I
La manera en que se han concebido los
periodos en la producción de la obra de Carlos Montemayor presenta
dificultades. El también escritor chihuahuense José Vicente Anaya concibe dos
etapas en la obra de Carlos Montemayor (“Carlos Montemayor y los clásicos”, “La
Jornada”, 18 de julio de 2010). La primera etapa abarcaría las décadas de 1970
y 1980, durante este tiempo Montemayor se ocupó fundamentalmente de los
clásicos griegos y latinos. La segunda etapa de producción literaria del poeta
y narrador abarcaría la década de 1990 y se extiende hasta el año de su muerte
en 2010. En esta segunda etapa su obra está caracterizada por los textos de corte político, social e histórico, que definen al autor como un intelectual de
izquierda. Anaya plantea que el momento divisorio entre estas dos etapas es el
año de 1991, cuando se publica la novela “Guerra en el paraíso”.
Sin embargo, es necesario
tener en cuenta que Montemayor comienza la escritura de “Guerra en el paraíso” hacia
1985, después de renunciar a la Secretaría del Colegio Nacional. El escritor
chihuahuense inició la investigación documental para la escritura de esta
novela ese mismo año. En las últimas semanas de 1987 y las primeras semanas de
1988 recorrió diversas regiones del estado de Guerrero, haciendo entrevistas y
obteniendo testimonios de los habitantes de la zona donde operó la guerrilla de
Lucio Cabañas (“Guerra en el paraíso de Carlos Montemayor”, revista Proceso, 6
de abril de 1991).
Tal vez, el momento que traza
la división entre las dos etapas de producción escrita de Montemayor no sea
1991, sino 1985, año en el cual inicia las investigaciones documentales y de
campo para escribir la novela con la que obtendría el Premio Colima en el
género de Narrativa. Junto a lo anterior, es necesario señalar que el escritor
chihuahuense publica su traducción de los poemas de Safo en 1986, además de publicar su traducción de la poesía
de los goliardos en 1987. Mientras Carlos Montemayor investiga y prepara la
escritura de la novela política e histórica “Guerra en el paraíso”, se publican
dos de sus traducciones de textos que son parte de la literatura clásica en
occidente. Resulta complicado entonces establecer un momento preciso para señalar la
ruptura entre las dos etapas de producción literaria de Carlos Montemayor. Más
que tener en cuenta los cortes tajantes en las periodizaciones de la
literatura, hay que considerar las intersecciones y los traslapes. Toda
periodización literaria es imperfecta y tendría que ser pensada en los términos
de su conflictividad.
II
En la recepción de la obra
de Carlos Montemayor, los textos más leídos y analizados por la crítica
literaria son las novelas. Entre los
lectores y críticos del escritor chihuahuense hay una preferencia por las novelas
que se construyeron a partir de la guerrilla de Lucio Cabañas y el asalto al
cuartel de Madera en 1965, dejando en segundo término la lectura y la crítica de
la primera narrativa del autor, la poesía, la ensayística y la traducción. Esta
tendencia selectiva resulta explicable, Montemayor se ha convertido en un autor
de culto para la izquierda mexicana y a partir de ello se generan una serie de
inercias que conducen a privilegiar el estudio de una parte de su obra,
marginando lo demás.
Una de las novelas menos
estudiadas del poeta y narrador son “Los informes secretos”, publicada en 1999.
A pesar de ser una de las novelas cuyo contenido es político e histórico, este
texto ha sido escasamente estudiado. Curiosamente, la escritura y publicación
de “Los informes secretos”, queda en medio de la escritura y la publicación de
“Guerra en el paraíso”, la novela sobre la guerrilla de Lucio Cabañas que se
publica en 1991, y de la trilogía de novelas construidas en torno al asalto al
cuartel de Madera: “Las armas del alba”, “La fuga” y “Las mujeres del alba” que
son publicadas en los años 2003, 2007 y
2010 respectivamente.
III
A lo largo de la novela
hay dos planos narrativos. El primer plano narrativo se ubica en la década de
1990 en México, posterior al levantamiento armado del EZLN, y se narra la
historia de un grupo de agentes del CISEN que realizan un seguimiento sobre un
personaje de la izquierda que tiene conexiones con grupos subversivos. El
segundo plano narrativo se elabora a partir de una serie de documentos de
seguridad nacional a los que tiene acceso el personaje espiado por el CISEN, aquí
se relatan una serie de episodios sucedidos en la década de 1950 en México,
donde los actores son miembros del Partido Comunista de Guatemala, militantes
destacados e integrantes del Comité Central del Partido Comunista en México,
miembros de organizaciones cercanas a grupos guerrilleros, impulsores del henriquismo y espías de la KGB.
