómica del libro.

La distopía, del borramiento del cubo de papel llamado “libro” al dominio de los mass media
Entre los bomberos que trabajan quemando libros,  hay un perro robótico, que en la novela de Bradbury antagoniza con los seres vivos. El sabueso metálico no posee sentimientos internos, es una simple máquina que caza a los desviados de la sociedad distópica de Faharenheit 451. “Ese no quiere ni odia, simplemente funciona… Tiene una trayectoria que nosotros determinamos. Él la sigue rigurosamente. Persigue el blanco, lo alcanza y nada más. Sólo es alambre de cobre, baterías de carga y electricidad”. (P. 36)
A lo largo de varios meses Montag ha acumulado libros en su casa. Su esposa lo denuncia y lo abandona. En el cuartel de bomberos se recibe una llamada. La cuadrilla se pone en marcha a la cabeza de Beatty, el jefe de bomberos. Se detienen justo frente a la casa de Montag. El jefe de bomberos obliga al protagonista a quemar sus pertenencias. Los dos personajes se enfrascan en una discusión. El fuego del lanzallamas de Montag carboniza al cuerpo del jefe de bomberos. En adelante, el personaje principal es perseguido por las cámaras de televisión montadas en helicópteros y por el sabueso metálico que posee un olfato robótico,  que contrasta con las sensaciones que tienen las personas a la largo del texto. La capacidad olfativa del sabueso es funcional y maquínica. Un artefacto que huele para perseguir, capturar y eliminar. Los sentidos externos e internos de los seres humanos poseen una capacidad espiritual que las máquinas nunca podrán alcanzar.
A lo largo de la novela actúan diversos dispositivos maquínicos que contrastan con la vida libresca. Máquinas para preparar alimentos de forma automatizada, coches que viajan por las calles de la ciudad a más de 100 kilómetros por otra, pantallas de televisión colocadas en tres o cuatro paredes de una sola habitación, que de esta forma plantean formas de vida concebidas virtualmente.
Una parte de la distopía de Bradbury reside en la maquinización de la sociedad. Junto a la sociedad maquinizada, está el dominio impuesto por los mass media y por la cultura de masas. El “circuito moral” televisivo envuelve a los ciudadanos de Fahrenheit 451 en sus propias transmisiones.

-       ¿ Qué dan esta tarde – preguntó Montag con tono aburrido.
Mildred volvió a mirarle.
-       Bueno, se trata de una obra que transmitirán en el circuito moral dentro de diez minutos. Esta mañana me han enviado mi papel por correo… Ellos escriben el guión con un papel en blanco. Se trata de una nueva idea. La concursante, o sea yo, ha de recitar ese papel. Cuando llega el momento de decir las líneas que faltan, todos me miran desde las tres paredes y yo las digo. (P. 30)

La sociedad de Farenheit 451 ha entrado en decadencia. La distopía queda significada por la quema de libros, por el desvanecimiento de las humanidades y de los espacios universitarios.  Mientras Beatty, el personaje antagónico,  le relata a Montag como a lo largo de los siglos XIX y XX,  los libros y las universidades decayeron, en la novela aparecen proyecciones de la televisión sumidas en la aceleración y la dispersión de las imágenes,  los signos de la posmodernidad que colocan a los mass media ante el oscurecimiento de la alta cultura.

-       Acelera la proyección, Montag, aprisa. ¿Clic? ¿Película? Mira, Ojo, Ahora, Adelante, Aquí, Allí, Ritmo, Arriba, Abajo, Dentro, Fuera, Por qué, Cómo, Quién, Qué, Dónde, ¿Eh? ¡Oh! ¡Bang! ¡Zas!, Golpe, Bing, Bong, ¡Bum! Selecciones de selecciones. ¿Política? ¡Una columna, dos frases, un titular! Luego, en pleno aire, todo desaparece…
-       Los años de la Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. (P.65)

