martes, 7 de marzo de 2017

César Duarte, Javier Corral y la paradójica figura del “chivo expiatorio”


I
Desde las primeras organizaciones sociales y políticas en la historia de la humanidad, pueden rastrearse indicios de los mecanismos que le han permitido a los seres humanos llevar una vida en común:  reglas mínimas de convivencia, formas de castigar a quienes incumplen estas reglas, estrategias para depositar el poder en determinada(s) persona(s), etc. Con el paso de los siglos, este tipo de mecanismos para equilibrar la vida en lo social y lo político se han ido sofisticando y complejizando. Aunque las maquinarias jurídicas y las maquinarias de gobierno nunca han llegado a funcionar de manera perfecta. En todo momento estas maquinarias han presentado inconsistencias y fallas.
Entre las investigaciones que se han realizado sobre los mecanismos que le han permitido al hombre trazar una vida en común, destaca el caso de René Girard, un intelectual francés que dedicó su vida entera a poner en claro la teoría del deseo mimético. Lo extraño en el caso de Girard, es que no es un historiador del derecho ni de la teoría política, tampoco es un filósofo dedicado a estudiar el poder y sus mecanismos de control social y político. Girard es un investigador que ha llevado a cabo su tarea en los entrecruces de la antropología, la literatura y la filosofía, es un pensador transdisciplinario, alguien que piensa, investiga y escribe rebasando las fronteras de los campos disciplinarios que se han formado en las universidades en los últimos cien años. La investigación transdisciplinaria le ha permitido a Girard construir respuestas no convencionales a preguntas que continúan atosigando a los seres humanos. Este pensador francés ha investigado los momentos históricos en los cuales determinadas comunidades de seres humanos, han vivido acontecimientos que las han colocado al borde de la destrucción, debido a fenómenos como epidemias y crisis del orden social, político y cultural.
Girard plantea su “hipótesis mimética” de la siguiente forma: “debido a que los hombres se imitan más que los animales, tuvieron que encontrar el medio de menguar una similitud contagiosa, posible de traer aparejada la destrucción pura y simple de su sociedad. Ese mecanismo, que llega a restituir la diferencia allí donde cada cual se volvía similar al otro, es el sacrificio. El hombre surgió del sacrificio… Lo que de acuerdo con Freud denomino asesinato fundacional –es decir, la inmolación de una víctima expiatoria, a la vez culpable del desorden y restauradora del orden- se volvió a poner en acto constantemente en los ritos, en el origen de nuestras instituciones” (“Clawsewitz en los extremos. Política, guerra y apocalipsis”, 2010).
En diferentes momentos en que los seres humanos han llegado a crisis extremas en las cuales se pone en juego la continuidad y la supervivencia de la propia comunidad, Girard identifica la presencia del “chivo expiatorio”, una figura en la que se depositan las responsabilidades y culpabilidades por los problemas desatados. Girard no refiere que la figura del “chivo expiatorio” tenga que ver directamente con la fabricación social o mediática de un responsable o culpable sustituto. En los medios periodísticos, la idea del “chivo expiatorio” ha sido interpretada como un mecanismo para responsabilizar y culpabilizar sustitutivamente a determinado(s) sujeto(s), con la intención de desviar las verdaderas responsabilidades y culpas sobre un problema determinado. Girard toma distancia de esta postura y teoriza de una manera diferente. El chivo expiatorio es un sujeto individual o colectivo sobre  quien(es) se deposita(n) las responsabilidades y las culpas de un problema determinado, pero lo que de fondo se deposita en la figura del chivo expiatorio es una violencia que reclama un acto sacrifical. El chivo expiatorio queda expuesto ante la turba enardecida, ante decenas, cientos o miles de personas que reclaman, no la rendición de cuentas, sino una cabeza colocada en la picota de plaza pública, una cabeza arrancada de su cuerpo físico y separada a la vez del cuerpo social y político. Desde luego que en este acto queda manifiesta una acumulación de la violencia social y política. Es una violencia bajo la forma de reclamos y protestas que pretenden que se ejerza una justicia terrenal o divina. Sobre la figura del chivo expiatorio, se lanza y acumula una violencia social y política, que se proyecta hasta el acto final del sacrificio. El chivo expiatorio tendría que ser sacrificado para expurgar las responsabilidades y las culpas, para vaciar de esa forma la violencia social y política que puede llegar a acumularse en grados superlativos. 
