lunes, 3 de febrero de 2014

Los libros y la lectura entre los pasillos del poder



(Publico completo un texto que se da a conocer en El Diario de Chihuahua, en la sección de UPNECH, los días 26 de enero, 2 y 9 de febrero)


¡Oh divino reducto de la soledad, bastión de la paz, última trinchera contra el bullicio del mundo! Una biblioteca en cada excusado, hará de tus hijos mejores mexicanos.
Zaid G., El costo de leer y otros ensayos, P. 112.  


I
La lectura es una actividad humana que a partir de la ilustración y el enciclopedismo europeos ha tenido un reconocimiento educativo y cultural de significativas proporciones. Puede afirmarse que en los entresijos histórico-culturales de la modernidad (entre 1500 y 1950) se apuntalan las subjetivaciones y discursos occidentales sobre el libro y la lectura. En los años recientes Roger Chartier, formado en la tradición historiográfica crítica de la corriente de los Annales, es quien ha llevado a cabo un trabajo más sistemático y consistente en las investigaciones sobre el libro y la actividad lectora desde una perspectiva de larga duración. Chartier (“Cultura escrita, literatura e historia”, 2006, P. 228) refiere la importancia de investigar desde una perspectiva histórica al libro y la lectura: “Lo que me interesa destacar es que el tema que nos ocupa es el de la relación entre la historia de los textos, cualquiera que sea su estatuto, su naturaleza o su legitimidad; la historia de los libros, que transportan los textos a sus lectores, y, para terminar, esta misteriosa historia de la lectura entendida como una serie de gestos, comportamientos, prácticas y lugares. Definida además como la invención de sentido de un lector particular, si bien esa particularidad se ubicaría en lo que comparte este lector con otros lectores y lectoras que pertenecen a la misma comunidad de interpretación.”
En México las preocupaciones sobre el tema tienen distintas vertientes. El programa de lectura emprendido durante el gobierno de Vicente Fox, como uno de los pilares de la política educativa, fue retomado en el sexenio de Calderón y prosigue durante el gobierno actual. Su basamento parte de la misma premisa vasconcelista de publicar masivamente obras, en este caso de literatura infantil y juvenil, y acercarlas a los lectores en formación a través de las Bibliotecas de aula y de las Bibliotecas escolares. La edición de millares de libros colocados en las aulas y las escuelas, el acompañamiento de una serie de medidas emprendidas a partir del Programa Nacional de Lectura, son medidas encaminadas a la promoción del libro y la lectura. “Según David Acevedo Santiago, director de Bibliotecas y Promoción de la Lectura de la SEP, la meta es que cada aula tenga “entre 110 y 120 libros desde el primer grado de preescolar hasta el tercero de secundaria”; y que las bibliotecas escolares tengan 300 libros en los planteles preescolares, 650 en las primarias y 670 en las secundarias.” (Zaid, Información de nota periodística de El Universal, 11 de junio de 2012).
No cabe duda del esmero con el que los gobiernos federales (y estatales) han atendido a la promoción del libro y la lectura. Zaid (2012) hace cálculos y contabliliza  a partir de las cifras dadas por Acevedo Santiago y del número de planteles de educación básica: 172.5 millones de volúmenes que se han publicado y que se pretenden publicar para las bibliotecas escolares y de aula. Aunque el mismo Zaid afirma que en un análisis comparativo con otros países, el número de libros por persona en México nos coloca en una situación marginal.
Entre las políticas locales de promoción del libro y la lectura, destacan el Programa Estatal de Lectura y el concurso Don Quijote nos invita a leer, que opera desde el gobierno de Patricio Martínez hasta la fecha
Por otra parte, en los últimos años se han publicado múltiples textos que en formato de libro y de artículos,  abordan el tema del libro y la lectura en México. Entre las colecciones de libros publicados destacan las siguientes:
-- La más importante  es Espacios para la lectura, del Fondo de Cultura Económica (FCE), que inicia en 1999 y sigue publicando hasta la fecha. Tiene en su haber más de 25 títulos.
-- La segunda en importancia es LECTURASSOBRELECTURA, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Esta colección nace como producto del Seminario Internacional del Fomento de la Lectura, que se celebra en la ciudad de México desde 1996 hasta la fecha, en el marco de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Los libros comienzan a publicarse en 2002 y la colección se cierra en 2006, con el tomo número 20.
-- Dentro de la colección Croma de la  editorial Paidós se identifican al menos nueve libros, de entre los cuales destacan tres de Juan Domingo Arguelles, el especialista mexicano que más ha escrito y publicado en este campo.
-- La editorial Océano posee una colección llamada Ágora, la cual inicia hacia 2008 y sigue publicando. Se contabilizan ocho publicaciones. Fuera de esta colección la editorial Océano ha publicado tres textos de Juan Domingo Arguelles.
-- Las universidades también han realizado publicaciones en la materia. Se detectan libros de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Pedagógica Nacional, el Colegio de México y otras instituciones.
-- Existen publicaciones de otras editoriales que no son parte de colecciones especializadas.
En este mismo contexto tuvo lugar en México en septiembre de 2009, el Congreso Internacional del Mundo  del Libro, cuya memoria fue editada por la Secretaria de Educación Pública (SEP), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Fondo de Cultura Económica (FCE), ese mismo año.
Los territorios del libro y de la promoción de la lectura en México, constituyen una línea educativa y cultural escasamente investigada.