La distopía de Bradbury es similar a la de Orwell en 1984. Los mass media dominan la vida social, la escritura de libros está prohibida, la figura del vigilante aparece por todos lados en la búsqueda de los desviados del sistema.
Hay un momento de la historia en el que la lectura de libros materiales queda capturada por los dispositivos electrónicos, al margen del dominio maquínico y sistémico que narra la novela. Faber, aliado del personaje principal, le entrega un aparato auditivo que se coloca en el oído para mantener una comunicación a distancia. Faber  lee para Montag a distancia El Libro de Job. (P. 103). La lectura oral simboliza las formas de leer en la antigüedad que permanecen hasta nuestros días. Pero a su vez, el libro y la lectura quedan capturados  por un dispositivo electrónico. Algunas décadas después de publicada la novela de Bradbury, surgiría el audiolibro y enseguida el e-book, dispositivos electrónicos en los que se encierra tanto al libro como a la lectura.
En la novela, las máquinas no son negativizadas como si en ellas residiera un mal intrínseco. El aparato de comunicación a distancia que Faber le entrega a Montag,  significa la posibilidad de un uso humanizado de las máquinas. Son los hombres los que pueden trastornar la vida humana al grado de dar lugar a una contra-utopía. Las máquinas son solo un medio. Beatty pone en claro que la distopía de Faharenheit 451, ha tenido lugar sin imposiciones del gobierno, sin decretos ni legislaciones coercitivas. La misma sociedad ha dado lugar al encumbramiento de la cultura de masas, a la vida hedonista, al decaimiento de las humanidades y a la quema de libros. (P. 67 y 68)

La “ecpirosis” concebida como un “ave fénix” o de la distopía transformada en utopía
El título de la novela de Bradbury es un símbolo que significa  la temperatura a la que arden los libros en el sistema de medición inglés. La destrucción de libros en la historia de la humanidad es milenaria, y la quema es el procedimiento más usual para hacerlo.
La destrucción de los libros no es sólo un procedimiento empleado por los regímenes totalitarios como el nazismo o por alguno de los bandos en  una lucha militar.  Báez (P. 24 y 25) documenta que en el siglo XVII, Descartes llamó a su lectores a quemar libros antiguos. Lo mismo hizo Hume, al invitar a la destrucción de los libros de metafísica. Ya en el siglo XX, el manifiesto futurista pide acabar con las bibliotecas y los poetas nadaistas queman ejemplares de la novela María, de Jorge Issacs. Siendo profesor de la Universidad de Stanford y Harvard, Nabokov hizo una quema del Quijote ante la presencia de seiscientos alumnos. Heidegger también participó en la quema de libros, al sacar de su biblioteca los ejemplares de Husserl y quemarlos frente a sus alumnos en 1933. La destrucción de libros es contradictoria. Los letrados también han quemado libros en la búsqueda de una purga intelectual. Levantar teorías y obras literarias sobre la destrucción  premeditada y alevosa de otros libros y autores, es un acto de negación del  diálogo y del humanismo desde su propio seno.
El mismo Báez (Ibidem.) anota las contradicciones que residen en la quema de libros a partir de una antinomia entre lo material y lo inmaterial,  que desemboca en las cenizas.

La razón del uso del fuego es evidente: reduce el espíritu de una obra a materia. Si se quema a un hombre se reduce a sus cuatro elementos principales (carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno); si se quema el papel la racionalidad intemporal deja de ser racionalidad para convertirse en cenizas. Además de lo dicho, hay un detalle visual. Quien haya visto algo quemado, reconoce el innegable color negro. Lo claro se torna oscuro.