Los dos planos narrativos
se van alternando y son construidos a partir de una trama fragmentaria. La
estructura de la novela se elabora en base al procedimiento que emplean los
agentes de seguridad nacional para elaborar fichas informativas. El texto está
formado por un cúmulo de fichas informativas en las que un agente del CISEN
reporta a un superior el seguimiento de una investigación en curso. Algunas de
las fichas informativas que estructuran narrativamente a la novela son de dos
renglones, otras fichas ocupan páginas enteras.
A partir de la estructura en
dos planos diferentes, que narran la
historia del espionaje de un activista de la izquierda en los años posteriores
al alzamiento del EZLN, y diversas historias de la izquierda clandestina
durante la década de 1950 en México, Montemayor plantea un análisis comparativo
de las instituciones de inteligencia en México en dos momentos históricos
distintos. Durante la década de 1950 ya operaba la Dirección Federal de
Seguridad, la institución que estuvo a cargo de la guerra sucia en las décadas posteriores
al asalto al Cuartel de Madera. El CISEN, que sustituye a la Dirección Federal
de Seguridad, inicia sus operaciones en la década de 1990. En diversos momentos
de la novela, el agente que escribe los informes de investigación realiza
valoraciones que recuerdan con nostalgia los años gloriosos de la Dirección
Federal de Seguridad, y que critican los errores y los sesgos que surgieron con
el CISEN:
La fractura se inició en 1983, con la desaparición de
viejos cuerpos policiacos como la Dirección Federal de Seguridad. Esos cuerpos
represivos quedaron aparentemente victoriosos después de 1977 y llevó mucho
tiempo desmantelarlos. Algunos elementos permanecieron en servicio, otros se
trasladaron a grupos privados de seguridad, o a combatir el narcotráfico, o al
narcotráfico, o a delinquir. En ese desmantelamiento se fracturó la continuidad.
La información sobre grupos subversivos es ahora clandestina; si se obtiene es
distante (“Los informes secretos”, P. 110).
El planteamiento del
quiebre en las instituciones de seguridad nacional en México que es abordado en
la novela “Los informes secretos”, es confirmado en una entrevista que Carlos
Montemayor le concede a la revista “Proceso”
el 29 de mayo de 1999. En esta entrevista, el escritor chihuahuense
afirma que las tareas que lleva cabo el CISEN no tienen ya un enfoque de seguridad
nacional que busque proteger al interés colectivo genuino de los mexicanos,
sino que han sido usadas para proteger los intereses de personas y grupos
políticos que se han incrustado en el poder y que buscan mantener sus
privilegios. Al final de la novela, el agente de seguridad que escribe los
informes de la investigación, se dirige de manera directa e incisiva hacia su superior,
señalando que la tarea que le ha sido ordenada pretende más que nada el encubrimiento:
… inicié una investigación sobre usted… Sabemos ahora que
no le interesa a usted conocer los posibles nexos del objetivo con grupos
clandestinos, sino sus posibles nexos con grupos políticos. También, que se
propuso mediante nuestro equipo borrar algunos de sus propios rastros y
descubrir en que medida podrían detectarlo a usted equipos de inteligencia de
otros grupos políticos (P. 229)
En distintos momentos de
la novela, el agente del CISEN le recomienda o le solicita al superior a quien
se dirigen los informes, que las líneas de investigación deben ser ampliadas o
modificadas, que hay indicios que ameritan desdoblar la investigación hacia
personas, grupos o regiones donde actúan grupos subversivos relacionados con el
activista de izquierda al que le están dando seguimiento. Pero en ningún
momento el superior les permite ampliar las líneas de investigación, porque sus
intereses son distintos. Constantemente la investigación es limitada y bloqueada,
con la finalidad de proteger los intereses personales de quien la ordena y la
controla.
El segundo plano narrativo
de la novela está elaborado a partir de una serie de documentos y testimonios sobre
diversos acontecimientos que tuvieron lugar en la década de 1950 en México. Los
documentos y testimonios se incrustan de manera alternada a lo largo de la
novela, y entre varios acontecimientos, de manera episódica y fragmentaria se
narran: la huida de integrantes del Partido Comunista de Guatemala hacia
México, después del golpe de estado al gobierno de Jacobo Arbenz en 1954; las
conflictivas elecciones de 1952 en México en las que participó el movimiento de
los henriquistas que se separó del partido oficial; los casos de espionaje en los órganos de
dirección del Partido Comunista Mexicano y el Partido Obrero Campesino; el
asesinato de Leon Trotsky en Coyoacán; el caso emblemático de la expulsión de
José Revueltas del Partido Comunistas en México; y las contradicciones y
paradojas que se hicieron presentes en todo momento al interior de este partido.
En algún momento de 1990,
a Carlos Montemayor le fueron entregados nueve paquetes de microfilmes de
archivos confidenciales de agentes de la PGR infiltrados en el Partido
Comunista Mexicano y el Partido Obrero Campesino en la década de 1950. Mientras
las dos historiadoras investigaban en los Archivos Generales de la Nación, les fueron entregados por equivocación
estos archivos que le hicieron llegar a Montemayor. La novela “Los informes
secretos” es el producto del trabajo de investigación del escritor chihuahuense
con estos archivos y con otras fuentes documentales.
