jueves, 1 de mayo de 2014

Las rayas multiformes de los "Tres tristes tigres" de Cabrera Infante



I
En el libro Caminata por la narrativa latinoamericana (2004), Merton hace un análisis de la literatura producida desde el sur del Río Bravo hasta la tierra del fuego, pasando por la región del Caribe. El estudio del estadounidense especialista en literatura de América Latina, se realiza categorizando la producción de los autores por países. Pero a lo largo del texto, son de observarse los problemas y limitaciones de una analítica de la literatura latinoamericana realizada a partir de las literaturas nacionales. Por ejemplo, al inicio del texto, se refiere que hacia 1967, cuando el boom latinoamericano se consagraba, cinco autores se pusieron de acuerdo para producir “una sola novela colectiva en la cual cada uno retrataría a su dictador más extravagante, más granguiñolesco.” (Merton, P. 34). Este acuerdo no se llevaría a cabo tal cual, pero daría lugar a textos como Yo el supremo de Roa Bastos (1974), El recurso del método de Carpentier (1974) y El otoño de patriarca de García Márquez (1975). Una novela tardía con esta temática es La fiesta del chivo de Vargas Llosa (2000).  Lo que va quedando claro con esta empresa y con el desarrollo campante de la literatura latinoamericana del siglo XX, que llega a una especie de clímax con el boom, es que la literatura producida en este continente desborda las fronteras nacionales y le da forma a una genealogía compleja.
De origen, el neobarroco latinoamericano puede ubicarse en autores cubanos como Carpentier, Sarduy (quien conceptualiza esta tendencia en el libro El barroco y neobarroco), Cabrera Infante y Lezama Lima. Haciendo alusión a la conceptualización estricta del “neobarroco” de Sarduy, Gonzalo Celorio (1989) admite que la idea del neobarroco se ha extendido a la manera de un “dispendio” para clasificar obras que no cumplirían cabalmente con las cualidades definitorias planteadas por Sarduy. Pero el mismo Celorio comete el pecado de la distensión conceptual al referir: “Ignoro si mis apreciaciones contribuyan a precisar el término neobarroco o, por lo contrario, incrementen su dilatación.”
Los conceptos de la teoría literaria no pueden darle forma a clasificaciones o categorizaciones tajantes de las obras o los autores. Es posible que en las obras de autores latinoamericanos puedan detectarse a la vez rasgos neobarrocos y del realismo mágico. Como ejemplo,  está la novela Noticias del imperio de Fernando del Paso, en la que pueden encontrarse lo mismo rasgos del neobarroco (la ironía y los componentes semánticos y sintácticos del “artificio” planteado por Sarduy) que del realismo mágico (la confusión entre los territorios de la locura y la cordura en los monólogos del personaje de Carlota).
De la misma manera en que los desarrollos de la literatura latinoamericana rebasan las fronteras de los países para darle forma a una genealogía compleja, las categorizaciones conceptuales como el “neobarroco” o el “realismo mágico”, que han pretendido concebir movimientos literarios latinoamericanos bien definidos en autores y obras,  son insuficientes para caracterizar las cualidades complejas de esta literatura, que inclusive van más allá de lo continental y de lo lingüístico fundado en el idioma español.
Lo que dan a notar estas concepciones es la búsqueda de clasificaciones y/o categorizaciones maestras para interpretar a la literatura producida en Latinoamérica. Se pretende asirse de categorías (como “nación de origen”, “neobarroco”, “realismo mágico”, “lo real maravilloso”, etc.) que hagan las veces de llaves maestras en la interpretación de los textos producidos por autores latinoamericanos. Pero habría que preguntarse por la falibilidad de estas clasificaciones y/o categorizaciones, que llegan a asumirse como totalizantes en la interpretación de las obras.
¿Es el neobarroco una tendencia de la literatura latinoamericana que se circunscribe estrictamente a autores cubanos como Carpentier, Sarduy, Lezama Lima y Cabrera o Infante? ¿O esta tendencia de la narrativa latinoamericana se distiende de distintas maneras a  autores de otros países del continente –y del mundo-? Ambas preguntas resultan complicadas. De inicio, al afirmar que la novela Noticias del imperio de Fernando del Paso, posee rasgos neobarrocos, se está admitiendo que este fenómeno no se acota estrictamente a los autores cubanos. Sino que otros narradores del continente estarían abrevando de los aportes del neobarroco.
Entre los narradores del neobarroco cubano y otros autores latinoamericanos,  surgen conexiones que aún no se han investigado con suficiencia. Hay relaciones que conectan a Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante con Rayuela de Julio Cortázar. En la primera, el bolero latinoamericano juega un papel importante en la trama. Los ocho apartados de la novela que relatan la vida de La Estrella, como cantante en los cabarets de La Habana, se titulan Ella cantaba boleros. En la segunda, el jazz es un componente fundamental. Mientras tienen lugar las reuniones de los integrantes del Club de la serpiente, en un departamento de París, el jazz se desliza dándole forma a la atmósfera narrativa. Rayuela se publica en 1963 y la novela Tres tristes tigres, que de inicio se titula Vista del amanecer en el trópico, gana el premio Seix Barral de Barcelona, en 1964. Ambas novelas forman parte del boom latinoamericano.
En los dos autores la música es un elemento de primer orden en la escritura de sus textos. Lo mismo puede afirmarse de Concierto barroco de Carpentier, que se publica en 1974, una década después que los textos de Cortázar y Cabrera Infante.  En esta última novela, de la música clásica y la opera de Scarlatti, Händel y Vivaldi, se pasa al jazz de Louis Amstrong.
Hay una tendencia en los autores neobarrocos que consideran elementos musicales en la escritura de sus obras. Haciendo alusión a un tema musical, Sarduy titula su novela más emblemática con el nombre de un son cubano del Trío matamoros: De dónde son los cantantes. La publicación de la novela es de 1967, en la misma década en que se publican Rayuela y Tres tristes tigres.
 ¿Qué elementos correlacionan entonces a las novelas neobarrocas de Cabrera Infante, Carpentier y Sarduy, con la novela de Cortázar, que no se considera neobarroca? El tiempo histórico de producción de las obras y la condición latinoamericana de los autores. Desde luego que la música estaría presente en autores de otras épocas y otros continentes. Pero, lo que caracteriza la inclusión de la música en las obras de Cabrera Infante, Carpentier  Sarduy y Cortázar, es un manejo disonante que rompe con las tendencias de la novela moderna. En las cuatro novelas, la música no es un símbolo de la armonía ni de la linealidad narrativa, sino un símbolo que acompaña los rompimientos del espacio y el tiempo narrativos. La música simboliza la fragmentariedad, la dispersión y la ruptura de la estructura narrativa.  
En este caso,  la categoría geográfica e histórica de la nación de origen de los autores y las obras, no estaría siendo lo que correlaciona una interpretación de los textos de Cabrera Infante, Carpentier, Sarduy y Cortázar. La correlación entre las cuatro novelas tampoco sería considerada a partir de la categoría del “neobarroco”, que se ha planteado en la teoría literaria para conceptualizar un parte de las obras producidas en América Latina. Lo que conecta las cuatro novelas mencionadas es el manejo narrativo del componente de la música, que se constituye en un símbolo de ruptura con la tradición de la novela eurocéntrica.

