domingo, 5 de enero de 2014

Las universidades y los cuestionamientos del pensamiento utópico



(Publico completo un artículo de la sección de UPNECH en El Diario de Chihuahua, del 5 y el 12 de enero)


I
Uno de los territorios teóricos y de acción humana en el que las utopías se manifiestan persistentes es la educación. La concreción del acto educativo está atravesada por llamamientos utópicos, en cualquiera de los sentidos teleológicos que puedan asignársele. ¿Es posible pensar a la educación sin asomarse a la utopía?  En este momento histórico la pregunta es riesgosa. El espíritu educativo que hemos heredado de la modernidad está investido por el pensamiento utópico. Desde el siglo XVIII hasta la fecha,  la educación y la utopía se retroalimentan mutuamente de tal manera que llegan a pensarse como constituyente una de la otra. Pero, esta condición ha entrado en crisis. Los cuestionamientos que se lanzan sobre el pensamiento utópico coinciden con las dudas sobre la educación como palanca de desarrollo social y humano.
En occidente,  la educación representa a la luz y al progreso civilizacional,  es la antítesis de la caverna platónica, el camino para llegar a la iluminación y al progreso indetenibles. En esta manera de pensar a la educación, las universidades son una piedra de toque que redondea la fe educativa. Los distintos discursos que reflexionan a los problemas y la crisis de las instituciones de educación superior y que comienzan a barajar alternativas de solución, traen consigo la esperanza de reavivar la fe en la educación y en las instituciones universitarias. Ante la nostalgia y la condolencia,  por lo que pudo ser, pero que no ha sido, se ponen en marcha discursos y dispositivos que pretenden darle forma a un optimismo fuerte sobre los futuros de la educación superior. 
Desde las instituciones universitarias, los argumentos para sustentar el correlato persistente entre educación y utopía parten de dos variables dependientes,   que le dan forma a una tesis que parece incuestionable: El desarrollo de la  educación superior impacta positivamente al desarrollo de las sociedades de distintas maneras y en distintos ámbitos. Esta afirmación  que se ha racionalizado desde la academia universitaria y desde las políticas públicas, que muy pocos nos atrevemos a cuestionar, es un credo al que se protege a toda costa. La creencia está blindada al grado de considerar como herejía a las posibles críticas que puedan hacérsele. ¿Qué puede quedarnos a los seres humanos,  después de los cuestionamientos y las críticas a las limitaciones y las imposibilidades de la educación en su conjunto? ¿Qué es lo que se desnuda,  al mostrar que las utopías educativas son un imaginario que en su desmesura ideológica, sigue lacerándonos desde lo que no podremos ser, desde lo que quizá jamás llegaremos a ser?
La persistencia del credo depositado en la educación universitaria, amerita ser analizada considerando a sus componentes ideológicos. La fundamentación de esta fe, es racional e irracional.
La racionalidad de la fe en la educación  universitaria se fundamenta en la interrelación de las dos variables de la tesis analizada en los párrafos anteriores, que se asume científica y políticamente como una verdad incuestionable. Mediante investigaciones sociológicas, históricas, económicas, etc., se trazan argumentos que permiten demostrar con números o con información de otra naturaleza, que los aportes de la educación universitaria impactan positivamente al desarrollo social y cultural de la humanidad.
La irracionalidad de esta fe,  puede rastrearse en los lemas de las universidades y en otros componentes discursivos. El lema vasconcelista de la UNAM es: “Por mi raza hablará el espíritu”. En Chihuahua, el lema de la UACH, refiere: “Luchar para lograr, lograr para dar”. La utopía se desborda desde estos enunciados que sintetizan en unas pocas palabras el espíritu de las instituciones de educación superior.
En el primer caso, el enunciado alude de manera directa a la “raza cósmica” de Vasconcelos. El mestizaje latinoamericano llegaría a un desarrollo tal, que dominaría al continente y al mundo. La utopía de Vasconcelos no ha tenido lugar, sin embargo persiste en el espíritu discursivo del lema de la UNAM. Varias décadas después, el humor ácido de Yépez (“La increíble hazaña de ser mexicano”, 2011, P. 104 – 119),  se refiere a la “raza cósmica” como la “raza cómica”.
En el segundo caso, la utopía se asume en los verbos planteados en infinitivo. Este modo verbal trae consigo una manera de plantear acciones que eterniza al presente. Las acciones significadas en estos verbos, no concluyen jamás.  La forma verbal “infinitiva” alude a lo “infinito”. En el lema de la UACH,  los verbos en infinitivo se asumen de tal forma que los significados se conjugan en una tríada verbal de resonancias poéticas. El “luchar” universitario tiene como fin un “lograr” directo,  que su vez deriva en automático la donación de un “dar”. Pero ya en los hechos concretos de la vida universitaria de la UACH: ¿qué es esta “lucha”?, ¿cómo y por qué se “lucha”?, ¿en qué consisten concretamente los “logros” obtenidos?, ¿a quiénes benefician estos “logros” y de qué formas?, ¿cuál es el “dar” concreto que puede tener sentidos no para unos cuantos, sino para la sociedad en su conjunto?, ¿cómo este “dar” toma forma entre los pocos que logran acceder a la educación universitaria y, entre los grupos de poder académico, político y económico que se han formado desde la educación universitaria?

