jueves, 27 de abril de 2017

Formaciones históricas de la literatura infantil

I
En términos ideológicos y culturales la invención de la literatura infantil toma forma entre los siglos XIX y XX, aunque la producción de libros que han terminado siendo concebidos como obras canónicas de la literatura infantil se inició desde  el siglo XVIII. La literatura infantil como territorio de producción del saber es una creación moderna a lo largo de los tres últimos siglos. En este lapso de tiempo han tenido lugar una serie de procedimientos a través de los cuales este territorio de saber ha sido formado, estamos hablando de procedimientos que van más allá de la figura del autor, del proceso de creación literaria y de la recepción de estos textos por parte de los lectores (Foucault, “La arqueología del saber” 2006).
En este texto se analizan algunos de los procedimientos a través de los cuales se ha formado la literatura infantil como un territorio del saber dirigido a un segmento específico de la sociedad.  Básicamente se responde a dos preguntas: ¿Cuáles son los procedimientos que han operado en los procesos de formación de la literatura infantil como territorio de saber dirigido a un segmento específico de la sociedad? ¿De qué manera funcionan los procedimientos a través de los cuales se ha formado la literatura infantil?
Se detectan tres procedimientos a partir de los cuales se ha formado la literatura para niños: la infantilización, la moralización y la escolarización. Los procedimientos de “infantilización” tienen que ver con la creación de un territorio literario específico dirigido al segmento poblacional de los niños (y los jóvenes). En términos ideológicos y culturales se crea un público infantil sobre el que se proyecta un campo de saber específico que vertebra el trabajo de escritores, editores, empresas editoriales, librerías y una serie de políticas públicas en la materia.
Por otra parte, los procedimientos de “moralización” conciben a la literatura infantil como un dispositivo para educar en la formación  de valores de convivencia social y política. Desde su surgimiento hasta la fecha, la literatura infantil ha sido concebida instrumentalmente como un medio para llegar a determinados fines educativos y moralizantes. En grado extremo, la literatura infantil como instrumento de moralización es concebida de manera doctrinaria.
Los procedimientos de “escolarización” de la literatura infantil tienen que ver con los usos de este tipo de textos en los espacios escolares de la educación pública y privada. Los libros para niños son usados a partir de una serie de lógicas institucionales y curriculares que limitan las posibilidades libertarias y críticas de los contenidos literarios. A partir de los usos escolares de la literatura infantil se acotan los procesos de interpretación y los significados de los textos.  
La infantilización, la moralización y la escolarización de la literatura infantil son parte de una gran maquinaria ideológica y cultural que requiere ser analizada desde una perspectiva histórica de larga duración. A su vez, estos tres procedimientos han funcionado de manera concomitante, conjugándose y traslapándose entre sí. Enseguida se analiza la manera en que funcionan estos tres procedimientos que han operado en la formación de la literatura infantil como territorio del saber.

II
El concepto de “infantilización de la literatura” pudiese resultar peyorativo, pero esta carga ideológica y cultural tiene que ver con la invención de la “infancia” como edad educativa, intelectual y moral. Las concepciones ideológicas y culturales de la “adultez” y la “niñez”, de la “mayoría de edad” y la “minoría de edad”, plantean de manera directa la existencia de una superioridad y una inferioridad educativa, intelectual y moral.
La infantilización de la literatura tiene lugar cuando los contenidos literarios comienzan a configurarse como un territorio del saber pensado cronológicamente en los términos de una edad. Antes de la modernidad la literatura no fue pensada a partir de la variable de la edad, tal como se piensa hoy respecto a la literatura infantil. Esta literatura se forma en un espacio ideológico y cultural que transita del mundo de los adultos hacia el mundo de los niños. Desde luego que hay una imposición y un dominio del mundo de los adultos que están presentes en los procedimientos de infantilización de la literatura.
El concepto que permite analizar con mayor claridad el paso de textos que originalmente no fueron creados para los niños a textos concebidos para el público infantil, es el de “adecuación” (Martos García, “Sobre el concepto de apropiación de Chartier y las nuevas prácticas culturales de lectura” 2011) [1].  La adecuación de un texto idealizado para los niños tiene que ver con la administración de una serie de contenidos pedagógicos y moralizantes. Esto puede analizarse a detalle en las publicaciones de Charles Perrault y lo Hermanos Grimm, quienes tomaron historias que formaban parte de la tradición oral en Francia y Alemania para adecuarlas a los niños. En el caso de los cuentos infantiles escritos por Perrault y los Hermanos Grimm, pueden rastrearse una serie de debates en torno al contenido de los libros y su condición de ser “adecuados” o “inadecuados” en lo pedagógico y en lo moral para los niños. En los cuentos de Perrault y los Hermanos Grimm tuvieron lugar procesos de escritura y edición que retiraron los contenidos sexuales y de violencia que aparecen en las historias originales, con la intención adecuar el contenido a los niños.
En la adecuación de textos idealizados para el público infantil, resaltan las figuras del autor, el editor y el maestro, quienes han jugado un papel relevante como “mediadores” entre el mundo de los adultos y el mundo de los niños (Cerrillo,Libros, lectores y mediadores”,  2002). En los procedimientos conscientes o inconscientes de adecuación en la literatura infantil, los autores, editores y maestros que trabajan con este tipo de textos, se preguntan constantemente por lo escribible, lo publicable y lo leíble en este territorio del saber. En los procesos de adecuación de la literatura infantil tiene lugar una forma sutil de la censura.