Abordando un argumento que se funda en la sensación visual, Báez refiere la contradicción del fuego en la quema de libros. El saber, los contenidos ideológicos y espirituales que tienen un carácter inmaterial, son representados en la materialidad del libro que se quema. De una u otra forma,  la antinomia entre la materialidad y la inmaterialidad del libro, se hace presente en la quema. Hablamos en términos de una conflagración de la antinomia. En occidente, los reiterativos símbolos del fuego y de la luz están cargados de misterio.
En el apartado inicial de la novela de Bradbury,  hay tres momentos en los que se realizan conteos. En la primera ocasión Montag cuenta las gotas de lluvia que caen sobre sus seres cercanos (P. 27). En la segunda, el mismo personaje cuenta los días en los que al salir de su casa encuentra a Clarisse, “por allí,  en algún lugar del mundo”, ante sus ojos y ante sus pensamientos (P. 38). La tercera vez hay un conteo mientras los bomberos queman los libros y la casa de una anciana que se resiste a salir.

-       ¡No iréis a dejarla aquí! – Protestó él.
-       No quiere salir.
-       ¡Entonces obligadla!...
-       Puede venir conmigo.
-       No – contestó ella-…
-       Vamos a contar hasta diez –dijo Beatty- . Uno.  Dos.
-       Por favor – Dijo Montag.
-       Márchese – replicó la mujer.
-       Tres. Cuatro-
-       Vamos.
Montag tiró de la mujer.
-       Quiero quedarme aquí – contestó ella con serenidad-.
-       Cinco. Seis.
-       Puedes dejar de contar –dijo ella…
La mujer, en el porche, con una mirada de desprecio hacia todos, alargó el brazo y encendió la cerilla, frotándola contra la barandilla. (P. 48 -49)

Los conteos que se suceden en la primera parte de la novela,  conflagran en el momento en que la anciana decide quemarse a sí misma junto con sus libros y sus pertenencias. La conversión a cenizas de los libros, lleva entre sus entrañas  a la muerte de la anciana en forma de suicidio. Un acto de locura o de heroísmo,  que traza la conversión de Montag, de bombero quemador de libros,  a defensor y amante del saber depositado en la materialidad del cubo de papel y tinta. Unas cuantas líneas adelante,  hay un diálogo entre Montag y su esposa Mildred, que muestra los significados contradictorios de la luz y la oscuridad a partir de lo sucedido en la casa de la anciana.

-       ¿Quién es?
-       ¿Quién podría ser? – dijo Montag, apoyándose en la oscuridad contra la puerta cerrada.
Su mujer dijo, por fin:
-       Bueno, enciende la luz.
-       No quiero luz… (P. 50 y 51)

Es obvia la condición paradójica en las jugadas de escritura de Bradbury. Mientras están frente a la casa de Montag, a punto de quemar los libros y las pertenencias del protagonista de la novela, Beatty define al fuego como un “misterio”,  como portador de una “belleza destructiva” (P. 127). Enseguida obliga a Montag a tomar el lanzallamas. Al quemar el protagonista sus libros y sus pertenencias, hace conflagrar también a su propia vida. Metafóricamente, quema a su esposa que lo denuncia y abandona. Quema su espacio vital, que había empezado a odiar desde meses o años atrás. Quema sus pertenencias como si estuviera quemándose a sí mismo para renacer. Al final de la escena,  Montag dirige el lanzallamas contra Beatty y no se detiene hasta convertirlo en una figura humeante y negruzca, olorosa a muerte. Esta escena plantea el resurgimiento del personaje principal, como alguien que después de darle muerte a los libros mediante el fuego, se enraíza en ellos y comienza a desearlos y amarlos con una espiritualidad desenfrenada. Montag ha renacido, la ecpirosis ha tenido lugar en su propio ser. Enseguida, vendrá la huida del protagonista de la ciudad, que significa escapar del sistema y de la sociedad distópicos. ¿Pero, hacia donde huye el Montag?
Eco y  Carrière (P. 197) refieren el significado de la denominación “Fahrenheit”:  

En Fahrenheit 451, Bradbury imagina una sociedad que ha querido emanciparse de la herencia engorrosa de los libros y ha decidido quemarlos. Precisamente 451 grados Fahrenheit es la temperatura a la que se quema el papel… Farenheit es también el título de un programa radiofónico italiano que hace exactamente lo contrario. Un oyente llama para decir que no encuentra o ha perdido un determinado libro. Otro llama inmediatamente después para decir que tiene un ejemplar y que está dispuesto a dárselo. Es un poco el principio por el que se abandona un libro en un lugar cualquiera, en el cine, en el metro, después de haberlo leído, para que haga feliz a alguien más.