II
En la novela Tres tristes tigres, no puede sustentarse la existencia de una trama unitaria ni lineal. Se requiere interpretar a la narrativa de Cabrera Infante desde una postura posestructuralista o neobarroca, que posibilite construir un sentido de interpretación alternativo a un texto que cuestiona y trastoca al género de la novela.
La historia de Tres tristes tigres, posee componentes inusitados en su trama:
A) El ludismo del lenguaje, que a través de Bustrófedon se convierte en: personaje, estrategia de escritura y símbolo crítico de la lingüisticidad y la narratividad,  que critica y replantea de fondo a las concepciones tradicionales en torno a la novela.
B) El espacio urbano nocturno (y diurno) de la ciudad de La Habana, que por momentos se convierte en transcurso de la novela y que plantea jugadas literarias y lingüísticas a través de la dialéctica espacio-tiempo.
C) La dispersión de la trama en la estructura narrativa que dificulta la comprensión del texto como una narración plenamente cohesionada y unitaria.
El término con el que se nombra al personaje de “Bustrófedon” proviene de la etimología grecolatina y queda significado por la manera de arar la tierra con una yunta de bueyes. Al arar una superficie de tierra se hace de tal forma que un surco se abre mientras se avanza con la yunta en un sentido, al llegar al final del surco la yunta de bueyes tiene que ser girada y el siguiente surco se traza en sentido contrario. Esta manera de arar la tierra pasó a una forma de escritura en Grecia, en la que un reglón se escribe de izquierda a derecha y el siguiente renglón se anota en un sentido inverso.
El personaje de Bustrófedon de la novela Tres tristes tigres posee dos significados: la forma en la que el hombre se escribe sobre la tierra mediante el procedimiento ancestral de la agricultura y, una manera de escribir que resulta contrastante con las convenciones modernas de escritura y redacción que se imponen escolar y socialmente. La escritura y la lectura están sumidas en el orden escolar y social. Esto determina sus posibilidades de significación y de construcción de sentidos, dicta también una imposición sobre el cómo escribir y cómo leer. El personaje de Bustrófedon se resiste ante ello, es un bufón ilustrado de la escritura que se ríe de la tradición y la convencionalidad. Pero la burla no se dirige solo a la gramática y la ortografía, también se lanza contra las convenciones de la literatura. La carcajada de Cabrera Infante tiene un eco expansivo.
Bustrófedon está presente a lo largo de la novela, pero el capítulo en el que se aborda específicamente al personaje (Rompecabeza, P. 223 – 242) se ubica en medio de los capítulos que ironizan sobre la literatura.
En el capítulo que antecede a Rompecabeza (Los visitantes, P. 185 – 221), se narra paródicamente la escritura del cuento de Mr. Campell. El personaje es un escritor que visita la Habana y narra su estancia ahí.