III
La impulsividad de Walter Benjamin por coleccionar libros de literatura infantil alemana del siglo XIX, lo llevó a convertirse en lector voraz y en crítico de este tipo de textos. Entre las herencias intelectuales de este filósofo alemán, destacan la “Colección Walter Benjamin de libros para niños” y la escritura de diversos artículos que escribió sobre la literatura infantil, los juguetes y la infancia. Entre las décadas de 1910 y 1920, Benjamin escribe y publica los primeros textos críticos sobre los procedimientos de control pedagógico y de moralización en la literatura infantil.
En la modernidad, hay una coincidencia histórica entre la invención de la literatura infantil como territorio de producción literaria, y la invención de la infancia como edad cronológica que amerita ser atendida por una serie de estructuras educativas y moralizantes creadas por el estado y la sociedad. La formación de la literatura infantil y de la infancia como edad que amerita ser educada y moralizada, forman parte de una gran maquinaria cuyos propósitos pueden leerse a la luz de los contenidos ideológicos de la modernidad: la necesidad de construir una serie de valores mínimos en la búsqueda de la armonía social y política, las posibilidades absolutas de la razón y la ideología del progreso indetenible.
Durante el siglo XVII en Francia, uno de los primeros escritores de textos de literatura infantil, Charles Perrault, cerraba sus cuentos con un mensaje moral a la manera de una fábula. En el siglo XVIII, los dos fabulistas de lengua española más reconocidos, Tomás de Iriarte y Félix María Samaniego, desarrollaron una escritura que al abrevar de la tradición clásica de los fabulistas griegos, se convirtió en un dispositivo pedagógico y moralizante que aún tiene vigencia en los espacios escolares.
Al analizar a la literatura infantil como una expresión del arte que camina entre los territorios de lo real y la ficción, la escritora argentina Graciela Montes plantea que hay personas que “miran con un solo ojo, como Polifemo”, arrinconando a la literatura infantil en una visión cerrada y univocista que se desplaza por dos vías(“La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético”, 2003). La primera vía de cerrazón es la moralizante, los libros para niños son concebidos como “cuentos didácticos” y están ceñidos al orden moral que debe resguardarse mediante la censura y la sutil inquisición. La segunda vía de cerrazón de la literatura infantil, tiene que ver con la construcción “artificiosa” e “inconsecuente” de la forma y el fondo de los textos literarios, que en los procesos de escritura derivan en “la liviandad, las malas copias, las series, los cuentos de terror que salen como ristras de chorizos y la especulación de mercado.”
Los dispositivos de moralización de la literatura infantil, la lógica del mercado que somete a la escritura y la abundante producción de este tipo de textos en los años recientes, traen consigo comportamientos que constriñen a la literatura infantil como espacio de desarrollo del pensamiento y la imaginación. Aunque en el mundo de los libros para niños hay formas de escritura y de publicación de textos que rompen con los controles moralizantes y con la lógica de la industria neoliberal del libro. La infancia seguirá siendo una edad subversiva que resulta advenediza al control totalitario del mundo de los adultos.

