En un sentido marxista, la lucha entre
la izquierda y la derecha es algo así como un motor de la historia, un mecanismo histórico, teórico-práctico, que
da lugar al desarrollo de la política y de la historia, que da pie a la
imaginación de la utopía y a las posibilidades de transformación.
Pero, la lucha entre las mismas
izquierdas puede significarse analógicamente como un terreno lodoso, un pantano,
constituido también de ideas y de “praxis” que coagulan no como una mezcla,
sino como una emulsión. Cuando las ideas y la “praxis” no logran mezclarse, no
logran constituir una sola sustancia, toma forma una emulsión en la que ambas
se distancian irresolublemente. Aunque en la emulsión parecieran estar juntas,
entre las ideas y la “praxis” hay un distanciamiento que parece ser insalvable.
Aquí se postra el debate entre las izquierdas. Este es uno de los espacios en
los que se desploma el motor de la
historia, de la misma forma en que sucede cuando se camina sobre un terreno
lodoso que llega hasta las rodillas, que aumenta su profundidad mientras se
avanza, hasta que quizá sea imposible seguir adelante.
A lo largo de los años, la historia de
la lucha teórico-práctica entre las diversas izquierdas, ha derivado que los
sujetos que luchan desde este territorio, aspiren a convertirse en arquitectos
especializados en la edificación de terrenos
lodosos, de pantanos, en los que
pueda seguir desplomándose el motor de la
historia…