viernes, 18 de noviembre de 2022

Los montajes del panismo y el conflicto del agua (Artículo publicado en el portal de Aserto, 15 de agosto de 2020)

Como fondo de un desplegado publicado por legisladores y presidentes municipales del Partido Acción Nacional en Chihuahua, aparece la presa Las Vírgenes tomada desde una fotografía aérea. En la imagen, el azul del espejo de la presa contrasta con el color gris de la cortina construida de cemento, también contrasta con el color pardo de los cerros que aparecen al fondo.  

En el horizonte de la imagen del desplegado, se dejan ver el color azul del cielo y el blanco del nuberío, que quedaron capturados en la fotografía. Las imágenes, al igual que los conflictos y los movimientos sociales, tienen usos políticos y partidistas. Una imagen puede ser redituable en términos de adhesiones y de votos. Los colores predominantes de la imagen del desplegado son el azul y el blanco, los mismos que forman parte del logotipo del PAN. 

Hacia la parte superior del desplegado se extiende el color azul atenuado con tonos blancos, que aparentan un horizonte con la forma del cielo. Sobre este espacio se anota el mensaje del desplegado de los legisladores y presidentes municipales del PAN, que exigen una consulta al pueblo sobre los usos del agua de las presas en Chihuahua.

Resulta extraño que los panistas exijan la consulta del pueblo en el conflicto. El gobierno del panista Javier Corral se ha destacado por la toma de decisiones verticalistas y autoritarias. El gobierno de Corral es un autismo político, que ha despreciado el diálogo, y que ha evitado la consulta y la toma de acuerdos con el pueblo, en distintos conflictos que han surgido desde 2016 hasta la fecha.

En el mismo conflicto por el agua de las presas en Chihuahua, el gobierno del estado ha tomado una postura de nulo compromiso ante las demandas de los agricultores. El 29 de julio pasado, el secretario de gobierno del estado, Luis Fernando Mesta, dejó plantados a los agricultores de la cuenca del Conchos. Aquella tarde, después de que el gobierno de Corral abandonara y dejara a la deriva el movimiento, se dieron un conjunto de hechos violentos que destruyeron oficinas y vehículos del gobierno. 

La hipocresía política de los panistas es evidente. Mientras el gobierno de Javier Corral se lava las manos y toma distancia del conflicto. Los legisladores y presidente municipales panistas de la cuenca del Conchos se montan en el conflicto, y lo usan políticamente para su beneficio. 

Las firmas del desplegado están encabezadas por Gustavo Madero, senador por el PAN y aspirante a la gubernatura por Chihuahua. Junto a la firma de Madero, aparecen los nombres de un conjunto de diputados y alcaldes panistas: el diputado federal Mario Mata, el diputado local Jesús Valenciano y, los (las) presidentes(as) municipales de Meoqui, Camargo, Saucillo, Julimes, Ojinaga y Coyame del Sotol. 

A la vez que se alinean con el gobernador Javier Corral, los firmantes del desplegado se convierten en promotores de la candidatura de Gustavo Madero a la gubernatura del estado por el PAN. El desplegado es una plataforma para impulsar la candidatura de Gustavo Madero a la gubernatura. De manera burda, los panistas se montan en el movimiento social que defiende el agua de las presas en Chihuahua. 

A los firmantes del desplegado, habrá que preguntarles: ¿Qué tanto su firma significa una defensa genuina de los intereses de los agricultores de la cuenca del Conchos? ¿Qué tanto sus intereses electorales fijados en el 2021, se juegan al estampar su firma en un desplegado que deja ver las hipocresías del panismo ante el movimiento social y ante el pueblo de Chihuahua?

La imagen que está al fondo del desplegado es una metáfora, que es usada políticamente por un grupo de panistas que no esconden sus ambiciones electorales hacia el 2021. Una persona que puede (o no) ser consultada sobre los usos del agua de las presas en Chihuahua, equivale a un posible votante a favor del PAN y/o en contra de Morena en las elecciones del año entrante. El grado de afectación político-partidista al que ha llegado el conflicto es muy notorio. 

Ya en el proceso del 2016, un conjunto de panistas (y de militantes de la izquierda) usaron el impulso de Unión Ciudadana y el descontento en contra de César Duarte, para posicionar la candidatura de Javier Corral. Cuando el actual gobernador asumió el cargo, uso políticamente una metáfora como slogan de gobierno: el “nuevo amanecer”.

Desde luego que en este momento es necesario preguntarse: ¿Dónde quedó el “nuevo amanecer” de Javier Corral? ¿En qué parte del gobierno, la metáfora del “nuevo amanecer” se ha convertido en una promesa vacía?

Sobre la imagen que sirve de fondo al desplegado, también se hace necesario plantear algunas preguntas: ¿Por qué en la imagen del desplegado se hace un uso de los colores azul y blanco, cuyo fondo político-partidista es el logotipo del PAN? ¿Acaso, el horizonte del cielo que se extiende hacia la parte superior de la imagen, son las candidaturas y las prebendas electorales a las que aspiran los nueve firmantes (y otros más)?

Las metáforas políticas están llenas de trampas. La metáfora de la fotografía del desplegado que se publica en la prensa estatal, es una trampa. En lo apacible de la imagen, se atisba un horizonte conflictivo por los usos del agua de las presas en Chihuahua. A su vez, en la imagen se deja ver un horizonte panista que se proyecta electoralmente hacia el 2021. Cada manipulación de la imagen del desplegado a través de programas de diseño, cada palabra escrita, están minuciosamente cuidadas, para que los panistas hagan uso del conflicto por el agua de las presas, en el ajedrez de la política local.

La SEP y la televisión al centro (Artículo publicado en el portal de Aserto, 7 de agosto de 2020)

I.- En los años recientes, las reformas educativas han construido un conjunto de postulaciones pedagógicas en forma de slogans, que pretender dar una mayor importancia a diferentes componentes del Sistema Educativo Nacional: el alumno al centro, la escuela al centro, los maestros al centro… 

Al colocar la centralidad de la educación en el alumno, se destacan los procesos de enseñanza-aprendizaje que atraviesan a este sujeto educativo. Al ubicar la escuela al centro, se resaltan los procesos de gestión educativa que los diferentes actores (directivos, maestros, padres, alumnos, etc.) construyen para atender y resolver los problemas escolares, más allá de las cuatro paredes del aula. Al poner al centro a los maestros, se subraya su actuación en los procesos de enseñanza-aprendizaje a nivel aula, y en otras tareas escolares.

La política anunciada por el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma, para viabilizar los trabajos del ciclo escolar 2020-2021 en el contexto de emergencia de la pandemia, forma parte de los desplazamientos de la centralidad educativa. En los hechos, durante el ciclo escolar que inicia en los siguientes días, el slogan educativo resulta más que claro:  “La televisión al centro”.   

En los últimos años, la centralidad educativa ha sido desplazada del alumno, a la escuela, al maestro, y desde ahí, a la televisión. ¿Qué está detrás de los desplazamientos de la centralidad educativa en los últimos años de la historia de la educación en México? 

Lo primero que se identifica, son un conjunto de reformas jurídicas, administrativas y curriculares que se han repetido de manera constante desde 1992 hasta la fecha. Una y otra vez, se han cambiado las leyes, las políticas educativas, los contenidos de los programas de los distintos niveles educativos y los libros de texto. Hay una inercia reformadora, que inicio en 1992 con la aprobación del Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa durante el sexenio de Salinas, que pasó por las reformas educativas de los gobiernos panistas de Fox y Calderón, que se extendió hasta el sexenio de Peña Nieto, y que desemboca en los cambios educativos del año 2019, en el actual gobierno.  

¿En dónde está entonces la centralidad educativa: en el alumno, en la escuela, en los maestros, en la televisión, en algún otro actor o territorio educativo que pueda ser ponderado como lo más importante del Sistema Educativo Nacional? En los últimos años, la centralidad educativa en México se ubica en un conjunto de desplazamientos de la política que se hace detrás de los escritorios, en las oficinas de los altos funcionarios educativos.  

