Ya en el texto De los libros al poder -que se publica de
origen en 1988 en la editorial Grijalbo en México-, Gabriel Zaid critica señeramente a las
instituciones universitarias. Su argumento se centra en la relación simbiótica
que se establece entre la clase política y la clase universitaria, que se
fundirían en un solo grupo de intereses coligado por el poder. Miguel Alemán
Valdés sería el primer “cachorro de la revolución” (bautizado de esa manera por
Vicente Lombardo Toledano), el primer universitario que ascendería hasta la
presidencia de la república. Desde Alemán Valdés a los tecnócratas con
doctorados y posdoctorados en Harvard y otras universidades extranjeras, se
mantiene la hegemonía de los universitarios que se encumbran en el poder
político en México.
Son escasos los textos
en la línea crítica desarrollada por Zaid. Lo que suele decirse de la universidad son mas bien reconocimientos y elogios que la enmarcan como piedra de toque de
la historia nacional. La sacrosanta institucionalidad
universitaria ha sido mas venerada que apedreada, más colocada en nichos de
santificación que llevada a los juicios de la crítica razonada y hasta irónica.
Zaid combina con inteligencia ambos componentes en su ensayística crítica sobre
la universidad, sus argumentaciones son razonadas y fundamentadas a la vez de recurrir
a la ironía.
Recientemente me encontré
en una librería de viejo de la ciudad de Chihuahua un texto de Sergio Espinosa
Proa (El deshielo y la nube. Incursiones
sobre la Universidad y la crisis de la modernidad, 1991, Alebrije, Dosfilos
editores y Universidad Autónoma de Zacatecas, México) en el que se ensaya sobre
la universidad en una línea crítica próxima a la de Zaid. Es necesario dejar en claro que el abordaje crítico de Sergio Espinosa Proa es de menos calibre
que el de Gabriel Zaid. Espinosa Proa escribe desde los adentros de la academia
universitaria, que suele apoderarse de cualquier huella de saber para convertirla en
alimento y armadura de sus designios e intereses. El libro de Espinosa Proa es financiado por la
UAZ.
En un plano también crítico
de la universidad, el ácido Heriberto Yépez cuestiona la ritualidad de la escritura de las
tesis que queda envuelta por la burocracia universitaria (La UNAM, las tesis y Dios (suplemento
Laberinto del periódico Milenio, 3 de marzo de 2012). Yépez propone “descrucificar
a las tesis de la divina burocracia universitaria.” El escritor tijuanense
escribe su artículo moviéndose entre su trabajo como maestro de la Universidad
Autónoma de Baja California y su labor como ensayista y crítico que ha optado
por un camino libre. En Yépez respira la libertad de pensamiento y de escritura
que lucha por no dejarse capturar por las mazmorras universitarias. ¿Cómo es
que los intelectuales y artistas han jugado sus cartas ante la
institucionalidad universitaria en México? Es un asunto interesante por investigar.
Recientemente Gabriel Zaid
publica un libro que da continuidad a su postura crítica sobre la universidad
en México (Dinero para la cultura,
2013, editorial Debate, México). Entre varias cuestiones Zaid
analiza como el marxismo y el psicoanálisis nacieron en lo que refiere como la
“cultura libre”, al margen de la institucionalización universitaria. Pero ya
habiendo ganado reconocimiento y fama, la universidad capturaría estas
corrientes de pensamiento en el siglo XX (P. 98 y 99). Las universidades han aprendido
a navegar con sus conveniencias e in-conveniencias, a fin de cuentas sus
jugadas se inscriben en un ajedrez más político que académico, más de intereses
de poder que educativos. Los textos de Espinosa Proa y de Yépez, que salen de
plumas universitarias, son acicates que
le permiten a la estirpe universitaria estar alerta ante cualquier embestida
que venga desde sus mismas filas -o desde fuera de ellas-.
La escritura de Zaid ha
resultado demasiado incómoda para la institucionalidad universitaria. En torno
a la crítica de Zaid hay un extraño silencio de la academia universitaria. No
es un silencio reflexivo que vaya de la crítica externa ejercida por Zaid a la
autocrítica de las clases universitarias. Parece ser más bien un silencio en
forma de desaprobación y de sordera. Un silencio de no darse por enterados de
la crítica zaidiana y de no hacer entonces nada al respecto. Pudiera afirmarse
que esta actitud de los universitarios (de derecha y de izquierda) resulta
preocupante. ¿Pero, que caso tiene hacer esta afirmación? Este comportamiento de sordera y de quietud
conscientes ante la crítica de Zaid, es una evidencia más de que las formas de
desenvolvimiento de las instituciones de educación superior, van siendo cada
vez más afines a las maniobras de los políticos. De la misma forma en que un
político que se siente aludido en una crítica, responde con evasivas y
silencios, los universitarios han respondido a los cuestionamientos de Zaid con
vueltas de tuerca y con acallamientos. No es lo mismo un político universitario
que un universitario político, aunque tal vez si lo sean…