sábado, 25 de julio de 2015

De la resiliencia como dispositivo político e ideológico



I
La resiliencia lleva consigo la idea de una sanación psicológica y sociológica del ser humano que se sobrepone a las dificultades de la vida. El resiliente es aquel que después de vivir una situación adversa en lo socioeconómico (la pobreza), en lo familiar (el abandono, la pérdida súbita de un ser querido, etc.), en lo cultural (la marginación por motivos diversos),  logra activar una serie de recursos personales, familiares y sociales que le permiten convertir a un posible territorio trágico, en lo que hoy suele llamarse “área de oportunidad”. El resiliente es capaz  de desactivar el naufragio para convertirlo en una travesía con rumbo definido: la superación personal y/o familiar. No es coincidencia que la resiliencia surja en el mismo tiempo histórico en que aparece la idea de la superación personal, alimentada desde la literatura del bestseller y la psicología de la programación neurolingüística (PNL). Desde luego que en la literatura de superación personal  del bestseller, la PNL y la idea de la resiliencia, operan de manera artificiosa una serie de condicionamientos que desde los terrenos de la psicología y la sociología moldean ideológica y políticamente a las personas.

II
Retomando los aportes teóricos de Michael Foucault, el filósofo italiano Giorgio Agamben (“¿Qué es un dispositivo?”, 2011) sintetiza las tres cualidades de un dispositivo:
A) Es un conjunto multiforme que incluye virtualmente variados elementos de la vida humana, que pueden ser discursivos o no discursivos: discursos, instituciones, espacios arquitectónicos, leyes, proposiciones filosóficas o científicas, creaciones tecnológicas. Un dispositivo se constituye a través de la formación de una red entre los elementos abordados.
B) En todo momento los dispositivos tienen una función estratégica concreta, que se explica a partir de una relación de poder.
C) La acción del dispositivo emerge a partir del entrecruzamiento de las relaciones entre saber y poder.
Los dispositivos están hechos de palabras (discursos) y de artefactos (reglamentaciones jurídicas o morales, edificios, componentes institucionales, ideas filosóficas o científicas, etc.) que dan lugar a la funcionalidad social, política e histórica de los sujetos. Un dispositivo tiene un carácter funcionalista. Pretende insertar  y contener a los sujetos en las formas de vidas aceptadas y procreadas por el mercado capitalista y la sociedad democrática, aún en el naufragio histórico de ambas. Los dispositivos cuadriculan la vida de los sujetos positivamente (predisponiendo y alentando) o negativamente (recortando y reprimiendo). No son mecanismos que se puedan detectar a simple vista, no se identifican como si fueran un objeto, no se muestran bajo una estaticidad. Se hacen visibles en su operatividad compleja, en la que se entraman discursos y artefactos que no están hechos de palabras. El “discurrir”, en calidad de despliegue del discurso y del movimiento de artefactos no discursivos, es lo que da lugar a la emergencia del dispositivo.
¿De qué maneras  la resiliencia funciona como un dispositivo? La idea de la resiliencia está hecha de discursos piscológicos, sociológicos, educativos y desde luego políticos. La investigación sobre la resiliencia surge en las áreas de la psicología y la sociología a mediados del siglo XX, en Estados Unidos y Europa. Con los años, esta idea se clarifica y se robustece discursivamente. Miles de páginas, cientos de investigaciones se han realizado a partir del tema de la resiliencia. En América Latina, en México y en Chihuahua, las investigaciones sobre este tema se han multiplicado en los años recientes. Hay un fervor por investigar al respecto. Estos discursos se han postulado en términos científicos desde el territorio de la investigación en las áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Hay un espacio de saber específico que se ha desarrollado en el último medio siglo en torno a la resiliencia.
Pero el discurso científico-filosófico que ha crecido alrededor de esta idea, no permanece en sí mismo, sino que se desdobla hacia un querer ser, hacia un poder ser. La invención discursiva de la resiliencia pretende crear un modelo de ser humano resiliente, que pueda sobreponerse a las adversidades de la vida a partir de una fórmula, de la pre-disposición de una serie de estructuras individuales (piscológicas) o sociales (sociológicas, políticas, etc.). En su paso de lo discursivo hacia lo no discursivo, la resiliencia se manifiesta bajo cualidades performativas (Austin, “¿Cómo hacer cosas con palabras?”, 1990). Los discursos sobre la resiliencia llevan implícitos ordenamientos para crear personas resilientes. En los términos de la tecnología social y política, las investigaciones sobre la resiliencia traen consigo la intención de manufacturar seres humanos  persistentes, que puedan sobrellevar al pesado destino histórico del siglo XXI y de los siglos venideros. Aquí se detecta un primer andamiaje que desdobla los discursos sobre la resiliencia del saber (lo teórico) hacia el poder (lo social y lo político). Un segundo andamiaje está presente en la labor de los terapeutas o de los interventores que en el tratamiento psicológico o educativo, pretenden sanar las vidas de las personas que viven bajo condiciones de adversidad. La resiliencia se dice (se crea mediante el saber de las palabras) y enseguida se procura como un hacer (se induce hacia las estructuras de poder configuradas legal, institucional y arquitectónicamente). Si algo queda claro a partir de la filosofía heredada de Foucault, es que el saber y el poder coexisten simbióticamente. Este es un territorio paradójico sobre el que se requiere escarbar a cada paso.
Pero bajo los mismos condicionamientos que han permitido los desarrollos teóricos y fácticos de la resiliencia como modelo de superación y salvación humana, se muestran sus debilidades como dispositivo. El de la resiliencia es un dispositivo fallido, que no ha logrado cuajar ni teórica ni fácticamente.