Si la centralidad educativa ha quedado sujeta de un conjunto de desplazamientos y vaivenes, tendríamos que estar hablando de la movilidad y la transformabilidad de esta centralidad educativa. En el fondo, los desplazamientos de la centralidad educativa son una forma del juego: “¿Dónde quedó la bolita?”. 

Desde el lunes pasado (3 de agosto de 2020), después de la conferencia mañanera en la que se aclaró que el ciclo escolar 2020-2021 será montado sobre los rieles de la televisión, han surgido más preguntas que respuestas:

¿Cuáles son las responsabilidades educativas que estarán asumiendo los maestros durante el ciclo escolar que inicia el 24 de agosto? ¿Cuál va a ser papel de los padres de familia en la educación de sus hijos en los meses siguientes? ¿Qué le corresponde hacer a los alumnos ante la televisión y en otras tareas propias del aprendizaje? ¿De qué formas el currículo de los distintos niveles y grados educativos va a quedar mediado por la televisión? ¿Cómo estarán siendo evaluados los alumnos? ¿Cómo quedarán distribuidos los tiempos educativos, más allá de las sesiones televisivas? ¿Por qué razones, en este momento específico se ponen en marcha modificaciones curriculares que le abonan aún más, a la incertidumbre educativa? 

En los últimos años, se identifican un conjunto de incertidumbres y extravíos de las políticas educativas en México. Los tecnócratas que han dirigido los destinos de la educación en México, han practicado una alquimia que resulta desconcertante. En el contexto de la pandemia, la propuesta de la SEP para el inicio de las clases en los días siguientes, es una alquimia que desplaza la centralidad educativa hacia la televisión, que deja un cúmulo de dudas e inquietudes. Lo anterior va mucho más allá del contexto de emergencia, en medio de la pandemia. Los desplazamientos de la centralidad educativa y la incertidumbre que se han generado en los últimos años, son un conjunto de indicios de una crisis educativa más profunda, que se ha precipitado en estos días. 

Mientras la SEP juega el juego de, “¿dónde quedó la bolita?”, que desplaza la centralidad educativa hacia la televisión, las preguntas se apilan una sobre otra y tal parece que la agenda educativa seguirá contagiada de zozobra en lo que sigue. Esteban Moctezuma y otros integrantes del gabinete educativo, sujetan y desplazan los pequeños vasos opacos, que siguen escondiendo la bolita de la centralidad educativa, sobre la mesa del ciclo escolar 2020-2021. En estos días las conferencias vespertinas de la SEP se han convertido en un mecanismo para dar información a cuentagotas. La información proporcionada por Moctezuma Barragán y sus cercanos, es una información a medias, que juega con un suspenso inducido. Los funcionarios educativos mueven los vasos opacos, mientras la bolita de la centralidad educativa se desplaza ante los ojos de todos. Y al fondo, se escuchan un cúmulo de preguntas que son una sola pregunta: “¿Dónde quedó la bolita?” 


II.- La segunda versión de la política educativa “Aprende en casa”, tiene como base un conjunto de decisiones que apuntalan al neoliberalismo. Por un lado, el gobierno federal estará pagando a cuatro televisoras 450 millones de pesos para transmitir las clases. Los beneficiados son: TV Azteca, Televisa, Milenio y Grupo Imagen. En la actual crisis de la pandemia, que trae consigo una crisis económica, el gobierno estará capitalizando de manera directa a las televisoras.

Por otro lado, las televisoras se estarán beneficiando con los impactos bursátiles de una decisión que las convierte en aliadas del gobierno federal. La decisión tomada por la SEP tiene como telón de fondo una alianza educativa y política, entre las televisoras y el proyecto de la 4T. Al día siguiente de haber sido anunciado la política educativa que coloca la televisión al centro, las acciones del Grupo Televisa y de TV Azteca en la bolsa de valores aumentaron considerablemente. El precio de las acciones de Televisa subió un 14.54% y las acciones de TV Azteca aumentaron un 16.12% (“Acciones de Televisa y TV Azteca se disparan en la bolsa”, El Economista, 4 de agosto de 2020). El beneficio bursátil fue inmediato. Los beneficios políticos se estarán viendo en los meses siguientes. 

Detrás de la decisión tomada de forma centralizada por la Secretaría de Educación Pública, está la figura de Esteban Moctezuma Barragán, que ha sido un operador político de primera línea del empresario Ricardo salinas Pliego. Antes de asumir el puesto como Secretario de Educación, Moctezuma Barragán estuvo a cargo de la Fundación Azteca. 

En meses pasados, ya en el contexto de la pandemia, el grupo Salinas fue beneficiado con un millonario contrato para asegurar bienes de la SEP: 

«Un contrato de 969 millones de pesos adjudicado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) el pasado 30 de marzo, vino como anillo al dedo para grupo Salinas, propiedad de Ricardo Salinas Pliego… La SEP, dependencia a cargo de Esteban Moctezuma Barragán… otorgó el contrato de servicio de aseguramiento de bienes patrimoniales; carga y embarcaciones, semovientes y flora” a Seguros Azteca Daños.» (“La SEP al rescate de Salinas Pliego”, revista Proceso, 12 de abril de 2020).

Los beneficios que Ricardo Salinas Pliego y otros empresarios de la televisión han obtenido del actual gobierno federal, dejan en claro que las relaciones entre el poder gubernamental y el poder mediático de las televisoras en México, transitan por los mismos caminos que los sexenios anteriores. Los beneficios económicos y los beneficios políticos son de ida y vuelta. Se percibe que la maquinaria neoliberal sigue en funcionamiento, bien aceitada y calibrada, avanzando a través de la Secretaría de Educación Pública y de otras secretarías de gobierno. 


III.- Hay quienes afirman que la decisión tomada por la SEP para implementar la política educativa de “Aprende en Casa” en su segunda versión, es lo mejor que se pudo haber hecho, que en el contexto de emergencia de la pandemia no se puede hacer más. Desde luego que se pudieron tomar otras decisiones, que no estuvieran centradas en la televisión y que evitaran los beneficios económicos a las empresas que antaño eran concebidas por los morenistas, como integrantes de la “mafia del poder”.

Enseguida se plantean dos posibilidades que son alternas a la decisión ya tomada: 

1º Una primera decisión alterna, sería dar inicio al ciclo escolar hasta el momento en que se termine la emergencia sanitaria, cuando el semáforo estuviese en verde. El problema que se hace presente, es la manera de concebir el tiempo educativo desde una lógica pragmática y utilitarista. Cuando se suspenden las clases por periodos largos suelen emplearse conceptos como: “ciclo escolar perdido”, “semestre perdido”, etc. Esta manera de pensar concibe a los tiempos escolares bajo una lógica de productividad capitalista. 

¿Qué es un “ciclo escolar perdido”, qué es un “semestre perdido”? Es un tiempo que no produce el cumplimiento de objetivos (aprendizajes esperados), que no produce calificaciones, ni títulos que son concebidos bajo una lógica credencialista. Lo que se concibe como “tiempo escolar perdido” es un tiempo improductivo que resulta indeseable para la lógica capitalista de la educación. 

La maquinaria de productividad educativa debe avanzar a costa de lo que sea, debe capturar entre sus mecanismos de funcionamiento a las vidas de las personas. Los alumnos, los maestros, los padres y otros actores, son concebidos entonces, como piezas de una gran maquinaria que tiene que ser forzada para producir educativamente. 

La decisión tomada por la SEP, convierte a la maquinaria educativa en un tren televisivo al que todos tendrán que subirse. Hay una velocidad a la que avanzará este tren, hay una distribución de tareas y tiempos, y hay también un conjunto de obligaciones que tendrán que cumplirse al ritmo que marque la televisión. 

Pero, el tiempo educativo no se pierde, ni se gana. Más bien, el tiempo educativo se vive, cuando se le concibe de manera radical desde las propias vidas de las personas. Estamos hablando de una humanización del tiempo educativo, que coloca como centro a las vidas de las personas de carne y hueso, que tienen miedo, que se angustian ante los acontecimientos de la pandemia, que sufren por la crisis económica que se extenderá durante meses, que esperan un acompañamiento y una solidaridad donde acogerse.