Según Girard, la figura del “chivo expiatorio” ha permanecido desde la antigüedad hasta las democracias modernas, manifestando un patrón que se ha repetido una y otra vez de diferentes formas. El mecanismo del “chivo expiatorio” que culmina con el sacrificio, no está escrito en las leyes, tampoco ha sido abordado por los investigadores de la teoría social o política. Es una forma de funcionamiento sociocultural que puede rastrearse en lo mismo  en los textos religiosos, literarios, antropológicos e históricos. En el caso reciente del exgobernador César Duarte, el proceso electoral del 2016 y el triunfo del panista Javier Corral, la figura del “chivo expiatorio” planteada por Girard arroja luz para hacer un análisis de fondo.

II
Después del triunfo electoral panista en el año 2000, con Vicente Fox a la cabeza, tuvo lugar una dispersión del poder político, que antes se había concentrado en el PRI y en la figura del presidente de la república. Durante los casi setenta años de gobiernos priistas a lo largo del siglo XX, el poder político quedó depositado en el presidente de la república, quien tenía la capacidad incuestionable para definir los destinos de México. Con Fox a la cabeza de la presidencia, aquella capacidad quedó resquebrajada y los gobernadores de los estados se convirtieron en figuras de gran peso político, no solo para sus estados, sino para el país entero. Desde el año 2000 a la fecha el poder político se ha fragmentado y reconfigurado de diferentes formas. Los años del foxismo son los años de origen de la Confederación Nacional de Gobernadores (CONAGO), una instancia no reconocida ni surgida de las leyes, sino creada políticamente como un polo de poder en contrapeso al poder presidencial. En esos mismos años, los gobernadores de los estados comenzaron a ser concebidos como “virreyes” en el ejercicio del poder gubernamental. Hacia el interior de sus estados, los gobernadores han llegado a tener un poder de gran peso, y en algunos casos este poder se ha desvirtuado de manera cínica y nefasta. Este último es el caso del exgobernador César Duarte, quien acumuló un poder desmedido en lo político y en lo económico. Los abusos que César Duarte cometió con el poder acumulado, lo mismo lo llevaron a intervenir de forma abusiva al poder judicial en Chihuahua, que a enriquecerse de manera desmedida al lado de sus colaboradores más cercanos. Quizá el de César Duarte sea el periodo gubernamental más negro en el estado de Chihuahua, por el peso y la multiplicidad de los actos de corrupción cometidos. El bache político del priismo, que muestra uno de sus puntos de oscuridad con el gobierno de César Duarte, puede llegar a convertirse en el desbarrancadero el PRI en el 2018, tal como lo escribe Luis Froylán Castañeda en el artículo “El PRI frente a su espejo negro” (“El Diario de Chihuahua”, 26 de febrero de 2017).
El poder descentralizado y fragmentado después del triunfo electoral de Fox en el año 2000, ha sido oscurecido por los gobernadores de la calidad de César Duarte, que han convertido a los estados en feudos cuyos caminos políticos han transitado entre lodazales, suciedad e inmundicia. Esta cuestión es una de las muchas causas del descrédito de la clase política en general. Lo priistas, panistas, perredistas, verde-ecologistas, panalistas, etc. han tenido que cargar con los permanentes señalamientos de corrupción e inutilidad lanzados por los ciudadanos en redes sociales y otros espacios. La clase política mexicana es una gran piñata que una y otra vez ha sido apaleada por los reclamos ciudadanos que no terminan.
