Etimológicamente la “utopía” es el “no-lugar”. En términos filosóficos y políticos, el
concepto puede rastrearse hasta Grecia. “La república” de Platón puede considerarse
como el primer texto de contenido utópico. El “no lugar” de la utopía implica
el “no acaecimiento” de los contenidos utópicos, en el entendido de su no
realización fáctica precedida por un imaginario desbordante. El lugar (topos) primero de la utopía es lo
imaginario que de una u otra forma precede a lo que no ha tenido lugar, a lo
que no tendrá lugar de forma alguna.
Lo imaginario de la utopía posee
contenidos racionales e irracionales a los que no se les ha analizado con suficiencia.
Se ha pensado a la utopía como el “no-lugar” pero no se le ha pensado como “el-lugar-del-no”.
¿De qué formas la negación (el no) y
el lugar (el topos) se conjugan en el concepto occidental de la “utopía”? ¿Hemos
llegado a un punto tal en el que el “no-lugar” de la utopía nos muestre lo
rotundo de la negación del lugar, la inexistencia irrebasable en la que el “no” enfático pueda ser la única posibilidad del infinito?
En su abstracción de lo real, la
utopía trastoca a lo real y al pensamiento mismo.
Lo real se manifiesta insuficiente y
carente respecto a lo que es, al ser pensado desde lo que puede ser (lo deseado
y necesario como factibles) y desde lo que imperativamente debe ser (lo
deseado y necesario como impuestos). Lo
que puede y lo que debe ser lo real, son obra del pensamiento humano que no
logra contenerse. Paradójicamente, al igual que la utopía, los-límites-no-tienen-lugar. A su vez, la contingencia y el azar no cabrían en el pensamiento
utópico, lo real es factible de ser transformado –o trastornado- desde el
pensamiento.
El pensamiento no se contiene en lo
real mismo, sino que lo trasciende, disloca a lo real, le construye otro-lugar
desde el no-lugar de la utopía, acudiendo a una racionalidad desbordante de
contenidos irracionales (mágicos,
míticos y poéticos). En el pensamiento utópico puede identificarse una estética
de lo no-real del pensamiento, que al desprenderse de lo real, lo deconstruye y
lo reconstruye en una narrativa de aspiraciones embellecedoras. Lo real puede
ser bellamente mejor desde el pensamiento utopizante, de hecho lo es
imaginariamente. Hay aquí rasgos de la patología occidental en la que el
pensamiento es mucho más que lo real. Si el pensamiento, si la potenciación del
pensamiento, ha rebasado a lo real, esto
significa que lo real nos será siempre insuficiente ante la potenciación de lo
que el pensamiento pueda-ser, pueda-hacer. Sin embargo hay limitaciones del pensamiento que
nos han venido quedando claras en los últimos siglos. La patología queda identificada. ¿Hasta qué grados el pensamiento puede ser más que
lo real? ¿De qué formas el pensamiento puede ser más que lo real? ¿Qué implicaciones
tienen el lenguaje y los discursos, respecto a la configuración de un
pensamiento que ha sido y que pretende seguir siendo mucho más que lo real?
Después de la palabra “Dios”, el
término “utopía” es el qué más se excede a sí
mismo como lenguaje y como pensamiento.
Es una palabra que nos muestra un excedente desbocado del pensamiento y
de lo real. Es el “no-lugar” de la “no-palabra”…