Dos preguntas se hacen necesarias en esta parte: ¿Es posible construir otra lógica del tiempo educativo, una lógica que no cosifique a las personas al convertirlos en simples piezas de una maquinaria indetenible? ¿Es posible construir una lógica humanizante del tiempo educativo? 

2º Una segunda posibilidad, sería una política educativa de simplificación curricular en amplio sentido. Simplificar los tiempos educativos, los contenidos, las tareas a desarrollar, los procedimientos y los objetivos por cumplir. De tal manera, que la atención a las labores educativas no se convierta en una losa demasiado pesada para los alumnos, los padres, los maestros y otros actores educativos. 

Estamos hablando de una pedagogía de lo fundamental y de lo mínimo en el contexto de la emergencia sanitaria. Durante el ciclo escolar que está por iniciar, se estaría abordando lo más fundamental (lo más importante, lo más significativo) por aprender. A su vez, se estaría abordando lo más elemental (lo más básico, lo más simple). Lo anterior daría lugar a una descarga curricular que estaría impactando de manera directa en las vidas de las personas. 

En una pedagogía de lo fundamental y de lo mínimo, los maestros desempeñarían un papel central, junto con los alumnos y los padres, tomando decisiones de manera conjunta y haciendo uso de los recursos del medio para enfocarse en lo vertebral, dejando a un lado los abultados programas educativos de los diferentes grados y niveles. Desde luego, habría que dejar en claro: qué es lo más fundamental y los más elemental, que tendría que ser abordado. Esa decisión, sería tomada de común acuerdo entre los actores educativos, desde una perspectiva dialógica y en base al consenso, a partir de Paulo Freire.  

La pedagogía de lo fundamental y de lo mínimo en el contexto de la pandemia, tendría la forma de un bastón para que las personas se apoyen mientras suben una cuesta que resulta accidentada y sinuosa en su transcurso. Pero, tal parece que en la actual coyuntura se optó por una tomar una decisión que convierte a la educación, en una pesada cruz que se tiene que cargar mientras se avanza de subida, a campo traviesa.

En el fondo, detrás de la decisión tomada, está una deshumanización del acto educativo, una cosificación del acto educativo. Los alumnos tendrán que pasar horas, de manera pasiva y en silencio frente al aparato televisor, como simples depositarios del saber educativo. Los padres tendrán que hacer lo necesario para que sus hijos se mantengan atentos a lo que sucede en las imágenes y las voces que se transmiten por televisión. Los maestros también tendrán que dar seguimiento a la programación televisiva, y convertirse en acompañantes de lo que pueda suceder...

La historia de las alianzas como historia de la deconstrucción ideológica y política en el siglo XXI

La historia de las alianzas partidistas en las últimas tres décadas, es uno de los síntomas de la extrañeza de la política. En estas alianzas, la ideología y la política se vuelven extrañas, entre lo sorprendente y lo inverosímil. 

En la izquierda, estas alianzas pueden incluso rastrearse hasta la formación del Frente Democrático Nacional en las elecciones de 1988, que apuntaló la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia, y que un año después se proyectó hacia la fundación del PRD. 

Durante el salinismo, después de los fraudes electorales de la década de 1980, el PAN tejió un conjunto de acuerdos con el PRI, a los que se les llamó peyorativamente: "concertasesiones". En distintos momentos, el PRI y el PAN se han aliado. Entre los militantes de Morena hay un campo de semántico (un conjunto de significados discursivos) que han sido usados como armas de batalla política para descalificar tanto al PRI como al PAN: “la mafia del poder”, el “prianismo”, la “boa”, etc. Hay mucha razón, y un cúmulo de justificaciones históricas, para referirse al PRI o al PAN de esta manera. Los insultos históricos del PRI y del PAN hacia la sociedad mexicana, se merecen un insulto nominal, y más que eso.  

La izquierda partidista del PRD se alió con el PRI y con el PAN en el Pacto por México a inicios del sexenio de Peña Nieto, y esa fue la debacle del Sol Azteca, que fue muy bien aprovechada por López Obrador para construir el impulso que apuntaló la fundación de Morena en 2014. 

La alianza morenista que logró conjuntar el bloque que llevó al triunfo de López Obrador en 2018, fue con el Partido Encuentro Social cuyo programa es de ultraderecha, con el Partido del Trabajo cuya historia es claroscura, con una parte del SNTE encabezado por Elba Esther Gordillo y operado por dos personajes dudosos: Iván Peña Neder y Rafael Ochoa Guzmán. Detrás de las biografías de estos personajes políticos, la negrura es un lugar común. 

A su vez, en 2018 Morena tejió acuerdos con Salinas Pliego, y el pago por esta alianza fueron varias candidaturas y espacios de poder, entre los que destaca la Secretaría de Educación Pública. Hay otras alianzas de Morena en 2018, con personajes políticos específicos, por ejemplo, con Cruz Pérez Cuéllar, en el estado de Chihuahua.  

Ya en el ejercicio de poder, una parte de la izquierda morenista en Chihuahua, entre quienes destacan Juan Carlos Loera y Gustavo De la Rosa Hickerson, ha mantenido una alianza muy visible con el panismo del gobernador, Javier Corral. También se identifica una significativa cercanía entre la figura del gobernador Javier Corral y el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrad, que es operador político de primera línea del gobierno de AMLO. 

Es posible, que en los procesos electorales del 2021, a partir de la reciente reforma a los estatutos del PRI, este partido pudiese construir candidaturas en acuerdo con el PAN. Pero también es posible, que se repitan las alianzas multiformes de Morena con fuerzas políticas de la derecha, con el sindicalismo charro, con militantes dudosos de otros partidos, con empresarios que antaño eran señalados por la izquierda y sobre los que se prefiere guardar silencio ahora.   

La historia de las alianzas en las últimas décadas en México, entre la izquierda y la derecha partidistas, es una historia de la deconstrucción ideológica y ética de la política, de las formas de hacer política...

La ideologización y la politización negativas del movimiento social (Artículo publicado en el portal de Aserto, 2 de agosto de 2020)

El movimiento social de los agricultores en defensa del agua ha sido sometido a un conjunto de vaivenes que lo han ideologizado y politizado negativamente, por parte de diversos actores partidistas. ¿Qué está detrás de la negativización ideológica y política del movimiento social de los agricultores, que defienden el agua de las presas en Chihuahua? 

Por parte del gobierno de Javier Corral hay una postura ambivalente. Por un lado, Corral afirma que ha sido gestor e intermediario del problema ante las autoridades del gobierno federal. Por otro lado, por parte del gobierno del estado hay un distanciamiento y un abandono, que se relacionan directamente con la escalada del conflicto que llegó hasta la violencia. El distanciamiento y abandono del gobierno de Corral al acompañamiento del conflicto, es una omisión política que resulta cuestionable por la manera en que se dejó crecer el problema. 

Por parte del gobierno de López Obrador se identifican: una minusvaloración del conflicto, un desprecio y una estigmatización política del movimiento social de los agricultores. Desde luego que esta postura del gobierno federal tiene como telón de fondo una descalificación y una denostación. La minusvaloración, el desprecio y la estigmatización que la 4T ha construido en torno al movimiento social de los campesinos, es una estrategia política y propagandística que tiene dos  objetivos:  defender al lópezobradorismo a costa de lo que sea y, desprestigiar las posturas y las acciones de los agricultores, que han sido concebidos como “opositores incómodos” a los designios gubernamentales.  

Hay algunos militantes del PAN, como Mario Mata, que se montaron en el conflicto para proyectarse políticamente hacia el 2021. Hay otros personajes de la derecha que han colocado sus miras en el proceso electoral del año entrante y, que también se han montado en el conflicto para aprovecharlo políticamente. Esta manera de actuar, que aprovecha el ímpetu coyuntural del conflicto para posicionar candidaturas a través de la prensa, las redes sociales y la presencia que se genera entre los agricultores de la cuenca del Conchos, trae consigo formas de negativización del movimiento social que son muy visibles.  