Considerando  esta referencia,  el mismo título de la novela se enfrasca en la paradoja. Tal vez Bradbury no haya escrito el texto consciente de esta condición. El análisis que aquí se realiza plantea como tesis central,  que la novela se resuelve antinómicamente y que este sería el mayor logro narrativo del autor.
La ecpirosis que se desarrolla en la transformación de Montag,  en la primera y segunda parte de la novela, pasa al orden social y civilizacional en la parte final. Después de huir de la ciudad distópica, Montag encuentra un grupo de vagabundos, antiguos maestros universitarios y amantes de los libros. Ellos han creado un sistema para conservar el contenido de los textos. Cada hombre ha memorizado un libro o una parte de él. Los conocimientos serán transmitidos de manera oral, de padres a hijos,  hasta que pueda restablecerse una civilización que retorne a los libros. Mientras los hombres le cuentan al protagonista su manera de conservar el contenido de los libros, la guerra se desata.
Todo habrá de destruirse, todo habrá de quemarse para renacer de nuevo. El fuego, el sol y la luz simbolizan la ecpirosis de la sociedad distópica de Fahrenheit 451.

El sol ardía a diario. Quemaba el Tiempo. El mundo corría en círculos, girando sobre su eje, y el tiempo se ocupaba en quemar los años y la gente, sin ninguna ayuda por su parte. De modo que si él (Montag) quemaba cosas con los bomberos y el sol quemaba el Tiempo, ello significaba que todo había de arder. (P. 151 y 152)

En la novela de Bradbury, los aún creyentes en el valor de la materialidad y la inmaterialidad de los libros, suponen que algún día el mundo habrá de cambiar. La sociedad distópica es el escenario narrativo para reconstruir a la utopía. Mientras la ciudad es destruida por una bomba atómica,  los vagabundos y Montag hablan del mito del Ave Fénix. “Hubo un pajarraco llamado Fénix, mucho antes de Cristo. Cada pocos siglos encendía una hoguera y se quemaba en ella. Debía ser primo hermano del hombre. Pero, cada vez que se quemaba, resurgía de las cenizas, conseguía renacer. Y parece que nosotros hacemos lo mismo”. (P. 173)
El cierre de la novela redondea la ecpirosis de la sociedad y la civilización de Fahrenheit 451. Los vagabundos caminan hacia la ciudad. Montag ha memorizado el Eclesiastés. Recuerda palabra por palabra su contenido y lo trae mentalmente a su memoria.

Y, a cada rato del río, había un árbol de la vida, con dos clases distintas de frutas, y cada mes entregaban su cosecha; y las hojas de los árboles servían para curar a las naciones.
“Sí – pensó Montag-, eso es lo que guardaré para mediodía. Para mediodía…”
“Cuando alcancemos la ciudad.”

En el “mediodía” la guerra se disipa. Las naciones dejarán de pelear en algún momento. En el “mediodía” la luz y el fuego solar llegan a un cenit, a un equilibrio que es el centro de la vida en la tierra. En el “mediodía” la ciudad habrá de ser otra, la distopía podrá convertirse en utopía. En la novela de Bradbury, los ciclos de la vida y de la historia están significados por la luz y por fuego, por la materialidad y la materialidad antinómica de los libros, que alumbran y queman las entrañas de los hombres…