II
Los discursos oficiales suelen concebir a la lectura en términos ideales, utópicos. Hablamos de utopización de la lectura, de magnificación educativa y cultural de esta actividad humana. Si la lectura ha de ser sublime, lo ha de ser para sublimar al hombre entero, a la cultura toda. “La lectura, en especial la de libros, es un factor fundamental para el crecimiento económico, político, social y cultural de las personas y las naciones. El nivel de desarrollo de un país puede medirse por el número y la calidad de sus lectores, así como por la infraestructura que sostiene a la lectura y la escritura.” (Hacia un país de lectores, CONACULTA, encuesta realizada en 2007).
¿Es demostrable que la lectura traiga consigo “crecimiento económico, político, social y cultural de las personas y las naciones”? ¿Cómo puede evidenciarse una afirmación de esta envergadura? No hay evidencias certeras sobre una correlación directa entre las variables del desarrollo lector y el desarrollo económico, político y social de las naciones. La utopización de la lectura posee una serie de componentes a los que es necesario rastrear en los discursos que se han emitido sobre el libro y la lectura
Desde una perspectiva crítica Zaid (“De los libros al poder”, 1988, P. 27) plantea una conexión estrecha entre el poder intelectual de las clases universitarias y el poder político: “Desde sus orígenes, y de mil maneras, el saber teórico ha legitimado al poder práctico (…) En 1932, Alfonso Reyes veía en el mundo “un paulatino advenimiento al poder de las clases universitarias… En 1987, según el “Diccionario biográfico del gobierno mexicano”, de los 1156 funcionarios más altos del poder ejecutivo, el 98 % tenía estudios superiores (más de la mitad en la UNAM) y el 48 % posgrados (más de la mitad en el extranjero); el 70 % tenía experiencia académica (docencia, investigación), el 60 % pertenecía a academias u organismos semejantes, el 30 % había publicado libros; sólo el 4 % había tenido cargos públicos de elección; ninguno estaba afiliado a un partido de oposición; la mitad había nacido en la capital, y no había hijos de campesinos ni de obreros.”
Según Zaid, la promoción de los libros y la actividad lectora en el México del siglo XX se conectan  con el arribo de las clases universitarias al poder. Miguel Alemán Valdés, el “cachorro de la revolución”, es el primer presidente universitario en el México del siglo XX. De él en adelante se consolida de facto la ascensión de los sectores universitarios al poder público.
En los años finales del siglo XX y principios del XXI, Gabriel Zaid y Juan Domingo Arguelles (ambos poetas y ensayistas) son quienes se han ocupado con mayor sistematicidad y visión crítica por investigar sobre los libros, la lectura y las bibliotecas. Entre estos tres elementos (los libros, la lectura y las bibliotecas) encontramos como ejes vertebradores a la educación por un lado y al poder por otro. Hay entonces una serie de tramas discursivas que van de: la educación (1), a los libros (2), a la lectura (3), a las bibliotecas (4) y, a la conformación de un poder legitimado en el halo del saber que estos componentes convalidan para convalidarse en sí mismos (5).
Este es un plano analítico que se atisba para preguntarse y hurgar en torno a los orígenes y desarrollos de los discursos sobre los libros y la actividad lectora en México.  Hay zonas oscuras, o mejor dicho, oscurecidas, en los orígenes y desarrollos de los discursos sobre los libros y la lectura. Esta cuestión toma forma no solo a partir del discurso concebido como superestructura cultural, no solo a partir de un habla oficial emitida textualmente por autoridades gubernamentales e intelectuales desde diversos niveles de superioridad; sino también como factor que a su vez está en juego en los espacios de la microfísica del poder (Foucault, “Microfísica del poder”, 1992): en las aulas, en las instituciones educativas, en los espacios bibliotecarios, en cualquier lugar donde la lectura y los libros tengan cabida.
A partir del correlato de los 5 componentes referidos, se asumen entonces dos planos analíticos. Uno situado en los discursos oficiales emitidos por actores con autoridad gubernamental y/o intelectual, que pueden rastrearse en textos de proyectos y programas de impulso a la lectura, textos de política educativa y de índole curricular, discursos pronunciados por políticos, memorias,  autobiografías, etc. Otro ubicado microfísicamente,  entre los promotores de la lectura en las escuelas y las comunidades, entre los bibliotecarios,  los directivos, los maestros, los padres de familia y los alumnos que han desarrollado una serie de subjetivaciones y prácticas sobre los libros y la actividad lectora.