… lo incorporado a TTT es un cuento suyo… que “traduce” su breve experiencia de la Habana y alrededores, cuento a su vez mal “traducido” del inglés norteamericano por otro personaje de la obra, Rine Leal. El cuento aparece en la mala versión de Rine y en la corregida por Silvetre. La circunstancia de que el cuento de Campbell… incluye los “reparos” o “correcciones” de su esposa, añade otras perspectivas irónicas: la ofrecida por Campbell mismo, que fabrica dos versiones “ficticias” de sus aventuras, y sobre todo, la del omnipresente inventor del libro, que ha puesto a estos dos personajes, Mr y Mrs. Campbell, entre los concurrentes del Tropicana mencionados… en el prólogo (Matas)

Las diferentes versiones del cuento de Mr. Campbell, un escritor profesional, refieren las distintas posibilidades de desdoblamiento de la literatura, como un territorio de escritura que no puede ararse o escribirse en un solo sentido. La traducción mal hecha del cuento, del inglés al español, indica  tanto la equivocación como las posibilidades abiertas en la traslación lingüística. Una traducción es una reapropiación y resignificación del texto por parte del traductor, que se mueve entre las convencionalidades del procedimiento de la traducción y las posibilidades de reconstruir los significados del texto. Cabrera infante juega con todo esto, es un ajedrecista que mientras piensa y traza cada movimiento de su escritura, se ríe a carcajadas los resultados previstos.
En el capítulo que prosigue a Rompecabeza (La muerte de Trotsky referida por varios escritores cubanos, años después –o antes-, P. 243 – 282) se anotan distintas versiones literarias de escritores cubanos sobre el hecho histórico de la muerte de Trotsky narrado literariamente. Los cuentos ironizados de José Martí, Lezama Lima, Virgilio Piñera, Lydia Cabrera, Lino Novás y Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, están atravesados por las jugadas irónicas de Bustrófedon. Al final de capítulo, se refiere que los personajes de la novela de Cabrera Infante grababan en una cinta magnetofónica las versiones que serían escritas por Bustrófedon.