Bibliografía
Aguirre Rojas C.A., Antimanual del mal historiador. O ¿cómo hacer hoy una buena historia crítica?, México:  editorial Contrahistorias.  La otra mirada de Clío,  2008, impreso.
Báez, F., Historia universal de la destrucción de libros. De las tablillas sumerias a la guerra de Irak, España: Ediciones Destino, Colección Imago Mundi, 2004, impreso.
Borges J. L. La Biblioteca de Babel, en: Cuentos completos, México:  editorial Lumen, 2011, P. 137-145, impreso.
Bradbury R., Faharenheit 451, México: Editorial Random House Mondadori, 2013, impreso.
Chartier R., Cultura escrita, literatura e historia,  México:  Fondo de Cultura Económica, Colección Espacios para la Lectura, 2006, impreso.
Chartier R. y Cavallo G. coordinadores, Historia de la lectura en el mundo occidental, México:   editorial Taurus, 2011, impreso.
Eco U. y  Carrière J.C., Nadie acabará con los libros, México: editorial Random House Mondadori, 2010, impreso.
Hospers J., Introducción al análisis filosófico, España: Alianza Editorial, 1976, impreso.
Petrucci A., Leer por leer: un porvenir para la lectura, en:  Historia de la lectura en el mundo occidental, México:   editorial Taurus, 2011, P. 425 – 45,  impreso.
Sartori G., La sociedad teledirigida, Colombia:  editorial Punto de Lectura, 2012, impreso.
Vargas Llosa M., La civilización del espectáculo, México, editorial Alfaguara, 2012, impreso.

lunes, 3 de febrero de 2014

Los libros y la lectura entre los pasillos del poder



(Publico completo un texto que se da a conocer en El Diario de Chihuahua, en la sección de UPNECH, los días 26 de enero, 2 y 9 de febrero)


¡Oh divino reducto de la soledad, bastión de la paz, última trinchera contra el bullicio del mundo! Una biblioteca en cada excusado, hará de tus hijos mejores mexicanos.
Zaid G., El costo de leer y otros ensayos, P. 112.  


