domingo, 6 de julio de 2014

Coloquio sobre la reforma educativa y el papel del directivo



(Artículo publicado en "El Diario de Chihuahua", en la sección de UPNECh, el 6 de julio de 2014).

En días pasados se llevó a cabo en la ciudad de Chihuahua el coloquio “Los Retos del Directivo en Preescolar”, organizado por el Departamento de Preescolar de los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua y por la Secretaría de Educación Cultura y Deporte. Los discursos ahí emitidos caminaron por dos vías. Es notoria la diferencia de concepciones en torno a la reciente reforma educativa,  que existe entre los funcionarios de la SEP y los miembros del INEE.  
El discurso de Abel Encinas Muñoz, asesor de la Subsecretaría de Educación Básica de la SEP, puso como centro al concepto de la “normalidad mínima requerida”. Hay una tesis persistente en la política de la SEP: el buen desempeño de los maestros, en los términos del cumplimiento de la normatividad y de los requerimientos laborales, es un imperativo por cumplir, y de ello depende como piedra de toque, todo –o casi todo- el futuro de la educación en México. Durante su conferencia, “La función del directivo en el marco de la reforma educativa”, el mismo Encinas admitió que su discurso había tenido como eje al concepto de “normalidad mínima requerida”. Esta tesis de la SEP considera de manera determinante,  que en los maestros recae el mayor peso de la responsabilidad en la solución de los problemas educativos.
Las conferencias de Sylvia Schmelkes y Margarita Zorrilla, integrantes de la Junta Directiva del INEE, resultan contrastantes ante el discurso de Encinas. Las dos académicas e investigadoras, mantuvieron una línea crítica, planteando que la evaluación educativa es multifactorial y que no es ético señalar a los maestros por los malos resultados educativos, como si en ellos recayera la plena responsabilidad de la educación en México. ¿Qué tanta responsabilidad le corresponde a los maestros en el desarrollo educativo? Es una pregunta que no ha podido ser respondida con suficiencia.
En la conferencia “Evaluación del desempeño docente”, Schmelkes admitió que “el buen desempeño docente explica una parte de la de la calidad y la equidad educativa”. La otra parte que permitiría impulsar a la calidad y la equidad educativa, estaría más allá de las posibilidades de acción de los maestros, en las formas de implementar la política educativa, en las inercias culturales del sistema educativo que ha comenzado a ser apartado del control del SNTE, en la infraestructura de los centros educativos, en las condiciones de pobreza económica y cultural en la que viven más de la mitad de los mexicanos.
Tanto  Schmelkes como  Zorrilla,  coinciden en que la evaluación a los maestros no será inquisitiva, sino formativa. Schmelkes fue cuidadosa al referir que los maestros no serán corridos de sus empleos al reprobar la evaluación, sino que serán “reubicados” en otros puestos.  Zorrilla, admitió que la evaluación pretende mejorar el desempeño de docentes y directivos en pos de la mejora educativa, pero a la vez criticó a las tendencias de la evaluación en México, que en los últimos años se han fundado en un mecanismo de recompensas y castigos (el programa de Carrera Magisterial y la prueba Enlace).  En México, no existe una cultura de la evaluación formativa más que en teoría. Las formas de evaluar se han basado en los reconocimientos credencialistas o monetarios que premian a los mejores. Una parte de la legislación del nuevo artículo 3º y de la Ley del Servicio Profesional Docente, trae consigo la amenaza del despido en forma de “reubicación”, para quienes en las evaluaciones salgan mal librados. Por más que se admita que se pretende una evaluación formativa para los maestros, el acicate del despido que toma forma en la vaga figura de un “reacomodo” laboral, resulta intimidante.
En la conferencia “El rol del directivo en el marco de la reforma educativa”, Zorrilla refirió que a partir de la legislación ya establecida, los directivos, los asesores técnico pedagógicos, los supervisores y los jefes de sector, habrán de constituirse en “agentes” y “promotores” de la transformación.  En la concepción de Zorrilla, estos actores son a la vez “usuarios” y “beneficiarios” del cambio educativo, que en su primera fase caminó por la reforma al artículo 3º y la generación de las llamadas “leyes secundarias”, y que en una segunda fase, transita ya el terreno operativo, con la creación del INEE y del andamiaje para poner en marcha la evaluación de los maestros de educación básica y media superior. La misma Zorrilla, dijo que el proceso de transición para que la reforma educativa pueda funcionar con efectividad, llevará al menos 10 años. Es el tiempo que tal vez se requiera para desmantelar a la cultura educativa heredada por el SNTE y por el mismo sistema educativo, al que Reyes Heroles se refirió como un “paquidermo enfermo”.
El año clave no será el 2015, sino los próximos diez años por venir. Son los años de la posible consolidación del INNE. Son los años en los cuales los gobiernos estatales le pelearán a las secciones del SNTE, los espacios de poder que aún mantienen en las oficinas de educación y en los mandos medios. Habría que entender al coloquio organizado para las directoras, supervisoras y jefas de sector de educación preescolar en el subsistema federalizado de Chihuahua, como una jugada del gobierno del estado para posicionar a la reforma educativa y continuar menguando los espacios de control ideológico y operativo que aún mantiene la sección 8 del SNTE en Chihuahua.