La voz de Arsenio Cué en la realidad de la cinta o de la parodia grita, clarito, Mierda eso no es Guillén ni un carajo y se oye la voz de Silvestre, la voz de Rine Leal, fantasmal, al fondo, y mi propia voz que se superponen, pero la voz de Bustrófedon no se oye más y eso fue todo lo que escribió Bustrófedon  si a esto se le puede llamar escribir… (Cabrera infante, P. 280)

El significado de Bustrófedon, como un bufón de la escritura que rompe con las normas establecidas  de la gramática, la ortografía y la literatura, atraviesa la historia humana de la escritura, que va del registro en la tierra y en las tablillas de arcilla de las civilizaciones del medio oriente, hasta el desarrollo de la tecnología electrónica que permite grabar la voz en cintas magnetofónicas a mediados del siglo XX.
Por otra parte, en la novela Tres tristes tigres, está el espacio urbano de la Habana, que le da forma a una especie de cartografía narrativa. Sarmiento (2004) afirma:

La recreación textual de la Habana perdida es, sin duda, una representación del espacio esencial en toda la obra de Cabrera Infante. Más aún, el espacio es, en un sentido más amplio, una función de tan relevante importancia en Tres tristes tigres que lleva hacia sí al tiempo y al texto mismo.

El espacio urbano de las calles de la Habana confluye con el movimiento y con tiempo,  configurando a la corporalidad del texto mismo, a partir del ritmo narrativo y de los contenidos semánticos que se desplazan como si se caminaran las calles de la Habana (en el capítulo de Los debutantes, la historia de infancia del personaje de Silvestre, P. 38 – 45) o como si se corriera sobre ellas a toda velocidad en un auto (capítulo Bachata, P. 317 – 483).
Los desplazamientos de los personajes por las calles, los bares y cabarets de la Habana, son una especie de urdimbre que traza el “rompecabeza” de la trama en la novela. El “rompecabeza” lingüístico y semántico de Bustrófedon, trasladado a la estructura caótica de la novela, toma la forma de un “laberinto” que los personajes recorren física y espiritualmente. La estructura de la novela Tres tristes tigres  se ordena a través del caos. La trama en el texto de Cabrera Infante, toma forma intrincadamente a partir de las analogías del “nudo” y del “laberinto”:

“…podríamos decir que el laberinto es una típica representación figurativa de una complejidad inteligente. Todas las leyendas, los mitos, los usos, los juegos fundados en la figura del laberinto se presentan de hecho con dos características, ambas intelectuales: el placer de extravío frente a su inextricabilidad (acompañado por el eventual miedo) y el gusto de salir de ello con las astucias e la razón… La misma cosa les sucede a otros tipos de configuración relacionables con el laberinto, por ejemplo, el nudo, el meandro, la trenza. También aquí encontramos el mismo principio de pérdida de una visión global, de un recorrido racional, y del ejercicio, al mismo tiempo, de una inteligencia aguda para encontrar el “desenlace” final, es decir, el reencuentro de un orden… “Agudeza”, “astucia”, “maravilla”, “enredo”: la sola recurrencia a estos términos es suficiente para indicarnos que las figuras del nudo y del laberinto son figuras profundamente neobarrocas.” (Calabrese, P. 146 y 147).

El “laberinto” o “nudo” planteado analógicamente por Calabrese, define a la trama de la novela de Cabrera Infante a partir de la estructura del texto (la forma) que se conjuga muy atinadamente con el fondo, en el que el componente lingüístico  y el espacio urbano de La Habana, juegan un papel fundamental. La trama es un “laberinto” o “nudo” que traza ordenada-desordenadamente a la novela a partir de una estructura fragmentaria y dispersa. 

Otra reflexión es su gran irreverencia frente a tres grandes escritores de este siglo –Joyce, Kafka, Proust- que influyen en la literatura contemporánea. Autores por los cuales afirma no sentir ninguna adoración; sin embargo de los tres recoge -de alguna manera- sus aportes. Así podemos señalar en Tres tristes tigres mutilaciones temporales, cortes espaciales, abundante uso de impresiones, una extensa crónica mundana mezclada con la biografía del narrador, captación de los hechos a través de la conciencia, algunos relatos inexplicables, elaboración de un mundo angustioso e incomprensible… (Díaz Ruíz, P. 15)

Junto a lo anterior, el fondo del texto opera también como si fuera un laberinto. El lenguaje,  significado en Bustrófedon, se desplaza inextricablemente desde sus jugadas fonéticas, sintácticas, semánticas y simbólicas. Los componentes fonéticos y el ritmo de la novela, juegan un papel equilibrante. Los significados y los símbolos lúdicos que se juegan a través del lenguaje depositado en la escritura, son desequilibrantes. El orden y el desorden se conjugan a través de los desplazamientos lingüísticos. A su vez, el espacio urbano nocturno de La Habana, se manifiesta laberíntico en los recorridos de los personajes, en los desplazamientos de una calle a otra, de un bar o un cabaret a otro, de un lugar a otro. Si tomáramos un mapa de La Habana de la época, y se trazaran en él las rutas que los personajes recorren,  tomaría forma un trazo laberíntico, no en la lógica de recorrer las calles, sino en lo intrincado de los recorridos, del ir y venir constante y acelerado.