I
La lectura es una actividad humana que a partir de la ilustración y el enciclopedismo europeos ha tenido un reconocimiento educativo y cultural de significativas proporciones. Puede afirmarse que en los entresijos histórico-culturales de la modernidad (entre 1500 y 1950) se apuntalan las subjetivaciones y discursos occidentales sobre el libro y la lectura. En los años recientes Roger Chartier, formado en la tradición historiográfica crítica de la corriente de los Annales, es quien ha llevado a cabo un trabajo más sistemático y consistente en las investigaciones sobre el libro y la actividad lectora desde una perspectiva de larga duración. Chartier (“Cultura escrita, literatura e historia”, 2006, P. 228) refiere la importancia de investigar desde una perspectiva histórica al libro y la lectura: “Lo que me interesa destacar es que el tema que nos ocupa es el de la relación entre la historia de los textos, cualquiera que sea su estatuto, su naturaleza o su legitimidad; la historia de los libros, que transportan los textos a sus lectores, y, para terminar, esta misteriosa historia de la lectura entendida como una serie de gestos, comportamientos, prácticas y lugares. Definida además como la invención de sentido de un lector particular, si bien esa particularidad se ubicaría en lo que comparte este lector con otros lectores y lectoras que pertenecen a la misma comunidad de interpretación.”
En México las preocupaciones sobre el tema tienen distintas vertientes. El programa de lectura emprendido durante el gobierno de Vicente Fox, como uno de los pilares de la política educativa, fue retomado en el sexenio de Calderón y prosigue durante el gobierno actual. Su basamento parte de la misma premisa vasconcelista de publicar masivamente obras, en este caso de literatura infantil y juvenil, y acercarlas a los lectores en formación a través de las Bibliotecas de aula y de las Bibliotecas escolares. La edición de millares de libros colocados en las aulas y las escuelas, el acompañamiento de una serie de medidas emprendidas a partir del Programa Nacional de Lectura, son medidas encaminadas a la promoción del libro y la lectura. “Según David Acevedo Santiago, director de Bibliotecas y Promoción de la Lectura de la SEP, la meta es que cada aula tenga “entre 110 y 120 libros desde el primer grado de preescolar hasta el tercero de secundaria”; y que las bibliotecas escolares tengan 300 libros en los planteles preescolares, 650 en las primarias y 670 en las secundarias.” (Zaid, Información de nota periodística de El Universal, 11 de junio de 2012).
No cabe duda del esmero con el que los gobiernos federales (y estatales) han atendido a la promoción del libro y la lectura. Zaid (2012) hace cálculos y contabliliza  a partir de las cifras dadas por Acevedo Santiago y del número de planteles de educación básica: 172.5 millones de volúmenes que se han publicado y que se pretenden publicar para las bibliotecas escolares y de aula. Aunque el mismo Zaid afirma que en un análisis comparativo con otros países, el número de libros por persona en México nos coloca en una situación marginal.
Entre las políticas locales de promoción del libro y la lectura, destacan el Programa Estatal de Lectura y el concurso Don Quijote nos invita a leer, que opera desde el gobierno de Patricio Martínez hasta la fecha
Por otra parte, en los últimos años se han publicado múltiples textos que en formato de libro y de artículos,  abordan el tema del libro y la lectura en México. Entre las colecciones de libros publicados destacan las siguientes:
-- La más importante  es Espacios para la lectura, del Fondo de Cultura Económica (FCE), que inicia en 1999 y sigue publicando hasta la fecha. Tiene en su haber más de 25 títulos.
-- La segunda en importancia es LECTURASSOBRELECTURA, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Esta colección nace como producto del Seminario Internacional del Fomento de la Lectura, que se celebra en la ciudad de México desde 1996 hasta la fecha, en el marco de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Los libros comienzan a publicarse en 2002 y la colección se cierra en 2006, con el tomo número 20.
-- Dentro de la colección Croma de la  editorial Paidós se identifican al menos nueve libros, de entre los cuales destacan tres de Juan Domingo Arguelles, el especialista mexicano que más ha escrito y publicado en este campo.
-- La editorial Océano posee una colección llamada Ágora, la cual inicia hacia 2008 y sigue publicando. Se contabilizan ocho publicaciones. Fuera de esta colección la editorial Océano ha publicado tres textos de Juan Domingo Arguelles.
-- Las universidades también han realizado publicaciones en la materia. Se detectan libros de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Pedagógica Nacional, el Colegio de México y otras instituciones.
-- Existen publicaciones de otras editoriales que no son parte de colecciones especializadas.
En este mismo contexto tuvo lugar en México en septiembre de 2009, el Congreso Internacional del Mundo  del Libro, cuya memoria fue editada por la Secretaria de Educación Pública (SEP), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Fondo de Cultura Económica (FCE), ese mismo año.
Los territorios del libro y de la promoción de la lectura en México, constituyen una línea educativa y cultural escasamente investigada.

