(Artículo en publicación en "El Diario de Chihuahua", en la sección UPNECH, los días 5 y 12 de octubre)
Cuando se encarga escribir
textos a los estudiantes, en la academia universitaria suele obviarse el debate
sobre las formas de escritura en occidente. Estamos hablando de la escritura
que se desarrolla en las humanidades (la literatura y la filosofía) y
posteriormente en las ciencias exactas y las ciencias sociales. Entre las
primeras, la tradición está marcada por el género del ensayo, que se consolida
a partir de Montaigne [1]. Entre las
segundas, destaca la forma de escritura del artículo científico o artículo de
divulgación científica. Suele confundirse al género del ensayo con el artículo
científico.
El ensayo es un género en
sí mismo, que posee una historia propia. Es común que los maestros
universitarios encarguen a sus alumnos la escritura de un ensayo sin conocer
los significados profundos de este género. Para el propósito escolar de un
maestro universitario que solicita a sus alumnos la escritura de un ensayo,
Montaigne y la historia del ensayo como género de escritura, resultan
prescindibles. En la escolarización del ensayo pueden detectarse los rasgos de
una degradación del género.
En el siglo XX hay una
historia del ensayo que bifurca al género en dos tendencias: el ensayismo
academicista, que se escribe desde las universidades, y el ensayismo libertario,
que prosigue en la defensa de los postulados de Montaigne, muy próximo a la
escritura literaria y filosófica.
Uno de los debates más
fervorosos en torno a la escritura del ensayo, reside en la captura del género
por parte de la academia universitaria. Las formas de escritura en las
universidades dan lugar a un ensayo academicista, atrapado en la
disciplinariedad, la racionalidad dura, las formas argumentativas de la citación que
recurren a la autoridad intelectual y el formato que lo mismo prescribe las
medidas de los márgenes, que el tamaño de la letra y el número de palabras por escribir. Esta
postura pretende al ensayo como transparente, homogéneo y consistente en sus
formas de decir y defender a la verdad.
La condición libertaria y
rompiente del ensayo, ha sido puesta en
claro desde Montaigne. Para esta segunda postura, el ensayo es un viaje interior (subjetivo)
que en su convergencia con lo exterior (lo supuestamente objetivo) se construye
sin transparencias plenas, heterogéneamente y de forma flotante, a partir de un
lenguaje en el que lo real y el pensamiento resultan advenedizos entre sí, como
dos seres que han intentado compenetrarse eternamente de manera fallida. En
este tipo de ensayo las formas de sustentar la verdad dependen de la capacidad
analítica e interpretativa del escritor, que puede hacer uso de distintos
recursos argumentativos.
En México, uno de los
primeros debates que se generan sobre la escritura del ensayo, lo traza Gabriel
Zaid, mediante una ácida crítica al ensayismo academicista de Alfonso Reyes
(“La carretilla Alfonsina”, en: “Leer
poesía”, 1972). Reyes es un especialista en la cultura griega y en la
literatura occidental. Zaid sostiene que los ensayos de Reyes están repletos de
erudición, pero vacíos de pensamiento y reflexión. Reyes lleva una carretilla
ensayística plagada de datos, de nombres de autores y referencias
bibliográficas. Pero su carretilla está vacía, “no lleva nada”.
El ensayo no es “el
centauro de los géneros”. La concepción mítica de Reyes, que pretende al ensayo
como poderoso y sobrehumano, resulta sintéticamente desmesurada. La analogía de
Reyes, que compara al “ensayo” con un “centauro”, pretende subrayar la
fortaleza epistemológica y escritural del género. Distintamente a Reyes,
Liliana Weinberg, concibe al ensayo como un limbo, como un territorio de
escritura que toma forma entre el paraíso y el infierno (“El ensayo, entre el
paraíso y el infierno”, 2001).
Los artículos científicos
son una manera de escritura distinta a la del ensayo. Este tipo de textos, resultan
ser el género dominante en las instituciones de educación superior dedicadas a
la formación de maestros. El artículo científico se construye como el reporte
de una investigación que ha sido generada mediante técnicas inductivas
(cuestionarios de preguntas cerradas o abiertas, entrevistas, diarios de
observación, etc.). En esta escritura, el dato que resulta sometido a una
metodolgización, constituye una compleja trama argumentativa. El dato se
recoge, se procesa, se sistematiza y se interpreta bajo cautelosos caminos e
imposiciones metodológicas, que prescriben a la escritura de un texto, que
puede ser un artículo científico, una tesis, una ponencia, etc.
En el artículo científico
no existe de manera genuina el escribir. Lo que tiene lugar aquí es una imposición,
un prescribir que es a su vez un pre-escribir.
Por un lado, la escritura
es sometida a un deber ser mediante una prescripción. La escritura es impuesta
a partir de una forma de pensamiento racionalista y de un formato como el APA o
el MLA (que dictan como debe ser el tamaño de la letra, los márgenes, el
interlineado, las formas de citar, etc.).
Por otro lado, esta
escritura se pre- escribe, es una
escritura formularia, sujeta a una maquinaria. No hay un acto de creación de la
escritura en el sentido ensayístico de Montaigne, sino que ésta es pre-
escrita, trazada y delimitada desde antes de que exista.