Mientras ha tenido lugar la descentralización y fragmentación del poder político en México, mientras este poder descentralizado y fragmentado ha sido oscurecido una y otra vez por actos de corrupción, mientras la clase política mexicana se mira acorralada por la falta de credibilidad y prestigio, los problemas sociales, económicos y políticos, se han incrementado y agudizado de forma alarmante: los índices de violencia, asesinatos y desapariciones forzadas; la carestía y el aumento de precios que tienen como contraparte los deficientes salarios de millones de trabajadores en México; las cifras de la pobreza y la exclusión social; los problemas del campo mexicano enfrentado al monstruo del neoliberalismo; los problemas del transporte público; etc. Hay una pregunta que no tiene una respuesta contundente todavía más allá de los discursos: ¿Qué ha hecho la clase política ante estos problemas extendidos y agudizados a lo largo de décadas?
Encontramos entonces cuatro variables que estuvieron presentes en el proceso electoral del 2016 en Chihuahua: A) la descentralización y fragmentación del poder político en México; B)  el oscurecimiento de este poder descentralizado y  fragmentado a partir de las figuras de los gobernadores de los estados, quienes asumiendo el papel de virreyes han conformado feudos destacados por la corrupción desenfrenada; C) el descrédito de la clase política en general, que lo mismo abarca a los partidos de derecha, de centro o de izquierda; D) el reclamo ciudadano cada vez más intenso y de mayor tono para resolver los problemas de la violencia y los asesinatos, la carestía, la pobreza y la marginación, el transporte público, etc.
Hay quienes afirman en términos hipotéticos, que el triunfo de Javier Corral en Chihuahua en las elecciones de junio de 2016, se deriva fundamentalmente de lo señalado en la variable del inciso B. Es decir, que el triunfo de Javier Corral se debe sobre todo a la corrupción desmedida del gobierno duartista, que convirtió al estado de Chihuahua en un feudo gobernado bajo las premisas de la tiranía y el cinismo. Considerando esta hipótesis, el voto depositado en la figura de Javier Corral es una especie de factura electoral negativa, que los ciudadanos de Chihuahua le estarían cobrando a César Duarte y al priismo. Este cobro negativo de una factura electoral, le da mayor peso a una venganza ciudadana en contra del duartismo y del priismo en Chihuahua, que a las fortalezas y oportunidades políticas que puedan encontrarse en la figura de Javier Corral y el panismo.  Es difícil demostrar con evidencias suficientes, que el triunfo de Corral en 2016 se debe sobre todo a lo señalado en la variable del inciso B. Es notorio que esta hipótesis minusvalora o margina los contenidos de las variables de los incisos C y D.
Probablemente, el triunfo de Javier Corral en junio de 2016 se deba sobre todo al cobro de una factura electoral negativa, que los ciudadanos de Chihuahua hicieron efectiva en contra del duartismo y del priismo (la variable B), pero esto no significa que no estén en juego las variables señaladas en los incisos C y D. Es decir, que después de las elecciones de junio de 2016, en los primeros meses de gobierno de Javier Corral, junto al cobro negativo de la factura electoral en contra del duartismo y el priismo chihuahuense, están en juego también: el descrédito generalizado de la clase política en general, y el reclamo ciudadano cada vez más enfático para resolver los problemas de seguridad pública, de carestía, de aumento de la pobreza, del transporte público, etc. En los primeros meses del gobierno de Javier Corral, se hace manifiesto un complejo entramado que comienza a acorralar al panista y a su gabinete. Este entramado complejo se configura a partir de una serie de entrecruces entre los contenidos de las variables B, C y D.
A lo anterior hay que anexarle los comportamientos de las redes sociales y de los medios de comunicación locales, que durante las primeras semanas del 2017 han señalado cada vez con mayor acentuación,  críticas y reclamos hacia el gobierno estatal panista. Esto último estaría siendo la variable E, que se pone en juego al lado de las otras variables señaladas.