II
Los discursos oficiales suelen concebir a la lectura en términos ideales, utópicos. Hablamos de utopización de la lectura, de magnificación educativa y cultural de esta actividad humana. Si la lectura ha de ser sublime, lo ha de ser para sublimar al hombre entero, a la cultura toda. “La lectura, en especial la de libros, es un factor fundamental para el crecimiento económico, político, social y cultural de las personas y las naciones. El nivel de desarrollo de un país puede medirse por el número y la calidad de sus lectores, así como por la infraestructura que sostiene a la lectura y la escritura.” (Hacia un país de lectores, CONACULTA, encuesta realizada en 2007).
¿Es demostrable que la lectura traiga consigo “crecimiento económico, político, social y cultural de las personas y las naciones”? ¿Cómo puede evidenciarse una afirmación de esta envergadura? No hay evidencias certeras sobre una correlación directa entre las variables del desarrollo lector y el desarrollo económico, político y social de las naciones. La utopización de la lectura posee una serie de componentes a los que es necesario rastrear en los discursos que se han emitido sobre el libro y la lectura
Desde una perspectiva crítica Zaid (“De los libros al poder”, 1988, P. 27) plantea una conexión estrecha entre el poder intelectual de las clases universitarias y el poder político: “Desde sus orígenes, y de mil maneras, el saber teórico ha legitimado al poder práctico (…) En 1932, Alfonso Reyes veía en el mundo “un paulatino advenimiento al poder de las clases universitarias… En 1987, según el “Diccionario biográfico del gobierno mexicano”, de los 1156 funcionarios más altos del poder ejecutivo, el 98 % tenía estudios superiores (más de la mitad en la UNAM) y el 48 % posgrados (más de la mitad en el extranjero); el 70 % tenía experiencia académica (docencia, investigación), el 60 % pertenecía a academias u organismos semejantes, el 30 % había publicado libros; sólo el 4 % había tenido cargos públicos de elección; ninguno estaba afiliado a un partido de oposición; la mitad había nacido en la capital, y no había hijos de campesinos ni de obreros.”
Según Zaid, la promoción de los libros y la actividad lectora en el México del siglo XX se conectan  con el arribo de las clases universitarias al poder. Miguel Alemán Valdés, el “cachorro de la revolución”, es el primer presidente universitario en el México del siglo XX. De él en adelante se consolida de facto la ascensión de los sectores universitarios al poder público.
En los años finales del siglo XX y principios del XXI, Gabriel Zaid y Juan Domingo Arguelles (ambos poetas y ensayistas) son quienes se han ocupado con mayor sistematicidad y visión crítica por investigar sobre los libros, la lectura y las bibliotecas. Entre estos tres elementos (los libros, la lectura y las bibliotecas) encontramos como ejes vertebradores a la educación por un lado y al poder por otro. Hay entonces una serie de tramas discursivas que van de: la educación (1), a los libros (2), a la lectura (3), a las bibliotecas (4) y, a la conformación de un poder legitimado en el halo del saber que estos componentes convalidan para convalidarse en sí mismos (5).
Este es un plano analítico que se atisba para preguntarse y hurgar en torno a los orígenes y desarrollos de los discursos sobre los libros y la actividad lectora en México.  Hay zonas oscuras, o mejor dicho, oscurecidas, en los orígenes y desarrollos de los discursos sobre los libros y la lectura. Esta cuestión toma forma no solo a partir del discurso concebido como superestructura cultural, no solo a partir de un habla oficial emitida textualmente por autoridades gubernamentales e intelectuales desde diversos niveles de superioridad; sino también como factor que a su vez está en juego en los espacios de la microfísica del poder (Foucault, “Microfísica del poder”, 1992): en las aulas, en las instituciones educativas, en los espacios bibliotecarios, en cualquier lugar donde la lectura y los libros tengan cabida.
A partir del correlato de los 5 componentes referidos, se asumen entonces dos planos analíticos. Uno situado en los discursos oficiales emitidos por actores con autoridad gubernamental y/o intelectual, que pueden rastrearse en textos de proyectos y programas de impulso a la lectura, textos de política educativa y de índole curricular, discursos pronunciados por políticos, memorias,  autobiografías, etc. Otro ubicado microfísicamente,  entre los promotores de la lectura en las escuelas y las comunidades, entre los bibliotecarios,  los directivos, los maestros, los padres de familia y los alumnos que han desarrollado una serie de subjetivaciones y prácticas sobre los libros y la actividad lectora.