El “artículo científico” o
“artículo de divulgación científica”, resulta próximo al ensayo academicista,
pero muy lejano del ensayo libertario y rompiente que se propone desde
Montaigne. En el prescribir y el pre-escribir del artículo científico, tiene lugar un control de la escritura, que en
sus formas más burdas ha llegado a convertirse en instructivos o tutoriales,
que entre la recomendación y la imposición, preestablecen como debe escribirse.
En las librerías y en
internet, circulan una serie de textos que resultan desconcertantes debido a su
carácter instructivo: “Cómo elaborar una tesis”, “Cómo escribir un artículo
científico”, etc. Este tipo de textos cabe muy bien en una sección de libros
para los cuales la vida entera puede resolverse mediante recetas de cocina,
manuales para reparar diversos tipos de aparatos o tutoriales para molestar a
los vecinos. Un viraje crucial sobre estos textos instructivos, a los que se
les ha referido como “tutoriales”, puede detectarse en Youtube. Este sitio electrónico alberga un inmenso cúmulo de
tutoriales, en los que las formas de vida se reflejan de manera instructiva y
pragmática. No me ha tocado revisar si en Youtube
hay algún tutorial para la escritura de un artículo científico o de una tesis, pero
no dudo que existan. La filosofía del
tutorial obedece al pragmatismo de la aceleración: meter en una licuadora
decenas de páginas o libros enteros sobre cómo hacer una determinada actividad
humana, adelgazarlos con una concepción del tiempo que remite a la rapidez y la
aceleración, y colocar como cereza del pastel a la idea de la eficiencia y la
eficacia del proceso y el resultado.
¿Cómo al final del siglo
XX, en las instituciones de educación superior dedicadas a la formación de
maestros, ha tenido lugar un proceso en el cual el canon de la escritura ha
sido dominado por el artículo científico y no por el ensayo? Estamos hablando
en los términos de un desplazamiento del ensayo y un enseñoramiento del
artículo científico. Esto tiene que ver con la decadencia de las humanidades y la
hegemonía epistemológica de las ciencias duras y las ciencias sociales.
La pregunta sobre, ¿por qué
los catedráticos universitarios dedicados a la formación de maestros, confunden
nominal o conceptualmente, lo qué es un “ensayo” y lo qué es un “artículo científico”?
Podría responderse de manera simplificada, admitiendo que se desconoce la historia de las
formas de escritura en occidente, que responden por un lado, al territorio
epistemológico de las humanidades, que privilegian la escritura del ensayo; y
por otro lado, al territorio epistemológico de las ciencias exactas y las
ciencias sociales, que han optado por la forma de escritura del artículo
científico. En el fondo, esta pregunta
encierra lo que ha sido la formación de una hegemonía epistemológica que ha
pretendido un control de la escritura.
Hay otra diferencia entre el
ensayo y el artículo científico. La escritura de un artículo científico puede
caber en un tutorial de 25 minutos albergado en Youtube. La escritura de un ensayo concebido desde la perspectiva
de Montaigne, es imposible de ser
contenida pragmática y/o instructivamente. Sobre el ensayo pesa lo que Barthes
refirió como “la pasión del texto”. Un ensayo no puede caber de manera práctica
en una operatividad de la escritura, porque su escritura no es un proceso que
pueda ser racionalizado a plenitud, ni en términos instructivos, ni en términos
epistemológicos o de otra naturaleza.
La escritura es una
audacia del ser humano que camina entre lo racional y lo irracional, que traza
su propia borrosidad a partir de los espacios en blanco que se abren entre una
y otra palabra, entre uno y otro de los fragmentos de realidad que tratan de
ser dichos, entre uno y otro de los desplazamientos del pensamiento.
En el campo de la
investigación educativa, el debate sobre la escritura del ensayo y del artículo
científico se ha pasado por alto. Esto es una muestra de la arrogancia
epistemológica y discursiva que se ha generado a raíz del enseñoramiento de la
investigación educativa, como una manera de pensar que ha dominado al hecho
educativo.
En la academia
universitaria se vive una época escritural dominada por el artículo científico
y el ensayo academicista. Ambas formas obedecen a un canon que ha trazado la
controlabilidad de la escritura y de la lectura. Estamos hablando de un dominio
de lo escribible y de lo leíble, que a fin de cuentas, terminan dándole forma a
los currículos universitarios y a las maneras de obtención de un título. En
estas medidas prescriptivas y pre-escriptivas, tiene lugar a su vez la controlabilidad del
pensamiento. ¿Qué y cómo debe leerse?, ¿qué y cómo debe escribirse?, ¿qué y
cómo debe pensarse?, son las preguntas que atraviesan los dominios de las
universidades, son las preguntas que cuadriculan la existencia académica,
administrativa y política de estos espacios del saber.
Notas
[1]
En el siglo XX, en el
terreno de las humanidades además del ensayo está también la escritura de
narrativa y la poesía (en la literatura). Desde luego que la narrativa es un en
género con mucha mayor presencia que la poesía, que ha disminuido notoriamente,
al grado de hablar de una era de decadencia de la escritura poética. En las
formas de intersección de los géneros, las clasificaciones hablan de la
novela-ensayo o del poema-ensayo, que son maneras de escribir experimentales.