Las cinco variables abordadas, están ahora en juego proyectadas hacia las elecciones locales y federales del 2018. Cada jugada política del gobierno de Javier Corral, se desdobla en sus efectos hacia las elecciones del 2018. De tal manera que el ejercicio de gobierno se le complica en demasía al panista y a su gabinete. El triunfo de Corral en 2016, se ha convertido en una odisea plagada de retos y peligros a vencer. Tal vez el gobierno de Javier Corral sea el más complicado y claroscuro que haya existido en la historia reciente. Es un “amanecer” prometido en el discurso y convertido en slogan de gobierno, un “amanecer” que todavía no se hace presente en los hechos, que como luz prometida y deseada, comienza a asomarse entre las copas de los árboles del 2017, pero que ha empezado a encontrar oscuros nubarrones que lo aproximan a los lugares de la distopía, donde la esperanza naufraga y toma la forma de la desesperanza.

III
La trama configurada entre los componentes de las variables A, B, C, D y E dibuja un escenario que puede ser leído a partir de la figura del “chivo expiatorio” expuesta por René Girard. El gobierno del panista Javier Corral se encuentra acorralado por los contenidos de estas variables y su proyección hacia el proceso electoral del 2018. De manera sintética se repasan estas variables:
A.- La descentralización y fragmentación del poder político en México.
B.- El oscurecimiento de este poder descentralizado y fragmentado, que ha dado lugar a la presencia de gobiernos estatales despóticos y cínicos.
C.- El descrédito generalizado de la clase política en general, lo mismo las derechas que las izquierdas.
D.- Los reclamos ciudadanos que aumentan ante la irresolución de los grandes problemas nacionales.
E.- La democratización informativa a través de las redes sociales y la crítica de la prensa local al gobierno de Corral.
Javier Corral y el panismo ganaron de manera avasalladora la elecciones del 2016, pero no tienen asegurado lo que sigue. Y aunque Corral y los panistas afirmen que sus objetivos no están puestos en el 2018, es innegable que los efectos positivos o negativos del ejercicio de su gobierno, habrán de reflejarse en ese proceso electoral y estarán siendo determinantes a lo largo de todo su gobierno y en la década siguiente.
Lo que empieza a quedar claro, es que César Duarte podría estar jugando el papel del chivo expiatorio planteado por René Girard, en una etapa histórica de profunda crisis social y política en el estado de Chihuahua, atravesada por la corrupción, el descrédito de la clase política en general, la crisis del transporte público en la ciudad de Chihuahua, los problemas de inseguridad y de violencia, la exclusión y la pobreza, etc. La  sociedad entera queremos ver a César Duarte sacrificado, sometido y acorralado en un proceso judicial local o federal, que pueda llevarlo a la cárcel y que pueda terminar de desnudarlo como lo que es: un político corrupto y corruptor que ejerció el poder de manera  despótica y cínica. La sociedad entera queremos ver la cabeza de César Duarte clavada en la picota de la plaza pública, en las redes sociales y en los medios de comunicación en general. Y el artífice de esto tendría que estar siendo Javier Corral. Esto fue una promesa de campaña que se vuelve ineludible.
Junto a lo anterior, al gobierno de Corral se le reclaman respuestas efectivas ante los problemas de corrupción y descrédito de la clase política en general, se le reclama resolver el problema de inseguridad, del transporte público, de pobreza y marginación, y otros problemas que se acumulan en una lista que se extiende y complejiza al paso del tiempo.
Si Corral y el panismo no logran exponer la cabeza de César Duarte en la picota de la plaza pública y pasearla como trofeo por las redes sociales y los medios de comunicación masiva, si Corral y el panismo no logran ofrecer respuestas a los problemas de la corrupción y descrédito de la clase política, de inseguridad, del transporte público, de la pobreza y la marginación, se estará dando lugar a una reconfiguración de la figura del chivo expiatorio planteada por Girard. La agitación de los reclamos y el dedo índice acusador de miles de chihuahuenses estarán apuntando en directo hacia la figura de Javier Corral, y esto tendrá efectos en las elecciones del 2018. En unos cuantos meses, se está viviendo un proceso sociopolítico y cultural inédito en el estado de Chihuahua, en el que la figura del chivo expiatorio, puede pasar del priista César Duarte hacia el panista Javier Corral. Este momento histórico no concluye todavía y habría que estar mirándolo con lupa en el análisis político.