(Artículo publicado en El Diario de Chihuahua en la sección de UPNECH los días 16 y 23 de junio)
En occidente existen dos
ideas míticas sobre el tiempo que surgen desde Grecia y que se proyectan hasta
nuestros días. La primera de ellas tiene
que ver con Crono, el más importante de los Titanes que descienden directamente
de los dioses griegos: Gea (la tierra) y Urano (el cielo). Crono derroca a su
padre Urano para reinar sobre el mundo. Crono se casó con su hermana Rea y como
Urano lo maldijo, diciéndole que uno de sus hijos le quitaría su trono, devoró
a cinco de ellos. Pero uno de sus descendientes se escaparía con la ayuda de
Rea. Tiempo después, Crono sería
derrocado por su hijo Zeus, quien junto con Hades y Poseidón, lo envían al mundo de las tinieblas (el Tártaro). Los
griegos conciben a Crono como violento y desatado. La imagen del Crono que
castra a su padre para destronarlo y que se come a sus hijos para mantener su
reinado, lo relata como si fuera una especie de dios monstruoso. En la cultura romana,
Crono habría de ser renombrado como Saturno, ya no se le mira cruel y
desmesurado, se dulcifica la manera de pensarlo. Se le piensa entonces como el
Dios del tiempo de los hombres, quien controla las estaciones, los calendarios
–y mas recientemente los relojes-.
La segunda idea mítica
sobre el tiempo toma forma también entre los griegos, quienes conciben al kairós
como el tiempo preciso en el que acontece algo oportuno y bienaventurado para
los hombres. Religiosamente se le concibe como el tiempo que le pertenece a
Dios. El kairós es una manifestación del tiempo ante lo cual el hombre no tiene
un dominio pleno de la vida, por mas que lo intente. El azar y lo no previsto
habrán de aparecer una y otra vez recordándonos que la vida que se vive está
abierta a la indeterminación. En términos heideggerianos, el hombre ha sido
arrojado al mundo en un tiempo que no le pertenece a plenitud.
¿Pero, cómo han sido
reconfigurados los mitos de cronos y kairós en la modernidad? En “Alicia en el
país de las maravillas”, Carroll narra como Alicia sentada a la orilla de un
río estaba aburrida, hojeando un libro sin dibujos ni diálogos. De repente saltó cerca de ella un Conejo Blanco
que afirmó: “¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¡Voy a llegar tarde!” El conejo “sacó un reloj de bolsillo del
chaleco, lo miró y se echo a correr”.
La primera escena narrada
por Carroll es la del conejo que aparece ante Alicia. Luego ella entraría por
la madriguera del conejo y caería de manera sublime hasta el mundo fantástico
donde se desarrolla la trama de la novela. El Conejo Blanco es perseguido por
el tiempo, por lo que solemos llamar en nuestra civilización la “prisa”. En el
fondo tener prisa es ser perseguido por el tiempo y por los acontecimientos a
la vez. Pero en el Conejo Blanco la persecución del tiempo no se proyecta hacia
algún hecho en concreto. ¿Por qué tiene prisa el conejo? ¿A dónde y por qué
tendría que llegar a tiempo? No hay algún acontecimiento por suceder que
explique la prisa del conejo. Como no hay un hecho que explique la prisa del
conejo, queda entonces manifiesta la pura persecución del tiempo. ¿Es el tiempo
el que persigue al conejo o es el conejo quien persigue al tiempo?
El reloj de bolsillo que
el conejo saca de su chaleco representa a la imagen transformada del dios Crono
en el occidente moderno. Crono controla entonces no solo las estaciones y los
calendarios, también los relojes y cualquier aparato de medición y control
humano sobre el tiempo. El nombre diluido de este dios griego queda ahora en
los aparatos llamados “cronómetros” (crono-metro) que pretenden capturar en sus
mecanismos de funcionamiento a las milésimas y millonésimas de segundo.
En los relojes de bolsillo
como el que usa el Conejo Blanco, queda manifiesto un conflicto de pertenencia
y dominio entre el hombre y el tiempo. Si el reloj es para traerlo en el
bolsillo, entonces esto da lugar a que el tiempo encerrado en él pueda pensarse como propiedad del hombre.
Pero estos relojes tienen una cadena que va sujeta de la ropa que se usa. El
reloj que encierra al tiempo en su mecanismo de funcionamiento, estaría entonces encadenando a los hombres
(mediante la ropa que usan). Por un
lado, aparece el tiempo como perteneciente a los hombres y dominado por ellos.