Seguimos para ir al cine. Atravesamos el parque central ya oscurecía. Cruzamos el Centro Gallego a ver las fotos de las bailarinas españolas y quizás, de una rumbera en trusa. Luego seguimos por la acera del Louvre, con los conversadores nocturnos que ya empezaban a llegar y los tomadores constantes de café, en el café de la esquina nos detuvimos en el puesto de revistas atraídos como otras tantas mariposas por las luces de colores de los magazines americanos y dimos vueltas y vueltas y vueltas, sin comprar, sin tocar, sin entender. La acera del Louvre no terminaba nunca… (Cabrera Infante, P. 42)

El espacio laberíntico urbano de La Habana, se conjuga con los territorios psicológicos y espirituales de los personajes, que son también caóticos. Los laberintos urbanos son a la vez laberintos de la interioridad de los personajes. La cartografía del ir y venir de los personajes a través de la ciudad de la Habana, es una cartografía de la espiritualidad que transcurre un laberinto que resulta desconcertante. A lo largo de los diferentes capítulos de la novela se incrustan once apartados, en los que un personaje femenino le relata al psiquiatra fragmentos de su vida en provincia, su llegada a la Habana, su vida como actriz y sus amoríos. Este personaje pudiera ser cualquiera de las mujeres de la novela que son actrices o vedetes: Cuba Venegas, Magalena Crús, Irenita, Livia o Laura Díaz. En la última sesión con el psiquiatra el personaje valora una de la anécdota de una violación: “Lo cierto es, doctor, que yo no sé si me pasó a mí o si le pasó a mi amiguita o si lo inventé yo misma. Aunque estoy segura que no lo inventé. Sin embargo, hay veces que pienso que yo soy en realidad mi amiguita.” (Ibidem., P. 485) Desde sí mismo, este personaje que se relata desde las sombras, se confunde. Esto no es existencialismo, es un trazo propio de la novelística latinoamericana, que logra capturar los significados confusos y laberínticos de la vida a partir de los recursos literarios que van concibiéndose como territorializados desde un “acá” que rompe con un “allá”.
Pero desde lo intrincado de la novela de Cabrera Infante, ¿qué historia(s) se cuenta(n) entonces?:
La historia de los “tres tristes tigres” que pudieran no ser tres, sino cuatro: Silvestre (el escritor), Silvio Sergio Ribot  o Eribó (el oficinista que renuncia para volver a la música), Arsenio Cue (el actor de televisión) y, Códac (el fotógrafo).
Las historias de los personajes femeninos que se inscriben en historias borrosas e incompletas: la de la Estrella,  que se narra en los apartados Ella Cantaba boleros (una mulata gorda y enorme que es cantante); la de Cuba Vega (vedete y cantante); la de Magalena Cruz;  la de la mujer que monologa ante el psiquiatra, que se narra en los apartados de la Primera a la Oncena.
Otras dos historias que se insertan en la novela de manera lúdica. El cuento escrito por Mr. Campbell y corregido por Mrs. Campbell, traducido por Rine Leal (personaje masculino secundario) y corregido en su traducción por Silvestre.  La muerte de Trotsky, que es una parodia de varios escritores cubanos (Martí, Lezama Lima, Lydia cabrera, Novás Calvo, Carpentier y Guillén) y que resulta ser una cinta magnetofónica grabada por Bustrófedon y en la que aparecen las voces de: Arsenio Cue, Silvestre Ribot, Rine Leal y Silvestre.
Y la historia de Bustrófedon, que simbólicamente plantea la historia de la escritura a lo largo de los siglos, desde los primeros trazos en la tierra o en tablillas de arcilla por parte de las civilizaciones del medio oriente, hasta los avances de la tecnología electrónica, que permiten los registros de las voz humana en cintas magnetofónicas. Pero esta última,  es en el fondo una estrategia narrativa para burlarse del formalismo en el que ha quedado atrapada la escritura. Después de la muerte de Bustrófedon en el capítulo de Rompecabeza, el personaje simbólico vuelve a aparecer una y otra vez. La muerte de este personaje, clave en la novela de Cabrera Infante, parece ser también una parodia, una jugada de escritura que resulta negada. Bustrófedon es mucho más que un personaje y mucho menos que pura textualidad, es un híbrido, hecho de carne y hueso y de palabras, hecho de una sustancia irónica, como el eco de una risa que no cede siquiera ante la muerte.