III
De forma no del todo clara los discursos pronunciados por autoridades gubernamentales (primer plano analítico) se enredan en su propias contradicciones. La clase universitaria que ha arribado al poder a partir del enaltecimiento de los libros, las bibliotecas, la lectura y el saber depositado en ello, fija su proclama en el absurdo. “Es significativo que los políticos –como las demás figuras públicas- estén obligados a decir que leen y que la lectura es importante: tienen que hablar con relativa frecuencia de sus libros y sus autores favoritos, fingiendo una familiaridad con la lectura que la mayoría de las veces es ostensiblemente falsa (…) Paradójicamente, ese reconocimiento del lugar simbólico de los libros es una forma de señalar su insignificancia, su carácter puramente decorativo; en la práctica, los libros están en la escuela, como material obligatorio, más allá de eso no tienen lugar en el espacio cotidiano.” (Escalante Gonzalbo F., “A la sombra de los libros. Lectura, mercado y vida pública”, 2007, P. 64 y 65).
El desliz cometido por Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en 2012, al adjudicar erróneamente la autoría de la novela “La silla del águila” a Enrique Krauze y no a Carlos Fuentes, es una evidencia más del señalamiento que hace Escalante Gonzalbo. Desde luego que habría que asumir críticamente a este hecho acontecido en la FIL de Guadalajara en 2012, indagando sobre los factores que inscritos en una historia de larga duración,  han sostenido a las subjetivaciones, los discursos y las políticas públicas en torno al libro y la lectura.
Hay una historicidad a través de la cual toman forma y consistencia los discursos sobre los libros y la actividad lectora en México durante el siglo XX y hasta la actualidad. Desde luego que la política educativa vasconcelista resulta detonadora en este plano, pero habría que hurgar más hacia atrás.
Citado por Zaid (“De los libros al poder”, 1988, P. 27), Reyes afirma “un paulatino advenimiento al poder de las clases universitarias (…)”. Lo que Reyes asume tiene su génesis no solo en el deseo y la necesidad de un poder ilustrado: el “advenimiento” de  una clase política formada a través de los libros y el saber universitarios. Reyes fue un perseguido y un perseguidor de la lectura que en grados superlativos apacigua y atormenta al espíritu a la vez. En el Ateneo de la juventud se configura lo que aquí se refiere como la angustia por la lectura. En lo individual, la posibilidad de crecer a través de la lectura implica una caída. Es un despeñarse irresolublemente hacia las preguntas. “Yo solo sé que no se nada”, la referencia socrática ilustra la oscuridad del saber depositado en los libros y la lectura.
Los indicios ideológicos de la angustia por la lectura pueden rastrearse hasta las actividades que realizaron los integrantes del Ateneo de la juventud, en los primeros años del siglo XX. Entre las figuras más destacables de los integrantes del Ateneo están:  Pedro Enríquez Ureña, quien jugaría el papel de líder intelectual del grupo; Alfonso Reyes, el más joven y cercano a Enríquez Ureña; Antonio Caso, quien sería rector de la UNAM y; José Vasconcelos, quien estaría al frente de la SEP en la etapa posrevolucionaria e impulsaría la primera gran cruzada por la lectura en México. Se atribuye a Justo Sierra, Secretario de Instrucción Pública en los años finales del gobierno de Porfirio Díaz, el impulso y padrinazgo del grupo que existió entre 1905 y 1915.
Las vivencias y las tramas intelectuales vividas por los integrantes del Ateneo de la Juventud,  son una de las raigambres de las que brotan ideológicamente las concepciones sobre los libros y la lectura en el México del siglo XX, en ellas están presentes la intelectualidad y el poder político, anudados desde tiempo atrás y aún hasta nuestros días. Las memorias de Enríquez Ureña atisban la ideologización de la lectura: “Una vez nos citamos para releer en común “El banquete, de Platón” (…) La lectura acaso duró tres horas, nunca hubo mayor olvido del mundo de la calle, por más que ocurría en un taller de arquitecto, inmediato a las populosa avenida de la ciudad.” (Henríquez Ureña P., citado por Quintanilla, “Nosostros. La juventud del Ateneo,” 2008, P. 71). Quintanilla refiere que aquella lectura tuvo lugar en 1907 en el taller del arquitecto Acevedo. Junto con él,  estuvieron presentes Alfonso Reyes, Alfonso Caso y Pedro Enríquez Ureña, además de Gómez Ribelo y Valenti.
En los acontecimientos que vivieron los integrantes del Ateneo de la juventud – aún antes quizá-  pueden  rastrearse elementos de naturaleza pragmática y trascendental que están presentes en los discursos en torno al libro y la lectura, que toman forma en los correlatos entre la intelectualidad y el poder político en México.