III
La idea de la resiliencia es un detonante que trae consigo la re-activación del debate filosófico sobre la utopía. Como idea, la resiliencia surge y se fortalece hacia finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, en el mismo momento histórico en el que los filósofos de la posmodernidad (Lyotard, Vattimo, Baudrillard, etc.)  postularon la muerte de los grandes relatos. El comunismo, el capitalismo y el cientificismo, como territorios de la salvación humana, perdieron sus energías utópicas. La etapa histórica que nos toca vivir está impregnada de un fuerte pesimismo.
El nihilismo de Nietzsche, que se explica a partir de la desesperanza y la ausencia de horizonte histórico, se extiende desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. La creencia y la fe en las diversas instituciones de la sociedad han sido echadas abajo. Basta asomarse a las encuestas sobre la confianza en las instituciones en México para poner en claro el desgaste institucional. El declive de la creencia y la fe en las instituciones –y en el hombre mismo- no tiene lugar de forma abstracta en la teoría política, sociológica o filosófica. Sino que es un lugar común del pensamiento común, que tal vez no necesita ser teorizado para ser puesto en claro. Basta asomarse a la realidad de los últimos tres decenios para dar cuenta de un panorama desolador cruzado por: desacuerdos que se hunden en la contradicción irresoluble, procesos políticos convulsivos cuyo lugar común es la ausencia de un final satisfactorio,  constantes fracturas en el supuesto orden social, reiteradas crisis económicas que traen consigo el desasosiego de millones de seres humanos, miradas que en lo cercano trazan un horizonte apocalíptico a raíz del deterioro ambiental. En la política, el cinismo se acumula sobre el cinismo, de tal manera que la idea del absurdo resulta insuficiente para explicar la condición oscura de la historia que nos toca vivir.
Ante la adversidad, la previsión de caminos en forma de respuestas y soluciones parece desvanecerse al momento siguiente de su trazo. El sentido de la salvación y la heroicidad humanas ha sido capturado por el mercado capitalista, son productos que se compran y se venden, que se consumen una y otra vez en la industria cinematográfica y de los videojuegos, en el mundo del deporte y del espectáculo. El antiguo héroe griego y el héroe histórico de la modernidad que forma parte de la historia de bronce, han cedido su lugar al héroe virtual y mercantil construido en las narrativas del mundo del espectáculo.  

IV
¿Cómo se explica entonces que la “resiliencia”,  como concepto y como dispositivo de acción política e ideológica (y desde luego psicológica), brote y se consolide en el mismo momento histórico en el que se desvanecen los grandes relatos y el espíritu de la época está impregnado de fuertes cargas de nihilismo? Porque la resiliencia opera como un espacio teórico, político e ideológico que desde la investigación (en las áreas de la piscología, la educación y la sociología) juega el papel de activador de los pequeños relatos de salvación humana. Si los grandes relatos de la salvación (comunismo, capitalismo, cientificismo)  han dejado de ser pertinentes, funcionales en términos  históricos, sociales y políticos, se hace entonces necesario formular otro tipo de relatos en los intentos por re-activar la fe del hombre en las instituciones y en el hombre mismo. Como energía de la espiritualidad humana en términos históricos o transhistóricos (más allá de la historia misma) la fe no se derrumba, tan solo se transforma, o se trastorna.
La idea de la “resiliencia” trae consigo una serie de evidencias de la conversión de las grandes energías utópicas de la modernidad,  en pequeñas energías transformacionales que tienen lugar en el ámbito personal y/o familiar. La utopía se des-integra de lo social y lo político para re-integrarse psicológicamente en la cabida de lo meramente personal y familiar. La utopía se minimiza, su talla histórica es la del resiliente capturado por las narrativas de la investigación, que son pequeños testimonios sociales de la persistencia individual y familiar. Lo primero que se asoma en la presencia de la resiliencia como dispositivo político e ideológico, es el paso de los grandes relatos de salvación colectiva, a los pequeños relatos de salvación individual y/o familiar.
El resiliente salvado por las estructuras familiares, educativas y sociales es en el fondo un autosalvado, alguien que se salva a sí mismo del naufragio en la tragedia. Por más que se pretenda generalizar a las cualidades del resiliente en historias de salvación que anudan lo individual con lo colectivo, en la generalización de la investigación psicológica o educativa, por más que se pretenda configura una idea colectivizada y/o masiva de lo resiliente, en el fondo el resiliente es un sujeto único, rodeado por una serie de condiciones específicas, que rehúyen de la generalización, de lo colectivo y lo masivo. En términos epistemológicos, los condicionamientos sociales e históricos del resiliente se encierran en el método de investigación de la historia de vida, que no logra captar a una colectividad social y/o política amplia, sino que se de-limita a lo individual y a lo micro social.

 V
La “resiliencia” es un concepto que la psicología  y la sociología retoman de la teoría física de la resistencia de materiales, para explicar las aptitudes y habilidades que dan lugar a que los seres humanos sobrelleven y se repongan de las situaciones adversas de la vida. En los estudios sobre la resiliencia, suele obviarse el análisis sobre la traslación conceptual que va de las ciencias exactas (la física) a las ciencias sociales (la psicología y la sociología). De inicio, en la traslación conceptual es notorio que la idea pasa de un plano físico y materialista (la resistencia de objetos materiales fabricados con metales u otras sustancias) a un plano psicológico e inclusive espiritual, que tiene lugar en la condición humana. En el ser humano, la persistencia ante la adversidad no queda fija a lo físico o lo material de la vida, sino que transcurre por lo mental y lo espiritual.
En la traslación conceptual de la “resilencia”, que va del campo de la resistencia de los materiales en la física (ciencias exactas) al campo de la psicología, la sociología (ciencias sociales) y las humanidades (educación), surge una pregunta: ¿La condición sustancialista de la “resiliencia” que opera mediante una fórmula matemática en el campo de la resistencia de materiales en la física, tiene lugar también en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, pretendiendo crear una especie de fórmula para pro-crear seres humanos capaces de persistir incuestionablemente ante la adversidad? 
En las diversas investigaciones sobre la resiliencia en los años recientes, las maneras de abordar al objeto de estudio buscan establecer una fórmula científica y humanísticamente aceptable del ser humano resiliente.  Si como idea, la resiliencia ha logrado ser aceptada en la comunidad científica y educativa, se hace entonces necesario poner en claro los condicionamientos y mecanismos de su funcionamiento. ¿Qué características pre-disponen a un ser humano a convertirse en resiliente? ¿Qué estructuras han dado lugar al establecimiento del perfil del resiliente? La piedra de toque de las investigaciones sobre la resiliencia es una fórmula que en términos individuales (piscológicos) y sociales (sociología, educación) pueda establecer con la mayor claridad posible a la imagen del resiliente. Desde luego que en esta pretensión se muestra un sustancialismo. Aquí tienen lugar los intentos por manufacturar de manera masiva a los resilientes del siglo XXI, a partir de un entramado que combina bajo ciertos equilibrios lo teórico y lo práctico (el saber y el poder).
Pero uno de los resultados del cúmulo de investigaciones sobre el tema, es que no hay una fórmula exacta de lo resiliente. Hay investigaciones que resaltan las capacidades individuales (la inteligencia racional y/o emocional), otras subrayan las fortalezas familiares, otras más ponen atención en los recursos que funcionan como apoyos sociales o institucionales. Hay investigaciones que pretenden dar lugar a la idea de un equilibrio ideal y funcional entre estos factores que contribuyen a la configuración de lo resiliente. A fin de cuentas, lo ideal y lo funcional de la resiliencia desemboca en la postulación de una alquimia, que toma forma artificiosamente en los andaderos que van de lo teórico hacia lo práctico.