Por otro lado, está el tiempo que se encadena a los cuerpos de los hombres,
como si fuera un ancla o un lastre.
Posterior a los relojes de
bolsillo, surgen en occidente los relojes de pulsera, que directamente se
sujetan al brazo de los hombres a la altura de la muñeca. El tiempo que se
encierra en el reloj, ya no está en el bolsillo, resguardado y pertenecido de
esta forma por los hombres. En este caso, el tiempo que brota del reloj está
capturando directamente, ya sin mediación de la ropa, al cuerpo de los hombres.
Es el tiempo que convertido en maquinaria de horas, minutos y segundos, se
abalanza sobre el cuerpo y lo captura. El reloj de pulsera se coloca en la
misma parte del cuerpo en donde se pone el dispositivo de las esposas. Entre
ambos dispositivos que capturan al cuerpo de los hombres, está de por medio el
control y el sometimiento.
Entre los últimos aparatos
inventados por el hombre está el reloj checador digitalizado. Los antiguos
relojes checadores usaban tarjetas personalizadas que al ser introducidas en un
mecanismo de marcaje, señalaban la hora de entrada y salida de los empleados a
sus lugares de trabajo. No había algún contacto directo entre el dispositivo y
el cuerpo del trabajador. La tarjeta mediaba entre ambos, a la manera de un
registro que se firma. Pero en este caso, la firma de llegada y salida era
emitida por el reloj checador y no por la propia mano del empleado. Aún así,
está presente el tiempo que adentrado en el mecanismo del reloj checador, ejerce
un control sobre los hombres.
Los relojes checadores
digitales, al igual que el reloj de bolsillo y que el reloj de pulsera,
pertenecen a la dinastía de las máquinas de medición del tiempo que se ciñen a
los cuerpos de los hombres, capturándolos y condicionándolos. De hace tiempo,
la firma autógrafa que representa a la personalidad jurídica, social y política
de las personas, ha comenzado a ser sustituida por mecanismos como la huella
digital. La memoria de la huella digital de cada uno de los empleados, queda
registrada en las entrañas del reloj computarizado. Este reloj computarizado
encierra en sus adentros de plástico y metal al tiempo (el dios Crono diluido
en el reloj) y a los cuerpos de los
empleados significados en la huella digital. Con este reloj de última
tecnología, el cuerpo no está apresado mediante la cadena del reloj de
bolsillo, ni sujeto a la altura de la
muñeca por el reloj de pulsera, sino que queda atrapado en la huella que lo
significa y que es introducida a los intestinos del dispositivo. Aparece
entonces la imagen del dios griego Crono que devoró a sus cinco hijos con el
afán de mantenerse reinando sobre la tierra. En ningún momento la imagen del
dios Crono que los romanos dulcifican ha tenido lugar. El tiempo que se adentra
en los mecanismos de los relojes modernos nos lleva a pensar en el Crono iracundo
y sangriento, que no desea dejar de reinar sobre la tierra. Es el tiempo
crono-métrico, llevado al artificio de
los relojes, que devora los cuerpos y las vidas de los hombres.
Por otro lado el kairós ha
intentado ser sometido al control humano. De la profética de la edad media los
hombres pasan a la prospectiva o futurología. La prospectiva o futurología, es
un intento humano desmesurado por la controlabilidad de los acontecimientos y
del tiempo. La planeación gubernamental y educativa se inscribe en los márgenes
de la prospectiva o futurología que ha llegado a ser concebida como “ciencia”.
En la modernidad es
notoria la tendencia hacia un dominio humano tanto del tiempo como de los
acontecimientos. Pero, si en los planes de gobierno o educativos, los
acontecimientos pretendidos, que son llamados “objetivos” y que pomposamente se
asumen en la filosofía de la “visión” y la “misión”, no han llegado a tener
lugar de muchos años a la fecha, entonces estos acontecimientos no han tenido
cabida en el tiempo y a su vez el tiempo no ha tenido cabida en ellos. Hablamos
en términos de lo falsario de los planes gubernamentales y educativos. En estos
planes la trama que se teje entre el tiempo y los acontecimientos a los que se
pretende dar lugar, es una ficción, una jugada que traiciona los fundamentos
científicos de la prospectiva o futurología.
El dominio del kairós
mediante la prospectiva y la planeación no ha tenido lugar. Controlar al tiempo
y a los acontecimientos mediante teorías prospectivas, planes de gobierno y
planes educativos, va de la mano con controlar a las personas. Son tres tipos
de control que convergen en los “planes maestros” que las instituciones trazan y que cuadriculan
la vida de los hombres.