Algunos militantes de Morena han guardado silencio sobre el conflicto. Otros militantes de este partido han asumido una postura que acompaña la minusvaloración, el desprecio y la estigmatización del movimiento social.  

La manera en que los militantes de la derecha y la izquierda partidista han actuado ante este problema, dejan ver las conveniencias (o inconveniencias) que los partidos construyen en las coyunturas pre-electorales en torno al movimiento social. Estas maneras de conceptualizar y utilizar al movimiento social, resultan cuestionables. 

Se analizan enseguida algunas variables de la postura que el gobierno federal y Morena, han tomado en torno al movimiento social en Chihuahua: 

A) Una toma de distancia a conveniencia del movimiento social, que opera a partir de la asunción del poder en 2018. Esta toma de postura requiere ser analizada empíricamente, respecto a diversos hechos que han generado inconformidad y protesta social en el actual sexenio. ¿De qué movimientos sociales se han distanciado el gobierno de AMLO y Morena durante el actual sexenio? ¿Cómo se han operado políticamente estos distanciamientos? ¿Cuáles son los efectos ideológicos y políticos derivados de estos distanciamientos?

B) La puesta en marcha de un conjunto de estrategias para defender a ultranza las decisiones impuestas de forma verticalista y autoritaria, por parte del gobierno de AMLO. Se han creado “comités de defensa” de la 4T que dejan ver un doble objetivo: defender a esta fuerza política de lo que consideran “ataques” y posicionar a Morena hacia el proceso electoral de 2021. En este plano se despliega una lucha propagandística, en la que los militantes de Morena defienden lo mismo los aciertos, que los errores, del lópezobradorismo, con el mismo ímpetu y con una carga de ceguera ética y epistemológica, que puede ser más o menos intensa. La verdad ideologizada y politizada a conveniencia, que los defensores del lópezobradorismo han construido en torno al movimiento social de los agricultores en Chihuahua, es ética y epistemológicamente debatible, y amerita una disección analítica a profundidad. 

C) El uso de un conjunto de mecanismos políticos y discursivos, que al descalificar al movimiento social, resultan similares en su forma y en su fondo, a los mecanismos que han sido utilizados por los gobiernos de derecha en coyunturas conflictivas. 

Se afirmó ya, que en el fondo del asunto, subyace una ideologización y una politización negativas del movimiento social. ¿Cuál es la intención de ideologizar y politizar negativamente al movimiento social de los agricultores? ¿Cuál es la especificidad de los mecanismos discursivos y de acción política de los militantes de Morena, que han descalificado y denostado al movimiento social? ¿En los términos de la ética y de la epistemología de lo político y lo social, cuáles son las contradicciones que están presentes en la negativización del movimiento social por parte de la izquierda partidista?... 

No se trata de idealizar o romantizar al movimiento social, que está atravesado por aciertos y errores, participaciones genuinas e ilegítimas, intereses visibles y no visibles. Desde luego que el movimiento social amerita ser criticado con evidencias y argumentos de por medio. Pero, tampoco se trata de negativizar al movimiento social mediante formas que resultan cuestionables: 

- A partir de condicionamientos e intereses institucionalizados del poder que se conciben con cerrazón (el orden jurídico de un tratado de aguas de 1944, cuya interpretación y cuya operación política son conflictivas).

- A partir de maneras de operar coyunturalmente en base a un pragmatismo gubernamental y electoral (el apremio por ganar presencia y posiciones de poder hacia el 2021).   

Lo anterior, nos lleva a afirmar que se requiere una crítica en la manera de tomar decisiones y de operar, por parte de la izquierda partidista, ante el movimiento social y ante las formas en que se ha concebido al “pueblo”. En las formas de operar políticamente por parte del actual gobierno de izquierda en México, que tiene un enfoque populista, se identifican conceptualizaciones contradictorias respecto al “pueblo”. El gobierno lópezobradorista, unas veces consulta al “pueblo” y otras veces no; unas veces parece proteger al “pueblo” y otras veces parece desprotegerlo; una veces se aproxima al “pueblo” y otras veces toma una distancia que resulta, por lo menos, extraña. 

Esto último, deriva en el planteamiento de dos tesis sobre el actual gobierno de izquierda populista en México:  

1ª tesis.- Hay una falta de claridad en la concepción del “pueblo” respecto a su atención y su participación en las maneras de hacer política, y respecto a las protecciones que amerita o no amerita como tal. 

2ª tesis.- La conflictividad conceptual respecto a la figura política del “pueblo”, implica una conflictividad en las formas de hacer política, en la manera en la que se toman y se operan las decisiones gubernamentales.

José Vicente Anaya y la eternidad de la disidencia (Artículo publicado en el portal de Aserto, 1 de agosto de 2020)

Una escritura desde los márgenes 

El siglo XX es el tiempo del abismamiento histórico de la poesía, de una caída que no deja de precipitarse hacia un fondo no previsto, ni sabido. La poesía se encuentra en crisis, asfixiada en sí misma, arrinconada en libros leídos por unos cuantos, convertida en objeto estructuralista o posestructuralista en los estudios academizados de la literatura, hundida en las batallas perdidas por la alta cultura ante la cultura de masas, desestimada como llave o como luz que pueda abrir camino a los hombres en los siglos por venir. 

La poesía prosigue su caída, sujeta de la herencia histórica de la cultura humanista, de procedencia griega y renacentista. Pero, si la caída de la poesía en este siglo no ha terminado de acaecer, si esta caída aún no llega a un lugar definitivo, esto significa que la poesía aún persiste, aún respira a través del lenguaje y de la vida. El latido de la poesía en su caerse, se mueve en el péndulo de su salvación y su no salvación.

En este sentido tiene lugar una pregunta crucial, una pregunta a la que habría que desprenderle sus ambiciones metafísicas. La pregunta no sería: ¿Puede la poesía salvar al mundo?, sino: ¿Puede la poesía salvar algo del mundo? La primera pregunta es una persecución del mesianismo, la poesía como sustancia salvífica del mundo. La segunda pregunta es recatada, muestra las limitaciones de la poesía en sus extensiones hacia lo social, lo político y lo histórico.

Lo que ha sucedido con la poesía en los últimos años de la historia humana es la construcción de facto de una respuesta a la segunda pregunta, en el territorio de autosalvación que le va quedando a la poesía para sí misma. Los poetas se han dedicado a salvar a la poesía para salvarse a sí mismos, para extender una genealogía de pensamiento y de vida que se niega a morir de forma alguna. Aquí hay algo proscrito, algo de exclusión y de abandono. Pero por lo pronto, no puede ser de otra forma, por lo pronto, la poesía no tiene la potencia para salvar algo demás, algo de-más. Este es el tiempo histórico en el que la poesía puede ser sublimada o no sublimada, reconocida o no reconocida, navegada o dejada a deriva en los intersticios de los años o los siglos. Este es el tiempo de escritura y poetización de José Vicente Anaya. La de Anaya, es una poesía escrita a finales del siglo XX, alojada en las sombras del no reconocimiento en las décadas de 1970, 1980 y 1990. La de Anaya, es una poesía que rebrota hacia los primeros años del siglo XXI, que ha sido releída y estudiada con avidez en los años recientes. 

A pesar de las variadas publicaciones del poemario “Híkuri” desde la década de 1980 hasta la fecha, la obra de José Vicente Anaya, apenas comienza a ser reconocida, 40 años después de la publicación de su primer poemario “Los valles solitarios nemorosos” (1976). Desde sus primeros poemas publicados, Anaya se concibe a sí mismo como un poeta marginado, orillado al pensamiento y la escritura desde la periferia, desde un espacio que termina convirtiéndose en bastión de resistencia cultural, política e histórica.

«Tengo largo tiempo de ya no estar aquí,

aunque nadie lo entienda;

porque estoy gritando con los gruñidos de mi rabia autobiográfica

arañando los pies del siglo XXI…» (“Morgue”, 1981)

«Porque nunca tendré tiara

la tierra que me arrancan

no puede dolerme.