III
De forma no del todo clara los discursos pronunciados por autoridades gubernamentales (primer plano analítico) se enredan en su propias contradicciones. La clase universitaria que ha arribado al poder a partir del enaltecimiento de los libros, las bibliotecas, la lectura y el saber depositado en ello, fija su proclama en el absurdo. “Es significativo que los políticos –como las demás figuras públicas- estén obligados a decir que leen y que la lectura es importante: tienen que hablar con relativa frecuencia de sus libros y sus autores favoritos, fingiendo una familiaridad con la lectura que la mayoría de las veces es ostensiblemente falsa (…) Paradójicamente, ese reconocimiento del lugar simbólico de los libros es una forma de señalar su insignificancia, su carácter puramente decorativo; en la práctica, los libros están en la escuela, como material obligatorio, más allá de eso no tienen lugar en el espacio cotidiano.” (Escalante Gonzalbo F., “A la sombra de los libros. Lectura, mercado y vida pública”, 2007, P. 64 y 65).
El desliz cometido por Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en 2012, al adjudicar erróneamente la autoría de la novela “La silla del águila” a Enrique Krauze y no a Carlos Fuentes, es una evidencia más del señalamiento que hace Escalante Gonzalbo. Desde luego que habría que asumir críticamente a este hecho acontecido en la FIL de Guadalajara en 2012, indagando sobre los factores que inscritos en una historia de larga duración,  han sostenido a las subjetivaciones, los discursos y las políticas públicas en torno al libro y la lectura.
Hay una historicidad a través de la cual toman forma y consistencia los discursos sobre los libros y la actividad lectora en México durante el siglo XX y hasta la actualidad. Desde luego que la política educativa vasconcelista resulta detonadora en este plano, pero habría que hurgar más hacia atrás.
Citado por Zaid (“De los libros al poder”, 1988, P. 27), Reyes afirma “un paulatino advenimiento al poder de las clases universitarias (…)”. Lo que Reyes asume tiene su génesis no solo en el deseo y la necesidad de un poder ilustrado: el “advenimiento” de  una clase política formada a través de los libros y el saber universitarios. Reyes fue un perseguido y un perseguidor de la lectura que en grados superlativos apacigua y atormenta al espíritu a la vez. En el Ateneo de la juventud se configura lo que aquí se refiere como la angustia por la lectura. En lo individual, la posibilidad de crecer a través de la lectura implica una caída. Es un despeñarse irresolublemente hacia las preguntas. “Yo solo sé que no se nada”, la referencia socrática ilustra la oscuridad del saber depositado en los libros y la lectura.
Los indicios ideológicos de la angustia por la lectura pueden rastrearse hasta las actividades que realizaron los integrantes del Ateneo de la juventud, en los primeros años del siglo XX. Entre las figuras más destacables de los integrantes del Ateneo están:  Pedro Enríquez Ureña, quien jugaría el papel de líder intelectual del grupo; Alfonso Reyes, el más joven y cercano a Enríquez Ureña; Antonio Caso, quien sería rector de la UNAM y; José Vasconcelos, quien estaría al frente de la SEP en la etapa posrevolucionaria e impulsaría la primera gran cruzada por la lectura en México. Se atribuye a Justo Sierra, Secretario de Instrucción Pública en los años finales del gobierno de Porfirio Díaz, el impulso y padrinazgo del grupo que existió entre 1905 y 1915.
Las vivencias y las tramas intelectuales vividas por los integrantes del Ateneo de la Juventud,  son una de las raigambres de las que brotan ideológicamente las concepciones sobre los libros y la lectura en el México del siglo XX, en ellas están presentes la intelectualidad y el poder político, anudados desde tiempo atrás y aún hasta nuestros días. Las memorias de Enríquez Ureña atisban la ideologización de la lectura: “Una vez nos citamos para releer en común “El banquete, de Platón” (…) La lectura acaso duró tres horas, nunca hubo mayor olvido del mundo de la calle, por más que ocurría en un taller de arquitecto, inmediato a las populosa avenida de la ciudad.” (Henríquez Ureña P., citado por Quintanilla, “Nosostros. La juventud del Ateneo,” 2008, P. 71). Quintanilla refiere que aquella lectura tuvo lugar en 1907 en el taller del arquitecto Acevedo. Junto con él,  estuvieron presentes Alfonso Reyes, Alfonso Caso y Pedro Enríquez Ureña, además de Gómez Ribelo y Valenti.
En los acontecimientos que vivieron los integrantes del Ateneo de la juventud – aún antes quizá-  pueden  rastrearse elementos de naturaleza pragmática y trascendental que están presentes en los discursos en torno al libro y la lectura, que toman forma en los correlatos entre la intelectualidad y el poder político en México.