I.- Todo amanecer es un alumbramiento
o al menos tendría que serlo. Alumbrar es dar a luz, alumbrar es un parto. Después
de once meses de gestación el gobierno del “nuevo amanecer” queda postrado ante
el parto de Karina Velázquez como presidenta del congreso estatal. El partero
no es una ley que permite a la segunda fuerza del congreso colocar a uno de sus
cuadros, el partero es la distorsión de la política.
II.- Como distorsión la política es
elástica y por lo tanto adaptativa. La sobrevivencia del hombre sobre el mundo
se debe a la política como mecanismo adaptativo. La sobrevivencia de los
habitantes del sexenio se debe a la capacidad adaptativa de sus propias
distorsiones. Entre más elásticas sean las distorsiones, la gimnasia de la
política puede llegar a ser más inverosímil.
III.- El pragmatismo es la gimnasia de
la política. Somos testigos de políticos cuya capacidad para practicar la
gimnasia llega al grado del contorsionismo. La escultura más perfecta de la
política actual es una contorsión en la que el cuerpo de lo político es
monstruoso.
IV.- Cualquier indiciado en calidad de
presunto culpable puede ser culpable o puede no serlo. En el derecho hay una
figura que se llama “presunción de inocencia”. Se trata de evitar el castigo a
quienes no son culpables. La frase: “Nadie es culpable hasta que se demuestre
lo contrario”, se puede escribir de formas diferentes, ensayemos algunas: A)
“Nadie es contrario, todos pueden ser aliados, de esa forma la posibilidad de
la culpa se reparte”, B) “Nadie puede terminar siendo alguien, sobre todo al
asumir la presidencia de un congreso estatal”, C) “Nadie puede llegar a ser el
culpable de todos los latrocinios cometidos durante el sexenio de César Duarte,
entonces, persigamos a nadie”…
V.- Pactar no es una forma de
traicionar, aunque traicionar si puede ser una forma de pactar. Los políticos
se pueden traicionar a sí mismos, aunque el espejo les mienta cuando se miren a
los ojos. Los políticos pueden traicionar a los ciudadanos, esa es una historia
ya muy conocida por todos. Los políticos pueden traicionar a otros políticos, y
de esta forma los pactos se renuevan y se desdoblan para que la política
persista, para que siga adelante en la creación indetenible de pactos y
traiciones.
VI.- El pez no muere por la boca, en
el terreno de la política la boca del pez habla sin detenerse hasta el último
minuto del sexenio. Mientras el pez sigue hablando la boca no muere y la
política prosigue. El pez comienza a morir cuando el deseo de poder se
convierte en un anzuelo inevitable, cuando la soberbia del poder trata de convertir
a un estanque en un lago y a un lago en un océano. Y ya con el anzuelo
atravesado en su boca, con la inmensidad del océano convertida en la marea del
poder, el pez se agita, no deja de moverse. Ese movimiento es la forma de la
muerte del pez.