Pueden quitarme todo,

mi pie volado sabrá del aire

porque tampoco puede ser

asido. Mi pie alado.» (“Los valles solitarios nemorosos”, 1976)

La condición marginal de la poesía no es parte solamente de los tiempos actuales, es un estigma que se ha manifestado en diversos momentos de la historia humana. Platón intentó inútilmente expulsar a los poetas del reinado de su “República”. En el segundo de los poemas citados, Anaya refiere que jamás podrá ser el portador de una “tiara. La “tiara” es el símbolo de un reinado, de un reconocimiento, que difícilmente podría ser colocado sobre la cabeza de los poetas marginales, como es el caso de Anaya. Hay un reclamo manifiesto, hay una indignación en la escritura de Anaya, quien de manera constante se asume como una voz que habla desde los márgenes, desde un espacio contestatario y de permanente lucha.

Desde el primer poemario que Anaya publica bajo el sello de la UNAM (“Los valles solitarios nemorosos”, 1976), se hace manifiesta la condición marginal del poeta a partir de la figura de Safo. Este poemario se compone de dos apartados, en el segundo de estos apartados el texto Anaya posee un tono narrativo fijado en Safo, la poeta griega que fue denostada y que siglos después sería rescatada y revalorada. La figura de Safo que transcurre el poema de Anaya es un símbolo de la marginación y la lucha por el reconocimiento de la poesía. “Pero si ya no tienes agua, Safo, / la culpa no la tienes. / Es que diste la vida por la vida. / Y nadie comprendió tu danza. / Y nadie observó tu lágrima en la mano” (“Los valles solitarios nemorosos”, 1976).

En el poema de Anaya, Safo es simbolizada a partir del agua como elemento que traza la dialéctica de la vitalidad y el abandono, de la presencia en forma de reconocimiento y de la ausencia en forma de marginación. El agua humedece la extensión de la vida bajo la forma de un “lago”, del “rocío” y de la “lluvia”. El agua es una vitalidad de la presencia. Pero, el agua significa también al abandono bajo la forma de una “lágrima”. El agua es la tristeza de un abandono que se repite una y otra vez, que inicia con las diatribas y la marginación que se lanzan sobre la figura de Safo, y que se extiende hasta los poetas marginales de los siglos XIX y XX. “Cuando no tienes agua: / Te abandonan las aves, / los árboles se vuelven / alambradas, tus peces / quisieran volar para escaparse / y quedan atrapados en la arena. / Pero todo esto no es ningún desastre, / sino que tú, Safo, / pierdes tus ritos en el lago. (Ibidem.).

A lo largo de la modernidad se ha impuesto una desacralización del arte y de otras actividades humanas. Desde hace mucho tiempo la poesía dejó de estar investida por la ritualidad y la religiosidad que le fueron impresas en la antigua cultura griega. Una de las líneas de escritura de Anaya escarba sobre los contenidos rituales y religiosos de la poesía, su búsqueda ha sido incesante en este plano y queda manifiesta en el mismo epígrafe del poeta místico San Juan de la Cruz, que abre el poemario “Los valles solitarios nemorosos” (1976).   Investir a la poesía de misticismo, hacerla retornar a su condición ritual y religiosa, es una de las premisas de las que parte la poesía y la ensayística de José Vicente Anaya.

En un artículo que Anaya escribe sobre Carlos Montemayor, hace referencia a la dialéctica de la marginación y el reconocimiento sobre la poeta Safo:

«(…) Montemayor hace una necesaria apología de Safo, quien por siglos había sido tratada como meretriz, ante lo cual cuenta que una tarde Solón “escuchó una canción de Safo en labios de su nieto; al terminar éste, Solón le pidió que se la enseñara, pues le explicó: quisiera aprenderla antes de morir. Conviene recordar aquí el epigrama atribuido a Platón en que a Safo le llama Décima Musa; también aquel que contiene la hermosa designación de musa inmortal entre inmortales musas”. Y su poesía es bien ponderada así: “La musicalidad y dulzura de su lenguaje fue proverbial en la historia de la poesía griega, en una lengua de suyo tan sonora, vocálica y rica.”» (“La Jornada”, 18 de julio de 2010)

La figura de Safo, que simboliza la dialéctica de la marginación y el reconocimiento de la poesía y del poeta, es proyectada desde Grecia hasta la actualidad en la obra de Anaya. Esta jugada literaria traza una condición problemática que se ha repetido una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad, y que se exacerba en los tiempos actuales. En el contexto de la crisis de las humanidades hacia finales del siglo XX y principios del XXI, los poetas y la poesía viven una de las etapas históricas más aciagas, más densamente oscuras.  La poesía que en occidente se enraíza en el mundo helénico y que desde ahí llego a ser parte fundamental de la alta cultura, ha sido desplazada por la cultura de masas. 

La dialéctica de la marginación y la lucha incesante por el reconocimiento de la poesía, está presente a lo largo de toda la obra de Anaya. En este autor hay una fascinación por lo marginal. El título de uno de los últimos poemarios publicados por Anaya es significativo en este sentido: “Paria” (2010). Un “paria” es un marginal, un desterrado de los territorios social y culturalmente aceptados y hegemonizados. Al final del poemario “Paria” (Ibidem.) hay cuatro textos en prosa que narran el encuentro de José Vicente Anaya con Juan Martínez, un poeta marginal que abandonó la “farándula cultural” de la ciudad de México y se dedicó a una vida sencilla e impregnada de misticismo, trabajando como lavador de autos en las calles de la ciudad de Tijuana. En el libro de ensayos “Poetas en la noche del mundo” (1977), Anaya escribe dos textos sobre la obra y la vida de Juan Martínez, subrayando la calidad de su poesía y la condición de marginalidad que el poeta buscó para sí mismo al retirarse del mundillo literario. Anaya afirma que la poesía de Juan Martínez no ha tenido el reconocimiento que merece.

La fascinación de Anaya por lo marginal, está también presente en el epígrafe con el cual se abre el poemario “Morgue” (1981) y en el epígrafe que se anota al inicio de las diversas ediciones de “Híkuri”: “A todos aquellos que han / gritado poemas premonitorios, / y que por sus ideas o / alucinaciones / han sido condenados: / paranoicos / esquizofrénicos / visionarios / mal-pensantes / rebeldes”.  


Las luchas en los territorios del canon literario

La profunda crisis de las humanidades en las últimas décadas, que ha derivado en la minusvaloración y la marginación de la poesía en occidente, es uno de los condicionamientos históricos y culturales que envuelve la escritura de Anaya. Este es el primer contexto desde el cual emerge la escritura del poeta chihuahuense, donde la poesía y la actividad de los poetas navegan a contracorriente, atrapados en un declive que se pronuncia hacia el futuro.

Hay un segundo contexto desde el cual surge la escritura de Anaya. Este segundo contexto tiene que ver también con la condición de marginalidad de los poetas, pero en el plano de la configuración del canon. El reconocimiento o la ausencia de reconocimiento,  de una obra o de un autor, es un hecho que requiere ser leído a partir de la configuración del canon literario. José Vicente Anaya es un autor que ha escrito y promovido su obra desde los márgenes establecidos por el canon institucionalizado en México.

El surgimiento del movimiento infrarrealista en México, del cual Anaya fue miembro fundador a mediados de la década de 1970, toma forma a partir de un conflictivo territorio que se inscribe en la lucha por la configuración del canon de la poesía mexicana.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el panorama de la literatura mexicana fue dominado por un conjunto de autores congregados alrededor de la figura de Octavio Paz. Desde la periferia, los infrarrealistas confrontaron a la hegemonía paceana. En un tono irónico, Heriberto Yépez se ha referido a esta hegemonía literaria como “pazentrismo” (“Versus: Otras miradas a la obra de Octavio Paz”, 2010). 

¿Quiénes son los impulsores del pazentrismo? Básicamente los integrantes de la revista “Vuelta” que posteriormente tomó el nombre de “Letras Libres: Enrique Krauze, Gabriel Zaid, Christopher Domínguez Michael, Guillermo Sheridan, José Martínez y Adolfo Castañón. En los primeros años del siglo XXI, el impulso del “pazentrismo” ha caminado a través de los proyectos literarios y políticos de las revistas “Letras Libres” y a través de otras instituciones, como la Fundación para las Letras Mexicanas, inicialmente nombrada “Fundación Octavio Paz”. 