VI
Política e ideológicamente, la resiliencia pretende sobreponer  la persistencia (individual y psicologizante) por sobre la resistencia (colectiva y politizante). En la trabazón que tiene lugar en los terrenos de las ciencias (piscología, sociología, política) y las humanidades (educación, literatura, filosofía)  en el siglo XXI, el lema es: Persistir en lugar de resistir. Ahí coagula el dispositivo de la resiliencia.

domingo, 12 de julio de 2015

Los diez mandamientos de la escritura en la academia universitaria



(Re-escribo y doy a conocer de nuevo un artículo que se publica en El Diario de Chihuahua este domingo)...

1.- Se escribirá para el Dios de la Razón. Otra clase de argumentaciones o juicios no son válidos. Después de la muerte de Dios proclamada por Nietzsche y por la historia humana a lo largo del siglo XX, la razón científica es el credo sobre el cual se levanta la fe de los hombres. La razón científica, que lo mismo promete curas para cualquier enfermedad, que paraísos para territorios lacerados por la tragedia,  lleva entre sus entrañas la fascinación mítica del hombre que toma el lugar de Dios para re-crear al mundo. El mundo no ha sido creado sino hasta después de la razón que lo piensa y lo somete a una forma de pensamiento. La verdadera creación del mundo descansa en su racionalización, en su reinvención infinita desde los territorios de la razón y de la ciencia. 

2.- La Deducción y la Inducción, junto a la Abducción (este último concepto en referencia a Beuchot y no al procedimiento de ciencia ficción de la literatura o el cine extraterrestre), constituyen la Santa Trinidad de la escritura en la academia universitaria. Sobre ella se proclamarán los credos, las alabanzas y las persecuciones. La escritura no será libertaria, ha de someterse a un designio en la manera de abordar un concepto, emitir un juicio y llegar a una conclusión pertinente. El pensamiento tiene un camino que seguir, no hacia lo alterno y la ruptura, no hacia la desavenencia, sino hacia lo aceptado y controlado, hacia los caminos trazados de antemano en las rutas de captura y sumisión de lo pensable. 

3.- El autor aún existe. Ni Barthes, ni Foucault, ni Agamben tienen razones para sostener que el “autor ha muerto”. El autor vive, y el autor de la academia universitaria vive aún más y mejor. El SNI (Sistema Nacional de Investigadores) es la prueba fehaciente de la existencia del autor en la academia universitaria. Sólo el SNI, junto a sus sucursales de validación y arbitraje, puede decidir si algún autor universitario ha nacido o ha muerto. El SNI  es, extrañamente,  el padre putativo de la autoría intelectual en la academia universitaria. No es posible saber con certeza, si el autor se convierte en un autorizado para ser financiado o en un financiado para ser autorizado. El mecenazgo estatal es un territorio claroscuro en la invención de la autoría de los intelectuales universitarios. Este mecanismo de estado que captura a la investigación y la escritura,  ha resultado eficiente para controlar a la clase intelectual, que ha crecido a la par del desarrollo universitario. Menos política, menos grilla y más “papers”, más ponencias, más artículos publicados en revistas arbitradas, mas cónclaves de arbitraje para cuadricular al pensamiento y la escritura. Más escritura sometida y que somete. Más presupuesto para el SNI y alrededores, que lo mismo implica impulsar a la investigación científica, que coronar y controlar autores. 

4.- La jerga lingüística de la academia universitaria es un estatus. Para entrar en él, es necesario zambullirse en los discursos académicos y evitar ahogarse a toda costa. Aunque se hagan buches de palabras y se tosa. Aunque el discurso se atragante en la metamorfosis que va del lenguaje coloquial al lenguaje academizado. Al final, quien sobreviva y se inserte,  habrá de pasar del ritual del bautizo, a la primera comunión, la confirmación y el matrimonio con un lenguaje que autoriza y desautoriza. El hablar ha de volverse especializado. Y justo en el lugar de la grandilocuencia del lenguaje, la epistemología (el terreno de la verdad) ha de trenzarse con la estética (el terreno de la belleza). A fin de cuentas, todo lenguaje implica poesía, una forma de belleza para re-vestir a la desnudez de la verdad. Que la verdad sea investida por las palabras, por la grandilocuencia y la estética de las palabras. 