Montemayor no santifica de
manera plena a la izquierda mexicana, sino que subraya sus sesgos, torsiones y
equivocaciones. En el análisis que realizan de las novelas de la guerrilla de
Carlos Montemayor, las investigadoras Cabrera López y Estrada [“Con las armas
de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México (Vol. I)”,
2015] afirman que “el imaginario guerrillero mexicano no es idealizante”. Más bien, las novelas de
Montemayor problematizan sobre el movimiento guerrillero y la izquierda
mexicana. En una entrevista registrada en la revista “Proceso” del 6 de abril
de 1991, Montemayor afirma que la literatura de corte político o militar trae
consigo la necesidad de la imparcialidad que debe procurarse a partir de una
postura ética e inteligente del escritor. Es necesario entonces dejar a un lado
las versiones que al convertirse en “camisas de fuerza” conducen a una sobreideologización
que termina dando lugar a sesgos narrativos. A lo largo de la escritura de sus
novelas políticas e históricas, Montemayor procuró resguardar una postura ética
que lo llevase a una visión imparcial en su narrativa.
Tanto en la novela “Guerra
en el paraíso” como en la novela “Las armas de alba”, el escritor norteño desliza
una crítica de la decisión táctica que se tomó para asaltar el Cuartel de
Madera el 23 de septiembre de 1965. En ambas novelas se deslizan contenidos
sobre lo apresurado de la acción guerrillera que llevó a una muerte inminente a
los guerrilleros encabezados por Arturo Gámiz (Cabrera López y Estrada,
Ibidem.).
En la novela “Los informes
secretos” se aborda el injusto caso de expulsión de José Revueltas del partido
comunista, y se le da la razón a las tesis que este autor terminó escribiendo
en el ensayo “El proletariado sin cabeza”. En distintos fragmentos de la novela
se narra la injusta expulsión del Partido Comunista de un militante llamado
Manuel Díaz Arzabe. Se abordan también las contradicciones del socialismo de la
Unión Soviética y las situaciones paradójicas de cuadros de primer nivel de la
izquierda en México, como David Alfraro Siqueiros y Vicente Lombardo Toledano.
Después descubrimos que no todos los cuadros
profesionales éramos iguales, que había de primera, segunda y tercera clase.
Los de primera cobraban bastante bien; a ella pertenecían los miembros de la
Comisión Política. Había una segunda clase, la intermedia, y luego la tercera,
donde estaban los parias… Esto lo descubrimos dramáticamente el día que el
compañero Mónico Rodríguez acompañó en una misión a Morelia al Comité Central…
Con lágrimas en los ojos , Mónico nos contaba que el camarada Dionisio Encina
le llamó a un hotel que está en el centro de Morelia y le dijo: “Mónico, toma
estos cincuenta pesos y ve a comprarle a la compañera (una compañera extranjera
que estaba de visita) un paquete de dulces, porque ya se va y quiero regalárselo”.
Mónico trajo el paquete y se quedé esperando, como diciéndole: “Yo no he comido
en dos días”.
V. ¿Le dijo eso que no había comido en dos días?
M. No, pero Dionisio lo sabía. No les habían dado ni un
centavo
Las críticas que realiza
Montemayor hacia la izquierda partidista en el México de mediados del siglo XX
son directas y ásperas. Se detienen en acontecimientos que fueron silenciados
por muchos años y que todavía procuran ser mantenidos en la desmemoria. Pero
esta mirada crítica de Montemayor hacia la izquierda no tiene el mismo sentido
que las críticas de Daniel Espartaco hacia la izquierda en los cuentos de “El
error del milenio” (2006) y “Cosmonauta”
(2011). La narrativa del escritor chihuahuense Daniel Espartaco es una crítica
con un tono ácido, que lleva a la descalificación y la denostación de la
izquierda partidista y guerrillera en México. Las miradas de Montemayor y de
Espartaco hacia la izquierda mexicana,
encuentran de por medio una significativa distancia generacional e
ideológica. Los cuentos de Espartaco son posmodernos, la narrativa política e
histórica de Montemayor aspira a una ética que no abandona por completo la
posibilidad de la justicia social y política que millones de mexicanos siguen
reclamando. Espartaco renuncia a la
posibilidad de las grandes narrativas, mientras Montemayor escarba en los
acontecimientos políticos e históricos del México reciente, buscando la
posibilidad utópica que persiste simbolizada en la imagen del “alba”,
de un amanecer que aparece a lo largo de toda su obra. Este amanecer es el cuerpo
de la utopía, que prosigue respirando y que nos lanza manotazos para despertar
de un letargo de siglos.