II
La educación superior en el mundo se encuentra en una etapa de crisis que lleva a cuestionar de fondo sus fundamentos. Una de las facetas de la crisis toma forma a partir del agotamiento de la ideología progresista,  que lleva a pensar a la educación como un espacio de generación de capital social. Los sistemas educativos, desde los niveles básicos hasta los superiores, han sido pensados como espacios en los que podría resolverse la lucha de clases y el desarrollo individual, familiar y de la sociedad en su conjunto. Desde este punto de vista, el papel del estado y de las familias se centraría en garantizar el acceso a la educación y el término de una carrera universitaria. ¿Pero, qué queda garantizado hoy,  con el acceso a la educación universitaria y el término de una carrera?
La maquinaria ideológica que ha permitido darle forma al progresismo de la educación universitaria está funcionando de manera forzada de algunos años a la fecha. La premisa nominal de la educación superior, que funda su nombre en el concepto occidental de “lo universal” da muestras de su agotamiento. ¿En qué momento de su historia la “universidad” ha sido verdaderamente “universal”, en el sentido de generar beneficios para todo el conjunto de la sociedad, convirtiéndose  en garante, junto con otras instituciones del estado,  de la justicia social, económica y política?
Retomado las críticas de Zaid sobre la educación universitaria, Bartra (“El oficio de ser mexicano”, 2013, P. 58 y 59) analiza las relaciones que se han establecido entre las universidades y la sociedad a partir del componente sociopolítico del poder. Las universidades no solo se parecen al estado en su condición paternalista que procura protecciones y prebendas para algunos grupos y segmentos de la sociedad. Debido a su crecimiento acelerado y a la masificación, las universidades tienen semejanzas con la sociedad civil. En las instituciones universitarias hay múltiples condiciones no académicas que restan seriedad a la enseñanza, “la academia se encuentra sumergida en una masa universitaria a la que se han agregado militantes de partidos políticos, intelectuales sin café pero con cubículo, burócratas desplazados, pordioseros, trepadores, vendedores de artesanías…  empleados de confianza, ex guerrilleros, alquiladores de inteligencia barata, jilgueros priistas, fósiles, grillos, profetas, resolvedores de los grandes problemas nacionales, poetas frustrados, dirigentes campesinos y sindicales.”
Desde la perspectiva de Bartra, las instituciones de educación superior que han aumentado la plantilla  de profesores y que han abierto los cauces de captación de alumnos y de emisión de títulos, han dado lugar a una decadencia. La reflexión de Bartra se publicó de origen hace veinte años (en 1993) y hacía referencia a las universidades que en este entonces tuvieron un crecimiento y desarrollo significativos a partir de los primeros impactos de la explosión demográfica.
Tal vez el auge y crecimiento recientes de la educación superior en Chihuahua, no pueda ser reflexionado por las mismas premisas planteadas por Bartra. Pero sin duda el referente del crecimiento acelerado y la masificación de la enseñanza universitaria en el estado, traerán consigo una serie de implicaciones problemáticas que apenas comienzan a hacerse visibles. ¿De qué formas se está seleccionando y formando a los académicos que están ingresando a la planta de profesores de las universidades? ¿Cuáles son las condiciones laborales que se ofrecen a los académicos para desarrollar no solo la docencia, sino la investigación y la difusión de la ciencia y la cultura? ¿Cuáles son las formas y los grados de contaminación política,  que a partir del poder, impactan negativamente a la educación universitaria? ¿Cómo se está resguardando la calidad universitaria respecto al crecimiento acelerado y la masificación, de la planta de profesores y del alumnado? ¿De qué formas se está preparando al campo laboral para captar en los años futuros a los miles de egresados de la educación superior en Chihuahua?
Desde un punto de vista que defienda la democratización de la educación universitaria, garantizando la emisión de títulos universitarios al mayor número posible de jóvenes, las críticas de Bartra y las preguntas lanzadas son contradictorias. El papel de la universidad en México ha caminado paradójicamente entre el elitisimo y la democratización. Por un lado, las universidades han funcionado como el espacio de formación y empoderamiento de algunos segmentos de la sociedad. Por otro lado, los discursos de la política educativa la postulan como un espacio de democrático que puede garantizar a cualquiera el acceso a mejores niveles de vida. ¿Cuáles son los significados profundos de esta contradicción?
El desarrollo de las universidades, el aumento del número de profesores y de la matrícula de alumnos en Chihuahua, parecen traer consigo una serie de condiciones a las que es necesario analizar con mucho detenimiento. En los años recientes, el pensamiento utópico sujeto de la educación universitaria, que en Chihuahua se ha hecho notar apoyando enfáticamente a este tipo de instituciones, posee territorios claroscuros, racionales e irracionales. Es una moneda que ya ha sido lanzada al aire. En algún momento la moneda ha de tocar el suelo, la hemos de tener a nuestros pies y hemos de recoger lo que esta jugada de política educativa nos depare. ¿Qué cálculos, qué cifras o datos esperamos recibir de esta jugada? ¿Qué derivaciones sociales, políticas y económicas se han calculado en un futuro próximo y lejano? ¿Qué realidades concretas habrán de acontecer después de esta jugada?