5.- La citación y las bibliografías le dan forma al canon académico. Las verdaderas bibliotecas están ahí, desparramándose y sometiéndose a interpretaciones que se acumulan sobre otras interpretaciones, escrituras que se traslapan con otras escrituras. Aquí esta lo leíble y lo escribible, en la intertextualidad que se torna infinita, en la autoridad intelectual que le da forma a las citas y las bibliografías. Es un reinado en el que los discursos crecen desde los mismos epicentros, desde las mismas entrañas autorales y las mismas líneas de investigación y de escritura pre-concebidas, pre-establecidas. Es el árbol del canon, fertilizado  de manera natural y sintética, enderezado y podado año con año, regado con aguas limpias y aguas negras, injertado con la bendición de las ramas nuevas que se desprenden de las viejas. El canon es el crecimiento perpetuo de lo decible. El saber es un territorio que no es infinito, pero que aspira a lo infinito, su mejor aposento son las enramadas del canon, las alcobas donde se duerme el canon mientras crece. Año con año se hace necesario contabilizar las citas y las bibliografías, y darle forma entonces al “rating” del más citado. El más aludido –no eludido-, el más racionalizado, el más inscrito en los formatos, el más verdadero. La democracia del canon culmina en una aristocracia. 

6.- Quienes entran a la academia universitaria llevan el cometido de desentrañar las formas aprobadas y desaprobadas de la escritura. Con el tiempo habrán de convertirse en censores. La censura es la piedra de toque en el control de la escritura. En el fondo, lo indecible encierra las razones y las formas de ser de lo decible. Entre lo decible y lo indecible, el censor tiene las llaves del cielo y del infierno. En la academia la escritura puede ser paradisiaca o infernal, gozosa o destructora. Todo lado bueno lleva consigo una dosis de negación. Las puertas se abren y se cierran, y es un don tener las llaves lo mismo que inventar las puertas, aunque no existan, aunque sean abstractas hasta no poder verlas, hasta no lograr siquiera imaginarlas. 

7.- La escritura se controla. Los manuales APA (American Psychological Association), MLA (Modern Language Association) y anexas, dejan claro que la escritura se controla. La primera infancia de la escritura navega entre los márgenes de:  la caligrafía, la ortografía y la gramática. Entre los renglones –no torcidos- de los manuales de escritura académica,  se asoma la mayoría de edad de la escritura. Aquí se traza el reino de la formatrografía, una disciplina de la escritura que dicta las formas y los tamaños de la letra, los márgenes y los interlineados, las maneras de citar y otras fisiologías. Los espacios en blanco también caben aquí. Nada se escapa. La formatografía es una audacia que lo mismo acude a los fórceps, que a los corsé y a cualquier otro mecanismo de ortopedia para trazar el control de lo escribible. Lo no dicho y lo no escrito deben ser domesticados a través del formato o de la razón, a través de la razón del formato o del formato de la razón. Entre uno y otro de estos territorios, el reino de la escritura académica se consagra. 

8.- La Tesis es una Biblia multiplicada, ha de aspirar a la publicación aunque no lo merezca. En forma de Génesis o de Apocalipsis, la tesis inaugura una segunda historia de los textos sagrados, aunque no con-sagrados. Es un documento autorizado por la Santa Trinidad de la escritura en la academia universitaria (Deducción, Inducción y Abducción) y por los apologetas del formato (los guardianes del APA o del MLA).  La tesis ha de tener dedicatorias comunes y lo suficientemente cursis como para dar risa. Ha de encuadernarse en pastas duras y titularse con letras doradas o plateadas, aunque termine empolvada o sustituyendo alguna pata de un mueble descompuesto. La palabra tesis se escribe con mayúscula: “Tesis”. Es un nombre propio en el que descansa la titularidad de lo sa-grado, en forma de licenciatura o de maestría, de doctorado o de posdoctorado, o de lo que siga en la carrera cuya meta es el pos-grado. En todo momento,  los grados persiguen a los grados. Culminar una tesis es una forma de parir un documento como si fuera un hijo, mediante un parto natural o con la intervención de una cesárea. Pero que bullan las palabras, que se hilen en enunciados y párrafos, en páginas y capítulos, de la primera hasta la última página. Hasta el punto final, más allá del papel y la blancura. Hasta los sinodales y la efímera felicidad del examen recepcional. Hasta el título que no encuentra una pared donde colgarse, un espacio laboral donde ejercerse. 

9.- Si en la educación básica comienza a odiarse a la escritura que se impone, en la educación universitaria este odio habrá de profesionalizarse. La imposición es por sobre la creatividad y el goce de la escritura. Nadie habrá de escribir con el fervor y la pasión de la escritura que se goza. Nadie habrá de amar a la escritura. Que se nos vuelva un odio, que se hinche de estrés y desazón. Que se convierta en costra y cicatriz de lo jamás amado, de lo que nos sujeta, de lo que sujetamos sobre todas las cosas. Y terminemos pensando que es ella quien nos odia. Que nos persiga la escritura, que nos acorrale, que se nos vuelva cárcel y suplicio. El monstruo que nos despierta en lo no concluido, en lo faltante para llegar a la tierra prometida. 

10.- La escritura de la academia universitaria ha de seguir creciendo más y más. Después de los estantes y libreros habrá de ocupar los espacios vacíos de las memorias computacionales y las páginas de internert. Habrá de convertirse en un reino privilegiado de este mundo. Hasta que lo real quede atrapado por completo en esta escritura, de tal forma que sólo pueda existir a través de ella. Entonces, la ficción se habrá realizado por completo…

viernes, 12 de junio de 2015

Los discursos sobre el libro y la lectura en México



Introducción
Tomando en cuenta la copiosa producción de discursos sobre el libro y la lectura, en el México de finales del siglo XX y principios del XXI, así como la significativa promoción tanto del libro como de la actividad lectora, a partir de distintas políticas públicas, se pretende estudiar la formación discursiva en este aspecto de la cultura. Se ubican tres segmentos en la formación de los discursos sobre el libro y la lectura en el México reciente. No se descarta que existan otros más:
1)            Las publicaciones en forma de libro, ensayos, artículos periodísticos, generados fundamentalmente desde la academia y por las voces de especialistas en la materia.
2)            Textos de política cultural y educativa, y documentos de orden jurídico que los gobiernos han emitido en la materia.
3)            Elementos semiótico-discursivos, fotografías, imágenes, obra plástica y otro tipo de representaciones que, en el plano simbólico, significan al libro y/o a la lectura.
El presente trabajo está centrado en el primero de estos segmentos. El estudio parte del análisis del libro Abonando la utopía (2006), texto que reúne cuatro ensayos seleccionados en el Primer Premio “Mauricio Achar el Señor de los Libros” de Ensayo sobre Fomento a la Lectura, organizado por el CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) en el 2005. De los cuatro textos contenidos, la revisión se enfoca en el ensayo de Rodríguez Ledesma, que resultó ganador del premio y da título a la obra, aunque se consideran componentes de los demás ensayos.
 Para este cometido, se han planteado los siguientes objetivos:
-- Conceptualizar el campo de los discursos sobre el libro y la lectura en el México reciente.
-- Analizar las funciones y las finalidades de los discursos sobre el libro y la lectura en el México de inicios del siglo XXI.
-- Analizar la institucionalización de estos discursos.