III
En el capítulo final de Tres tristes tigres, mientras Arsenio Cué y Silvestre recorren las calles de La Habana en auto, se manifiesta a lo “total”,  como un concepto en el que quedan manifiestas las pretensiones epistemológicas y espirituales de los personajes:

“Nos quedaría devorar kilómetros como se dice… sino que estaba recorriendo la palabra kilómetro y pensé que su intención era pareja a mi pretensión de recordarlo todo o a la tentativa de Códac deseando que todas las mujeres tuvieran una sola vagina (aunque él no dijera exactamente vagina) o Eribó erigiéndose en el sonido que camina o el difunto Bustrófedon que quiso ser el lenguaje. Éramos totalitarios: queríamos la sabiduría total, la felicidad, ser inmortales al unir el fin con el principio. Pero Cue se equivocaba (todos nos equivocamos, todos menos quizá Bustrófedon que ahora podía ser inmortal) porque si el tiempo es irreversible, el espacio es irreconocible y además infinito…” (Cabrera Infante, P.  345 y 346).

En los diálogos de Cué y Silvestre en el capítulo final de la novela (Bachata), aparecen las figuras de la fuga de Bach (P. 319 – 325) y la cinta de Moebius (P.386), al lado de la velocidad y la aceleración con la que los dos personajes recorren en auto a la Habana nocturna. La fuga de Bach es parte de un lenguaje musical, artístico y estético propio del barroco, que interdiscursivamente Cabrera Infante traslada a la novela. La cinta de Moebius, forma parte de un lenguaje científico, que también interdiscursivamente el autor traslada al plano de Tres tristes tigres. ¿Pero cuál son los significados de la fuga de Bach y de la cinta de Moebius? La fuga de Bach y la cinta de Moebius, estarían significando analógica e interdiscursivamente al lenguaje en la novela. El lenguaje que “se fuga” y que trastoca a la lógica convencional, en una “cinta de Moebius”, que resulta próxima a la cinta magnetofónica en la que Bustrófedon y otros personajes graban los cuentos sobre la muerte de Trotsky, parodiando a varios escritores cubanos.
El lenguaje musical y el lenguaje científico, son colocados interdiscursivamente dentro del lenguaje literario de Tres tristes tigres -de la misma manera en que es llevado un lenguaje matemático al texto-. En la novela se refiere a la búsqueda de lo total: “Eramos totalitarios”. Se afirma también que las ideas del tiempo y del espacio no pueden caber en las aspiraciones de una totalización, que “todos se equivocaban” respecto a esto y, que quizá el único que no se “equivocaba”, era Bustrófedon: el lenguaje personificado, planteado como estrategia de escritura y como símbolo crítico de la lingüisticidad  y la narratividad. Lo total no queda manifiesto en el tiempo ni el espacio, sino en el lenguaje.

“ - ¿Tu sabes lo que estás haciendo? – Le pregunté.
- Regresar.
- No, mi viejo, es otra cosa, quieres convertir la calle en una cinta de Moebius.
- Explícate, por favor. Yo no terminé el bachillerato como sabes.
- Pero tú sabes lo que es la cinta de Moebius.
- Vagarosamente.
- Entonces sabes que quieres continuar la carrera hasta encontrar no La Habana, sino la cuarta dimensión, que quisieras que quieres que la calle, continuada, fuera más que un círculo una órbita temporal, que este es tu trompo del tiempo…
- Esto se llama cultura total…” (Cabrera Infante, P. 386).