Madariaga Cano (“Los años que inspiraron los detectives salvajes”, 2010), señala que hacia la década de 1970, en el momento del surgimiento del infrarrealismo, el panorama literario en México estaba dominado por Octavio Paz y Carlos Monsivais. El primero estaba a cargo de la revista “Plural”, editada como suplemento cultural del periódico “Excelsior”. A raíz de la salida de Julio Scherer del periódico “Excelsior”, “Plural” se convertiría en la revista “Vuelta”. El segundo dirigía el suplemento “La cultura en México”, que formaba parte del proyecto periodístico de la revista “Siempre”. Para los infrarraelistas las puertas de las revistas “Vuelta” y “La cultura en México” estuvieron permanentemente cerradas, por lo que tuvieron que desarrollar su escritura y la promoción de su obra a contracorriente de las instituciones oficiales de la literatura mexicana.

En la lucha por la institucionalización del canon literario en México a lo largo del siglo XX y principios del XXI, tienen lugar tres momentos clave. El primero de estos momentos se concentra en la década de 1920, y desde ahí se proyecta hacia las décadas siguientes. La confrontación por el canon tiene lugar entre los estridentistas y el grupo de los contemporáneos. Durante el siglo XX, el canon literario fue hegemonizado a favor de los contemporáneos, cuestión que dio lugar al desplazamiento y la marginación de los estridentistas. Esta cuestión es abordada a detalle en el libro “Elevación y caída del estridentismo” (Escalante, 2010). En este libro, Escalante revalora la obra de los estridentistas y cuestiona los argumentos y los mecanismos que institucionalizaron al canon de los contemporáneos. 

Un segundo momento tiene lugar hacia la década de 1970, cuando los integrantes del movimiento infrarrealista se confrontaron a la hegemonía paceana. Esta es una cuestión que incluso se convierte en leyenda, cuando Roberto Bolaño incluye en la novela “Los detectives salvajes” (2011), que el cometido central de los “realvisceralistas” (los infrarrealistas) era chingar a Paz.

De la misma manera en que la confrontación por el canon entre los estridentistas y los contemporáneos, se extiende hasta el siglo XXI a partir de los debates abiertos por Escalante y otros autores, la lucha por el canon entre los integrantes y simpatizantes del infrarrealismo y el pazentrismo, se extiende desde la década de 1970 hasta la fecha.

El tercer momento de confrontación por la configuración del canon en la literatura mexicana tiene lugar en los primeros años del siglo XXI. Este tercer momento pudiera concebirse como una extensión de la confrontación entre los infrarrealistas y los pazentristas. José Vicente Anaya es una figura clave durante el segundo y el tercer momento en la lucha por el canon literario en México.

Los tres momentos referidos no retratan la complejidad que tiene lugar en la lucha por el canon literario en México, pero resultan claves para poner en claro algunas de las aristas que se muestran cuando suceden estas confrontaciones culturales y políticas.

Desde la misma escritura de su poesía, Anaya toma una postura crítica ante la marginación a la que su obra se vio sometida durante las décadas que van de 1980 hasta los primeros años del siglo XXI. 

«lo que escribo en el aire

vale más /por eso escribo aquí/...

yo me daré un premio literario

por lo que nunca escribo ¡palabras !

¡cinismo carcajeante!»  (“Híkuri”, 1987).

El poemario “Híkuri” de Anaya es uno de los textos desplazados por el canon impuesto desde la lógica pazentrista. Sobre este poemario de Anaya se ha comenzado a erigir una leyenda literaria. Siendo “Híkuri” uno de los libros de poesía publicados mayor número de veces en México, no tuvo un reconocimiento significativo sino hasta la segunda década del siglo XXI. Hay un reconocimiento tardío de la poesía de José Vicente Anaya.

En el año 2015, los integrantes del proyecto Malpaís Ediciones publicaron 10 libros de poesía que postulan un contracanon al pazentrismo. Desde el mismo nombre de la colección se pone en claro que las obras poéticas publicadas por Malpaís Ediciones son parte  de una postura antioficialista: “Archivo negro de la poesía mexicana”. Entre los 10 libros publicados está “Híkuri”. El proyecto editorial de “Archivo negro de la poesía mexicana” ha tenido una buena recepción entre los lectores, la crítica y la prensa que se ocupa de la literatura en México.

Esta actitud crítica y contestataria ante el dominio del pazentrismo, se ve reflejada en la publicación del libro “Versus: Otras miradas a la obra de Octavio Paz” (2010), compilado y prologado por el mismo José Vicente Anaya. En el prólogo de este libro se subraya:

«Los fundamentalismos intelectuales han derivado en caudillismos con sus típicos abusos en la intolerancia. Debemos ver a la poesía como un territorio utópico en el que todavía se puede soñar que son posibles los imposibles, un territorio de la imaginación en la que se propicia la tolerancia a todo lo diverso.

Por eso, y en principio, no creo que la influencia de Octavio Paz sea “decisiva”; considero que su aplastante presencia se debe principalmente a un efecto de la manipulación a través del poder y la publicidad.»

La postura de Anaya en contra de la dominación pazentrista, se enraíza en los postulados del infrarrealismo, que como movimiento literario duro apenas de 1976 a 1979, pero que como postura literaria y política se extiende hasta las primeras décadas del siglo XXI. La de Anaya es una disidencia en contra del establishment de las letras mexicanas, y es a la vez es una disidencia poética, una disidencia que toma la forma de la eternidad…

Las violencias del agua (Artículo publicado en el portal de Aserto, 30 de julio de 2020)

I.- En lugar de construir remansos que permitan una salida acordada y pacífica al problema del agua de las presas en Chihuahua, los funcionarios federales y del gobierno del estado se han encargado de construir una salida turbulenta al conflicto, que ha derivado en la violencia. Lo que se deja ver en el tratamiento del problema por parte de las autoridades gubernamentales son los errores, las verdades a medias, los acuerdos rotos, las estrategias dilatorias, los monólogos informativos y la descalificación reiterada del movimiento social de los agricultores en Chihuahua. 

Lo que se muestra son las fracturas en las formas de hacer política por parte de los funcionarios gubernamentales, que han dado lugar a que la violencia se derrame en distintos momentos y de distintas formas. Ante la violencia gubernamental en la manera de imponer las decisiones, quedó manifiesta una violencia social que no logró ser contenida. 

Desde hace meses, hay una confrontación mediática entre los funcionarios de la CONAGUA y los agricultores en torno a las cifras del agua de las presas. Desde enero hasta la fecha, las autoridades de la CONAGUA no han dejado en claro las cifras del agua extraída de las presas, ni ante los agricultores, ni ante la sociedad chihuahuense.  

La decisión del gobierno federal que dio lugar a la apertura de las compuertas de “El Granero” y “Las Vírgenes”, fue tomada y puesta en marcha sin haber informado claramente sobre las cantidades del agua extraída de las presas en el estado. La confrontación por las cifras del agua, se refleja en la siguiente declaración de Salvador Alcántar, dirigente de Aurech: 

“De las presas de Chihuahua se han extraído 130 millones de metros cúbicos de ‘El Granero’, 100 millones de la presa Venustiano Carranza (Don Martín, en Coahuila) y de la Marte R. Gómez (El Azúcar) en Tamaulipas han sido 150 millones de metros cúbicos, lo que da un total de 380 millones de metros cúbicos de extracción, de los cuales sólo se han acreditado al tratado 24 millones y fracción… ¿En dónde están esos 356 millones? Habrá que revisarles las bolsas a ver en dónde lo dejaron; nos están diciendo que tiene una cantidad de agua extraviada que es equivalente a una presa Las Vírgenes, sin tomar en cuenta el agua de los cauces, es mucha agua para que esté perdida” (“El Heraldo de Chihuahua”, 30 de junio de 2020).

