Las últimas décadas de la política
mexicana están definidas por la aparición repetida de anomalías y paradojas. La
anomalía es lo irregular, lo que salta fuera de toda posibilidad mínimamente
aceptable y verdadera. La anomalía es una desviación de la verdad, que resulta
ser también una desviación de la ética. Las cualidades más notorias de la
anomalía son la falsedad, la injusticia y la maldad que terminan trenzándose de
forma irremisible. La anomalía va mucho más allá de que solemos llamar
“corrupción”, es una malformación política, una protuberancia cuyo tamaño ocupa
por completo al cuerpo de lo político en México. Hemos llegado al momento en el
que no se puede distinguir entre el cuerpo de lo político y esa protuberancia a
la que aquí se nombra como “anomalía”. ¿Es el cuerpo de lo político el que
ocupa el lugar de la anomalía, o es la anomalía lo que ocupa el lugar del
cuerpo de lo político?
El ejemplo más claro de una anomalía
política es el caso de Peña Nieto y la Casa Blanca, un asunto de corrupción que
ha sido escondido debajo del tapete de la historia. Otra anomalía política es
el caso del Partido del Trabajo, que perdió su registro nacional en las
elecciones federales del 2015 y que lo recuperó después por la gracia terrenal
del PRD y Movimiento Ciudadano, quienes cedieron sus votos al PT en una
elección extraordinaria en Aguascalientes. Una tercera anomalía es la mentira
histórica que la PGR elaboró sobre los 43 normalistas de Ayotzinapa
desaparecidos. En el primer caso, la legalidad fue inexistente y las respuestas
de Peña Nieto y del priismo han sido evasivas y deslindes. En el segundo caso,
la legalidad fue sobrepasada a causa del azar y de los acuerdos cupulares y
claroscuros de la partidocracia. En el tercer caso, la narrativa a partir de la
cual la PGR busca cerrar el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, obedece
a un montaje cuyo objetivo es el olvido, y aunque la mentira es obvia, sobre
ella se levanta una verdad oficializada.
Cuando el peso y la densidad de las
anomalías se repiten una y otra vez, como ha sido el caso de México en los
últimos años, la acción política colectiva se paraliza. Es muy probable que el
abstencionismo haya sido causado por la repetición incesante de anomalías en
las últimas décadas. El abstencionismo es el punto donde la acumulación de las
anomalías lleva a la política al grado cero, a un vaciamiento que anula a la acción
política como tarea de la colectividad en su conjunto.
La otra cualidad de la política
mexicana reciente es la paradoja. Cuando funciona la paradoja, los contrarios
se dan la mano, se abrazan y se funden uno en el otro de una manera que resulta
inexplicable, absurda. Una paradoja tiene lugar cuando los contrarios se
conjugan de manera inexplicable, dando lugar a un resultado desconcertante pero
funcional a la vez. Por un lado, la paradoja es ilógica e inexplicable, no hay
elementos que nos permitan aceptar con solvencia los traslapes de dos
contrarios que tendrían que repelerse entre sí. Por otro lado, esa unión de dos
contrarios que resulta desconcertante, termina funcionando, termina
convirtiéndose en algo productivo, por lo general de forma negativa. En la
paradoja, la verdad y la mentira se confunden, de la misma manera en que se
confunden lo bueno y lo malo. A partir de la aparición de la paradoja, lo
verdadero y lo bueno son desplazados a un territorio de sombras y claroscuros.
En el terreno de la política, la paradoja es un limbo de incertidumbres, donde
el pensamiento y la acción política también quedan bloqueados. ¿Si lo verdadero
se traslapa con lo falso, cómo es posible construir una respuesta mínimamente
certera? ¿Si lo bueno se confunde con lo malo, cuál rumbo tendría que tomarse
para tomar una decisión y actuar a partir de ello?
En los acontecimientos políticos
recientes, el ejemplo más claro de la paradoja es la posibilidad de una alianza
entre el PRD y el PAN, entre un partido que se supone de izquierda y un partido
de derecha. La contradicción ideológica y política de ambos partidos resulta
obvia, pero también resultan obvias las elecciones estatales donde ambas
fuerzas se han aliado. Junto a lo anterior, está la firma del Pacto por México
(entre PRD, PRI y PAN), donde los ingenuos perredistas fueron engañados y
conducidos al matadero ideológico y político de ese partido.
Otro ejemplo de una paradoja política,
es el abrazo y la charla amistosa que sostuvieron recientemente el gobernador
del estado, Javier Corral, y el presidente del PAN a nivel nacional, Ricardo
Anaya. Ambos se declararon la guerra a muerte a raíz del proceso de
nombramiento de Anaya como presidente del PAN nacional. El enojo de Corral en
contra de Anaya produjo algunos discursos incendiarios. En este caso, la terna
de la paradoja quedó completada por Gustavo Madero, operador político del
gobernador Corral, más a nivel nacional que a nivel local. Madero fue
traicionado por Anaya después de las elecciones de 2015, al no ser nombrado
coordinador de la fracción parlamentaria del PAN en la cámara de diputados. El
reclamo de Madero ante Anaya fue manifiesto en la prensa nacional. Meses
después, Madero es el operador político que lleva a buen término el abrazo
entre Corral y Anaya. En ese abrazo, los presuntos enemigos se convirtieron en
presuntos amigos, haciendo alarde en las redes sociales de esta condición
paradójica.
Las presuntas verdades y presuntas
bondades, tanto de Anaya, como de Corral y Madero, se desbarrancan hacia un territorio
de incertidumbres. En este territorio de incertidumbres, la política nacional
ha fracasado una y otra vez. El caso más significativo, que reúne a la vez la
condición de anomalía y la condición de paradoja es la promesa de la democracia
y la alternancia, como respuesta a los problemas sociales, políticos y
económicos de nuestro país. Durante las décadas de 1980 y 1990, los discursos
políticos se aventuraron a decir que la instauración de la democracia y la
alternancia nos llevarían a un territorio mejor en todo sentido. Se supone que
la promesa de la democracia y la alternancia se cumpliría entre los años 2000 y
2012, con los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón en la presidencia. Pero,
ni la democracia, ni la alternancia, han resultado satisfactorias para la
mayoría de los ciudadanos. Estamos en un momento histórico que asoma al fracaso
de la democracia y de la alternancia como posibilidades de mejorar las
condiciones de vida de los mexicanos. Hasta el momento, las promesas de la
democracia y la alternancia se han convertido en fracasos, y por lo tanto, se
han convertido en problemas. La anomalía se presenta cuando la alternancia y la
democracia fallan de manera sistemática. La paradoja tiene lugar cuando las
grandes promesas de la democracia y la alternancia como vías de solución a los
problemas del país, se convierten en los grandes problemas por resolver.
Lo que va quedando por hacer, es
buscar formas de visibilizar las anomalías y las paradojas que se repiten y que
pueden llegar al grado de asfixia y la inacción política. Se requiere destrabar
estas anomalías y estas paradojas, más allá del solo territorio de la
democracia liberal (léase neoliberalismo)…