Del campo discursivo sobre el libro y la lectura en México a la instauración de la "lecturología"
Más allá de considerar la mera existencia de un cúmulo de discursos sobre el libro y la lectura en el México reciente, es posible concebir un campo teórico en la materia. Aún no se ha llegado a afirmar la existencia de un campo teórico propio del libro y la lectura. A manera de hipótesis, se asume que en México —y en otros países— desde finales del siglo XX a la fecha, ha ido tomando forma un territorio teórico que trabaja en el libro y en la actividad lectora. Nos referimos a este territorio como la disciplina de la "lecturología". Es factible identificar este ámbito a partir del surgimiento y desarrollo de numerosos discursos sobre el libro y la lectura en el México reciente. Foucault plantea que la formación de las disciplinas está en estrecha relación con el control de los discursos:

Para que haya disciplina es necesario que haya posibilidad de formular, y de formular indefinidamente, nuevas proposiciones […] La disciplina es un principio de control de la producción del discurso. Ella le fija sus límites por el juego de una identidad que tiene la forma de una reactualización permanente de las reglas (2005, p. 33 y 38 ).

La emergencia y el desarrollo de los discursos que han configurado la lecturología, han ido sujetándose a formas de control que es posible poner en claro. En el análisis del discurso que aquí se desarrolla, se pretende identificar algunos de estos mecanismos de control y reflexionar sobre ellos.
¿Qué cualidades tiene el campo teórico de la lecturología? Se expone una respuesta provisional:
1)            Este territorio teórico surge en un momento histórico en el cual las disciplinas tradicionales de la modernidad (dentro de las ciencias duras, las ciencias sociales y las humanidades) comienzan a ser cuestionadas dada su tendencia separatista y fragmentaria.
2)            Emerge en un contexto en el que se abre a debate la interdisciplinariedad, la transdisciplinariedad y las llamadas teorías de la complejidad.
3)            Este nuevo ámbito teórico posee condiciones paradójicas en su momento de emergencia. Se le aporta desde distintas disciplinas específicas: desde la educación, la literatura, la filosofía, la psicolingüística, la historia, etc. Los contenidos de estos aportes se sujetan en parte a la división disciplinaria moderna. A su vez, el entramado de aportes desde diversas disciplinas va poniendo en juego de forma azarosa y a la vez estratégica un campo teórico de tendencia interdisciplinaria y trans-disciplinaria.
En síntesis, la lecturología es un campo teórico que al tomar como objeto de estudio tanto el libro como la lectura, va formándose interdisciplinariamente y trans-disciplinariamente. Esto no ha sido clarificado ni abordado con suficiencia desde la investigación.
Dentro del segmento de textos en forma de libro, ensayos y artículos periodísticos, que se han escrito y publicado en torno al libro y la lectura en el México reciente, en formato de libro existen numerosas publicaciones desde la década de 1990 hasta la fecha. Destacan algunas colecciones:

-- La más importante es Espacios para la lectura, del Fondo de Cultura Económica. Esta colección inicia en 1999 y sigue publicando hasta hoy. Tiene en su haber más de 25 libros publicados.
-- La segunda en importancia es Lecturas sobre lectura, del CONACULTA. Esta colección nace como producto del Seminario Internacional del Fomento de la Lectura, que se celebra en la ciudad de México desde 1996 hasta la fecha, en el marco de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Los libros comienzan a publicarse en 2002 y la colección se cierra en 2006, con el tomo número 20. Es de notarse que al formar parte de las publicaciones del programa foxista Hacia un País de Lectores, éstas inician y terminan con el sexenio.
-- Dentro de la colección Croma, de la editorial Paidós, se identifican al menos nueve libros, de entre los cuales destacan tres de Juan Domingo Argüelles, el especialista mexicano que más ha escrito y publicado en este campo.
-- La editorial Océano posee una colección llamada Ágora, la cual inicia hacia 2008 y sigue publicando. Se contabilizan ocho publicaciones. Fuera de esta colección la editorial Océano ha publicado tres textos de Juan Domingo Argüelles.
-- Ediciones del Ermitaño también tiene una colección sobre el tema: Yo medito, Tu meditas, con varios libros publicados
-- Las universidades también han generado publicaciones en la materia. Se detectan libros de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Pedagógica Nacional, el Colegio de México y otras instituciones. 
-- Existen publicaciones de otras editoriales que no son parte de colecciones especializadas.

El libro que se analiza forma parte de la colección Lecturas sobre lectura, del CONACULTA. Es una edición especial de dicha colección, a partir del Primer Premio “Mauricio Achar el Señor de los libros” de Ensayo Sobre Fomento a la Lectura. En buena medida, el análisis parte de la nota editorial introductoria del libro y del ensayo ganador: “Abonando la utopía” (Rodríguez Ledesma, 2006), aunque se consideran otros apartados del libro.