Junto a la confrontación en torno a las cifras del agua, se identifica un desdén y un vacío político por parte de los funcionarios federales en el tratamiento del problema. Desde hace meses, la CONAGUA ha gestionado este problema mediante: acuerdos publicados en el Diario Oficial de la Federación, boletines de prensa y declaraciones a los medios. La CONAGUA ha hecho política a control remoto, imponiendo su postura a través de un distanciamiento y un vacío, que han resultado políticamente dolosos. 

En la atención del problema no hay un  tratamiento a ras de tierra, no hay un diálogo que se haya construido dándole la cara a los agricultores. En lugar de transparencia y de franqueza, se han tomado decisiones verticalistas y autoritarias, detrás de los escritorios de la CONAGUA y detrás del pódium de las conferencias mañaneras del presidente López Obrador. 


II.- Sobre los usos y el destino del agua que se extrae de las presas del estado, hay verdades a medias, hay razones y argumentos que se usaron con dobleces, por parte de la CONAGUA y de los operadores del gobierno federal en Chihuahua. Junto a la distancia y el desdén con que ha sido tratado el asunto por parte de los funcionarios federales, se hacen manifiestos datos y argumentos que resultan poco claros. ¿La extracción del agua de las presas en Chihuahua, ha tenido como objetivo, pagar el tratado internacional de 1944 o llevar agua a las presas de otros estados? 

Las declaraciones publicaciones y los posicionamientos de Blanca Jiménez, directora de la CONAGUA, y de Juan Carlos Loera, delegado del gobierno federal en Chihuahua, se manejaron con dobleces y generaron una incertidumbre, que terminó minando la confianza y la calidad moral y política de las autoridades gubernamentales. 

En el manejo de los datos y los argumentos que se usaron por parte de las autoridades federales, son evidentes un conjunto de equivocaciones que se terminaron enredando a lo largo de los meses. La bola de nieve que generó incertidumbre y desconfianza fue creada e impulsada hacia abajo por los mismos funcionarios federales, que han mostrado dos incapacidades para resolver el problema: la incapacidad mediática para posicionar la postura del gobierno federal con una mediana claridad y, la incapacidad política para construir soluciones de manera consensada, junto con los agricultores del estado.  

A lo largo del problema, la incapacidad mediática terminó alimentando y retroalimentado negativamente a la incapacidad política, y viceversa. La incapacidad mediática y la incapacidad política por parte de los funcionarios gubernamentales, le dieron forma a la corriente turbulenta que arrastró el problema del agua hasta la violencia que ya se ha hecho manifiesta. 


III .- Hay una postura equivocada de López Obrador, que ha subestimado el conflicto, y que incluso, ha descalificado a los agricultores en diversos momentos.  La desinformación y el mal manejo del asunto por parte del presidente fue señalada en un artículo de Luis Javier Valero: 

“Desestimar la información proporcionada, la que es adversa a sus deseos, a sus metas o a su visión, sobre cualquier tema, es, casi, un reflejo condicionado. De todas, todas, las desestima, incluida la aportada por sus subalternos, entre ellos, particularmente, la elaborada por el Inegi, ahora dirigido por uno de sus más cercanos colaboradores. Tal desinformación -y eso es lo que queremos creer- es la que ha exhibido en las ocasiones en las que ha abordado el tema del agua de las presas de Chihuahua y el Tratado Internacional de Aguas de 1944. Ahora lo ha hecho, luego de que subordinados suyos crearon una situación extraordinariamente explosiva, aprovechada a las mil maravillas por sus opositores en Chihuahua” (El Diario de Juárez, 11 de junio de 2020).

En el manejo informativo y político del problema, se dejan ver un conjunto de sesgos que han generado una postura mal informada o desinformada, por parte del presidente. La postura del presidente en la conferencia mañanera del día de hoy, llega incluso al grado del insulto hacia los agricultores chihuahuenses:

"No va a faltar el agua a los agricultores, a los ciudadanos, a los consumidores, y estoy llamando a que no se dejen manipular por los que quieren aprovechar esta situación. Además, estamos también revisando cómo se da el manejo del agua en estos distritos, porque también tenemos información de que hay huachicol en el manejo del agua y son esos intereses también los que se oponen."

López Obrador trata con desdén a los agricultores chihuahuenses, refiere que han sido “manipulados”, que no tienen capacidad política para pensar y tomar decisiones por sí mismos ante el problema del agua. En el posicionamiento público de los agricultores el día de ayer al filo del mediodía, donde se hace manifiesto un deslinde político-partidista, hay evidencias suficientes sobre la capacidad política y la autonomía para tomar decisiones. Subestimar a los agricultores, tratarlos con desdén, deja ver una soberbia presidencial que traerá consecuencias negativas para Morena en la cuenca del río Conchos. 


IV.- Hay acuerdos rotos desde hace meses, por parte del gobierno federal y por parte del gobierno estatal, que se evidenciaron el día de ayer. En la ciudad de Delicias, los agricultores se quedaron esperando al secretario de gobierno del estado, Luis Fernando Mesta, con quien habían acordado una reunión a las 12:00 del día:

“Los ánimos se desbordaron al mediodía de este miércoles después de que Luis Fernando Mesta Soulé, director general de Gobierno, dejara plantados a los productores agrícolas que esperaban una solución al desfogue de la presa Francisco I. Madero, por lo que decidieron iniciar con las movilizaciones de protesta… Sin embargo, los minutos pasaron, dieron las 13:00 horas y el director general de Gobierno no llegó, por lo que Salvador Alcantar Ortega, presidente de la Asociación de Usuarios de Riego del Estado de Chihuahua, y Mónica Chávez, usuaria del módulo 5, intentaron leer un comunicado a los cientos de personas reunidas en el estacionamiento de la Comisión Nacional del Agua para explicar lo sucedido, pero no les permitieron continuar.”  (El Heraldo de Chihuahua, 30 de julio de 2020). 

La política se construye en base a certidumbres y confianzas que se cultivan sistemáticamente, cuando tienen lugar incertidumbres y desconfianzas, cualquier posibilidad de hacer política, de construir acuerdos, se desbarranca.


V.- Hay un conjunto de violencias gubernamentales y una violencia social que se manifestaron ayer, que en su manera de enredarse, crecer y llegar a un callejón sin salida, dejan ver lo fallido en las formas de hacer política. Es demasiado notorio el fracaso de la acción gubernamental. 

En este momento, surge una compleja pregunta, que tendría que ser abordada y respondida a profundidad: ¿En dónde es necesario colocar la crítica: 

A) en los hechos de la violencia por parte de los agricultores, que han quemado vehículos oficiales y oficinas públicas; 

B) en las violencias gubernamentales que han sido reiteradas a lo largo del conflicto, por parte de funcionarios federales y estatales, en las maneras de tomar y aplicar las decisiones; 

C) en la cadena de errores gubernamentales de carácter político e informativo,  que se han cometido reiteradamente al tratar el asunto;  

D) en los virajes ideológicos y políticos que se identifican en la izquierda morenista,  que al convertirse en gobierno cambia sus maneras de concebir y acompañar, o no acompañar, a la lucha social;

E) en el manoseo y la utilización política del problema por parte de militantes del PAN y de Morena;

F) en la necesidad de entender el problema en toda su complejidad y su profundidad, proyectando en el corto, el mediano y el largo plazo, soluciones de fondo, que consideren las diferentes variables del orden social, político, económico e histórico, en torno al problema del agua en las tierras desérticas del norte de México?

