En los dos últimos siglos nuestra
concepción del tiempo se ha modificado enormemente. El desarrollo tecnológico y
la vida en las grandes ciudades han dado lugar a maneras de pensar y de vivir
el tiempo que se han fijado en la idea de la velocidad creciente (Virilio, en: https://www.youtube.com/watch?v=OAPn7pBP0L8).
En 1908 un automóvil Ford T podía
alcanzar una velocidad de 70 kilómetros por hora. En el año 2014 el automóvil
más rápido del mundo llegó a la velocidad de 435 kilómetros por hora. En 1903
el avión de los hermanos Wright alcanzó a una velocidad cercana a los 50
kilómetros por hora. Hacia 1960 el avión de reacción supera la velocidad de los
3 mil kilómetros por hora.
La invención y el desarrollo tecnológico
y cultural del cine, es otro de los aspectos
que han dado lugar a formas de vivir y de pensar fijadas en la aceleración. Uno
de los principales rasgos del cine producido en Hollywood, es la velocidad. En este tipo de películas la
acción de los personajes da lugar a una trama trepidante. El ritmo
cinematográfico de los filmes de Hollywood raya en el éxtasis de la acción. El
título de la película “Rápido y furioso”, de la que se esperan las
versiones 8, 9 y 10, es una metáfora de la velocidad en el cine norteamericano.
Por otro lado, diversos autores han
analizado como el desarrollo de los géneros musicales en el siglo XX, tiene que
ver con una estética de la velocidad. Con la creación del jazz en los Estados
Unidos, se muestran ya los rasgos de la
velocidad en la ejecución y la percepción musical. El rap y el hip-hop son por
excelencia una música fijada en la estética de la velocidad.
La circulación de la información
también ha cambiado acentuadamente en las últimas décadas. A inicios del siglo
XX, la prensa de la ciudad de México tardaba semanas o meses en llegar a las
ciudades de la provincia. A partir del internet y los periódicos digitales, las
noticias circulan casi en tiempo real, a una velocidad inusitada. El absurdo posmoderno nos lleva a imaginar
que tal vez la publicación de una noticia en la red pueda tener lugar antes de
que los hechos sucedan.
También en el campo de la computación
la idea de la velocidad se ha asentado con creces. En 1965, se da a conocer la
Ley Moore, que sostiene que la potencia de las computadoras se duplicará cada
dos años aproximadamente. Esta ley tiene que ver directamente con la velocidad
de funcionamiento de una computadora. En el año 2012, los científicos de IBM
batieron el record mundial de la velocidad de un computador. El Blue Gene/Q
Sequoia, es un superordenador que en su pico máximo puede realizar 20.1 billones
de operaciones por segundo (kaku, “El futuro de nuestra mente”, 2014, P. 332). La
velocidad en el funcionamiento de las computadoras, también tiene que ver con
lo que en idioma inglés se ha referido como “multitasking”, término que en
español se traduce como “multitarea”. Las computadoras tienen la capacidad de
ejecutar múltiples tareas a la vez. Esta cualidad ha impactado en la vida
diaria de las personas. Apoyada en el uso de la tecnología, o sin ella, el
comportamiento de la gente tiende a la realización de varias acciones a la vez.
Es común observar en las calles de las ciudades personas que conducen un auto y
hablan por teléfono al mismo tiempo, aun sabiendo que este hecho da lugar a la posibilidad de un accidente. Las inercias tecnológicas y culturales nos arrastran
hacia la vorágine de la velocidad y el “mutitasking”.
Nuestras formas de pensar y vivir el
tiempo han sido tecnificadas rotundamente en las últimas décadas. La aceleración y el “multitasking” que se
derivan del desarrollo tecnológico en los siglos XIX y XX, han dado lugar a una nueva forma de colonización en las formas de pensar y vivir el tiempo.