Funciones y finalidades discursivas
Rodríguez Ledesma inicia su ensayo haciendo una crítica de la política vasconcelista, que impulsó al libro y la lectura en México hacia la década de 1920. En su crítica, el ensayista utiliza incluso la ironía:

Mi bisabuela murió por leer la Divina Comedia en los libros de Vasconcelos. La anciana que nunca había leído nada, no tuvo ya la fortaleza de Virgilio y falleció al estar viajando por el Infierno y el Purgatorio imaginado por Dante. Los demonios le provocaron el infarto cerebral que la llevó a la tumba. Gracias a ella en la familia ya tenemos una mártir de las cruzadas que comprobó la máxima de que la palabra es la más peligrosa de las armas. (Rodríguez Ledesma, 2006, p. 28).  

Este autor critica dos creencias que estuvieron vigentes en el programa de promoción del libro y la lectura de Vasconcelos:

El primero de esos rubros se refiere a la forma de entender a [sic] la lectura de libros como medio para lograr otros fines, es decir, buscar y/o crear un sentido eminentemente utilitario a una práctica cultural, reduciendo a [sic] la lectura a una simple herramienta pedagógica…
El segundo eje tiene que ver con la certeza rebosante de romanticismo y buenos deseos, compartida por la multitud de individuos bienintencionados, de que tan sólo basta con acercar los libros a los sujetos (posibles lectores) para que éstos [sic] de manera automática y espontánea desarrollen el gusto, el interés y/o el placer por la lectura, convirtiéndose inmediatamente en degustadores del arte literario (Rodríguez Ledesma, 2006, p. 14 y 15).

Pero la postura crítica que el ganador del concurso sostiene a lo largo del texto se desploma hacia el capítulo final. El autor combate la conversión de la lectura en utopía, al ser entendida en términos míticos, pragmáticos y utilitarios, pero termina sustentando su propia utopía. El mismo título del ensayo (“Abonando la utopía”) evoca la atadura entre el libro y la lectura, por un lado, y la utopía moderna, por el otro. Al cierre del texto, el autor puntualiza:

Se trata, pues, de abonar la anhelada utopía, ya que el fomento de la lectura nos remite obligatoriamente a repensar nuestra relación con la vida, el tiempo y el placer… Leer requiere tiempo, conversar también. Démonos el gusto y el placer, avancemos en nuestra utopía, empecemos a construirla contagiando a los otros mediante la palabra hablada y escrita el gusto por vivirla y disfrutarla con todo el tiempo del mundo y de la manera más irresponsable, es decir, liberada de cualquier otra obligación que se le quiera asignar (Rodríguez Ledesma, 2006, p. 64).

El planteamiento del ensayista no implica ya una utopía pragmática o utilitaria, pero sí una  utopía mítica. Se remite a una idealización distinta, que considera la formación de lectores a toda costa: “[…] avancemos en nuestra utopía, empecemos a construirla contagiando a los otros…”  Esta afirmación es emitida en el momento histórico en el cual tiene lugar el programa foxista Hacia un País de Lectores. Todos los habitantes de México tendrían que ser formados como lectores. El Premio “Mauricio Achar el Señor de los Libros”, otorgado a Rodríguez Ledesma en 2006, por su ensayo “Abonando la utopía”, forma parte de la cruzada foxista que pretendió hacer de México “un país de lectores”.
El libro, que contiene el ensayo analizado y la colección completa de Lecturas sobre lecturas, fueron publicados durante el sexenio de Vicente Fox. En las primeras páginas del texto analizado, bajo las siglas del CONACULTA, se lee también en mayúsculas el nombre del programa foxista: HACIA UN PAÍS DE LECTORES.   
Unos de los rasgos discursivos que caracterizan el ensayo de Rodríguez Ledesma es el énfasis en el uso de recursos “perlocutivos”, a partir de los cuales el discurso se convierte en un imperativo que incita a la realización de una acción y a la búsqueda de unos objetivos predeterminados:

El acto perlocutivo es aquel en que la fuerza ilocutiva del enunciado produce un efecto sobre el oyente y quizá un cambio de dirección en sus acciones como cuando se sugiere, se solicita, se aconseja, se ordena algo, aunque sea indirectamente […] ya que su caracterización no está ligada a su contenido ni a su forma lingüística, sino a su efecto sobre el interlocutor, producido a través del acto de hablar y no en él mismo. Los actos perlocutivos muchas veces requieren, para ser interpretados como tales, de un amplio contexto situacional […] (Austin, citado por Beristáin, 2008, p. 15 y 16 )

En el cierre de su ensayo, Rodríguez Ledesma despliega las capacidades persuasivas del lenguaje, dando así a su discurso un valor claramente perlocutivo:

Se trata, pues, de abonar la anhelada utopía, ya que el fomento de la lectura nos remite obligatoriamente a repensar nuestra relación con la vida, el tiempo y el placer… Démonos el gusto y el placer, avancemos en nuestra utopía, empecemos a construirla contagiando a los otros mediante la palabra hablada y escrita el gusto por vivirla y disfrutarla… (2006, p. 64).

La utopía consiste en que la gente lea a como dé lugar. Para ello, el mandamiento perlocutivo es necesario. Más aun, si esta finalidad del mensaje puede quedar suscrita a una especie de “placer” o de “fiesta” lectora, el mandamiento se dulcifica. El ensayo se cierra desde una perspectiva perlocutiva que acude a una cita poética de Bioy Casares:

Ni contra el torpe, de cabeza enhiesta
le sirva de instrumento de tortura.
Usted inicia a la gente en una fiesta.
No es otra cosa la literatura.

En Rodríguez Ledesma se despliega la función perlocutiva de una forma dulcificada, bajo suposiciones “placenteras” y “festivas” del acto lector. La utopía camina entre la arenga y el ordenamiento. Pero, ¿qué otros componentes es posible detectar en esta idealización que Rodríguez Ledesma concibe a partir del libro y la lectura?
El autor no asume literalmente que las políticas de Vasconcelos sobre el libro y la lectura,  y otras posturas en el mismo sentido, constituyan una utopía. Sin embargo, el título del libro (Abonando la utopía) delata la persistencia de una conversión del libro y de la lectura en una utopía. Si ésta puede ser “abonada”, tal como se expresa en el título del ensayo de Rodríguez Ledesma, significa que ya ha sido “sembrada”, como si fuera una planta. Desde el mismo título, el autor acude a la analogía como estrategia conceptual y argumentativa. La analogía es un recurso que el ensayista utiliza de manera reiterada en su ensayo.
Otro de los recursos discursivos a los que acude Rodríguez Ledesma es la intertextualidad.

