viernes, 27 de diciembre de 2013

Persecuciones de la utopía



Etimológicamente la “utopía” es el “no-lugar”.  En términos filosóficos y políticos, el concepto puede rastrearse hasta Grecia. “La república” de Platón puede considerarse como el primer texto de contenido utópico. El “no lugar” de la utopía implica el “no acaecimiento” de los contenidos utópicos, en el entendido de su no realización fáctica precedida por un imaginario desbordante. El lugar (topos) primero de la utopía es lo imaginario que de una u otra forma precede a lo que no ha tenido lugar, a lo que no tendrá lugar de forma alguna.
Lo imaginario de la utopía posee contenidos racionales e irracionales a los que no se les ha analizado con suficiencia. Se ha pensado a la utopía como el “no-lugar” pero no se le ha pensado como “el-lugar-del-no”. ¿De qué formas la negación (el no) y el lugar (el  topos) se conjugan en el concepto occidental de la “utopía”? ¿Hemos llegado a un punto tal en el que el “no-lugar” de la utopía nos muestre lo rotundo de la negación del lugar, la inexistencia irrebasable en la que el “no” enfático pueda ser la única posibilidad del infinito?
En su abstracción de lo real, la utopía trastoca a lo real y al pensamiento mismo.
Lo real se manifiesta insuficiente y carente respecto a lo que es, al ser pensado desde lo que puede ser (lo deseado y necesario como  factibles)  y desde lo que imperativamente debe ser (lo deseado y  necesario como impuestos). Lo que puede y lo que debe ser lo real, son obra del pensamiento humano que no logra contenerse. Paradójicamente, al igual que la utopía, los-límites-no-tienen-lugar.  A su vez, la contingencia y el azar no cabrían en el pensamiento utópico, lo real es factible de ser transformado –o trastornado- desde el pensamiento.
El pensamiento no se contiene en lo real mismo, sino que lo trasciende, disloca a lo real, le construye otro-lugar desde el no-lugar de la utopía, acudiendo a una racionalidad desbordante de contenidos irracionales  (mágicos, míticos y poéticos). En el pensamiento utópico puede identificarse una estética de lo no-real del pensamiento, que al desprenderse de lo real, lo deconstruye y lo reconstruye en una narrativa de aspiraciones embellecedoras. Lo real puede ser bellamente mejor desde el pensamiento utopizante, de hecho lo es imaginariamente. Hay aquí rasgos de la patología occidental en la que el pensamiento es mucho más que lo real. Si el pensamiento, si la potenciación del pensamiento,  ha rebasado a lo real, esto significa que lo real nos será siempre insuficiente ante la potenciación de lo que el pensamiento pueda-ser, pueda-hacer. Sin embargo hay limitaciones del pensamiento que nos han venido quedando claras en los últimos siglos. La patología queda identificada. ¿Hasta qué grados el pensamiento puede ser más que lo real? ¿De qué formas el pensamiento puede ser más que lo real? ¿Qué implicaciones tienen el lenguaje y los discursos, respecto a la configuración de un pensamiento que ha sido y que pretende seguir siendo mucho más que lo real?
Después de la palabra “Dios”, el término “utopía” es el qué más se excede a sí  mismo como lenguaje y como pensamiento.  Es una palabra que nos muestra un excedente desbocado del pensamiento y de lo real. Es el  “no-lugar” de la “no-palabra”…