miércoles, 19 de junio de 2013

Zaid y la crítica a la sacrosanta universidad



Ya en el texto De los libros al poder -que se publica de origen en 1988 en la editorial Grijalbo en México-, Gabriel Zaid critica señeramente a las instituciones universitarias. Su argumento se centra en la relación simbiótica que se establece entre la clase política y la clase universitaria, que se fundirían en un solo grupo de intereses coligado por el poder. Miguel Alemán Valdés sería el primer “cachorro de la revolución” (bautizado de esa manera por Vicente Lombardo Toledano), el primer universitario que ascendería hasta la presidencia de la república. Desde Alemán Valdés a los tecnócratas con doctorados y posdoctorados en Harvard y otras universidades extranjeras, se mantiene la hegemonía de los universitarios que se encumbran en el poder político en México.
Son escasos los textos en la línea crítica desarrollada por Zaid. Lo que suele decirse de la universidad son mas bien reconocimientos y elogios que la enmarcan como piedra de toque de la historia nacional. La sacrosanta institucionalidad universitaria ha sido mas venerada que apedreada, más colocada en nichos de santificación que llevada a los juicios de la crítica razonada y hasta irónica. Zaid combina con inteligencia ambos componentes en su ensayística crítica sobre la universidad, sus argumentaciones son razonadas y fundamentadas a la vez de recurrir a la ironía.  
Recientemente me encontré en una librería de viejo de la ciudad de Chihuahua un texto de Sergio Espinosa Proa (El deshielo y la nube. Incursiones sobre la Universidad y la crisis de la modernidad, 1991, Alebrije, Dosfilos editores y Universidad Autónoma de Zacatecas, México) en el que se ensaya sobre la universidad en una línea crítica próxima a la de Zaid. Es necesario dejar en claro que el abordaje crítico de Sergio Espinosa Proa es de menos calibre que el de Gabriel Zaid. Espinosa Proa escribe desde los adentros de la academia universitaria, que suele apoderarse de cualquier huella de saber para convertirla en alimento y armadura de sus designios e intereses. El libro de Espinosa Proa es financiado por la UAZ.
En un plano también crítico de la universidad, el ácido Heriberto Yépez cuestiona la ritualidad de la escritura de las tesis que queda envuelta por la burocracia universitaria (La UNAM, las tesis y Dios (suplemento Laberinto del periódico Milenio, 3 de marzo de 2012). Yépez propone “descrucificar a las tesis de la divina burocracia universitaria.” El escritor tijuanense escribe su artículo moviéndose entre su trabajo como maestro de la Universidad Autónoma de Baja California y su labor como ensayista y crítico que ha optado por un camino libre. En Yépez respira la libertad de pensamiento y de escritura que lucha por no dejarse capturar por las mazmorras universitarias. ¿Cómo es que los intelectuales y artistas han jugado sus cartas ante la institucionalidad universitaria en México? Es un asunto interesante por investigar.
Recientemente Gabriel Zaid publica un libro que da continuidad a su postura crítica sobre la universidad en México (Dinero para la cultura, 2013, editorial Debate, México). Entre varias cuestiones Zaid analiza como el marxismo y el psicoanálisis nacieron en lo que refiere como la “cultura libre”, al margen de la institucionalización universitaria. Pero ya habiendo ganado reconocimiento y fama, la universidad capturaría estas corrientes de pensamiento en el siglo XX (P. 98 y 99). Las universidades han aprendido a navegar con sus conveniencias e in-conveniencias, a fin de cuentas sus jugadas se inscriben en un ajedrez más político que académico, más de intereses de poder que educativos. Los textos de Espinosa Proa y de Yépez, que salen de plumas universitarias,  son acicates que le permiten a la estirpe universitaria estar alerta ante cualquier embestida que venga desde sus mismas filas -o desde fuera de ellas-.
La escritura de Zaid ha resultado demasiado incómoda para la institucionalidad universitaria. En torno a la crítica de Zaid hay un extraño silencio de la academia universitaria. No es un silencio reflexivo que vaya de la crítica externa ejercida por Zaid a la autocrítica de las clases universitarias. Parece ser más bien un silencio en forma de desaprobación y de sordera. Un silencio de no darse por enterados de la crítica zaidiana y de no hacer entonces nada al respecto. Pudiera afirmarse que esta actitud de los universitarios (de derecha y de izquierda) resulta preocupante. ¿Pero, que caso tiene hacer esta afirmación?  Este comportamiento de sordera y de quietud conscientes ante la crítica de Zaid, es una evidencia más de que las formas de desenvolvimiento de las instituciones de educación superior, van siendo cada vez más afines a las maniobras de los políticos. De la misma forma en que un político que se siente aludido en una crítica, responde con evasivas y silencios, los universitarios han respondido a los cuestionamientos de Zaid con vueltas de tuerca y con acallamientos. No es lo mismo un político universitario que un universitario político, aunque tal vez si lo sean…