[…] defino la intertextualidad […] como una relación de co-presencia entre dos o más textos, es decir, eidéticamente y frecuentemente, como la presencia efectiva de un texto en otro… la cita… el plagio… la alusión, es decir, un enunciado cuya plena comprensión supone la percepción de su relación con otro enunciado al que remite necesariamente tal o cual de sus inflexiones, no perceptible de otro modo… (Genette, 1989, p. 10).

En el capítulo cuarto del ensayo, donde Rodríguez Ledesma aborda su concepción utópica sobre el libro y la lectura, el tratamiento se despliega a partir de una relación intertextual. El título del capítulo: “Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros…”, es una cita de El Quijote. A su vez, la cita colocada al inicio del cuarto capítulo del ensayo, es tomada de Magris (2004):

[…] la literatura, entre otras cosas, es también un viaje en busca de la refutación de ese mito del otro lado, para comprender que cada uno se encuentra ora de este lado ora del otro –que cada uno como en un misterio medieval es el Otro.
 
La concepción de Magris sobre la utopía implica la restauración utópica. Ante los postulados posmodernos, que aluden una y otra vez el fin de las utopías, hay planteamientos que se lanzan en defensa de la utopía. Rodríguez Ledesma desprende su cita del libro de Magris: Utopía y desencanto. Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad (2004). De ese mismo texto tomamos el siguiente concepto: 

El mundo no puede ser redimido de una vez para siempre y cada generación tiene que empujar, como Sísifo, su propia piedra, para evitar que ésta se le eche encima aplastándole. La conciencia de estas cosas supone la entrada de la humanidad en la madurez espiritual, en esa mayoría de edad de la Razón que Kant había vislumbrado en la Ilustración.
El final y el principio del milenio necesitan utopía unida al desencanto. El destino de cada hombre, y de la misma Historia, se parece al de Moisés, que no alcanzó la Tierra Prometida, pero no dejó de caminar en dirección a ella. Utopía significa no rendirse a las cosas tal como son y luchar por las cosas tal como debieran ser; saber que al mundo, como dice un verso de Brecht, le hace buena falta que lo cambien y lo rediman (Magris, 2004, p. 7 ).

En su idea de la utopía, Magris acude al mito griego de Sísifo, enseguida se refiere al mito de Moisés y su conducción del pueblo judío a la tierra prometida. Los componentes míticos están presentes en el concepto de utopía de Magris, de la misma forma en que lo están en el proceso de transformación de la lectura en utopía, que lleva a cabo Rodríguez Ledesma.
Al final del párrafo citado, Magris hace alusión a un verso de Brecht. Al cerrar su ensayo, Rodríguez Ledesma cita los versos de Bioy Cásares. Mito y literatura están presentes en las formas que conciben utópicamente a la lectura en el siglo XXI. Los componentes intertextuales que van de Magris al ensayo de Rodríguez Ledesma son señeros en este sentido.


La institucionalización discursiva
En 2006, el CONACULTA lanzó la primera convocatoria del Premio “Mauricio Achar el Señor de los Libros” de Ensayo sobre el Fomento a la Lectura. El primer indicio de institucionalización radica en el usufructo del nombre de Mauricio Achar, fundador de las librerías Gandhi, en las políticas que el CONACULTA emprendía para dar promoción a los libros y la lectura en el México foxista. Se pretende rendir homenaje al admirado librero y, a la vez, hacer uso de su nombre y de la significación que éste tiene, para apuntalar los discursos gubernamentales sobre el libro y la lectura en el México reciente. Para dar a conocer el premio, el periódico La Jornada publicó el 2 de noviembre de 2005 una nota titulada: “Instituirán el premio Mauricio Achar”. La nota refiere:

Para conmemorar el primer aniversario luctuoso de Mauricio Achar, fundador de librerías Gandhi, la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), Sari Bermúdez, anunciará este viernes la creación del Premio Mauricio Achar, el Señor de los Libros.

El nombre de Mauricio Achar aparece entonces ligado al CONACULTA y al nombre de Sari Bermúdez, presidenta de esta institución. Bourdieu (2001) refiere que la institucionalización es en el fondo una consagración, una manera de sancionar y santificar, en la que se entremezclan componentes religiosos y laicos (del derecho, de la política, etc.) propios de la modernidad:

[…] instituir es consagrar, es decir, sancionar y santificar un estado de cosas, un orden establecido, como hace justamente una “constitución” en el sentido jurídico y político del término. La “investidura”… consiste en sancionar y santificar haciendo “conocer y reconocer” una diferencia (preexistente o no), haciéndola existir en tanto que diferencia social, conocida y reconocida por el agente investido y por los demás […] la investidura ejerce una eficacia simbólica completamente real en tanto en cuanto transforma realmente a la persona consagrada […] Dentro de esta lógica puede incluirse el efecto de todos los títulos sociales de crédito o de credibilidad —los ingleses les llaman “credenciales”— […] (Bourdieu, 2001, p. 80 ).

En la institucionalización, según Bourdieu, la investidura de los “nombramientos” tiene un peso determinante. El nombre está bordeado por una serie de reconocimientos y credenciales que lo determinan y definen a su vez el valor epistemológico, social y político de su hablar. Inclusive los muertos han de hablarnos, su voz ha de advenir hacia nosotros en forma de llamamientos espiritualizados.
Un segundo indicio de institucionalización toma forma en lo que aquí se refiere como “voces autorizadas en la materia”. Los cuatro autores incluidos en el libro analizado tienen un perfil de formación académica e intelectual similar.


Autor
Ensayo incluido en el libro analizado
Perfil

Xavier Rodríguez Ledesma

“Abonando la utopía” (P. 13 – 46).