Hasta el momento, el problema del agua de las presas en Chihuahua ha sido atendido con miras cortas, demasiado cortas. Lo que se requiere es una solución de miras largas, cuya largueza se haga manifiesta en la colectividad social en su conjunto, y en un tiempo histórico de larga duración. El problema del agua será el talón de Aquiles de cualquier fuerza política que asuma el poder en el siglo XXI. El pie izquierdo de Morena en Chihuahua ha quedado fracturado, debilitado por un talón de Aquiles que paradójicamente reside en el mayor bastión de esta fuerza política: el pueblo, formado por los agricultores de Chihuahua. Hacia el proceso electoral del 2021 se va haciendo manifiesta la cojera política de la izquierda electoral en Chihuahua, que a su vez, comienza pisar sobre un terreno accidentado y quebradizo…

La izquierda, la derecha y la ética de la lucha social (Artículo publicado en el portal de Aserto, 22 de julio de 2020)

Desde hace tiempo sostengo la tesis sobre la “impura esencia de la izquierda”. Esta tesis que se circunscribe fundamentalmente a la izquierda partidista, deriva en dos premisas: 

A) Desde 1980 hasta la fecha, lo que ha tenido lugar son un conjunto de mecanismos de terrenalización de la izquierda que optó por la ruta electoral. La izquierda se ha vuelto terrenal, se ha electoralizado, y de esta forma ha extraviado su aura de fascinación ideológica y política. La historia reciente de la izquierda partidista está atravesada de manera sustantiva por un conjunto de variables electorales que han dado lugar a una problematización expansiva e intensiva. Esta izquierda se volvió mundana en sus formas de saltar de un proceso electoral a otro, en sus maneras de condicionarse y administrarse electoralmente. 

B) A su vez, desde 1980 han tenido lugar conjunto de transformaciones conceptuales (respecto a las ideas) y fácticas (respecto a los hechos) de la izquierda partidista. Tanto las trasformaciones conceptuales como las transformaciones fácticas de esta izquierda, le han abierto las puertas a un pragmatismo que resulta sumamente complicado para la vitalidad de esta fuerza política. Tal parece, que la vitalidad de la izquierda partidista depende trágicamente de la variable del pragmatismo. Con el aumento del pragmatismo, ha aumentado la vitalidad de la izquierda partidista en México. En caso de que disminuyera el pragmatismo, se estaría generando una disminución de la vitalidad de esta fuerza política. 

Tanto los puntos A como B, se relacionan con una serie de virajes ideológicos, políticos y éticos de la izquierda partidista en México.  Este es un territorio que resulta sumamente extraño para la izquierda. En otros artículos me he referido al concepto de “extrañeza”, respecto a la manera en que la izquierda se terrenaliza (A) y respecto a la manera en que la izquierda se transforma conceptual y fácticamente (B). A su vez, lo tocante a los puntos A y B tienen que ver con un conjunto de convergencias entre la izquierda y la derecha que van más allá de lo ideológico, y que se instalan en los hechos, en la realidad política misma. 

¿Cuáles son los territorios en los cuales la izquierda y la derecha convergen más allá de lo ideológico, en los hechos mismos de la política? ¿Cuál es la historia reciente de las convergencias fácticas entre la izquierda y la derecha? Planteo cuatro posibles respuestas:

- Las luchas por la democratización, que en 1986 dieron lugar a la formación del PANSUM, una alianza entre el PAN y el PSUM para defender el voto posterior a las elecciones fraudulentas. Aunque las luchas por la democratización han dado lugar a convergencias y diferencias entre la izquierda y la derecha. 

- Las luchas contra la corrupción. La bandera de la lucha contra corrupción le ha servido lo mismo a la izquierda que a la derecha. Javier Corral usó está bandera para posicionar su candidatura en 2016, y la sigue usando hasta la fecha. López Obrador y Morena también han usado esta bandera para posicionarse políticamente, tal como sucede actualmente con el caso Emilio Lozoya.

- Los mecanismos electorales de las alianzas. Un ejemplo de ello es la alianza del corralismo con una parte de la izquierda chihuahuense. Otro ejemplo, es la alianza de Morena con el PES, y con un conjunto de panistas y priistas. Estas alianzas han dado lugar a desdibujamientos ideológicos y políticos, tanto de la izquierda como de la derecha. 

- Las maneras de ocupar y/o desocupar los espacios de la lucha social. En las últimas décadas hay una historia de ocupación y desocupación de los espacios de la lucha social, que está atravesada por un conjunto de variables que resultan complejas. En las maneras de ocupar y/o desocupar los espacios de la lucha social, por parte de la izquierda partidista y por parte de la derecha, resaltan dos tendencias que son contrastantes:

C) Por un lado, está la participación genuina en la lucha social apuntalada en una ética política que resulta solvente. Hay formas genuinas de impulsar y participar en el movimiento social, que tienen como fundamento una ética participativa, solidaria y consecuente con las luchas populares. 

D) Por otro lado, está la participación pragmática en la lucha social. Hay quienes han usado al movimiento social como plataforma para posicionar un nombre, un grupo político o un partido. Esta manera de usar a la lucha social tiene que ver con intereses que buscan la obtención de beneficios presupuestales, y con intereses que tienen como objetivo un posicionamiento electoral o el acceso a cargos públicos. 

Tanto la izquierda como la derecha han usado pragmáticamente a la lucha social, se han montado sobre la lucha social, con fines que resultan cuestionables. Desde luego que la lucha social posee componentes impuros, terrenales. Pero esto no da lugar a que pierda su condición genuina como forma de hacer política desde abajo, que se sujeta a una ética de medios y fines. La lucha social es uno de los últimos reductos ideológicos y políticos de la izquierda, que se conecta a profundidad con la sustancia histórica de los debates marxistas. 

A partir de los puntos C y D, surgen un conjunto de interrogantes, que tendrían que responderse empíricamente, con evidencias basadas en hechos concretos:

¿Por qué razones en la historia reciente, la izquierda partidista y la derecha han ocupado o desocupado los espacios de la lucha social? ¿De qué maneras la izquierda partidista y la derecha ha ocupado o desocupado estos espacios? ¿Con qué intenciones, la izquierda partidista y la derecha han ocupado o desocupado estos espacios?  

¿Las formas en que la izquierda partidista ha ocupado o desocupado los espacios de la lucha social, han sido más genuinas o más pragmáticas? ¿Las formas en que la derecha ha ocupado o desocupado los espacios de la lucha social, han sido más genuinas o más pragmáticas? ¿Hay diferencias y/o coincidencias en las formas en que la izquierda partidista y la derecha, han ocupado o desocupado los espacios de la lucha social? 

Más allá de las formas en que se han ocupado o desocupado los espacios de la lucha social por parte de la izquierda y la derecha, a veces de manera más genuina (C), a veces de una forma visiblemente pragmática (D), hay una ética de la lucha social que amerita ser resguardada. Me refiero a lo sustantivo de la lucha social en sí misma, a un conjunto de premisas de la lucha social cuyo fundamento es una ética política de la que escasamente se habla y se debate. Hay una ética de la lucha social, cuya base reside en el concepto sustantivo de la “justicia social” y en el concepto de “pueblo”.  

Esto último, nos lleva a un debate sobre la ética política en la izquierda, que en México tiene como referente de primera línea al libro “20 tesis de política” de Enrique Dussel (2006).  En este libro, cuyo autor es uno de los principales intelectuales de Morena, se abordan con amplitud los conceptos de “potentia” y de “potestas”,  a partir de los cuales se construyen formas de gobierno que empoderan al pueblo y a los movimientos sociales. En la tesis 16 del libro de Dussel se afirma: 

«Los movimientos sociales, los partidos progresistas críticos, liberadores, deben saber aprender a actuar con inferioridad de fuerzas (físicas, mecánicas, coercitivas), pero contando con el poder que viene “de abajo”, del pueblo… Es esencial que la praxis de liberación parta del pueblo, se mantenga en su elemento, movilice desde dentro y desde abajo al actor colectivo histórico del pueblo” (P. 121). 

En la tesis 20 de este mismo libro se afirma: 

“Cuando un representante honesto de la comunidad política, del pueblo, es delegado para el ejercicio del poder institucional (un puesto gubernamental)… es siempre necesario considerar si las instituciones sirven en verdad para satisfacer las reivindicaciones de la comunidad, del pueblo, de los movimientos sociales. Si no sirven hay que transformarlas” (P. 151).  

Las críticas que pretenden descalificar de manera generalizada e insidiosa al movimiento social de los agricultores que han defendido el agua de las presas en Chihuahua, son un síntoma doliente de la amnesia histórica y de la ausencia de ética política en la izquierda de Morena.