IV
Los procedimientos de escolarización de la literatura infantil han tenido lugar de distintas formas en diferentes momentos históricos.  A partir de investigaciones recientes sobre la historia del libro y la lectura en México, se han identificado los contenidos literarios que fueron insertados en los textos escolares que se usaron durante la etapa histórica de la colonia. Las cartillas, silabarios y catecismos que se usaron como textos de apoyo en las escuelas durante los siglos XVII y XVIII en México, tenían contenidos literarios que fueron infantilizados y escolarizados. Los procedimientos de inserción de contenidos literarios en los libros de texto escolares, se mantienen hasta la fecha en los libros publicados por la Comisión Nacional de Libros de Textos Gratuitos en México.
En los procesos de escolarización de la literatura infantil en México destaca la historia reciente, que inicia hacia la década de 1990 y que no concluye todavía. A partir del proyecto editorial de los “Libros del rincón” se desata en México una política educativa en la promoción de la literatura infantil y de la lectura, que resulta comparable con la labor que realizó José Vasconcelos hacia la década de 1920. La colección de los “Libros del rincón” que inició en la década de 1990 con la publicación de 32 libros cuyo tiraje se cuenta por millares, pasó en los años siguientes a la publicación de cientos de libros que han acumulado tirajes que se cuentan por millones.
Durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón fue notorio el aumento del presupuesto para la compra de libros que son parte de un gran proyecto para formar bibliotecas escolares y bibliotecas de aula. Contabilizando el número de bibliotecas escolares, bibliotecas de aula y los tirajes de libros infantiles y juveniles que son parte de estos espacios bibliotecarios, Gabriel Zaid (“Bibliotecas sin libros”, 2012) contabiliza los siguientes números:
- Hacia el año 2010 se cuentan 198,915 bibliotecas escolares, una por cada escuela de educación básica, tomando en cuenta que cada biblioteca escolar tenía entonces 321 libros en promedio, estaríamos hablando de un total de 64 millones de libros para niños y jóvenes en estas bibliotecas.
- Considerando que en ese mismo año se contaba con 851 mil bibliotecas de aula que tenían 85 libros en promedio, se contabilizan en total 72 millones de libros.
- Al sumar el número de libros de las bibliotecas escolares y las bibliotecas de aula producidos hasta el año 2010 en México, el número total de libros para niños y jóvenes en estos espacios de promoción de la lectura llega a 136 millones. Aunque es necesario ser comedidos en las valoraciones cuantitativas, en diversos estudios que Zaid ha realizado sobre la historia de la industria editorial y de las bibliotecas en México, destaca una insuficiencia que resulta al comparar nuestras cifras con las de otros países.
Pero más allá de los tirajes de libros infantiles y juveniles para las bibliotecas escolares y de aula, que se cuentan por miles y millones, es necesario preguntarnos por los usos que se han dado a estos libros en los espacios escolares. Uno de los primeros indicios sobre los usos de los libros de las bibliotecas escolares y de aula,  está en los manuales emitidos por la Secretaría de Educación Pública y por el Programa Nacional de Lectura que funcionó hasta el año 2014.
Los manuales de la SEP clasifican a los libros infantiles y juveniles por segmentos de edad, y a partir de estas clasificaciones tienen lugar una serie de estructuraciones que rayan en una actitud minimalista que por momentos parece absurda. La serie de libros “Al sol solito” está dedicada para los niños de preescolar que se encuentran en el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura. Los libros de la serie “Pasos de luna” están dedicados a los niños de los primeros años de primaria que empiezan a leer. Por otro lado, la serie de libros “Astrolabio” está pensada para los niños de primaria que ya leen con fluidez, y la serie de libros “Espejo de urania” es elaborada para niños de los años finales de la educación primaria y para jóvenes de secundaria que han llegado a leer con autonomía. Esta clasificación está pensada a partir de los procesos de aprendizaje de la lectoescritura y de la alfabetización, que toman mayor complejidad a partir del avance de los niños en los distintos grados escolares de la educación básica.
En los manuales de la SEP hay segunda clasificación de los libros que forman parte de las bibliotecas escolares y de aula. Esta segunda clasificación se maneja a través de colores representativos que dividen a los libros publicados por la SEP en dos grandes categorías: textos “literarios” y textos “informativos”. La clasificación de los textos del género literario en estos manuales, remite a 25 subgéneros literarios, que al intentar ser explicados cada uno en su especificad, son un mapa perfecto para perderse en la confusión.
Los usos de los libros de las bibliotecas escolares y las bibliotecas de aula, pueden prestarse a un sentido libertario y placentero más allá de las restricciones e imposiciones, o encaminarse hacia un sentido que al ser habitado por estructuraciones y clasificaciones que al rayar en lo absurdo, se convierta en el manual perfecto para que los niños terminen odiando la lectura en vez de amarla.

Notas

[1] Para analizar a profundidad el concepto de “adecuación” sería necesario profundizar teóricamente sobre el concepto de “adaptación” que se aplica en el teatro y el cine, y sobre los conceptos literarios de “intertextualidad”, “transtextualidad” e “hipotextualidad” planteados respectivamente por Bajtin (1999), Genette (1999) y Chandler (2004).