Es maestro e investigador de la Universidad Pedagógica Nacional. Tiene estudios de  licenciatura y maestría en sociología por la UNAM y doctorado en ciencia política por la misma institución. Tiene publicaciones en formato de libro y artículos académicos.
José Luis Trueba Lara
“El fomento a la lectura y sus enemigos” (P. 67 – 123).
Cursó estudios de profesor de educación básica en la Escuela Nacional de Maestros, sociología en la UAM, filosofía de la ciencia en la misma institución, y ciencias políticas en el CIDHEM. Ha ejercido la docencia en la UNAM, la Universidad Intercontinental y la Universidad Tecnológica de México. Ha publicado varios libros de historia, política, divulgación de la ciencia, reportaje y narrativa. Como periodista ha colaborado en “El Nacional”, “Unomásuno” y “La Jornada”.
Evelia María Botana Montenegro
“Hacer de la lectura un hábito” (P. 125 – 173).
Actualmente se desempeña como catedrática de la Escuela para Estudiantes Extranjeros en la Universidad Veracruzana. Además de dedicarse en Xalapa a sus actividades de escritora, coordinadora de talleres literarios y correctora de textos. Tiene en su haber varias publicaciones.
Fernando Diez Urdanivia
“El libro: conciencia del hombre” (P. 175 – 234).
Es egresado de la primera generación de la escuela de periodismo Carlos Septién. Por tener estudios musicales se concentra en el periodismo cultural y se especializa en la crítica musical. Tiene en su haber varias publicaciones.


En los cuatro autores incluidos se detecta una preparación profesional universitaria y la publicación de textos en formato de libro, ensayo y artículo periodístico. Es evidente que los cuatro ensayistas están ligados al mundo libresco y a la academia universitaria. La investidura intelectual de los cuatro autores es capitalizada por la política pública cultural del sexenio foxista que, a través del CONACULTA, pretende posicionar los discursos sobre el libro y la lectura en México. Esta investidura intelectual se desdobla institucionalmente y se pone en juego en la validación de estos discursos.

[…] el portavoz autorizado sólo puede actuar por las palabras sobre otros agentes y, a través de su trabajo, sobre las cosas mismas, en la medida en que su palabra concentra el capital simbólico acumulado por el grupo que le ha otorgado ese mandato “y de cuyo poder está investido” (Bourdieu, 2001, p. 69 ).

Un tercer indicio de institucionalización se halla en la nota editorial que de forma anónima prologa el libro analizado: 

En México, el debate en torno a la promoción de la lectura viene ocupando un lugar cada vez más relevante dentro de la agenda nacional […] numerosos especialistas han insistido en la necesidad de formar nuevos lectores […] parece haber un acuerdo generalizado en lo que respecta a la urgencia de impulsar políticas, crear campañas y favorecer propuestas en favor de la letra impresa […] La presente edición reúne el ensayo ganador y las menciones de la primera edición del “Premio Mauricio Achar el Señor de los Libros”, galardón creado en memoria del gran librero y promotor cultural […] Unos y otros, sin embargo, nos ofrecen herramientas útiles para comprender más profundamente un asunto que debiera importarnos a todos, pues forma parte de los retos que el país necesita enfrentar para desarrollarse y superar la dependencia cultural y económica (2006, p. 9).

Hay un llamamiento a un aparente “consenso” sobre la promoción del libro y la lectura en México. El consenso se supone y se afirma a su vez, se lanza como posibilidad y se da por hecho. Se hace presente una argucia argumentativa. ¿De quién es la voz que llama a este “consenso”? El consenso es referido desde la nota editorial anónima que prologa el texto. La autoría de esta nota no es de un sujeto específico, hay un “nosotros consensual” difuso,  que en una especie de conjuro está llamando a la promoción del libro y la lectura en México. El carácter del “nosotros consensual” es el anonimato que colectiviza.
La argucia argumentativa se prolonga. Las cuatro voces de los ensayistas que se incluyen en el libro analizado no escribieron el texto de la nota introductoria, pero quedan enredados en el “anonimato” que conjura a ese “nosotros consensual”. Sin pronunciar explícitamente el discurso de la nota introductoria, las cuatro voces de los ensayistas parecen decirlo, al quedar implicados en él. La nota introductoria forma un corpus discursivo que se entrama con los discursos de los cuatro ensayistas incluidos en el libro. El premio nombrado en honor de Mauricio Achar y el libro mismo le dan forma a este corpus discursivo. El motivo de éste es la promoción del libro y la lectura en México, que toma forma en lo educativo, lo social, lo político, lo histórico, etc.
Los cuatro ensayistas son in-vocados por el discurso de la nota introductoria, es decir, son llamados a estar dentro de lo que se dice en ella, son introducidos a un “nosotros consensual”, conjurado desde el anonimato. A su vez, los ensayistas parecen estar afuera de este discurso, como escuchando, como esperando ser con-vocados a estar en la interioridad de lo que afirma la nota editorial. Es una dialéctica que se resuelve en el corpus discursivo referido, en el afán de institucionalizar la promoción de los discursos sobre el libro y la lectura en México.


Referencias bibliográficas
Beristáin, H. (2006). Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa.
Bourdieu, P. (2001). ¿Qué significa hablar? España: Ediciones Akal.
Foucault, M. (2006). Arqueología del saber. México: Siglo XXI.
__________ (2005). El orden del discurso. Buenos Aires, Argentina: Tusquets.
Genette, G. (1989). Palimpsestos. La literatura en segundo grado. España: Taurus.
Lechuga, G. (2007). Foucault. México: Universidad Autónoma Metropolitana.
Magris, C. (2004). Utopía y desencanto. Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad. España: Anagrama.
Morín, E. (1999). La cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar al pensamiento. Bases para una reforma educativa. Argentina: Ed. Nueva Visión.
Palapa, Quijas, F. (2 de noviembre, 2005). “Instituirán el Premio Mauricio Achar”, La Jornada, México.
Rodríguez Ledezma, X., Trueba, Lara, J. L., Botana, Montenegro, E.M., Diez de Urdanivia, F. (2006). Abonando la utopía. México: CONACULTA