La “cultura total”, el “saber total”,  está incrustado en la novela de Cabrera Infante, en las múltiples citaciones de autores y obras, literarias, musicales y cinematográficas y, toma forma en la orgía lingüística que transcurre al libro. ¿Pero, de qué formas el lenguaje se constituye en: personaje,  estrategia de escritura y en símbolo crítico de la lingüisticidad y la narratividad en la novela?
A) Desde una poética que toma como uno de sus ejes al componente fonético de la narración.  Tres tristes tigres es una novela para leerse en voz alta, para asaltar al oído con la jungla fonética de su lingüisticidad.
B) A partir de una serie de desplazamientos y transfiguraciones nominales de los personajes y los lugares. Entre el ludismo y las jugadas de luces y sombras, los lugares y los personajes cambian de nombre de manera constante.
C) Mediante la introducción lúdica y dispersa de dos narrativas que en formato de cuento,  se incrustan en la narrativa más amplia de una novela, a partir de autores y componentes que varían. Por un lado están  los cuentos varias veces modificados de Mrs. Campbell. Por otro lado está del asesinato de Trotsky. Resulta significativo que la primera de estas narraciones sea plenamente ficticia, en tanto la segunda se deriva de un hecho histórico. ¿Qué une a las dos historias? La dispersión narrativa que opera desde la literatura. Cualquier hecho que se cuenta queda investido de una lingüisticidad abierta, desde la cual la literatura le da forma a la sustancia narrativa.
D) A través de un plano de interdiscursividad, en un correlato que se abre entre el discurso lingüístico-literario y otros discursos: musical, cinematográfico, científico, matemático, pictórico, etc.
En el texto de Cabrera Infante, el lenguaje se dispersa de manera totalizante. Es una germinación que no culmina con el punto final de la novela, que deja huecos regados por doquier a la manera de signos de interrogación. Son las formas de un punzar intelectual y estético neobarroco.

IV
En la novela se hace presente una correlación entre el neobarroco y el clásico, de tal forma que a lo largo del texto diversas posturas teóricas y artísticas del clásico se conjugan con los componentes neobarrocos, en referencia a:  sucesos en los que se ven envueltos los personajes, formas de nombrar lúdicamente a los personajes y los lugares, referencias que se manifiestan en los diálogos de tendencia esnobista, etc. 

“… precisamente porque la definición formal requiere la construcción de un sistema de categoría interdefinido, parece evidente que clásico y barroco – al menos desde un punto de vista analítico- son igualmente interdefinidos. El uno no existe sin el otro; mejor aún; el uno pone necesariamente al otro de modo implícito (o incluso explícito). Clásico y barroco por tanto no se van siguiendo en la historia. Conviven. (Calabrese, P. 207):

En el texto de Cabrera Infante se abordan de forma lúdica e irónica nombres de autores, obras y citaciones de: la mitología, la filosofía la literatura griega y romana; la filosofía y la literatura medievales, renacentistas y de la ilustración; la música clásica y, el cine. El neobarroco de Cabrera Infante se alimenta del clásico a la vez que lo reconfigura en una serie de jugadas intertextuales e interdiscursivas.

Bibliografía
Cabrera Infante G., Tres tristes tigres, editorial Seix Barral, España, 2011.
Calabrese O., La era neobarroca, editorial Cátedra, España, 1987.
Carpentier A., Concierto barroco, editorial Siglo XXI, México, 2013.
Celorio G., De dónde son los neobarrocos, México:  revista Nexos, 1 de agosto de 1989, en: http://www.nexos.com.mx/?p=5545, electrónico.
Cortázar J., Rayuela, editorial Alfaguara, México, 2001.
Matas J., Orden y visión de tres tristes tigres, revista Iberoamericana, Volumen XL, Num. 86, enero-marzo de 1974, en: http://revista-iberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/view/2551/2739
Merton S., Caminata por la narrativa latinoamericana, Fondo de Cultura Económica, México, 2004.
Sarduy S., El neobarroco y el barroco, editorial El cuenco de plata, Argentina, 2011.
Sarduy S., De dónde son los cantantes, editorial Seix Barral, España, 1980.
Sarmiento A., Espacios imaginarios en Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante, en: Revista de literaturas modernas, Num. 34, año 2004, en: http://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/146/Sarmiento%20RML34.pdf